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Historia medieval · Mudejarismo

Los mudéjares en Aragón y Cataluña durante el reinado de Jaime I

Comunidades islámicas, aljamas, fiscalidad y relaciones sociales en los territorios de la Corona de Aragón durante el siglo XIII.

Jaime I Siglo XIII Aragón Cataluña José Hinojosa Montalvo

Una minoría integrada y subordinada

Durante el reinado de Jaime I, los mudéjares de Aragón y Cataluña formaban comunidades estables, integradas en la economía feudal y organizadas mediante aljamas. Conservaban su religión y determinadas normas internas, pero se encontraban sometidos al poder del rey, de la nobleza, de la Iglesia y de las órdenes militares.

José Hinojosa Montalvo analiza en su estudio la situación de los musulmanes que permanecieron en Aragón y Cataluña después de las conquistas cristianas. Frente al reino de Valencia, donde la conquista de Jaime I creó un grave problema político y militar por la existencia de una población musulmana mayoritaria, en Aragón y Cataluña el mudejarismo llevaba más de un siglo asentado.

La población musulmana había perdido sus antiguas élites políticas y no disponía de capacidad militar para restaurar el dominio islámico. Durante el siglo XIII predominó una actitud de adaptación, resistencia pasiva y búsqueda de espacios donde conservar la identidad religiosa y comunitaria.

La integración de los mudéjares en la sociedad cristiana no significó igualdad, sino una estrategia de supervivencia dentro de un sistema político, fiscal y social dominado por los vencedores. Síntesis del planteamiento de José Hinojosa Montalvo

El origen del mudejarismo aragonés y catalán

El mudejarismo aragonés comenzó con la conquista de Huesca por Pedro I en 1096 y alcanzó una mayor extensión tras las campañas de Alfonso I el Batallador en el valle del Ebro. La toma de Zaragoza en 1118 incorporó al reino cristiano una numerosa población musulmana.

Por razones económicas y demográficas, las capitulaciones permitieron a muchos musulmanes permanecer en sus lugares de residencia. Se les reconoció, con limitaciones, el derecho a practicar el islam, conservar sus costumbres y regirse en determinados asuntos por la ley islámica.

En las ciudades fueron habitualmente desplazados hacia barrios específicos, las morerías, situados muchas veces fuera del antiguo recinto urbano. En el medio rural, en cambio, existieron numerosas localidades pobladas mayoritaria o exclusivamente por mudéjares.

En Cataluña, el fenómeno se inició con las conquistas de Tortosa en 1148 y Lleida en 1149 por Ramón Berenguer IV. La presencia musulmana fue mucho menor que en Aragón y quedó concentrada principalmente en el Bajo Segre y el Bajo Ebro.

1096

Conquista de Huesca y comienzo del mudejarismo aragonés.

1118

Alfonso I incorpora Zaragoza y gran parte del valle del Ebro.

1148-1149

Conquista de Tortosa y Lleida e inicio del mudejarismo catalán.

Comunidades rurales y morerías urbanas

El panorama mudéjar aragonés presentaba dos grandes formas de poblamiento. Por un lado estaban las comunidades rurales, muy numerosas y en ocasiones mayoritarias; por otro, las morerías establecidas en ciudades de predominio cristiano.

Las principales concentraciones rurales se encontraban en los fértiles valles del Isuela, Flumen, Cinca, Queiles, Huecha, Ebro, Jalón, Jiloca, Aguas Vivas, Martín y Guadalope. La permanencia de la población musulmana estaba estrechamente relacionada con el cultivo de las vegas, el mantenimiento de los regadíos y la producción de rentas señoriales.

En ciudades como Huesca, Zaragoza, Tarazona, Calatayud, Daroca y Teruel, los mudéjares constituían una minoría. Sus barrios contaban con mezquitas, hornos, baños, talleres, viviendas, carnicerías, cementerios, molinos y pequeños espacios comerciales.

Medinas en miniatura

Hinojosa describe las morerías como pequeñas medinas adaptadas al interior de la ciudad cristiana. Aunque podían estar separadas por muros o puertas, mantenían contactos cotidianos con la población cristiana.

