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Calanda · Moriscos · Inquisición

La comunidad morisca de Calanda ante la Inquisición

Prácticas religiosas, transmisión cultural y represión en las décadas anteriores a la expulsión
1549 — 1606
Entre mediados del siglo XVI y los primeros años del XVII, la comunidad morisca de Calanda fue objeto de una intensa vigilancia inquisitorial. Los procesos conservados permiten reconstruir un mundo mucho más complejo que el que dejan entrever las disposiciones generales sobre los moriscos aragoneses.
Resumen

El corpus inquisitorial relacionado con Calanda entre 1549 y 1606 permite estudiar la persistencia de prácticas islámicas, los mecanismos de transmisión religiosa y la actuación represiva del Santo Oficio durante las décadas anteriores a la expulsión de 1610. Los expedientes documentan alfaquíes, libros, maestros y discípulos, oración, ayuno, sacrificios rituales y prácticas funerarias. Paralelamente aparecen conflictos relacionados con armas, bandolerismo y violencia que deben analizarse separadamente de las acusaciones estrictamente religiosas.

Una comunidad observada por la Inquisición

El corpus estudiado reúne más de noventa registros procesales fechados entre 1549 y 1606. No deben confundirse, sin embargo, registros con individuos: algunas personas aparecen varias veces, en diferentes fechas o fases procesales.

La propia reiteración constituye información histórica, pues permite observar cómo determinados individuos y familias permanecieron durante años bajo la atención del Santo Oficio.

Su principal interés reside en que la documentación no refleja únicamente desviaciones religiosas individuales. Considerada en conjunto, revela indicios de una estructura comunitaria de conservación y transmisión de prácticas islámicas.

Leer críticamente los procesos

Los expedientes inquisitoriales constituyen una fuente excepcional, pero problemática. El historiador no puede convertir automáticamente una acusación en un hecho probado.

Expresiones como «secta de Mahoma», «cosas de moro», «ceremonias», «obra de moro» o «levantamiento» pertenecen al lenguaje empleado por el Santo Oficio para clasificar las conductas perseguidas.

La dificultad aumenta porque algunas declaraciones fueron obtenidas mediante tormento.

Pedro Castellano, procesado en 1592 por «cosas de moro», declaró sobre sí mismo y sobre sus cómplices después de ser atormentado. Adán el Conde aparece igualmente sometido a tormento y Lope Penginete al «garrote al potro».

Esta circunstancia obliga a distinguir entre aquello que el tribunal acusaba, aquello que los procesados declaraban y lo que podemos inferir históricamente de la repetición y conexión de los testimonios.

Es precisamente la reiteración de determinadas prácticas entre personas, fechas y familias diferentes la que proporciona al conjunto su mayor valor histórico.

Medio siglo de persecución

1549 Rodrigo de Macho aparece como «hereje convertido de moro mahometano». Fue azotado públicamente.
1559 Ferrer Garrido aparece relacionado con el degüello de un carnero «a modo mahometano».
1583 Los procesos muestran una fuerte conflictividad. Algunos expedientes se relacionan con el capitán Rosales y el bandolerismo.
1592 Pedro Castellano es procesado por «cosas de moro». Fue sometido a tormento.
1595–1596 Importante concentración de procesos relacionados con alfaquíes, libros, enseñanza religiosa, ceremonias y observancias islámicas.
1603–1604 Nueva oleada de actuaciones. Aparecen la çala, ayunos, enterramientos y numerosos procesos relacionados con la muerte de Gaspar Méndez.
1605–1606 Las investigaciones continúan pocos años antes de la expulsión general de 1610.

La persistencia de prácticas islámicas

Las acusaciones permiten reconstruir fragmentariamente algunas de las prácticas religiosas que el Santo Oficio atribuía a los moriscos calandinos.

Çala

La oración ritual islámica aparece expresamente mencionada en diferentes expedientes.

Ramadán

La observancia del Ramadán y de otros ayunos figura entre las conductas perseguidas.

Degüello ritual

Varias causas mencionan animales sacrificados «a modo mahometano» y carne «degollada a modo de moriego».

Ritos funerarios

Amortajar o enterrar según costumbres identificadas como islámicas aparece también entre las acusaciones.

