Los hospitalarios en el BAJO-ARAGÓN
Órdenes militares, poblamiento y organización del Bajo Aragón durante los siglos XII y XIII
Entre ellas se encontraba la Orden del Hospital de San Juan de Jerusalén, cuya implantación territorial se articuló mediante castillos, encomiendas, propiedades agrícolas y derechos señoriales. El estudio de María Bonet Donato y Julia Pavón Benito permite situar el territorio próximo a Calanda dentro de este proceso y documenta expresamente la incorporación de Samper de Calanda al patrimonio hospitalario.
La Orden del Hospital y la expansión cristiana
La Orden del Hospital de San Juan de Jerusalén desarrolló desde el siglo XII una importante implantación territorial en Aragón, Cataluña y Navarra.
Según María Bonet Donato y Julia Pavón Benito, este crecimiento patrimonial estuvo estrechamente relacionado con la reorganización de la aristocracia feudal, el desarrollo del poder monárquico y la expansión territorial de los reinos cristianos.
Las órdenes militares no fueron únicamente instituciones religiosas. La posesión de fortalezas, tierras y derechos señoriales permitió que desempeñaran funciones relacionadas con la defensa, colonización y articulación territorial de las nuevas fronteras cristianas.
Esta perspectiva resulta especialmente importante para comprender el Bajo Aragón durante la segunda mitad del siglo XII. La conquista militar de un territorio no garantizaba por sí sola su control. Era necesario mantener las fortalezas, atraer población, cultivar las tierras, organizar las rentas y asegurar las comunicaciones.
El Bajo Aragón, territorio de órdenes militares
Durante el reinado de Alfonso II de Aragón (1164-1196) se desarrolló una política de implantación de órdenes militares en las tierras meridionales del reino.
No existió una única autoridad señorial sobre todo el espacio. Durante los siglos XII y XIII fue configurándose un auténtico mosaico de jurisdicciones en el que diferentes órdenes militares controlaban castillos, aldeas, tierras, rentas y derechos.
Aliaga: un núcleo hospitalario en la frontera aragonesa
Uno de los enclaves fundamentales de la implantación hospitalaria en este sector del reino fue Aliaga.
La fortificación de Aliaga fue concedida a la Orden del Hospital en 1163. Sin embargo, la formación de una encomienda estable fue un proceso progresivo.
Bonet y Pavón señalan la existencia de un preceptor en 1180, posiblemente ya en 1177. Hacia 1200 aparece documentado el comendador Miquel de Sella, acompañado de otros freires residentes en Aliaga.
Entre los miembros de aquella comunidad figuraban un capellán y un clavero, oficial relacionado con la administración económica y la tesorería.
La encomienda era, por tanto, mucho más que un castillo. Constituía un centro desde el cual la Orden administraba propiedades, derechos y rentas repartidos por un territorio más amplio.
Samper de Calanda y los hospitalarios
Para la historia del territorio calandino, uno de los pasajes más significativos del estudio de Bonet y Pavón es el dedicado a la expansión hospitalaria en la frontera aragonesa.
«En la zona fronteriza de Aragón, el Hospital tenía el referido núcleo inicial de Aliaga desde 1163, recibió del rey Villarroya de Pinares en 1190, y vinculada a la encomienda de Aliaga, y en sus últimas voluntades Samper de Calanda más al norte.»
«Cabe situar esta donación en el programa más amplio del rey Alfonso de confiar la ocupación del Bajo Aragón a diversas órdenes militares».
Aunque la referencia a Samper de Calanda es breve, posee un considerable interés histórico porque permite comprobar que el territorio situado inmediatamente al norte de Calanda formó parte de la expansión patrimonial de la Orden del Hospital.
La incorporación de Samper debe interpretarse dentro de una estrategia territorial más amplia, relacionada con el fortalecimiento de la presencia hospitalaria en las tierras orientales y meridionales del reino de Aragón.
Por ello, la presencia hospitalaria debe utilizarse para reconstruir el contexto territorial en el que se encontraba Calanda, y no como prueba de un señorío hospitalario sobre la propia localidad.
Un territorio en proceso de reorganización
La presencia de los hospitalarios en diferentes puntos de Aragón permite observar la creación progresiva de una red de dominios y encomiendas.
En el entorno del Bajo Aragón, algunos de los lugares citados por Bonet y Pavón permiten visualizar la amplitud territorial de esta implantación:
Este esquema debe entenderse únicamente como una representación geográfica del espacio y no como una única circunscripción administrativa hospitalaria.
La documentación muestra precisamente que las encomiendas podían poseer bienes alejados de su sede y que las dependencias administrativas no siempre coincidían con la proximidad geográfica.
Poblar para controlar el territorio
La ocupación militar constituía solamente una parte del proceso. Para consolidar los nuevos territorios era imprescindible atraer habitantes capaces de cultivar las tierras, mantener las infraestructuras, satisfacer rentas y participar en la defensa.