La segregación espacial no eliminaba las relaciones económicas, laborales y personales entre las distintas comunidades religiosas.

En Lleida, la llamada villa sarracenorum se encontraba al suroeste de la ciudad, en dirección al castillo de Gardeny. A diferencia de otras morerías, no estaba completamente cerrada por muros y puertas. En Tortosa, la población musulmana fue desplazada tras la conquista a un arrabal que terminó localizándose en la zona de Remolins.

Principales formas de poblamiento mudéjar
Modelo Características Ejemplos
Comunidades rurales Población mayoritaria o enteramente musulmana, dedicada sobre todo a la agricultura y la ganadería. Valles del Jalón, Huerva, Martín, Guadalope y Bajo Ebro.
Morerías urbanas Minorías establecidas en barrios propios dentro o fuera del recinto urbano cristiano. Zaragoza, Huesca, Calatayud, Teruel, Lleida y Tortosa.
Poblaciones mixtas Cristianos y musulmanes residían en una misma localidad, aunque con derechos y obligaciones diferentes. Belver, Lagata, Flix, Ascó, Miravet y Tortosa.

Movilidad, expulsiones y repoblaciones

La estabilidad general no impidió el desplazamiento de numerosas familias. Los mudéjares podían emigrar buscando mejores condiciones económicas, pero también eran expulsados o trasladados por decisión de los señores.

En 1240, los templarios de Monzón concedieron una carta de población a cristianos y musulmanes para instalarse en Belver. Los nuevos pobladores debían abandonar y destruir sus antiguas viviendas antes de trasladarse a la nueva población.

En 1267, la Orden del Temple intentó establecer treinta familias musulmanas en Villastar. Los colonos recibieron lotes de tierra, aunque el Temple conservó los monopolios del horno y el molino y una amplia reserva señorial.

Estas experiencias muestran que la población mudéjar era utilizada para colonizar territorios, cultivar tierras y aumentar las rentas. Sin embargo, algunas familias abandonaban posteriormente los asentamientos si encontraban mejores condiciones en otros señoríos.

La aljama: gobierno y conservación de la identidad

La aljama era la institución que representaba a la comunidad musulmana. Su función era esencial para conservar la identidad islámica, organizar el culto, administrar los bienes comunes, repartir impuestos y actuar ante el rey o el señor.

Las aljamas se regían parcialmente por el Corán, la Sunna y los privilegios concedidos en las capitulaciones. Sin embargo, Hinojosa cuestiona que gozaran de una autonomía plena. Las decisiones más importantes podían necesitar la aprobación del monarca o del señor, y los bailes intervenían cada vez más en su gobierno.

Cadí

Juez de la comunidad. Aplicaba la ley islámica, actuaba como notario y podía intervenir en matrimonios, contratos y recaudación de impuestos.

Alamín

Representaba a la aljama, presidía sus reuniones y defendía los derechos y rentas del rey o del señor.

Adelantados o jurados

Elegidos entre los cabezas de familia. Dictaban ordenanzas, administraban asuntos locales y actuaban como enlace con el poder cristiano.

Clavario

Gestionaba los recursos económicos de la comunidad y rendía cuentas al finalizar su mandato.

Zalmedina

Vigilaba el mercado y ejercía funciones relacionadas con el orden público y la actividad comercial.

Sayón

Cumplía funciones semejantes a las de un alguacil: detención, ejecución de castigos y confiscación de bienes.

Alfaquí

Especialista religioso y jurídico. Predicaba, enseñaba a los niños y preservaba la tradición cultural islámica.

Almuédano

Realizaba la llamada a la oración y colaboraba en el funcionamiento cotidiano de la mezquita.

Las aljamas pequeñas no siempre disponían de todos estos cargos. En algunos casos debían acudir al cadí de una localidad próxima para resolver sus pleitos.

Justicia islámica bajo soberanía cristiana

No existió un régimen jurídico uniforme para todos los mudéjares. Cada comunidad dependía de las capitulaciones, privilegios y fueros recibidos en el momento de la conquista o posteriormente.

