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GREC · Nota de contexto + fuente primaria

Calanda y la higiene pública ante el cólera (1885)

Presentación editorial (GREC) + transcripción de un artículo publicado en El Aragonés (14 de junio de 1885), con un llamamiento a las autoridades para aplicar leyes sanitarias y prevenir la epidemia de cólera.
🗓️ 14/06/1885 (fuente) 📍 Provincia / Calanda (firma) 🧾 Género: artículo higienista

Nota GREC

El texto de 1885 se inscribe en el auge del higienismo y en el temor a nuevas oleadas de cólera. El autor presenta la higiene como base del progreso y acusa a los poderes públicos de apatía y de dejar en papel mojado las disposiciones sanitarias. El artículo combina referencias a autoridades médicas (Giné, Monlau) con una descripción directa de prácticas rurales consideradas insalubres (ganados en casas, estiércoles, aguas estancadas), y concluye con propuestas organizativas para municipios y juntas de sanidad.

Firmado en Calanda (junio de 1885), el texto constituye una fuente de gran valor para observar cómo el discurso sanitario moderno penetraba en ámbitos locales, articulando prevención, disciplina social y una crítica explícita al caciquismo y a la falta de gobierno efectivo en la provincia.

Fuente: artículo (1885)

«La higiene»

El Aragonés, 14 de junio de 1885 · Leoncio Serred (firma en Calanda)

La higiene, áncora de salvación de la sociedad antigua y moderna, inculcada desde tiempos remotos por las tablas colocadas en las puertas de los templos, evocada por Moisés al trazar la historia del mundo y encumbrada por los emblemas de Egipto que ilustraron al legislador del pueblo hebreo, se encuentra desgraciadamente bastante olvidada y poco conocida en la generalidad de los pueblos de nuestra desventurada provincia, debido indudablemente a la indiferencia no perdonable de sus gobernantes y a las egoístas miras caciquiles que todo lo invaden en obsequio a mezquinos intereses.

¿De qué sirven los sapientísimos trabajos higiénicos que nos llegaron de Abu Veda, Hipócrates, Celso, Plutarco, Levy, Monlau, Giné y otros mil ilustrados campeones que tanto trabajaron por el bienestar de la humanidad? Nada absolutamente: de nada, mientras los gobiernos sean tan apáticos y no procuren con verdadero interés por el bien de sus administrados, que sufren y pagan con más calma que Job, sin merecer la tutela y protección que necesitan.

Dejemos estas digresiones y, analizando los puntos más principales, haremos a vuelta pluma su bosquejo con la sencilla idea de llamar la atención de las personas más interesadas y que más deben poner remedio en asunto de tanta trascendencia. Higiene debe intervenir en todos los actos de nuestra vida si no queremos el desequilibrio de nuestro organismo… Equilibrio de todas las fuerzas orgánico-vitales constituye el estado de salud.

«Fomentar la robustez del cuerpo, aumentar el bien material e intelectual de los ciudadanos, alargar la vida facilitando los medios de prever las enfermedades y los peligros de muerte; pues la pujanza material y psicológica de los pueblos ha estado siempre en razón compuesta de su higienización». (Juan Giné y Partagás)

Verdades son tales que ni Plinio ni Estalo, irreconciliables enemigos de los médicos, serían capaces de refutar; y, sin embargo, aun estando demostradas con claridad en nuestras leyes sanitarias, jamás se cumplen. Por cuya razón llamo la atención del nuevo señor gobernador para que, con todos los medios que su autoridad le concede, haga cumplir a los pueblos las leyes higiénicas… máximo ahora que el microbio exótico está dispuesto a cebarse en nosotros.

Los pueblos reciben cuanto se refiere a las leyes sanitarias con la mayor indiferencia; se burlan de los bandos de sus alcaldes, de los consejos de sus médicos. La higienización sólo puede llevarse a cabo con un gobernador que los trate sin contemplaciones y castigue severamente sus infracciones, sin omitir medio para hacerlas cumplir.

Los pueblos están acostumbrados a encerrar ganados dentro de sus mismas viviendas; a sacar los estiércoles de cuadras y corrales sin tener en cuenta las horas oportunas, y después trasladarlos a los caminos más frecuentados para que sus miasmas sean aspirados por los transeúntes… Los animales muertos los dejan al descubierto… Las aguas pantanosas son abundantísimas… siendo estos focos de corrupción el aroma de sus vetustas viviendas.