Las órdenes militares recurrieron para ello a las cartas de población.
Bonet y Pavón destacan que estos instrumentos servían para fijar pobladores o atraer nuevos habitantes y permitían regular numerosos aspectos de la vida local.
En el caso de Aliaga, las autoras citan una carta de población de 1216. Este tipo de documentos muestra que la consolidación de la frontera fue también un proceso demográfico, económico y social.
La encomienda: administrar hombres, tierras y rentas
La unidad fundamental de la organización territorial hospitalaria era la encomienda.
Al frente se encontraba el comendador, encargado de gestionar los bienes y derechos de la Orden y de obtener las rentas necesarias para el funcionamiento de la institución.
Sin embargo, el comendador no actuaba de manera completamente independiente. La documentación estudiada por Bonet y Pavón muestra una organización jerarquizada en la que los responsables de las encomiendas dependían de autoridades superiores.
El sistema era además flexible. Una encomienda podía administrar posesiones relativamente alejadas de su centro principal. Esta circunstancia explica que el mapa de los dominios de las órdenes militares no coincida necesariamente con unidades territoriales compactas.
El Ebro como eje de implantación hospitalaria
El valle del Ebro y sus afluentes desempeñaron un papel fundamental en la formación del patrimonio hospitalario.
Bonet y Pavón documentan intereses de la Orden en numerosos lugares de Aragón, entre ellos Mallén, Añón, Remolinos, Calatayud, La Almunia de Doña Godina, Grisén, Zaragoza, Pina de Ebro y Caspe.
Zaragoza adquirió una importancia creciente dentro de la organización hospitalaria aragonesa y terminó convirtiéndose, ya en el siglo XIV, en sede de la Castellanía de Amposta.
La presencia de dominios hospitalarios en el valle del Ebro, unida a los enclaves interiores, muestra la amplitud de la red patrimonial de la Orden.
Hospitalarios y Calatravos: el paisaje señorial de Calanda
La principal aportación del estudio para la historia de Calanda es de carácter territorial.
Durante los siglos XII y XIII, el espacio del Bajo Aragón fue organizado mediante una compleja combinación de jurisdicciones regias, nobiliarias, eclesiásticas y pertenecientes a las órdenes militares.
Los hospitalarios adquirieron una importante implantación regional y alcanzaron Samper de Calanda. Calanda, en cambio, quedaría vinculada a otra orden militar: Calatrava.
Localidades próximas podían encontrarse así sometidas a instituciones diferentes, cada una de ellas con sus propios comendadores, derechos, rentas y sistemas administrativos.
El paisaje político medieval debe imaginarse, por tanto, no como un territorio uniforme, sino como un mosaico señorial.
Este contexto ayuda a comprender la posterior evolución de Calanda y la importancia que adquirirían durante siglos cuestiones como el señorío, la jurisdicción, el castillo, las tierras, las rentas y los derechos de la Orden de Calatrava.
Cronología
Primer crecimiento importante del patrimonio de la Orden del Hospital en Aragón.
La fortificación de Aliaga es concedida a los hospitalarios.
Se documentan las primeras fases de organización de la encomienda hospitalaria de Aliaga.
Alfonso II concede Ulldecona a los hospitalarios, dentro de la política de consolidación de la frontera.
La Orden recibe Villarroya de los Pinares, posteriormente vinculada a Aliaga.
Samper de Calanda aparece incorporada al patrimonio hospitalario en las últimas voluntades regias mencionadas por Bonet y Pavón.
Aparece documentado en Aliaga el comendador Miquel de Sella, acompañado por diversos freires y oficiales.
Carta de población de Aliaga citada por las autoras.
Una pieza para reconstruir la Calanda medieval
La referencia a Samper de Calanda contenida en el estudio de Bonet Donato y Pavón Benito añade una pieza significativa a la reconstrucción del territorio que rodeaba Calanda durante los siglos XII y XIII.
Más que demostrar una presencia hospitalaria en Calanda, permite comprender el contexto en el que se produjo la organización cristiana del territorio: un espacio de frontera en el que la monarquía recurrió a diferentes órdenes militares para defender fortalezas, administrar tierras y promover el poblamiento.
La posterior historia señorial de Calanda debe entenderse dentro de este proceso más amplio de formación del Bajo Aragón medieval.
Fuente y bibliografía
BONET DONATO, María; PAVÓN BENITO, Julia, «Los hospitalarios en la Corona de Aragón y Navarra. Patrimonio y sistema comendaticio (siglos XII y XIII)».
El presente texto sintetiza especialmente los apartados del estudio dedicados a la formación del patrimonio hospitalario, la encomienda de Aliaga, la expansión de la Orden por el Bajo Aragón, el poblamiento y la referencia a Samper de Calanda.
GREC, «Los hospitalarios en el entorno de Calanda durante la formación del Bajo Aragón cristiano (siglos XII-XIII)», CalandaGREC, 2026.