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Historia andalusí · Frontera Superior · Calanda

Calanda en la geografía islámica de la Frontera Superior

Una lectura histórica a partir del estudio de Juan A. Souto Lasala sobre la comarca de Zaragoza en época islámica.

Al-Andalus · Siglos VIII-XII · Zaragoza, Bajo Aragón y valle del Ebro

Área de identificación

Título de referenciaLa comarca de Zaragoza en época islámica: contribución a su estudio
AutorJuan A. Souto Lasala
Obra colectivaDelimitación Comarcal de Zaragoza
CoordinadoresIsidro Aguilera Aragón y José Luis Ona González
ColecciónTerritorio, 36
MateriaAl-Andalus, Zaragoza islámica, Frontera Superior, poblamiento, toponimia

Resumen

El estudio de Juan A. Souto Lasala analiza la organización territorial de Zaragoza durante la época islámica, desde la llegada de los musulmanes en el año 714 hasta la conquista de la ciudad por Alfonso I en 1118. El autor parte de las fuentes árabes geográficas e históricas para reconstruir el territorio dependiente de Zaragoza, capital de la Frontera Superior de al-Andalus.

La investigación resulta especialmente relevante para Calanda porque la localidad aparece mencionada dentro de ese amplio espacio de referencias geográficas islámicas. No se presenta como una ciudad ni como una fortaleza principal, sino como un balad, término árabe que puede traducirse de forma general como “población”, “lugar” o “territorio habitado”.

La mención de Calanda como balad permite situar el topónimo dentro de la geografía árabe medieval y confirma que el nombre era conocido por los autores islámicos vinculados a la descripción de la Frontera Superior.

Calanda en la fuente islámica

El pasaje más importante para la historia de Calanda aparece cuando Souto Lasala clasifica los distintos tipos de asentamientos documentados por las fuentes árabes. Tras hablar de ciudades, castillos, torres, alquerías y campamentos, el autor menciona una categoría más difícil de precisar: los asentamientos llamados balad y balda.

Según el estudio, ambos términos figuran en la obra del geógrafo Yāqūt. En esta clasificación, balda se aplica a Cutanda y también a Zaragoza, mientras que balad se documenta para Calanda y para el Huerva, denominado Baltash. Souto añade que al-‘Udhrī utiliza también balad para una presunta Villanueva, Balad Núba, situada en el iqlīm de Funtush, quizá relacionado con el actual barrio zaragozano de Las Fuentes.

Esta noticia es de gran interés porque muestra que Calanda formaba parte del repertorio geográfico conocido por los autores árabes medievales. Sin embargo, el propio Souto advierte que debe actuarse con cautela al interpretar la relación de localidades alejadas de Zaragoza, como Caspe, Calanda o Alfambra, con la comarca zaragozana.

Interpretación histórica

La presencia de Calanda en este listado no debe interpretarse de forma automática como prueba de una dependencia administrativa directa de Zaragoza. El artículo insiste en que las fuentes árabes utilizan vocablos diversos para designar comarcas, distritos, zonas agrícolas o ámbitos de influencia. Entre ellos aparecen términos como ‘amal, iqlīm, nāhiya, hawz, kūra o thagr.

Esta variedad terminológica demuestra que el territorio andalusí no puede entenderse con categorías administrativas modernas. La Zaragoza islámica ejercía autoridad sobre un espacio amplio, pero esa influencia variaba según las funciones del territorio: zonas de huerta, castillos defensivos, alquerías agrícolas, campamentos militares o simples lugares citados por su valor geográfico.

En este contexto, Calanda aparece como un punto del paisaje oriental de la Frontera Superior. Su inclusión en el mapa elaborado por Souto junto a Alcañiz, Caspe, Chiprana, Belchite, Almonacid de la Cuba o Alfambra sugiere que formaba parte de la memoria geográfica andalusí del valle medio del Ebro y sus territorios de contacto.