Les importa poco que sus casas no estén soleadas y ventiladas… El aseo de calles y plazas les preocupa poco, siendo frecuente que, si vamos distraídos, seamos favorecidos con un bautismo de líquidos hediondos… Los cementerios, lavaderos, escuelas, etc., en pésimas condiciones saludables…

Pasemos una ojeada retrospectiva a las tres épocas memorables sobre la evolución del microbio colérico: 1833–1836, 1853–1856, 1865–1867… En invierno estacionado en puntos más cálidos; después, en estaciones calurosas, extendiendo sus límites a toda la península, llevando luto y desolación… Ojalá no suceda en este cuarto período evolutivo lo mismo que en los anteriores.

Es horroroso contemplar un pueblo epidemíado: los ricos huyen a otros países dejando en la orfandad a sus protegidos; las sustancias escasean cuando más falta hacen a los pobres afligidos… No sucede esto en los pueblos previsores: allegan recursos, se auxilian, forman sociedades de defensa…

No basta que el señor gobernador haga cumplir las leyes; es preciso también que los pueblos secunden con voluntad decidida sus mandatos y tengan presentes los consejos siguientes (repetidos por Juan Cuesta):

  1. Los ayuntamientos, asociados a juntas de sanidad o beneficencia, deberán formar una agrupación protectora con personas idóneas para hacer frente al microbio extranjero y reunir recursos (metálico, ropa, etc.).
  2. Celebrar misas y oficios en el campo al aire libre y evitar aglomeraciones en escuelas, comités, juntas; dividir las juntas de sanidad en comisiones (asistencia facultativa, domiciliaria, cementerios, ropas, camilleros, etc.).
  3. Destinar uno o varios edificios fuera de la población para hospitales epidémicos o estufas de fumigación, si fuera posible.

Y termino, señor director, admitiendo que la falta en la corrección de estilo no importa tanto como la verdad… sentiré que mi voz se pierda en el desierto… Si con este pequeño trabajo presto un átomo de bien a la humanidad, me consideraré satisfecho.

Leoncio Serred · Calanda, junio de 1885
Lectura guiada (GREC)
  • Registro: higienismo + denuncia política (apatía, caciquismo).
  • Lenguaje: mezcla de miasmas (“depósitos mefíticos”) y microbio (transición científica).
  • Valor local: inventario de prácticas domésticas y urbanas (ganados, estiércol, aguas estancadas, residuos).
  • Prevención: organización municipal, evitar aglomeraciones, hospitales fuera del casco urbano.
GREC · Nota de contexto + fuente primaria

Calanda y la higiene pública ante el cólera (1885)

Presentación editorial (GREC) + transcripción de un artículo publicado en El Aragonés (14 de junio de 1885), con un llamamiento a las autoridades para aplicar leyes sanitarias y prevenir la epidemia de cólera.
🗓️ 14/06/1885 (fuente) 📍 Provincia / Calanda (firma) 🧾 Género: artículo higienista

Nota GREC

El texto de 1885 se inscribe en el auge del higienismo y en el temor a nuevas oleadas de cólera. El autor presenta la higiene como base del progreso y acusa a los poderes públicos de apatía y de dejar en papel mojado las disposiciones sanitarias. El artículo combina referencias a autoridades médicas (Giné, Monlau) con una descripción directa de prácticas rurales consideradas insalubres (ganados en casas, estiércoles, aguas estancadas), y concluye con propuestas organizativas para municipios y juntas de sanidad.

Firmado en Calanda (junio de 1885), el texto constituye una fuente de gran valor para observar cómo el discurso sanitario moderno penetraba en ámbitos locales, articulando prevención, disciplina social y una crítica explícita al caciquismo y a la falta de gobierno efectivo en la provincia.

Fuente: artículo (1885)

«La higiene»

El Aragonés, 14 de junio de 1885 · Leoncio Serred (firma en Calanda)

La higiene, áncora de salvación de la sociedad antigua y moderna, inculcada desde tiempos remotos por las tablas colocadas en las puertas de los templos, evocada por Moisés al trazar la historia del mundo y encumbrada por los emblemas de Egipto que ilustraron al legislador del pueblo hebreo, se encuentra desgraciadamente bastante olvidada y poco conocida en la generalidad de los pueblos de nuestra desventurada provincia, debido indudablemente a la indiferencia no perdonable de sus gobernantes y a las egoístas miras caciquiles que todo lo invaden en obsequio a mezquinos intereses.

¿De qué sirven los sapientísimos trabajos higiénicos que nos llegaron de Abu Veda, Hipócrates, Celso, Plutarco, Levy, Monlau, Giné y otros mil ilustrados campeones que tanto trabajaron por el bienestar de la humanidad? Nada absolutamente: de nada, mientras los gobiernos sean tan apáticos y no procuren con verdadero interés por el bien de sus administrados, que sufren y pagan con más calma que Job, sin merecer la tutela y protección que necesitan.

