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AHN · Inquisición · L.964, fol. 78

Denuncia sobre el asesinato de Mosén Peralta, vicario de Foz, y declaración ante el Santo Oficio

Carta remitida en marzo de 1577 al ámbito inquisitorial sobre la muerte violenta del vicario de Foz y deposición posterior tomada en Alcañiz, en un contexto de conflictividad entre cristianos viejos, ministros del Santo Oficio y moriscos de Foz y Calanda.

24-26 de marzo de 1577 AHN, Inquisición, L.964, fol. 78 Calanda · Foz · Alcañiz Mosén Peralta Domingo Franco, comisario

Área de identificación

Referencia archivística AHN, Inquisición, L.964, folio 78
Cronología 24 de marzo de 1577 / 26 de marzo de 1577
Tipología Carta de denuncia y deposición inquisitorial
Ámbito geográfico Calanda, Foz y Alcañiz
Materia Homicidio, conflictividad morisca, control inquisitorial
Intervinientes principales Licenciado Rosales y Alagón, Domingo Franco, Gregorio de León

Interpretación histórica

El documento se inscribe en un momento de fuerte tensión religiosa y social en el Bajo Aragón. La carta enviada desde Calanda presenta a los moriscos de Foz como una comunidad peligrosa, hostil a la acción pastoral y refractaria al control del Santo Oficio.

El asesinato de Mosén Peralta, vicario del lugar, aparece descrito con un tono deliberadamente estremecedor: se insiste en las puñaladas, en el despojo de la ropa, en los golpes del cuerpo y en la comparación con los martirios antiguos. El objetivo del redactor no es solo informar, sino también mover a los inquisidores a intervenir.

La deposición de Gregorio de León, guarda de los nuevos convertidos de Calanda, refuerza esa línea argumental. No aporta una prueba directa del crimen, pero sí insiste en la voz común y fama pública que atribuía la muerte del vicario a los nuevos convertidos de Foz, y añade la idea de que el propio clero y los ministros inquisitoriales temían entrar en el lugar.

En suma, el expediente no solo testimonia un homicidio, sino también la construcción discursiva de Foz como foco de peligro religioso y moral, en un contexto en que la vigilancia sobre los moriscos se articulaba a través de comisarios, guardas, familiares y autoridades señoriales.

Clave de lectura: este texto debe leerse a la vez como relato criminal, como denuncia política y como documento de parte. Su violencia verbal forma parte de una estrategia para obtener castigo ejemplar e intensificar la intervención inquisitorial.

Cronología de los hechos

Primeros de enero de 1577
El señor capitán Rosales parte a la Corte, según indica la carta.
Antes del 24 de marzo de 1577
Se descubre primero un hombre enterrado en un valle del término de Calanda, identificado como un pastor gascón.
Poco después
Mosén Peralta, vicario de Foz, es asesinado en el camino y hallado muerto en una cueva próxima al lugar.
Sábado por la mañana
El redactor afirma haber amenazado con quemar y asolar Foz si no aparecía el cuerpo del vicario.
24 de marzo de 1577
En Calanda se redacta la carta de denuncia firmada por el licenciado Rosales y Alagón.
26 de marzo de 1577
En Alcañiz, el canónigo Domingo Franco recibe una deposición de Gregorio de León ante el Santo Oficio.

Personas citadas

Nombre Condición Intervención o papel
Licenciado Rosales y Alagón Autor de la carta Redacta la denuncia desde Calanda el 24 de marzo de 1577.
Señor capitán Rosales Hermano del autor, señor local Se hallaba ausente en la Corte desde enero.
Mosén Peralta Vicario de Foz Víctima del asesinato que motiva la denuncia.
Domingo Franco Canónigo y comisario del Santo Oficio Recibe la denuncia y toma declaración en Alcañiz.
Gregorio de León Natural de Zaragoza, vecino de Calanda Guarda de los nuevos convertidos; declara el 26 de marzo de 1577.
Mosén Lázaro Cristóbal Regente de la cura o vicaría Figura vinculada a la llamada del declarante ante el comisario.
Antón Pintor Colaborador en pesquisas Participa en registros de casas de Foz.
Marco Royo Colaborador en pesquisas Participa en registros de casas de Foz.
Johanes de Tolosa Guarda del Santo Oficio en Foz Participa en registros e inspecciones.
La Moreliana Mujer de Foz Citada como fuente de rumores y comentarios sobre la muerte.
Mosén Nicolás Pastor Clérigo Se dice que volvió del camino por miedo y no fue a decir misa.
Tomás Rober Notario Autoriza la deposición final.

