La crisis de la monarquía constitucional en Francia (1789-1792)
Factores políticos, sociales, institucionales y militares de su fracaso. Relaciones entre España y Francia y consecuencias para la monarquía de Carlos IV.
Francia y España · 1789-1795 · Síntesis historiográfica y material didáctico
01. España y Francia ante la Revolución: relaciones entre dos monarquías borbónicas
Cuando estalló la Revolución francesa en 1789, España se encontraba bajo el reinado de Carlos IV (1788-1808). Ambas coronas pertenecían a la dinastía borbónica y habían mantenido durante el siglo XVIII una estrecha colaboración diplomática y estratégica, formalizada en distintos Pactos de Familia. Aunque esa alianza había servido para afrontar rivalidades internacionales —particularmente con Gran Bretaña—, presuponía una comunidad de intereses dinásticos que la Revolución puso en cuestión.
La formación de una Asamblea Nacional francesa y la proclamación de la soberanía de la nación no solo amenazaban las prerrogativas de Luis XVI: también podían cuestionar los fundamentos ideológicos de la monarquía española. Sin embargo, Francia continuaba siendo un vecino esencial, con una larga frontera pirenaica y relaciones comerciales, intelectuales y familiares que no podían interrumpirse por completo. La política española debió conciliar la protección del orden monárquico con la necesidad de evitar un conflicto internacional.
Floridablanca y la contención (1789-1792). El secretario de Estado José Moñino, conde de Floridablanca, endureció la vigilancia sobre las noticias, libros e impresos procedentes de Francia. La llamada política de «cordón sanitario» se plasmó en restricciones a la circulación de propaganda revolucionaria, controles de frontera y mayor atención a los extranjeros. La investigación de Bragado Lorenzo y Caro López muestra que estas medidas prolongaron y endurecieron una tradición de censura gubernativa ya existente, en vez de crearla desde cero [7].
La cuestión dinástica. La fuga de Varennes (junio de 1791) y la aceptación por Luis XVI de la Constitución de 1791 crearon un dilema para Carlos IV: reconocer la nueva autoridad constitucional francesa podía interpretarse como una legitimación de principios considerados peligrosos, pero negarse a tratar con ella podía comprometer la diplomacia y la seguridad españolas. La defensa del monarca francés se mezcló así con la defensa de la propia autoridad de los Borbones.
Aranda y Godoy (1792). La destitución de Floridablanca en febrero de 1792 y la llegada del conde de Aranda reflejaron la búsqueda de una política exterior menos rígida, en circunstancias cada vez más críticas. En noviembre de 1792 Manuel Godoy asumió la primera Secretaría de Estado. Estos cambios no deben explicarse exclusivamente por Francia: también respondían a rivalidades cortesanas, redes de influencia y decisiones de Carlos IV y María Luisa de Parma, como indica Calvo Maturana [8].
El caso español permite comprender una dimensión esencial del fracaso de la monarquía limitada francesa: el régimen tenía que obtener legitimidad simultáneamente ante sus ciudadanos y ante una Europa dominada por monarquías hereditarias. La actitud de las potencias extranjeras, aun cuando no todas persiguieran una intervención inmediata, aumentó las sospechas revolucionarias acerca de una posible restauración absolutista.
02. ¿Qué era una monarquía limitada?
En 1789, una gran parte de quienes impulsaron la transformación política francesa pretendía limitar el poder del rey, no abolir la monarquía. La Asamblea Nacional, el Juramento del Juego de Pelota, la abolición de privilegios y la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano establecieron una legitimidad nueva, fundada en la nación.
La Constitución de septiembre de 1791 conservó un ejecutivo monárquico, pero atribuyó la potestad legislativa a una Asamblea elegida mediante un sistema indirecto y censitario. El rey conservaba un veto suspensivo, que podía demorar la aplicación de determinadas leyes. No se trataba de un sistema parlamentario moderno: los ministros dependían del monarca y faltaban procedimientos eficaces para superar los enfrentamientos entre ejecutivo y legislativo.
La dificultad central era tanto jurídica como política: una Constitución podía distribuir las competencias, pero no podía producir por sí sola la confianza necesaria entre un monarca educado en el absolutismo, los diputados y los ciudadanos movilizados [4].
