BASE PARA EL ESTUDIO DE LA CERÁMICA DE CALANDA · ARAGÓN ANDALUSÍ
La cerámica emiral en Aragón y el Bajo Aragón
Entre la tradición tardoantigua y las primeras producciones plenamente andalusíes: formas, tecnología y problemas de identificación entre los siglos VIII y comienzos del X.
Un horizonte cerámico difícil de reconocer
La cerámica de época emiral en Aragón no constituye todavía un repertorio tan nítido como el de los siglos califales o taifa. Los primeros conjuntos islámicos del valle del Ebro conservan numerosos rasgos de las tradiciones tardorromanas y visigodas: predominan las vajillas comunes sin vidriar, las formas cerradas destinadas a cocinar, almacenar y transportar líquidos, y unas decoraciones generalmente sobrias. Por ello, su identificación exige una combinación de estratigrafía, tecnología y tipología.
Desde un punto de vista político, el Emirato omeya de Córdoba se desarrolla entre 756 y 929. Arqueológicamente, sin embargo, el estudio de las primeras producciones islámicas obliga a considerar también el periodo inmediatamente posterior a la conquista de 711-714 y la transición hacia el siglo X. Por esta razón, en la bibliografía aparecen expresiones como cerámica emiral, emiral-califal, paleoislámica o primeros horizontes andalusíes, no siempre utilizadas con límites idénticos.
Para Aragón, el conjunto clásico sigue siendo el publicado por Pilar Galve para Zaragoza. La autora subrayó que el panorama cerámico del Emirato era poco innovador y mantenía una fuerte huella tardorromana y visigoda. Investigaciones posteriores en el Teatro Romano de Zaragoza han confirmado la existencia de producciones islámicas desde los primeros momentos emirales, mientras que Barbastro, Calatayud y Los Pedregales permiten ampliar la comparación a contextos urbanos y rurales.
De la conquista al horizonte califal
La ruptura tecnológica es limitada. Persisten formas y técnicas heredadas de la Antigüedad tardía, ahora integradas en nuevos contextos políticos y sociales.
Se consolidan formas de tradición islámica, pero continúan las cerámicas comunes sin vidriar y un repertorio doméstico relativamente reducido.
El repertorio comienza a diversificarse y aparecen con mayor claridad formas plenamente andalusíes; el vidriado se generalizará sobre todo en fases posteriores.
Mapa de localización
Imágenes de referencia
Características técnicas
El conjunto de Zaragoza publicado por Pilar Galve continúa siendo esencial para definir el horizonte. En el nivel protoislámico de la calle Santiago predominaba la cocción oxidante. Las piezas muestran una combinación de torno y fabricación manual, y el repertorio estaba dominado por formas domésticas. Algunas ollas conservan huellas de fuego, fondos convexos y bordes ligeramente vueltos o exvasados.
Las primeras producciones islámicas mantienen formas y soluciones técnicas con claros antecedentes hispanovisigodos y tardorromanos.
Conviven recipientes torneados con algunas ollas modeladas a mano. La presencia de torno no basta por sí sola para identificar una producción islámica.
Es predominante en el conjunto zaragozano estudiado por Galve, con pastas rosáceas, ocres, amarillentas o beige; también existen piezas grises reductoras.
La ausencia de cerámica vidriada es uno de los rasgos más llamativos del conjunto doméstico emiral de Zaragoza estudiado en 1988.
Engobes del color de la pasta, alisados y bruñidos puntuales conviven con superficies funcionales poco elaboradas.
En Barbastro y otros centros se ha propuesto una fabricación local de cerámicas comunes todavía muy dependientes de la tradición hispanovisigoda.
Principales formas del repertorio emiral aragonés
| Forma | Función | Rasgos documentados |
|---|---|---|
| Olla | Cocción de alimentos | Es la serie más abundante en Zaragoza. Cuerpos globulares, bordes ligeramente vueltos o exvasados, bocas generalmente entre 10 y 13 cm, pastas rosáceas o grises y frecuentes huellas de fuego. Algunas son manuales y reductoras. |
| Jarra | Servicio y transporte de líquidos | Bocas lobuladas o trilobuladas; decoración mediante incisiones a peine, molduras y líneas paralelas u onduladas. Pastas amarillentas con desgrasante fino. |
| Jarro / taza | Servicio individual | Perfiles variados, desde cuellos rectos y altos a cuerpos globulares; algunos ejemplares muestran claramente marcas de torno. |
| Botella | Contención de líquidos | Cuello estrecho, labio recto o ligeramente exvasado y claras afinidades con tradiciones anteriores al Islam. |
| Candil | Iluminación | Cazoleta baja de fondo plano, cuello corto, pico pequeño y asa triangular corta. Los ejemplares zaragozanos presentan huellas de combustión en el pico. |
| Cazuela | Preparación o servicio de alimentos | Ejemplar de Zaragoza con paredes carenadas, borde ascendente hacia afuera, pasta compacta, exterior bruñido y engobe rojo interior. |
| Orza | Almacenamiento | Grandes recipientes de paredes gruesas —en los casos publicados hasta unos 2 cm—, pastas grisáceas y desgrasantes calizos. |
Decoración: sobriedad antes de la gran expansión del vidriado
La decoración de los primeros conjuntos andalusíes aragoneses es generalmente contenida. En Zaragoza destacan las incisiones realizadas a peine en jarras de boca lobulada, formando líneas paralelas y onduladas alrededor del cuello. En otras piezas aparecen acanaladuras, molduras o baquetones sencillos.