En teoría, los litigios internos podían ser juzgados por el cadí según la Sunna y la xara. Sin embargo, la monarquía mantuvo la jurisdicción superior e incrementó progresivamente la intervención de los bailes y demás oficiales cristianos.

Los fueros de algunas localidades de la frontera turolense reconocieron inicialmente normas semejantes para cristianos, musulmanes y judíos. En Alcalá de la Selva se establecía que los tres grupos tuvieran un mismo fuero y costumbre para determinadas materias.

Esta igualdad jurídica parcial respondía a las necesidades de la repoblación. Una vez consolidado el dominio cristiano, aumentaron la subordinación y las diferencias legales.

Protección real de 1264. Jaime I dispuso que los musulmanes de Aragón no pudieran ser encarcelados por deudas ordinarias —salvo las correspondientes a la pecha real— ni castigados corporalmente sin haber sido juzgados ante un magistrado real.

Fiscalidad y dependencia señorial

La libertad religiosa y la protección jurídica estaban condicionadas por el pago de tributos. La fiscalidad constituía uno de los principales vínculos de subordinación de las comunidades mudéjares.

Las aljamas satisfacían pechas ordinarias, contribuciones extraordinarias, censos, derechos señoriales y prestaciones agrícolas. Los llamados gitadores de la peita repartían las cargas entre las casas, mientras que los recolectores o cullidores se encargaban de percibirlas.

La Iglesia trató de extender el cobro del diezmo a las tierras cultivadas por mudéjares. En 1221, Jaime I ordenó que los musulmanes de la diócesis de Zaragoza que trabajaran heredades anteriormente pertenecientes a cristianos pagaran los diezmos y derechos eclesiásticos correspondientes. La disposición volvió a publicarse en 1235.

Una población económicamente necesaria

Los señores necesitaban la mano de obra, los conocimientos agrícolas y las contribuciones de los mudéjares. Por esta razón, la política hacia ellos osciló entre la protección, la presión fiscal, el traslado forzoso y la amenaza de expulsión.

Propiedad, trabajo y relaciones interreligiosas

Los mudéjares podían poseer bienes muebles, tierras, viviendas, ganado y derechos sobre explotaciones agrícolas. También participaban en contratos, compraventas, arrendamientos y otras actividades económicas.

La Corona intervino, no obstante, en las sucesiones. En Lleida, Jaime I dispuso en 1274 que los bienes de los musulmanes fallecidos sin herederos se repartieran entre el rey y la aljama.

En el otro extremo de la sociedad existían musulmanes cautivos y esclavizados, procedentes de las guerras y cabalgadas realizadas en la frontera valenciana. Algunos podían ser liberados e incorporarse como vecinos a una aljama, como sucedió en Huesca en 1257.

Las relaciones entre cristianos y musulmanes fueron frecuentes. Ambos grupos compartieron espacios económicos, mercados y trabajos, aunque las diferencias jurídicas y religiosas nunca desaparecieron.

Tampoco puede idealizarse la convivencia. Los mudéjares estuvieron expuestos a abusos, apropiaciones, conflictos privados y episodios de violencia. Las disposiciones de paz promulgadas en Cataluña en 1218 y 1225 incluyeron expresamente a musulmanes y judíos, señal de que sus personas y bienes necesitaban protección.

Calanda y el proyecto de expulsión de 1277

Una decisión motivada por el cobro de los diezmos

El caso de Calanda ocupa un lugar destacado en el estudio de Hinojosa Montalvo. El 21 de enero de 1277, pocos meses después de la muerte de Jaime I, el obispo de Zaragoza y el comendador calatravo de Alcañiz alcanzaron una concordia que preveía la expulsión de los mudéjares de Calanda y la repoblación del lugar con cristianos.

La medida no obedecía principalmente a un conflicto religioso. Su origen era económico: numerosos musulmanes del Bajo Aragón no pagaban diezmos, lo que perjudicaba tanto a la Seo de Zaragoza como a la Orden de Calatrava.

Tras la proyectada expulsión, los calatravos debían instalar pobladores cristianos. Los diezmos obtenidos se repartirían entre la Iglesia y la Orden, una vez descontada la cuarta episcopal.