03. Luis XVI: la desconfianza hacia el monarca
La conducta de Luis XVI fue un factor decisivo. Su vinculación con la cultura política de la monarquía tradicional dificultó la aceptación de una autoridad subordinada a la soberanía nacional. La investigación de Ambrogio A. Caiani muestra que esta crisis afectó también a los rituales, símbolos y prácticas de la institución regia [1].
La fuga de Varennes, del 20 al 21 de junio de 1791, marcó un punto de inflexión. El intento de salida de la familia real de París y su detención permitieron a sus adversarios presentar al rey como un gobernante dispuesto a sustraerse al nuevo régimen. La Asamblea optó por mantener la institución monárquica, pero no logró restaurar la confianza perdida.
Relación causal: la Constitución necesitaba un ejecutivo aceptado como defensor de la legalidad revolucionaria. Después de Varennes, los actos del rey —incluida la utilización de su veto— fueron interpretados cada vez más como posibles maniobras contrarrevolucionarias. La pérdida de legitimidad vació de eficacia sus atribuciones constitucionales.
04. Divisiones parlamentarias y fragilidad institucional
Los diputados no compartían una única idea sobre la profundidad de la Revolución. Los constitucionalistas deseaban estabilizar el régimen; otros sectores propugnaban una vigilancia constante sobre la Corona y reformas más democráticas. La separación entre los Feuillants y los Jacobinos en 1791 reveló la dificultad de sostener un consenso.
La Asamblea Legislativa, reunida desde octubre de 1791, debió afrontar controversias sobre los emigrados, los sacerdotes refractarios y la política exterior. La rígida estructura constitucional dificultó el compromiso entre rey y diputados.
Relación causal: las diferencias políticas ordinarias se convirtieron en conflictos sobre la legitimidad de las instituciones. Al faltar canales sólidos de colaboración, cada desacuerdo aumentaba el bloqueo del sistema y reforzaba a quienes defendían su sustitución [2] [5].
05. Temor a la contrarrevolución y crisis religiosa
La emigración de nobles, las actividades de los partidarios del Antiguo Régimen y las declaraciones de algunas cortes europeas alimentaron el temor a una restauración del absolutismo. La Declaración de Pillnitz (agosto de 1791) fue percibida como una amenaza, aunque su alcance diplomático era más condicionado que el atribuido por muchos contemporáneos.
La Constitución civil del clero de julio de 1790 y la exigencia del juramento dividieron a los eclesiásticos y a sus comunidades. La defensa de la Iglesia tradicional dio a la resistencia contrarrevolucionaria una dimensión religiosa y local. Luis XVI mostró especial reticencia ante medidas contra los sacerdotes refractarios.
Relación causal: los revolucionarios consideraban necesario proteger la Constitución de sus enemigos; sus medidas provocaban, a su vez, nuevas resistencias. Este círculo de desconfianza redujo los apoyos a una solución moderada [3].
06. Clubes, sans-culottes y límites de la participación
Los clubes de los Jacobinos y los Cordeleros, los periódicos y las sociedades populares extendieron la vida política más allá de la Asamblea. Esa participación no era necesariamente antimonárquica, pero evolucionó con las crisis. Tras Varennes, la manifestación del Campo de Marte del 17 de julio de 1791, reprimida por la Guardia Nacional, evidenció la ruptura entre revolucionarios moderados y grupos que cuestionaban la continuidad del rey.
Los sans-culottes reunían a sectores urbanos diversos —artesanos, trabajadores y pequeños comerciantes— afectados por los precios, el abastecimiento y las desigualdades de participación. El sufragio censitario limitaba la ciudadanía política precisamente cuando la Revolución proclamaba la soberanía nacional.
Relación causal: la movilización popular sostenía la Revolución frente a sus adversarios, pero también presionaba a sus dirigentes para ampliar derechos y atender demandas sociales que la monarquía constitucional no satisfacía plenamente [5].
07. La Guardia Nacional y el control de la fuerza
La Guardia Nacional, surgida en julio de 1789, estuvo vinculada a las nuevas autoridades y a la defensa del orden revolucionario. Bajo el mando de Lafayette en París, debía proteger las conquistas políticas y conservar la tranquilidad pública. La represión del Campo de Marte mostró que ambas funciones podían entrar en conflicto.