Transcripción interpretada del texto

Texto dispuesto en lectura continua, con puntuación editorial mínima y separación de bloques para facilitar la consulta.

AHN, Inquisición, L.964, folio 78

Muy Ilustre Señor, es recibido en 26 de marzo de 1577.

El señor capitán Rosales, mi hermano, se partió de esta villa a la Corte los primeros de este enero. Faltando de esta tierra, siempre se ofrecen novedades; y entre otras, y de las más raras que en ocho años que aquí estamos entre estos moriscos ha acontecido, es que a los sobredichos, con el término de Calanda junto al de Foz, hay algún hombre enterrado en un valle; y viniendo a mí me avisó de ello.

Con mis alguaciles y otra gente [...] mandé se desenterrase el hombre y traerlo a la villa de Calanda para que lo viese gente, si se podría conocer, porque estaba fresco enterrado; y se halló ser un pastor de nación gascón que había guardado ganado en esta tierra de un hidalgo de Alcañiz, y despedido de él viniese a Calanda para cobrar cierta cantidad que le debía su amo, y había desaparecido. Hubo quien lo conoció muy bien como era extranjero y no tenía quien hiciese por él.

Después, a la tarde, saliendo un llamado Mosén Peralta, vicario del lugar de Foz, lugar de moriscos junto a Calanda, que hay como media legua de Calanda a él, y yendo este buen hombre al dicho lugar de Foz, donde tenía su madre y hermanos en su casa, como otras veces solía, le salieron al camino, pocos antes del lugar, y lo mataron, y le dieron muchas puñaladas, y lo desnudaron en camisa, y martirizaron de la manera como hacían los gentiles en tiempos de los mártires, y lo pusieron en una cueva que está como un tiro de ballesta desviada del camino.

Y como a la mañana faltó en casa, vinieron a Calanda sus hermanos y lo buscaron con mucho cuidado, espantados de la novedad; y buscándolo el viernes todo el día y no apareciendo, alterámonos todos los cristianos que aquí vivimos de esto, y yo particularmente, como aquí me están encomendados los unos y los otros en nuestra señoría del señor capitán Rosales; y el sábado de mañana, haciendo yo muchos extremos y amenazas, que si no parecía lo había de quemar y asolar el lugar, saliendo con mucha gente a buscarlo al dicho lugar y término, me salieron al encuentro todo el lugar de Foz diciendo que lo habían hallado en la cueva muerto.

Y así llegué y lo hallé desnudo, con un tajo, con jubón y camisa boca abajo, con muchas puñaladas y todo azotado el cuerpo y golpeado; y se hizo acto público de ello, viniéndose a Calanda, donde se enterró. Mandé prender hombres y mujeres hasta siete u ocho personas, las cuales están a buen recaudo. Dice que lo tenían amenazado el dicho consejo y aljama porque los reprendía y castigaba sus maldades y mala vida.

Y aun muchas veces los jurados y consejos me [...] para quitar al vicario y poner otro, y que daban cincuenta ducados; yo les respondía que diesen razones y cabos por qué nos obligaban a descomponerlo, y si los había, sin el dinero se les proveería de otro vicario. Al fin ellos lo han muerto y martirizado como digo.

Sus deudos son pobres y necesitados; han acudido a mí encargándome escribiese esto a vuestra señoría para que pongan el remedio que convenga en negocio tan exorbitante, y así lo hago, satisfaciendo a vuestra señoría como cristiano, que en toda España no hay tan mala especie de moriscos como en estos dos lugares, ni tan desvergonzada vida como la de los vicarios que los tienen a cargo y de otros cristianos viejos que ahí viven.

Se podrá recibir verdadera información, y de lo malo los peores son los de Foz, porque entre ellos no vive ningún cristiano viejo, y así son moros sin ley ni sin rey. Esta cuenta estoy obligado a dar a vuestra señoría, como es razón, y si en caso tan horrendo no se pone remedio, será darles ánimo a que pasen adelante matando cada día cristianos.