Libros

La lectura, aprendizaje y enseñanza mediante libros constituye uno de los indicios más significativos del corpus.

Alfaquíes

Varios habitantes aparecen identificados explícitamente por el Santo Oficio como alfaquíes.

Alfaquíes, maestros y discípulos

Probablemente el aspecto más significativo del corpus sea la aparición de personas identificadas explícitamente como alfaquíes.

Alexandre Jayel
17 mayo 1595 · 40 años · cantarero
Identificado como alfaquí. Fue condenado a seis años de galeras.
Alexandre Peñalosa
17 mayo 1595
Descrito como «alfaquí de esta secta de los moros». Fue obligado a abjurar de vehementi y condenado a dos años de confinamiento.
Lope Penginete
17 mayo 1595 · 36 años · tratante
Acusado como alfaquí y relacionado con «septenas, guadoc, ceremonias». Fue sometido al garrote del potro y condenado a siete años de galeras y diez ducados.
Amador Samperuelo
17 mayo 1595 · 29 años · espartañero
Acusado de ser alfaquí, observar el Ramadán y haber sido «visto en cierta mezquita». Fue condenado a seis años de galeras.
«Alfaquí, ramadán, visto en cierta mezquita» Proceso de Amador Samperuelo · 17 de mayo de 1595

¿Una mezquita clandestina en Calanda?

La referencia a Amador Samperuelo constituye uno de los testimonios más sugerentes de la documentación.

Sin embargo, la palabra mezquita debe interpretarse con prudencia. La fuente demuestra que el término fue utilizado en el procedimiento inquisitorial, pero no permite establecer por sí sola la existencia de un edificio religioso formal.

Podría tratarse de una casa o espacio clandestino utilizado para reuniones y oración. Identificar aquel lugar exigiría contrastar el proceso con protocolos notariales, documentación urbana y otros expedientes inquisitoriales.

Libros y transmisión del conocimiento

La religión perseguida por el Santo Oficio no aparece únicamente como una suma de recuerdos familiares. Los expedientes revelan indicios de verdaderos mecanismos de transmisión.

Joan Ferrer, trajinero de veintidós años, fue acusado en 1595 de «dar una heredad para que le enseñen». Amador Spartero fue procesado por acudir a una casa «a ser enseñado en la secta de Moros».

Daniel Insa, herrero, aparece en 1596 acusado de «enseñar con libros»; Daniel Larosa de «septenas, leer libros» y Juan Mediana de «aprender en libros».

Estos testimonios permiten identificar cuatro elementos: maestros, discípulos, textos y espacios de aprendizaje.

Documento excepcional · 1604

Blanca Samperuelo

El 22 de abril de 1604, Blanca Samperuelo, viuda de Carlos, aparece acusada de «leer libros a más de 50 moriscos».

La anotación constituye uno de los testimonios más importantes del corpus. Si refleja una práctica real, estamos ante una actividad de enseñanza de considerable alcance.

Incluso prescindiendo de la literalidad de la cifra, demuestra que Blanca era percibida por sus acusadores como una persona capaz de transmitir mediante la lectura conocimientos compartidos por un grupo amplio.

Las mujeres y la conservación de las prácticas religiosas

Blanca Samperuelo no constituye un caso aislado. La documentación muestra a numerosas mujeres relacionadas con actividades religiosas y culturales.

Ana Çalagardete aparece vinculada con la çala y la entrega de comida a los pobres. Aldonza Coll fue condenada por amortajar a una mujer. Gracia Peón aparece acusada de haber enterrado a su hermana según rito mahometano. Clara Ezquerrero fue procesada por negarse a acudir a misa.

Estas actuaciones sugieren que el espacio doméstico y las redes femeninas pudieron desempeñar un papel importante en la conservación de determinadas prácticas culturales y religiosas.

Arrieros, artesanos, pastores y labradores

Los oficios registrados permiten contemplar una comunidad plenamente integrada en la economía local.

Entre los procesados aparecen cantareros, herreros, sastres, pastores, arrieros, trajineros, jaboneros, labradores, jornaleros, tratantes, trabajadores de la cera y artesanos vinculados al esparto.

