Tierra, agua y fuego
La cerámica tradicional de Calanda
La alfarería constituyó durante siglos una de las expresiones materiales más reconocibles de Calanda. Sus grandes recipientes, elaborados sin torno mediante la técnica del urdido, respondían a necesidades esenciales de la vida doméstica: transportar y conservar agua, almacenar productos y realizar numerosas tareas de la economía familiar. La combinación entre unas tierras adecuadas, un conocimiento técnico transmitido entre generaciones y una producción capaz de circular por buena parte de Aragón convirtió el alfar calandino en un fenómeno de especial interés histórico y etnográfico.
en Alcorisa pucheros,
en Alcañiz buenas mozas,
y en Caspe buenos saleros.»Copla popular recogida en la publicación
01. El alfar de Calanda
La producción calandina destacó por una alfarería de basto estrechamente vinculada a las necesidades cotidianas. Cántaros, cocios y tinajas constituyeron sus formas más representativas, cada una de ellas con variantes determinadas por su función, capacidad y destino.
Uno de los rasgos que singularizan el centro es la persistencia del modelado por urdido. El libro señala que las características de las obras y del propio barro favorecieron que el torno no fuese adoptado para estas grandes producciones. La importancia de Calanda trascendió el consumo local: los alfareros comercializaron sus piezas en un territorio que alcanzaba el norte y el sur de Aragón.

02. Tierra, agua y fuego
La alfarería tradicional puede comprenderse como una cadena de operaciones en la que materia prima, agua, trabajo manual, secado y cocción son inseparables. La publicación insiste en la calidad de las tierras calandinas y en la adecuación de la técnica a recipientes de gran volumen.
Lectura arqueológica
En una pieza histórica deben observarse pasta, inclusiones, fractura, coloración, huellas de modelado, acabado superficial, marcas de cocción y reparaciones. La forma final es solo una parte de la información tecnológica.
03. El urdido: construir sin torno
El urdido permite levantar recipientes mediante la superposición y unión de porciones o rollos de arcilla. La pared se construye gradualmente y se regulariza durante el proceso. En Calanda esta técnica alcanzó especial desarrollo en piezas de dimensiones considerables, para las que el trabajo se organizaba en sucesivas fases.
Su persistencia constituye uno de los principales valores tecnológicos del alfar. La publicación relaciona esta manera de trabajar con una tradición de larga duración y destaca que el torno no sustituyó el procedimiento en las grandes obras características del centro.
04. Herramientas y espacio de trabajo
El libro conserva un valioso repertorio fotográfico de útiles relacionados con el oficio. Algunos se identifican por su forma y contexto, mientras que otros requieren una revisión terminológica antes de asignarles una función precisa. Por ello esta edición digital mantiene una descripción prudente.



05. Tipología de la producción
La producción calandina presenta una notable adaptación de la forma a la función. El tamaño del recipiente, el diámetro de la boca, la disposición de las asas, la estabilidad de la base y el grosor de las paredes responden a necesidades de transporte, almacenamiento y manipulación.
Cántaros
Recipientes destinados fundamentalmente al transporte y servicio de líquidos. Existen variantes en cuerpo, cuello, boca, asas y decoración.
Cocios
Grandes recipientes de amplia tradición doméstica. Su notoriedad quedó incorporada incluso al refranero y a las coplas populares asociadas a Calanda.
Tinajas
Grandes contenedores para almacenamiento. La bibliografía sobre Calanda registra sistemas de capacidad expresados en cargas y su correspondencia con otros recipientes.



06. Decoración, sellos y marcas
La decoración no debe analizarse separada de la técnica. Bandas pintadas, aplicaciones plásticas, cordones, digitaciones, impresiones y marcas pueden aportar información sobre el taller, la función, el gusto de una época o la identificación del lugar de producción.


| Elemento | Observación | Interés |
|---|---|---|
| Bandas pintadas | Color, número, anchura y posición | Comparación de series y variantes. |
| Cordones aplicados | Relieve, digitación y disposición | Función estructural y ornamental. |
| Sellos / impresiones | Motivo, repetición y localización | Posible relación con taller o repertorio. |
| Inscripciones | Texto, grafía y técnica de ejecución | Procedencia, identificación o propiedad. |
07. Transporte, venta y difusión
La trascendencia de la alfarería de Calanda se explica también por su circulación. La obra señala que los propios alfareros vendían la producción en sus talleres y que las piezas llegaron a puntos alejados, desde Jaca y la Hoya de Huesca hasta Teruel y Sestrica.
Los puntos representan ámbitos de distribución mencionados por la publicación; no deben interpretarse automáticamente como itinerarios comerciales reconstruidos.
El transporte de piezas voluminosas exigía protegerlas y aprovechar cuidadosamente el espacio disponible. Las fotografías históricas y etnográficas permiten comprender la escala física de una producción en la que convivían recipientes pequeños con grandes tinajas.
08. Alfareros en la historia
La dimensión artesanal adquiere especial profundidad cuando se relaciona con los nombres de quienes ejercieron el oficio. La publicación sitúa entre mediados del siglo XVI y comienzos del XVII a familias moriscas dedicadas a la producción cerámica y vincula la expulsión de 1610 con una reorganización posterior de los talleres.
El oficio aparece asociado en la obra a las familias moriscas Ayu, de Macho y Mocaxteri, productoras de escudillas, botijos, cántaros y tinajas. Sus talleres y hornos se situaban en las afueras de la población.
La expulsión de los moriscos altera profundamente la estructura demográfica y productiva de Calanda.
La publicación menciona a las familias valencianas Sanz y Herrero, de oficio alfarero, entre los nuevos pobladores que ocuparon y repararon instalaciones abandonadas.
Vidiella, citado por el libro, registra la tributación de los alfareros a la Orden de Calatrava: 5 sueldos por hornada grande y 3 por hornada pequeña.
La alfarería permanece como elemento característico de la identidad local, aunque el oficio entra progresivamente en retroceso hasta la desaparición de los últimos hornos tradicionales.
Memoria fotográfica del oficio



Fuente principal y criterio editorial
AGUILAR SANZ, Daniel (coord.) y GASCA CASTÁN, Lorenzo: La cerámica de Calanda. Tierra, Agua y Fuego, colección Antropología calandina, Grupo de Estudios Calandinos (GREC), primera edición, abril de 2022.
Esta entrada reorganiza temáticamente el contenido documental de la publicación para su consulta digital. Se han excluido de la redacción los párrafos de texto de relleno que permanecen en algunas páginas de la maqueta del PDF.
Fotografías de la publicación: Manuel Conesa Jarque, familia Reche Manero y familia Labarías. Las imágenes incluidas en este bloque han sido extraídas de la publicación aportada por el GREC y deben conservar los créditos y condiciones de uso de la obra original.
Historiografía y bibliografía citada
El estudio sitúa la primera referencia bibliográfica destacada en Pascual Madoz (1849), quien subrayó la calidad de las tierras y de las vasijas calandinas.
Vidiella (1909) aportó información histórica sobre la fiscalidad de los alfares en el siglo XVII.
Vallespí relacionó la producción con las Cantarerías y conservó información de carácter etnográfico.
María Isabel Álvaro Zamora, especialmente desde Alfarería popular aragonesa (1980), constituye uno de los pilares de la investigación moderna sobre la producción calandina.
Sempere (1982) describió con precisión la técnica del urdido y recogió información sobre las capacidades de las tinajas.
Romero y Cavasa (2009) incorporaron registros de alfareros y pequeños árboles genealógicos, ampliando la dimensión histórica y familiar del oficio.