En Calanda, a 24 de marzo de 1577. El licenciado Rosales y Alagón.

Adición del comisario

Con esta envío a vuestra señoría una deposición por la cual verán cómo es voz común y fama pública como los nuevos convertidos de Foz han muerto a Mosén Peralta muy ignominiosamente, y a lo que se tiene por cierto por favorecer y entender las cosas del Santo Oficio; sería bien y convendría muy mucho si vuestras señorías viniesen a recibir información sobre ello.

Certifico a vuestras señorías que no hay familiar ni los guardas que vuestras señorías tienen puestas en Calanda osan ir a Foz, ni de Calanda venir aquí sin compañía, ni osa un clérigo ir a Foz el día de Nuestra Señora, ni habrá vicario si de esto no se hace algún sentimiento.

A señores tan celosos del juicio de Dios nuestro señor, y que tanto miran por la seguridad de sus ministros, no tengo qué encarecer cosa de sí tan encomendada [...].

Alcañiz, 26 de marzo de 1577. Besa manos de vuestra señoría su muy cierto servidor capellán, el canónigo Domingo Franco, comisario.

Declaración en Alcañiz, 26 de marzo de 1577

En la villa de Alcañiz, a 26 días del mes de marzo del año contado 1577, ante el señor canónigo Domingo Franco, comisario del Santo Oficio, pareció un hombre, siendo llamado por Mosén Lázaro Cristóbal, regente la cura de la vicaría de Calanda, el cual, en virtud del juramento que hizo prestado como ministro del Santo Oficio y guarda que es de los nuevos convertidos de Calanda, dijo llamarse Gregorio de León, natural de Zaragoza y vecino de Calanda de veintidós años a esta parte, de edad de cuarenta años poco más o menos, y de memoria de treinta y dos años.

El cual, descargando su conciencia, dijo por lo que al Santo Oficio toca que, mirando y escorcullando algunas casas del lugar de Foz por si ahí había algún rastro o indicios de quién había muerto a Mosén Peralta, vicario de dicho lugar de Foz, con Antón Pintor y Marco Royo y Johanes de Tolosa, guarda del Santo Oficio en Foz, y buscando, hallaron un cabrito degollado y un cuarto sin cabeza en casa de Macho, calle del Olmo.

Más dice este deposante que es voz y fama pública que los nuevos convertidos de Foz han muerto al vicario de dicho lugar, y que no menos fue examinado, azotado y arrastrado, y llevado marcado y con los dedos de las manos agujereados, y [...] apuñalado, que parecía martirio según lo que se mostraba.

Tiene este deposante por cierto que le han muerto porque, en unas cosas tocantes al Santo Oficio, les favorecía siempre que el alcayde de Calanda y los guardas del Santo Oficio le requerían algo en nombre y de parte de los señores inquisidores. Sábelo este deposante porque lo ha oído decir a muchas personas de Foz, y en especial a una mujer llamada la Moreliana y [...] montero de Foz, que lo oyó decir que, porque favorecía las cosas del Santo Oficio, siempre que al alcayde de Calanda y a los ministros del Santo Oficio le requerían, los acompañaba y notificaba lo que los señores inquisidores mandaban.

Y aun tiene este deposante por cierto que se ha hecho concegilmente, según es voz común y fama pública. El día de Nuestra Señora no se halló quien fuese a decir misa, y un clérigo que iba se volvió del camino por temor, el cual se dice Mosén Nicolás Pastor.

Y que otra cosa no sabe. Encomendósele secreto, prometió, y se fue. Leído, perseveró; no lo firmó por no saber escribir.

Pasó ante mí, vale, Tomás Rober, notario. Firmado: el canónigo Domingo Franco, comisario.

Valor documental

El documento constituye una fuente de primer orden para el estudio de la conflictividad religiosa en los señoríos moriscos del Bajo Aragón. Informa sobre prácticas de control, sobre la movilidad de los ministros del Santo Oficio, sobre el temor del clero a ejercer en ciertos lugares y sobre la percepción hostil que las autoridades cristianas tenían de comunidades como la de Foz.

También es valioso para reconstruir la acción de los Rosales en el territorio y para comprender cómo la violencia local podía convertirse en causa inquisitorial mediante cartas, testimonios y apelaciones a la fama pública.

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