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CalandaGREC · Historia de la medicina · Fuente de 1918

Pablo Gasque Gracián: un parto difícil en Calanda en 1918

Una observación obstétrica que permite acercarse al trabajo del médico titular, la asistencia domiciliaria y la presión de una epidemia de sarampión.

Identificación

Autor de la fuente
Pablo Gasque Gracián, doctor en Medicina y médico titular de Calanda (Teruel), según la firma del artículo.
Título original
«Una distocia poco frecuente».
Publicación
Revista de Medicina y Cirugía Prácticas, año XLII, tomo CXX, n.º 1.520, 28 de agosto de 1918, pp. 230–232.
Fecha del episodio
Un día del «pasado mes de Mayo»: mayo de 1918, por referencia a la fecha de publicación; el día no se especifica.
Procedencia
Biblioteca Nacional de España, Hemeroteca Digital. Lectura de las reproducciones aportadas del sumario y de las páginas 230–232.
Territorio
Calanda como localidad de ejercicio del autor. El relato no identifica expresamente el domicilio ni el término municipal del caso.
Tipo de fuente
Observación clínica publicada, con relato en primera persona.
Edición
Grupo de Estudios Calandinos (GREC), 5 de octubre de 2026.

Resumen

El 28 de agosto de 1918, Pablo Gasque Gracián publicó una observación obstétrica en la Revista de Medicina y Cirugía Prácticas. Su firma lo identifica como médico titular de Calanda. La noticia permite documentar su participación en la prensa profesional y conocer, a través de su propio testimonio, una urgencia atendida en el domicilio de una parturienta durante una epidemia de sarampión.[1]

El autor describe a una mujer de veintiséis años, con dos partos anteriores satisfactorios, cuyo tercer parto presentaba una dificultad excepcional: el cuerpo fetal había salido en presentación de nalgas, pero la cabeza permanecía retenida. Gasque atribuyó la obstrucción a una hidrocefalia voluminosa asociada a espina bífida. Relata la intervención que permitió terminar el parto y afirma que el feto nació muerto. El texto no ofrece seguimiento de la madre.

Más allá de la singularidad clínica, el artículo ilumina el cansancio del facultativo, la asistencia prestada por comadres, las decisiones tomadas con los medios disponibles y la transformación de una experiencia local en una comunicación dirigida a otros médicos.

Un médico titular entre las visitas y las urgencias

La relación de Gasque Gracián con Calanda queda expresamente acreditada por la cabecera del artículo: su cargo de médico titular acompaña al título académico. Esta identificación es más precisa que una deducción basada en el apellido y constituye el vínculo documental de la entrada con la historia local.[1]

El relato comienza al regresar el médico a su casa, agotado por las visitas durante una epidemia de sarampión que, según su descripción, se acompañaba con frecuencia de bronconeumonía. Inmediatamente recibe una llamada urgente para atender un parto. La escena reúne dos tareas simultáneas: la atención repetida a enfermos durante un brote epidémico y la disponibilidad para acudir a una urgencia obstétrica.

La fuente no aporta cifras de enfermos, fallecimientos ni duración del brote. Tampoco delimita su extensión territorial. Por tanto, documenta la epidemia en el ámbito asistencial descrito por el médico, pero no permite reconstruir por sí sola una estadística sanitaria de Calanda. Además, identifica la enfermedad como sarampión: no hay base en estas páginas para sustituirla por la gripe de 1918.[2]

El domicilio de la mujer es el escenario de la asistencia. Gasque explica que sus dos partos anteriores habían requerido únicamente la ayuda de una comadre. Este dato permite observar la intervención de esa figura en la historia personal de la paciente; un solo caso no basta para establecer la frecuencia de esa práctica en toda la población.

El caso narrado: observación, decisión y desenlace

MomentoInformación del artículoPágina
Llamada y llegadaUrgencia recibida tras una jornada de visitas. Llegada al domicilio entre la una y las dos de la tarde.230
Antecedentes y situaciónMujer de 26 años; dos partos anteriores satisfactorios; trabajo de parto desde las ocho de la mañana. Presentación de nalgas y retención de la cabeza.230
Observación y dificultadLesión lumbar y sacra que el autor identifica como espina bífida. El primer intento con la maniobra de Mauriceau no resuelve la retención.230–231
Interpretación e intervenciónEl médico sospecha hidrocefalia y cree que el feto está muerto. Describe una descompresión a través de la lesión y la posterior terminación del parto.231
Desenlace y examenFeto nacido muerto; apertura y examen de la cavidad craneal. El autor formula su diagnóstico y declara no conocer antecedentes familiares explicativos.231–232

Esta secuencia reproduce la lógica del testimonio. No constituye una reconstrucción clínica independiente ni una recomendación de tratamiento. La expresión «creyendo el feto muerto» describe la valoración del médico antes de intervenir; no permite fijar con certeza cuándo ocurrió la muerte ni atribuir su causa.[3]

Gasque presenta el examen posterior como confirmación de su interpretación. Describe líquido abundante y un tejido encefálico muy alterado. Esas observaciones pertenecen a la fuente histórica; sin una historia clínica completa ni material anatomopatológico conservado, no corresponde sustituirlas por un diagnóstico retrospectivo más específico.