Resulta especialmente visible el grupo de arrieros y trajineros: Pedro de Macho, Joan de Macho, Pedro Lagata, Daniel Larosa, Thomas Hamema, Blas Homadiel y Alexandre Samperuelo, entre otros.

Su movilidad profesional debió de ponerlos en contacto con otras poblaciones y mercados. No obstante, la documentación analizada no permite demostrar que esa movilidad fuese utilizada para transmitir textos o prácticas religiosas.

El capitán Rosales y el bandolerismo

No todas las causas documentadas pueden interpretarse como procesos estrictamente religiosos.

El 27 de junio de 1583, Joan Chicala Amargos, de cincuenta y cinco años, fue acusado de pagar cien escudos a unos bandoleros para asesinar al capitán Rosales.

Fue condenado a doscientos azotes y galeras de por vida. Su hijo Alexandre Chicala, considerado cómplice, recibió doscientos azotes y doce años de galeras.

Aldonza Monferriz aparece igualmente acusada de recibir en su casa a los bandoleros y entregarles setenta y dos escudos y cuatro doblones de oro.

La gravedad de estos acontecimientos resulta evidente, pero no permite convertir automáticamente el episodio en una rebelión religiosa. Bandolerismo, enfrentamientos con las autoridades, conflictos particulares y tensiones comunitarias podían entrecruzarse.

La muerte de Gaspar Méndez

Otro episodio emerge con fuerza en los procesos de 1603 y 1604: la muerte de Gaspar Méndez.

Daniel de Macho aparece acusado de haberlo matado; Gerónimo Guasqui de convencerlo para acudir a jugar a casa de Daniel Garrido; y Joan Guasqui aparece también relacionado con su muerte.

Posteriormente encontramos vinculados al episodio a Miguel Ferrer, Daniel Garrido, Thomas Hamema, Blas Moçot, Lope Tamen y otros vecinos.

La reiteración de nombres demuestra la importancia de la causa. Algunos acusados aparecen como «relajados», mientras otros recibieron azotes, galeras o sanciones económicas.

Precaución historiográfica: la documentación disponible permite afirmar que existió una importante causa relacionada con la muerte de Gaspar Méndez, pero no permite todavía establecer con seguridad el móvil del asesinato ni considerarlo consecuencia directa de un conflicto religioso.

Familias bajo sospecha

La reiteración de determinados apellidos constituye otra característica fundamental del corpus: Samperuelo, Monferriz, Chicala, De Macho, Ferrer, Garbero, Tejedor, Moçot o Guasqui.

Los Samperuelo constituyen el ejemplo más visible. Carlos aparece ya en 1583; Amador y Daniel en 1595; Alexandre y Joan en 1603; Blanca y Polonia en 1604.

Algo semejante sucede con los Monferriz. Aldonza aparece implicada en 1583 en el episodio de los bandoleros; Blas fue procesado en 1586; Alexandre aparece en 1597 y 1603; Blanca y Lope figuran igualmente relacionados con prácticas religiosas.

La reconstrucción genealógica de estas familias constituye una línea de investigación fundamental. El cruce de los procesos inquisitoriales con protocolos notariales, bautismos, matrimonios y propiedades permitiría determinar hasta qué punto existieron auténticas redes familiares de transmisión cultural.

Azotes, cárcel y galeras

Las sentencias muestran la dureza del aparato represivo. Los azotes públicos aparecen repetidamente, con condenas de cien, doscientos e incluso trescientos azotes.

Las galeras constituyen una de las penas más frecuentes para los hombres. Las condenas podían extenderse durante tres, cuatro, cinco, seis, siete, diez o doce años, e incluso de por vida.

A estas penas se añadían cárcel, destierro, confinamiento, multas y fórmulas inquisitoriales como la abjuración de vehementi.

Desde una perspectiva social, la condena no afectaba solamente al individuo. Enviar durante años a un artesano, pastor, labrador o arriero a galeras significaba apartarlo de su familia y de su actividad económica.

El preludio de la expulsión

La serie documental alcanza 1606, apenas cuatro años antes de la expulsión de los moriscos aragoneses.