Dejemos estas digresiones y, analizando los puntos más principales, haremos a vuelta pluma su bosquejo con la sencilla idea de llamar la atención de las personas más interesadas y que más deben poner remedio en asunto de tanta trascendencia. Higiene debe intervenir en todos los actos de nuestra vida si no queremos el desequilibrio de nuestro organismo… Equilibrio de todas las fuerzas orgánico-vitales constituye el estado de salud.

«Fomentar la robustez del cuerpo, aumentar el bien material e intelectual de los ciudadanos, alargar la vida facilitando los medios de prever las enfermedades y los peligros de muerte; pues la pujanza material y psicológica de los pueblos ha estado siempre en razón compuesta de su higienización». (Juan Giné y Partagás)

Verdades son tales que ni Plinio ni Estalo, irreconciliables enemigos de los médicos, serían capaces de refutar; y, sin embargo, aun estando demostradas con claridad en nuestras leyes sanitarias, jamás se cumplen. Por cuya razón llamo la atención del nuevo señor gobernador para que, con todos los medios que su autoridad le concede, haga cumplir a los pueblos las leyes higiénicas… máximo ahora que el microbio exótico está dispuesto a cebarse en nosotros.

Los pueblos reciben cuanto se refiere a las leyes sanitarias con la mayor indiferencia; se burlan de los bandos de sus alcaldes, de los consejos de sus médicos. La higienización sólo puede llevarse a cabo con un gobernador que los trate sin contemplaciones y castigue severamente sus infracciones, sin omitir medio para hacerlas cumplir.

Los pueblos están acostumbrados a encerrar ganados dentro de sus mismas viviendas; a sacar los estiércoles de cuadras y corrales sin tener en cuenta las horas oportunas, y después trasladarlos a los caminos más frecuentados para que sus miasmas sean aspirados por los transeúntes… Los animales muertos los dejan al descubierto… Las aguas pantanosas son abundantísimas… siendo estos focos de corrupción el aroma de sus vetustas viviendas.

Les importa poco que sus casas no estén soleadas y ventiladas… El aseo de calles y plazas les preocupa poco, siendo frecuente que, si vamos distraídos, seamos favorecidos con un bautismo de líquidos hediondos… Los cementerios, lavaderos, escuelas, etc., en pésimas condiciones saludables…

Pasemos una ojeada retrospectiva a las tres épocas memorables sobre la evolución del microbio colérico: 1833–1836, 1853–1856, 1865–1867… En invierno estacionado en puntos más cálidos; después, en estaciones calurosas, extendiendo sus límites a toda la península, llevando luto y desolación… Ojalá no suceda en este cuarto período evolutivo lo mismo que en los anteriores.

Es horroroso contemplar un pueblo epidemíado: los ricos huyen a otros países dejando en la orfandad a sus protegidos; las sustancias escasean cuando más falta hacen a los pobres afligidos… No sucede esto en los pueblos previsores: allegan recursos, se auxilian, forman sociedades de defensa…

No basta que el señor gobernador haga cumplir las leyes; es preciso también que los pueblos secunden con voluntad decidida sus mandatos y tengan presentes los consejos siguientes (repetidos por Juan Cuesta):

  1. Los ayuntamientos, asociados a juntas de sanidad o beneficencia, deberán formar una agrupación protectora con personas idóneas para hacer frente al microbio extranjero y reunir recursos (metálico, ropa, etc.).
  2. Celebrar misas y oficios en el campo al aire libre y evitar aglomeraciones en escuelas, comités, juntas; dividir las juntas de sanidad en comisiones (asistencia facultativa, domiciliaria, cementerios, ropas, camilleros, etc.).
  3. Destinar uno o varios edificios fuera de la población para hospitales epidémicos o estufas de fumigación, si fuera posible.

Y termino, señor director, admitiendo que la falta en la corrección de estilo no importa tanto como la verdad… sentiré que mi voz se pierda en el desierto… Si con este pequeño trabajo presto un átomo de bien a la humanidad, me consideraré satisfecho.

Leoncio Serred · Calanda, junio de 1885
Lectura guiada (GREC)
  • Registro: higienismo + denuncia política (apatía, caciquismo).
  • Lenguaje: mezcla de miasmas (“depósitos mefíticos”) y microbio (transición científica).
  • Valor local: inventario de prácticas domésticas y urbanas (ganados, estiércol, aguas estancadas, residuos).
  • Prevención: organización municipal, evitar aglomeraciones, hospitales fuera del casco urbano.

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