El hecho de que una pieza carezca de vidriado no es un rasgo negativo, sino una información cronológica potencialmente significativa cuando se combina con otros indicadores. En el conjunto estudiado por Galve, la vajilla doméstica se caracteriza precisamente por la ausencia de vidriados y por no haber desarrollado todavía muchas de las formas que se convertirán en habituales durante las etapas califal y taifa.
Los conjuntos de finales del siglo IX y del X muestran gradualmente un repertorio más reconociblemente andalusí. En Barbastro, la fase emiral-califal temprana se caracteriza todavía por la ausencia de vidriado y por un número limitado de recipientes comunes a torno. En Calatayud, los niveles de los siglos IX-X presentan ollas globulares, cazuelas de paredes relativamente rectas y fondo plano, jarros y redomas; las producciones vidriadas se harán más frecuentes posteriormente.
Dibujos arqueológicos de referencia
Los siguientes dibujos son reconstrucciones didácticas originales de CalandaGREC basadas en las descripciones métricas y morfológicas publicadas por Pilar Galve y en la revisión posterior de la cerámica de Saraqusta. No son calcos de los dibujos originales y no deben utilizarse como documentación métrica de las piezas.
Conjuntos esenciales para construir la secuencia aragonesa
Calle Santiago y Teatro Romano
La calle Santiago proporcionó el conjunto clásico estudiado por Galve. Las excavaciones posteriores del Teatro Romano han ampliado la secuencia desde las primeras manifestaciones emirales hasta época taifa. Una olla completa de cocina del paso de los siglos VIII-IX presenta cuerpo globular, cuello estrangulado, borde moldurado, modelado manual, cocción reductora y alisado interior y exterior.
Los Pedregales
Campo de silos con una ocupación principal fechada entre los siglos VI y IX. Las cerámicas grises, relativamente toscas y realizadas a torno-mano o torno lento ilustran la continuidad entre el horizonte visigodo y el paleoislámico; las producciones oxidantes a torno aparecen de forma más puntual.
Era de San Juan · Cerler 11
La excavación documentó la evolución de un arrabal islámico desde finales del siglo IX hasta 1100. Su primera fase se caracteriza por un repertorio limitado de cerámica común a torno, sin vidriado, de probable fabricación local y con fuerte continuidad respecto a la tradición hispanovisigoda.
Qalʿat Ayyub
La arqueología urbana ha identificado una fase emiral-califal de los siglos IX-X con vidriados muy escasos, ollas globulares, cazuelas de paredes rectas y fondo plano, jarros, jarras y redomas. El repertorio se diversifica progresivamente a lo largo del siglo X.
El Bajo Aragón: entre la presencia islámica y la escasez de conjuntos emirales seguros
Al-Qannis y el problema de la cronología cerámica
La ocupación islámica del Bajo Aragón está bien establecida en términos generales, pero el registro cerámico estrictamente emiral es mucho más difícil de aislar que en Zaragoza o Barbastro. José Antonio Benavente y Carmelo Lasa ya señalaban en su estudio sobre Alcañiz que, pese a los más de cuatro siglos de dominio musulmán, las fuentes escritas son escasas y los hallazgos materiales siguen siendo limitados.
Alcañiz el Viejo constituye el principal núcleo de referencia. En su entorno se han hallado estructuras defensivas, silos, un gran aljibe, monedas y cerámicas correspondientes a una ocupación islámica prolongada. La documentación patrimonial llega a situar cerámicas y monedas entre los siglos VIII y XI. Sin embargo, los repertorios publicados más conocidos incluyen materiales de época taifa —como determinadas formas y decoraciones—, por lo que no deben trasladarse automáticamente al siglo VIII o IX.