Relación causal: la crisis constitucional se agravó cuando el uso legítimo de la fuerza dejó de estar asociado de manera indiscutible con la Corona. La politización de las milicias, las secciones de París y los federados limitó la capacidad del régimen para controlar las movilizaciones armadas.
08. La guerra exterior: el acelerador de la crisis
En abril de 1792 Francia declaró la guerra a Austria. La decisión procedió también de los debates franceses: Brissot y sus aliados defendían la guerra, mientras Robespierre advertía de sus peligros. Las primeras operaciones francesas fueron desfavorables y aumentaron la alarma ante la invasión y la traición.
La proclamación de la patria en peligro, el 11 de julio, y el Manifiesto de Brunswick de julio de 1792 —conocido en París a comienzos de agosto— reforzaron las sospechas de colaboración entre la Corte y las potencias enemigas. El 10 de agosto de 1792 la insurrección parisina provocó el asalto a las Tullerías y la suspensión de Luis XVI. La Convención abolió formalmente la monarquía el 21 de septiembre.
Relación causal: la guerra convirtió la desconfianza institucional en una cuestión de defensa nacional. La Corona comenzó a verse, para amplios sectores revolucionarios, no como garantía de estabilidad sino como posible obstáculo para la supervivencia de la Revolución.
09. Balance causal: por qué fracasó el régimen
El fracaso no fue inevitable desde 1789. Las causas estructurales fueron la tensión entre monarquía hereditaria y soberanía nacional, los defectos del diseño institucional y las divisiones sociales y religiosas. La crisis de confianza se intensificó con Varennes y el uso polémico del veto. Finalmente, la guerra proporcionó el contexto inmediato en que la desconfianza se convirtió en ruptura insurreccional.
Por tanto, el examen histórico de la monarquía limitada debe jerarquizar los factores y explicar sus interacciones. Un relato de fechas, sin establecer por qué unas decisiones amplificaron otras, no responde adecuadamente a la pregunta.
10. Consecuencias en España: de la vigilancia ideológica a la guerra
La Revolución francesa y la caída de la monarquía constitucional tuvieron consecuencias profundas para España, aunque conviene distinguir las que ya se observaban entre 1789 y 1792 de las que se desarrollaron posteriormente.
El endurecimiento de la censura y del control fronterizo
El gobierno de Floridablanca intentó limitar la difusión de noticias y publicaciones revolucionarias, especialmente a través de la frontera pirenaica y de los circuitos del libro. Ello afectó a la circulación de ideas reformistas y reveló una paradoja del reformismo borbónico: un Estado que había patrocinado iniciativas ilustradas comenzó a temer las consecuencias políticas de algunas de esas mismas ideas. La censura no consiguió aislar por completo a España; más bien convirtió el conocimiento de la Revolución en una cuestión vigilada por las autoridades [7].
La polarización política y religiosa
Los sucesos franceses promovieron debates sobre la legitimidad del poder, la igualdad jurídica, la autoridad eclesiástica y los derechos de los súbditos. Parte del clero los interpretó como una amenaza para la religión y el orden monárquico, aunque los estudios de Artola Renedo y Calvo Maturana destacan que las respuestas eclesiásticas fueron variadas y no deben reducirse a una oposición uniforme a la Ilustración [9].
La crisis diplomática y los cambios de gobierno
Los relevos de Floridablanca, Aranda y Godoy durante 1792 revelaron los intentos de la Corte por gestionar una situación excepcional. La solidaridad dinástica con Luis XVI chocaba con la conveniencia de mantener relaciones con el Estado francés. La caída de la monarquía hizo cada vez más difícil conservar el equilibrio entre esas prioridades, aunque España todavía buscó fórmulas de neutralidad antes de la guerra [10].
La Guerra de la Convención (1793-1795)
La ejecución de Luis XVI, el 21 de enero de 1793, profundizó el enfrentamiento. En marzo comenzó la guerra entre España y la Francia revolucionaria, con operaciones militares en el ámbito pirenaico. Este conflicto rompió la cooperación borbónica tradicional y comprometió recursos humanos y financieros españoles. Concluyó con la Paz de Basilea de 1795.