La prudencia es esencial: la fuente confirma la existencia del topónimo Calanda en la geografía árabe, pero no permite afirmar, por sí sola, la existencia de una ciudad islámica plenamente organizada ni una dependencia administrativa directa y estable respecto de Zaragoza.

Toponimia, territorio y memoria andalusí

El texto de Souto Lasala concede gran importancia a la toponimia como fuente histórica. El autor señala que muchos nombres de lugar de origen árabe o islámico han sobrevivido en Aragón, a menudo sin haber sido documentados por las fuentes oficiales. Esta observación resulta especialmente sugerente para el estudio de Calanda.

La mención de Calanda como balad abre una vía de interpretación sobre la formación del topónimo y su inserción en el poblamiento andalusí. Aunque el documento no desarrolla una etimología concreta para Calanda, sí permite relacionar el nombre con el conjunto de asentamientos recogidos por la tradición geográfica árabe.

El caso de Calanda debe ponerse en relación con otros topónimos del Bajo Aragón que aparecen en el mismo mapa, como Alcañiz, Caspe o Chiprana. Todos ellos se sitúan en un espacio de transición entre el valle del Ebro, el Guadalope, el Martín, el Aguasvivas y los corredores que comunicaban Zaragoza con Tortosa y el litoral mediterráneo.

Valor para la historia de Calanda

Para la historia local, la aportación de Souto Lasala es importante por tres razones.

  1. Confirma la presencia del topónimo Calanda en las fuentes árabes medievales. La localidad aparece mencionada dentro del repertorio geográfico de la Frontera Superior.
  2. Permite interpretar Calanda como un lugar habitado o reconocido territorialmente. El término balad no equivale necesariamente a ciudad, pero sí señala una población o ámbito identificado.
  3. Invita a estudiar la arqueología y la toponimia local. El propio autor subraya que las fuentes escritas deben completarse con el análisis de los restos materiales, los microtopónimos y la documentación cristiana inmediatamente posterior a la conquista.

Desde una perspectiva calandina, el interés principal no está en afirmar más de lo que la fuente permite, sino en valorar la importancia de una mención temprana que sitúa a Calanda dentro de la geografía islámica del valle medio del Ebro.

Conclusión

La mención de Calanda en el estudio de la comarca zaragozana en época islámica constituye una pieza significativa para reconstruir los orígenes medievales de la localidad. No permite describir con precisión su tamaño, su estructura urbana ni su organización interna, pero sí confirma que el topónimo formaba parte del horizonte geográfico de los autores árabes.

El término balad debe entenderse con cautela. No designa necesariamente una ciudad, ni una fortaleza, ni una alquería concreta. Su valor reside precisamente en su amplitud: remite a un lugar habitado, reconocido o territorialmente identificado. En el caso de Calanda, esta referencia refuerza la necesidad de combinar fuentes escritas, arqueología, paisaje, hidráulica histórica y toponimia menor.

La historia andalusí de Calanda no puede construirse únicamente a partir de una palabra, pero esa palabra abre una puerta. Y esa puerta conduce hacia una investigación más amplia sobre el poblamiento islámico del Guadalope, los vínculos con Alcañiz, Caspe y Zaragoza, y la transformación posterior del territorio tras la conquista cristiana.

Fuente utilizada

SOUTO LASALA, Juan A., “La comarca de Zaragoza en época islámica: contribución a su estudio”, en Isidro Aguilera Aragón y José Luis Ona González, coords., Delimitación Comarcal de Zaragoza, Colección Territorio, 36, pp. 107-115.

En este artículo se cita Calanda dentro de los asentamientos documentados como balad en las fuentes árabes, y se incluye en el mapa de poblaciones y ríos de la comarca de Zaragoza en época islámica según las fuentes árabes geográficas e históricas.

Cómo citar esta publicación

GREC, “Calanda en la geografía islámica de la Frontera Superior”, CalandaGREC, 2026.

Fuente principal: Juan A. Souto Lasala, “La comarca de Zaragoza en época islámica: contribución a su estudio”, en Delimitación Comarcal de Zaragoza, Colección Territorio, 36.

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