Arqueología ibérica · Valle del Guadalopillo · Bajo Aragón
La Guardia: el oppidum ibérico que vigilaba el acceso a Calanda
El poblado de La Guardia, situado en Alcorisa, dominaba el corredor natural que comunicaba el valle del Guadalopillo con Foz-Calanda, Calanda, Andorra y las rutas hacia el Maestrazgo.
Un enclave estratégico del mundo ibérico bajoaragonés
Aunque el yacimiento de La Guardia pertenece al término municipal de Alcorisa, su posición geográfica lo relaciona directamente con la historia antigua de Calanda. Desde su cima se controlaba el paso del río Guadalopillo por el valle de Foz-Calanda y las vías naturales que conducían hacia el Guadalope y el Maestrazgo.
El estudio fue elaborado a partir de las prospecciones realizadas durante el verano de 1971 por Montserrat Martínez González. La investigadora llegó al enclave después de recibir noticias de Ricardo Alcón y Carmelo Tomás, vecinos de Alcorisa que habían conservado distintos materiales aparecidos en superficie.
La vigilancia del corredor del Guadalopillo
El topónimo La Guardia parece conservar el recuerdo de la función estratégica del cerro. El asentamiento se levantó sobre el cabezo más bajo de una pequeña cadena montañosa situada al norte de Alcorisa y próxima a la actual carretera que conduce hacia Foz-Calanda, Calanda y Alcañiz.
Desde la cumbre se dominaban varios itinerarios naturales de gran importancia:
- El curso del Guadalopillo y su paso por el valle de Foz-Calanda.
- La comunicación oriental hacia Calanda y el valle del Guadalope.
- El acceso occidental a las tierras de Alloza y Andorra.
- La bajada desde las comarcas altas de Teruel por Alcorisa.
- Las rutas de penetración hacia el Maestrazgo por el Bergantes y el Guadalope.
Un poblado escalonado sobre terrazas
El cabezo presenta una forma aproximadamente cónica y se prolonga hacia el sudoeste mediante otro montículo de menor altura. La ladera occidental, algo más abrupta, está coronada por afloramientos rocosos que reforzaban naturalmente la defensa del asentamiento.
Las vertientes norte y nordeste conservaban los indicios más visibles del poblado. Allí se identificaron hasta siete líneas de muros dispuestas en graderío. Parte de estas estructuras antiguas fue reutilizada posteriormente para levantar los bancales agrícolas que rodeaban el cerro.
La posible muralla
En la mitad de la ladera oriental se localizó el muro mejor conservado. Podía seguirse durante unos treinta metros y estaba construido con bloques medianos y grandes, calzados con piedras menores y unidos en seco. La autora propuso que esta estructura pudiera corresponder a la muralla del recinto.
Habitaciones y estructuras internas
También se reconocieron paredes perpendiculares a los muros principales, posiblemente pertenecientes a viviendas. En la cima aparecían dos habitaciones rectangulares de aproximadamente siete por cuatro metros, aunque la erosión, los derrumbes y las alteraciones agrícolas impedían reconstruir el trazado completo del poblado.
Un asentamiento agrícola, artesanal y conectado con el Mediterráneo
Cerámica a mano
Se recuperaron vasijas de pasta tosca, cocción irregular y colores que oscilaban entre el gris oscuro, el ocre y el rojizo. Entre los fragmentos destacaban bordes exvasados, recipientes decorados con incisiones, cintas aplicadas con impresiones digitales y pequeñas asas de pezón perforadas.
Cerámica ibérica a torno
La cerámica ibérica era muy abundante. Predominaban las vasijas grandes y medianas, elaboradas con pastas claras de buena calidad. Se documentaron bordes almendrados, recipientes globulares, kalathoi, jarras, páteras, cuencos y asas de cinta o de doble cordón.
La decoración era exclusivamente geométrica: bandas horizontales, metopas, círculos concéntricos, líneas onduladas, dientes de lobo y motivos curvilíneos. Algunas pinturas presentaban una ejecución de gran calidad.
Producción textil
Uno de los conjuntos más destacados estaba formado por más de doscientas pesas de telar. Aproximadamente ciento treinta carecían de decoración, mientras que las restantes mostraban hasta setenta y seis motivos diferentes: estampillas, incisiones, perforaciones, medallones y pintura.
El hallazgo de fusayolas y numerosas pesas de telar demuestra que el tejido tuvo una importancia considerable en la economía doméstica del poblado.
Molinos, metales y actividad productiva
El repertorio incluía hachas pulimentadas, molinos barquiformes, fragmentos de molinos circulares, escorias de fundición, clavos, espátulas de hierro, recipientes de cobre y monedas muy deterioradas. Las escorias indican que en el asentamiento se desarrollaron labores relacionadas con la transformación del metal.
Importaciones mediterráneas
La presencia de cerámica ática, campaniense A y B, ánforas republicanas, terra sigillata aretina, hispánica y clara permite reconocer la inserción del poblado en redes comerciales de amplio alcance.
Una ocupación prolongada
Los materiales permiten proponer una larga vida para el asentamiento, con fases anteriores al desarrollo pleno del poblado ibérico y una continuidad que alcanza la romanización.
Las hachas pulimentadas sugieren la existencia de una fase precedente, aunque su carácter exacto solo podría determinarse mediante excavación.
La abundancia de cerámica torneada, estructuras defensivas, actividad textil y metalúrgica refleja un asentamiento estable y organizado.
Las cerámicas campanienses y las ánforas republicanas documentan la intensificación de los contactos con el mundo romano.
La terra sigillata y otros materiales romanos indican una continuidad de la ocupación o del uso del enclave durante etapas posteriores.
¿Por qué La Guardia es importante para la historia de Calanda?
La importancia de La Guardia no se limita al término de Alcorisa. Su posición permite comprender la organización territorial de todo el valle del Guadalopillo. El yacimiento se encontraba situado en el punto desde el que podía controlarse la vía natural que atravesaba Foz-Calanda y alcanzaba Calanda antes de desembocar en el Guadalope.
Su existencia demuestra que, mucho antes de la formación de las poblaciones medievales, este corredor ya constituía un espacio estratégico de comunicación, explotación agrícola e intercambio. La Guardia debió relacionarse con otros asentamientos ibéricos y centros artesanales del territorio, formando parte de una red jerarquizada de poblados, explotaciones rurales y vías de paso.
Artículo de referencia
Martínez González, Montserrat. «El yacimiento ibérico de La Guardia, en Alcorisa (Teruel)».
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Cómo citar esta publicación
GREC – Grupo de Estudios Calandinos, «La Guardia: el oppidum ibérico
que vigilaba el acceso a Calanda», CalandaGREC, 2026.
Basado en el estudio de Montserrat Martínez González,
«El yacimiento ibérico de La Guardia, en Alcorisa (Teruel)».