El proyecto, sin embargo, no llegó a ejecutarse. Hinojosa considera que la laboriosidad y la utilidad económica de la población mudéjar pudieron actuar como contrapeso. La Orden de Calatrava habría optado finalmente por otras fórmulas que permitieran conservar a los cultivadores y asegurar al mismo tiempo las rentas.

La continuidad de la comunidad musulmana quedó demostrada en los siglos posteriores. A finales del siglo XV, Calanda seguía siendo una localidad fundamentalmente mudéjar, vinculada a la agricultura del Guadalope y a las redes económicas del Bajo Aragón.

Siglos XI-XII

Las conquistas cristianas transforman a la población musulmana del valle del Ebro en población mudéjar.

1221

Jaime I ordena cobrar diezmos a los mudéjares que cultivan tierras anteriormente pertenecientes a cristianos.

1235

Se renueva la disposición sobre el pago de diezmos eclesiásticos.

1264

Protección real contra el encarcelamiento por deudas y los castigos sin juicio.

1276

Muerte de Jaime I y final de su largo reinado.

21 de enero de 1277

Concordia entre el obispo de Zaragoza y el comendador de Alcañiz para expulsar a los mudéjares de Calanda.

Después de 1277

El proyecto no se ejecuta y la población mudéjar permanece en la localidad.

Balance: entre la protección y la subordinación

El reinado de Jaime I fue una etapa de consolidación del mudejarismo en Aragón y Cataluña. Las comunidades musulmanas ya no representaban una amenaza política semejante a la existente en el recién conquistado reino de Valencia.

Los mudéjares conservaron su religión, sus mezquitas, autoridades y parte de su derecho. Sin embargo, su autonomía fue limitada y se redujo a medida que aumentaba la intervención de los oficiales reales y señoriales.

La monarquía protegía a las aljamas porque eran una fuente de impuestos y contribuían al funcionamiento económico del reino. Esa protección coexistía con la desigualdad jurídica, la segregación urbana, la presión fiscal, los desplazamientos forzosos y la posibilidad de expulsión.

Por ello, las relaciones entre cristianos y musulmanes no pueden explicarse únicamente mediante los conceptos de convivencia o tolerancia. Fueron relaciones complejas, marcadas simultáneamente por la cooperación económica, la interacción cotidiana, la subordinación y el conflicto.

La permanencia mudéjar fue posible porque las comunidades musulmanas conservaron su cohesión interna y porque su trabajo resultaba imprescindible para los reyes, la Iglesia, la nobleza y las órdenes militares. Conclusión general

Fuente y bibliografía

  • Hinojosa Montalvo, José: «Los mudéjares en Aragón y Cataluña en el reinado de Jaime I», en una obra colectiva dedicada a la sociedad de Aragón y Cataluña durante el reinado del monarca.
  • Catlos, Brian A.: The Victors and the Vanquished. Christians and Muslims of Catalonia and Aragon, 1050-1300, Cambridge University Press, 2004.
  • Lacarra de Miguel, José María: «Introducción al estudio de los mudéjares aragoneses».
  • Ledesma Rubio, María Luisa: Los mudéjares aragoneses, Zaragoza, Anubar, 1979.
  • Ledesma Rubio, María Luisa: Cartas de población del reino de Aragón en los siglos medievales, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 1991.
  • Mutgé i Vives, Josefina: L’aljama sarraïna de Lleida a l’Edat Mitjana, Barcelona, 1992.
  • Ferrer i Mallol, María Teresa: estudios sobre las comunidades islámicas de Tortosa y de la Corona de Aragón.
  • Álvaro Zamora, María Isabel; Borrás Gualis, Gonzalo, y Sarasa Sánchez, Esteban: Los mudéjares en Aragón, Zaragoza, 2003.

Cómo citar esta entrada

GREC, «Los mudéjares en Aragón y Cataluña durante el reinado de Jaime I», Calandagrec, Grupo de Estudios de Calanda, 2026.

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Texto de divulgación histórica elaborado a partir del estudio de José Hinojosa Montalvo. Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

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