Esta diferencia es esencial para la base cerámica de Calanda. La existencia de poblamiento islámico y de sistemas de regadío en el Guadalope no garantiza que cualquier fragmento andalusí pueda considerarse emiral. Para reconocer un horizonte temprano son necesarios depósitos estratificados, asociaciones cronológicas seguras y, siempre que sea posible, análisis tecnológicos y arqueométricos.
Referencia principal para morfología y tecnología emiral.
Referencia territorial islámica del Bajo Aragón, pero con una secuencia que abarca varios siglos.
Los paralelos regionales deben utilizarse como hipótesis de comparación, no como atribuciones automáticas.
Claves para identificar posibles materiales emirales en Calanda
La utilidad de los repertorios aragoneses es construir una matriz de comparación. Ninguno de los rasgos siguientes debe utilizarse aisladamente como fósil director; su valor aumenta cuando varios coinciden en una misma unidad estratigráfica.
Tecnología. Registrar si la pieza está modelada a mano, a torno lento o a torno rápido y observar la regularidad de las paredes.
Cocción. Diferenciar pastas oxidantes rosáceas, ocres o beige de producciones grises o negras reductoras.
Vidriado. Su ausencia es compatible con contextos emirales tempranos; su presencia requiere caracterización precisa y no debe excluir automáticamente una fecha avanzada dentro del periodo.
Forma. Comparar ollas globulares, jarras lobuladas, botellas, jarros, cazuelas, orzas y candiles con los repertorios bien publicados.
Bordes y bases. Registrar inflexiones externas, ranuras para tapadera, cuellos estrangulados y fondos convexos o planos.
Decoración. Describir incisiones a peine, líneas onduladas, acanaladuras y baquetones antes de proponer una cronología.
Uso. Ahumados, carbonizaciones y abrasiones pueden ayudar a separar recipientes de cocina, servicio o almacenamiento.
Contexto. Estratigrafía, moneda, radiocarbono, arquitectura y otros materiales asociados tienen prioridad sobre la simple semejanza formal.
Bibliografía académica básica
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- Mendívil Uceda, A. (2017). «La cerámica andalusí en Saraqusṭa: algunas fuentes para su estudio». Aragón en la Edad Media, 27, pp. 177-201. DOI.
- Royo Guillén, J. I.; Justes Floría, J. (2006-2008). «Aportaciones sobre el origen y evolución de uno de los arrabales islámicos de Barbastro: la excavación arqueológica de la era de San Juan (Cerler, 11)». Bolskan, 23, pp. 51-110. PDF.
- Picazo Millán, J. V.; Pérez-Lambán, F.; Peña Monné, J. L.; Sampietro, M. M.; Longares Aladrén, L. A.; Justes Floría, J.; Ortega Ortega, J. M. (2016). «Los Pedregales (Lupiñén-Ortilla, Huesca): contribución al conocimiento del poblamiento altomedieval en la Hoya de Huesca». Archivo Español de Arqueología, 89, pp. 225-248. DOI.
- Benavente Serrano, J. A.; Lasa Gracia, C. (1995). «Alcañiz en época islámica». Al-Qannis, 3-4, pp. 231-267. PDF.
- Benavente Serrano, J. A. (2010). «Arqueología medieval en el Bajo Aragón: una visión de conjunto», en I Jornadas de Arqueología Medieval en Aragón. Balances y novedades, pp. 79-110. PDF.
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- Cabañero Subiza, B.; Lasa Gracia, C. (1997). «Cultura islámica», en Caesaraugusta, 72, II. PDF.
Conclusión
La cerámica emiral aragonesa se define mejor por una combinación de continuidades y transformaciones que por la aparición inmediata de un nuevo repertorio. En Saraqusta, las ollas de cocina, las jarras lobuladas, los candiles y las grandes orzas muestran un horizonte doméstico todavía muy ligado a las tradiciones tardoantiguas. La escasez inicial de vidriados y el predominio de formas funcionales refuerzan esa imagen.
A finales del siglo IX y durante el X, Barbastro, Calatayud y Zaragoza muestran una progresiva consolidación de morfologías plenamente andalusíes. En el Bajo Aragón, en cambio, la secuencia continúa siendo menos precisa. Alcañiz el Viejo demuestra una ocupación islámica prolongada, pero sus materiales publicados no permiten trasladar sin cautela los tipos de los siglos XI-XII al periodo emiral.
Para Calanda, esta situación convierte la comparación regional en una herramienta especialmente valiosa. El objetivo no debe ser asignar rápidamente un fragmento al siglo VIII o IX, sino construir una descripción tecnológica sólida que permita contrastarlo con conjuntos estratificados de la Marca Superior.