Vista desde 1610, la documentación adquiere un significado especial. Durante más de medio siglo el Santo Oficio había perseguido prácticas consideradas prueba de la persistencia del islam entre una población oficialmente cristiana.

Sin embargo, a comienzos del siglo XVII continuaban apareciendo acusaciones relacionadas con ayunos, çala, lectura de libros, enseñanza, sacrificios rituales y ceremonias funerarias.

Las décadas anteriores a la expulsión aparecen así no como un proceso lineal de desaparición cultural, sino como un fenómeno mucho más complejo de adaptación, ocultamiento, transmisión y represión.

Interpretación histórica

La paradoja del archivo inquisitorial

El corpus inquisitorial permite observar desde una escala local los mecanismos mediante los cuales determinados miembros de la comunidad morisca conservaron prácticas culturales y religiosas y la manera en que el Santo Oficio intentó identificarlas y reprimirlas.

Pero debemos recordar siempre que la Calanda morisca que contemplamos en estos documentos es una sociedad observada por sus perseguidores.

La Inquisición seleccionaba conductas, interrogaba testigos, clasificaba comportamientos y construía categorías de culpabilidad. En determinados procedimientos recurrió además al tormento.

Detrás de las expresiones «cosas de moro», «secta» o «ceremonias» aparecen individuos concretos: Alexandre Jayel, Amador Samperuelo, Daniel Insa, Pedro de Macho, Daniel Larosa, Aldonza Coll, Gracia Peón o Blanca Samperuelo.

La paradoja resulta evidente: el archivo creado para perseguir y erradicar aquellas prácticas terminó conservando algunos de los testimonios más valiosos que poseemos para reconstruir la comunidad morisca de Calanda antes de su desaparición en 1610.

Corpus inquisitorial

Consulta algunos de los registros utilizados en este estudio. La tabla puede desplazarse horizontal y verticalmente.
Fecha Apellido Nombre Edad Oficio Causa Sentencia
06/04/1592 Castellano Pedro Cosas de moro. Atormentado, declaró de sí y de sus cómplices. Hábito, cárcel y 3 años de galeras al remo sin sueldo.
27/06/1583 Chicala Amargos Joan 55 Entregar 100 escudos a bandoleros para asesinar al capitán Rosales. 200 azotes y galeras de por vida.
17/05/1595 Jayel Alexandre 40 Cantarero Alfaquí. 6 años de galeras.
17/05/1595 Penginete Lope 36 Tratante Alfaquí, septenas, guadoc y ceremonias. 7 años de galeras y 10 ducados.
17/05/1595 Samperuelo Amador 29 Espartañero Alfaquí, Ramadán y visto en cierta mezquita. 6 años de galeras.
01/04/1596 Insa Daniel 30 Herrero Enseñar con libros. 5 años de galeras.
01/04/1596 Larosa Daniel 26 Arriero Septenas y lectura de libros. 100 azotes.
10/03/1603 Briz Clara, «la Verenda» 33 Jurar por Mahoma. Cárcel perpetua, 600 azotes y 10 ducados.
10/03/1603 De Macho Pedro 30 Arriero Ayuno. Cárcel perpetua, 5 años de galeras y 10 ducados.
22/04/1604 Samperuelo Blanca, viuda de Carlos Leer libros a más de 50 moriscos.
31/05/1604 Garrido Daniel 50 Relacionado con la muerte de Gaspar Méndez. Relajado + 200 ducados.
31/05/1604 Hamema Thomas 33 Arriero Relacionado con la muerte de Gaspar Méndez. Relajado.
Fuente documental
Corpus de causas inquisitoriales relacionadas con Calanda, 1549–1606. Base de investigación del Grupo de Estudios Calandinos (GREC).

Criterio metodológico
La relación contiene registros procesales y no necesariamente individuos únicos. Algunas personas aparecen en distintas fechas o fases de una misma causa. Antes de realizar cálculos prosopográficos definitivos debe contrastarse cada registro con su expediente original.

Criterio editorial
Se han conservado expresiones documentales como çala, «cosas de moro», «a modo de moriego», «secta», alfaquí o abjuración de vehementi cuando poseen valor histórico. Estas expresiones pertenecen al vocabulario de la documentación inquisitorial y no deben confundirse con categorías historiográficas actuales.

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