Dentro de la biblioteca de un alfaquí aragonés
En enero de 1526, dos alfaquíes de Borja entregaron a las autoridades 56 obras en árabe. El inventario permite asomarse excepcionalmente a los libros, saberes y lecturas de la élite intelectual musulmana aragonesa en vísperas de su conversión forzosa.
Una biblioteca musulmana ante las autoridades
Los inventarios de bibliotecas particulares mudéjares son extraordinariamente raros. Por eso el documento publicado por Ana Labarta y J. Carlos Escribano tiene un valor excepcional: permite conocer los libros que poseían dos alfaquíes de Borja justamente en el momento en que las autoridades exigían su entrega durante el proceso de conversión al cristianismo.
El 25 de enero de 1526, el notario Lope Aoiz acudió a unas casas situadas en la morería de Borja. Allí comparecieron Alí Alguaquiel y Amet Abranda, ambos identificados expresamente como moros y alfaquíes. Ante ellos se encontraban el justicia y los jurados de la ciudad.
Las autoridades actuaban por mandato de Bernat Jordan, doctor en Teología y comisario apostólico. Los alfaquíes fueron requeridos para entregar todos los «libros e scripturas» que poseyeran o supieran dónde estaban relacionados con la religión islámica, bajo amenaza de fuertes penas.
¿Quiénes eran los alfaquíes?
El alfaquí no era únicamente una figura religiosa. Su formación jurídica y doctrinal podía convertirlo en una de las personas de mayor cultura escrita dentro de una aljama. Los autores consideran que estos especialistas constituyeron hasta los últimos momentos una parte fundamental de la élite cultural de las comunidades musulmanas peninsulares.
Alí Alguaquiel
Poseía la casa de la morería en la que se realizó la entrega. Después de la conversión adoptó el nombre cristiano de Joan Alguaquil. Estaba casado con María Beoxa, perteneciente a una familia vinculada a los oficios de construcción.
Amet Abranda
Pertenecía a una de las familias más numerosas de Borja. Los Abranda aparecen relacionados con cargos religiosos y jurídicos de la comunidad musulmana y con una importante tradición de alarifes y obreros de villa. Los autores los describen como parte de la élite cultural y religiosa mudéjar de la ciudad.
¿Qué había en aquella biblioteca?
La lista es excepcional por su tamaño y diversidad. Los escribanos cristianos transcribieron fonéticamente numerosos títulos árabes, lo que dificulta su identificación moderna. Labarta y Escribano consiguieron reconocer o proponer identificaciones para una parte importante del conjunto comparándolo con manuscritos conservados en bibliotecas españolas.
Una biblioteca para estudiar, enseñar y resolver problemas
La composición del inventario cuestiona una visión reducida de la cultura mudéjar como una tradición exclusivamente devocional. Aquellos libros constituían también instrumentos de trabajo intelectual.
El conjunto sugiere una formación intelectual que conectaba el Aragón mudéjar con una tradición escrita mucho más amplia. Algunos textos habían sido compuestos siglos antes en al-Andalus, el Magreb o el Oriente islámico y continuaban copiándose y estudiándose en la Península.
1526: libros en el momento de la ruptura
La fecha del inventario es inseparable de su significado histórico. Los libros fueron entregados en el contexto de la conversión de los musulmanes aragoneses. Lo que hasta entonces había formado parte de la vida religiosa y jurídica de una comunidad pasaba a convertirse en objeto de vigilancia y prohibición.
El documento muestra así una transformación decisiva: la biblioteca del alfaquí deja de ser solamente un espacio de conocimiento y se convierte en una prueba de una identidad religiosa que las autoridades pretenden eliminar.
Alí Alguaquiel y Amet Abranda obedecieron el requerimiento y entregaron sus libros al justicia y a los jurados. El acta notarial certificó formalmente la recepción.
¿Qué aporta este documento a la historia de Calanda?
Sin embargo, el paralelo resulta especialmente significativo porque la documentación inquisitorial ya estudiada para Calanda demuestra que durante el siglo XVI existieron allí enseñanza clandestina del árabe, circulación de libros moriscos y lectura del Corán. El inventario de Borja ayuda a comprender qué podía significar materialmente la expresión «libros moriscos» que aparece en otras fuentes aragonesas.
También permite formular nuevas preguntas para los protocolos notariales y documentos inquisitoriales calandinos:
La comparación entre Borja y Calanda abre así una línea de investigación concreta: pasar de la constatación de que en Calanda había libros a intentar reconstruir quién los poseía, qué se leía, quién sabía leerlos y cómo se transmitía ese conocimiento.
Valoración historiográfica
La principal importancia del trabajo de Labarta y Escribano radica en que proporciona un inventario contemporáneo y nominal de una biblioteca particular. Los procesos inquisitoriales suelen limitarse a fórmulas genéricas —«Alcoranes», «libros de la secta», «medicina», «coplas» o «cuentas»— y rara vez permiten conocer títulos concretos.
El inventario borjano ofrece, en cambio, una imagen mucho más precisa de los intereses intelectuales de dos alfaquíes. Derecho, teología, Corán, lengua, medicina y narración convivían en sus estantes.
Existe, no obstante, una dificultad fundamental. Los títulos árabes fueron anotados de oído por un escribano cristiano y transcritos mediante grafía latina. Los propios autores advierten que muchas identificaciones son necesariamente hipotéticas. Por ello conviene distinguir entre los títulos que figuran literalmente en el inventario y las identificaciones modernas propuestas por los investigadores.
Fuente
LABARTA, Ana; ESCRIBANO, J. Carlos, «Las bibliotecas de dos alfaquíes borjanos», Anaquel de Estudios Árabes, 11, 2000, pp. 355–367.
Documento principal: Archivo Histórico de Protocolos de Borja, protocolo de Lope Aoiz, 25 de enero de 1526, ff. 7–8.
Los autores transcriben íntegramente el inventario, reconstruyen la identidad de las personas mencionadas e intentan identificar las 56 obras mediante su comparación con manuscritos árabes y aljamiados conservados en distintas colecciones.
Criterio editorial CalandaGREC: los hechos relativos a Borja proceden del artículo citado. La sección dedicada a Calanda constituye una aplicación comparativa y se ha formulado expresamente como línea de investigación, no como evidencia documental directa.