Un nuevo lenguaje de movilización política
La defensa de la religión, del rey y de la patria adquirió una especial importancia en los discursos contrarrevolucionarios. Como propone Pedro Rújula para una cronología más amplia, la guerra de 1793 puede estudiarse como uno de los puntos de arranque de los enfrentamientos entre revolución y contrarrevolución que atravesaron la historia política española del siglo XIX [11]. Esa continuidad es interpretativa: no significa que los conflictos posteriores fueran una consecuencia automática de 1789.
Una repercusión desigual en el territorio
La frontera pirenaica sufrió un impacto militar y administrativo especialmente directo. En otras regiones, entre ellas Aragón y el Bajo Aragón, las consecuencias deben rastrearse mediante bandos, correspondencia, documentación municipal, sermones, controles sobre extranjeros y registros fiscales o militares. Sin esas fuentes locales no sería riguroso atribuir episodios concretos a Calanda.
Conclusión: el fracaso de la monarquía limitada francesa repercutió en España al acelerar el giro defensivo del gobierno, modificar la relación entre reforma ilustrada y orden político, tensar la diplomacia borbónica y abrir el camino hacia la guerra de 1793. La crisis francesa no solo transformó Francia: puso a prueba la capacidad de adaptación de la monarquía española.
11. Actividad de análisis
| Factor | Procedencia | Mecanismo causal |
|---|---|---|
| Actos de Luis XVI | Interna | Debilitaron la confianza en la Corona. |
| Divisiones parlamentarias | Interna | Impidieron acuerdos y provocaron bloqueos. |
| Contrarrevolución y religión | Interna y externa | Incrementaron el miedo a una restauración. |
| Clubes y sans-culottes | Interna | Presionaron por mayores derechos y soluciones sociales. |
| Guardia Nacional | Interna | Evidenció la fragmentación del control armado. |
| Guerra y derrotas | Externa e interna | Transformaron la crisis institucional en emergencia nacional. |
Conclusión general
La monarquía limitada francesa fracasó porque no consiguió estabilizar una soberanía nacional compartida institucionalmente con un monarca cuya lealtad era cuestionada. Los conflictos religiosos y sociales ampliaron las divisiones, y la guerra de 1792 hizo políticamente inviable el compromiso. Para España, la experiencia francesa inauguró una fase de vigilancia ideológica, inestabilidad diplomática y polarización cuyo primer gran resultado militar fue la guerra de 1793-1795.
12. Bibliografía académica y fuentes de consulta
- Caiani, Ambrogio A. (2012). Louis XVI and the French Revolution, 1789–1792. Cambridge University Press. Consulta / DOI ↗
- Doyle, William (1989). The Oxford History of the French Revolution. Oxford University Press. Consulta / DOI ↗
- McPhee, Peter (2001). The French Revolution, 1789–1799. Oxford University Press. Consulta / DOI ↗
- Fitzsimmons, Michael P. (2025). The Forgotten Constitution: The Origins, Realization, and Legacy of the French Constitution of 1791. Oxford University Press. Consulta / DOI ↗
- Crook, Malcolm (2014). «The New Regime: Political Institutions and Democratic Practices under the Constitutional Monarchy, 1789–91». The Oxford Handbook of the French Revolution. Consulta / DOI ↗
- Tackett, Timothy (1996). Becoming a Revolutionary. Princeton University Press. Consulta / DOI ↗
- Bragado Lorenzo, Javier y Caro López, Ceferino (2004). «La censura gubernativa en el siglo XVIII». Hispania, 64(217), 571-600. Consulta / DOI ↗
- Calvo Maturana, Antonio (2010). «Floridablanca, Aranda, Godoy y el “partido de la reina”». Revista de Historia Moderna, 28. Consulta / DOI ↗
- Artola Renedo, Andoni y Calvo Maturana, Antonio (2017). «Declinaciones de la reacción eclesiástica contra la Revolución francesa en España (1789-1808)». Hispania. Consulta / DOI ↗
- «La inestabilidad de la Monarquía de Carlos IV». Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Consulta / DOI ↗
- Rújula, Pedro (2023). Religión, Rey y Patria. Los orígenes contrarrevolucionarios de la España contemporánea, 1793-1840. Marcial Pons. Consulta / DOI ↗
Nota metodológica: se citan estudios de investigación y repertorios historiográficos. Las síntesis son paráfrasis analíticas, no citas textuales. Las consecuencias locales deberán contrastarse con documentación archivística antes de atribuirlas a un municipio concreto.
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