Qué aporta a la historia de Calanda

La experiencia rural entra en la prensa médica

La publicación acredita que un facultativo identificado con Calanda comunicó una observación a un público profesional. Al final, Gasque justifica su envío por el interés y la escasa frecuencia del caso, según las obras que tenía a su alcance. La experiencia asistencial y la consulta de literatura médica aparecen así vinculadas en su manera de argumentar. El artículo no identifica esas obras, de modo que no pueden reconstruirse sus lecturas bibliográficas concretas.

Recursos disponibles y decisiones bajo presión

La comparación con otras operaciones, que el autor considera más difíciles «en un medio rural», muestra su percepción de los límites del entorno. Sin embargo, no ofrece un inventario del instrumental ni información sobre posibilidades de traslado. Es razonable interpretar la frase como conciencia de una dificultad asistencial; sería excesivo deducir de ella una ausencia absoluta de recursos.

La construcción del relato y sus silencios

El artículo alterna datos clínicos con cansancio, temor, serenidad aparente y alivio. Gasque menciona su preocupación por no agravar el desánimo de la mujer y de los presentes, y reconoce su inexperiencia para una intervención mayor. Estos pasajes ayudan a estudiar cómo el médico representa su responsabilidad y su actuación ante los lectores.[4]

La voz de la paciente apenas aparece: el autor refiere que comprendía la dificultad, pero no recoge su testimonio directo. Tampoco consigna su nombre, la identidad de la comadre, el día del parto o la evolución materna. La finalización del parto no debe convertirse, sin esos datos, en una afirmación sobre recuperación completa o ausencia de complicaciones.

Alcance documental. El artículo acredita el cargo de Gasque en Calanda y su relato de una asistencia rural. La localización exacta del episodio y la biografía del facultativo requieren documentación adicional. No se atribuye a la paciente una identidad ni se añaden datos familiares no presentes en la fuente.

Documento: transcripción íntegra

Se transcribe exclusivamente el artículo de Gasque Gracián, desde su encabezamiento en la página 230 hasta su cierre en la 232. Se conserva la ortografía histórica; se eliminan los cortes de palabra de final de línea. Las indicaciones de página entre corchetes son editoriales. Se excluye «Revista de Pediatría», texto siguiente de otro autor.

UNA DISTOCIA POCO FRECUENTE
POR
PABLO GASQUE GRACIÁN
Doctor en Medicina y Médico titular de Calanda (Teruel).

I
Un día del pasado mes de Mayo en que llegué a mi casa cansado por el continuo visitar, a causa de una epidemia de sarampión, muy rica en bronco-pneumonia, y cuando alguna vez en los días anteriores había surgido en mi pensamiento la idea de que en tales circunstancias pudiera coronar mi labor un parto delicado, el caso fué que no bien llegado a mi casa, dieron en la puerta un golpe rudo, de esos que dicen premura, y que ponen un cierto sobresalto en el corazón. Efectivamente, ¡un parto!
De muy buena gana lo hubiera dejado para mejor ocasión, recordando el gracioso epigrama de Villergas, que termina diciendo:
—«Diga usted que tengo sueño,
Que lo deje hasta mañana.»
Pero como la mujer, en trance tal, no entiende de epigramas, fuí con toda la rapidez que mi cansancio permitía a prestar mis tan urgentemente solicitados servicios.

II
Sería de una a dos de la tarde, cuando me personé en casa de la parturiente. Era una mujer joven, robusta, sana, de edad de 26 años, cuyos dos partos anteriores habían sido felices, sin necesitar más asistencia que la de una comadre. Llevaba de trabajo desde las ocho de la mañana del mismo día, si bien hacía poco que se habían acentuado las contracciones uterinas, haciéndose más frecuentes y más imperiosas. El feto se presentaba de nalgas, y a mi llegada, el tronco fetal estaba fuera de la vulva quedando retenida solamente la cabeza en el interior del canal genital. Entre la región lumbar y sacra, se echaba de ver una voluminosa espina bífida, distendida, hipertensa, con desaparición de la piel del dorso, y en su lugar aparecía una membrana transparente, de fuerte resistencia (dura madre), dejando ver a su través un líquido límpido, ambarino (líquido céfalo-raquídeo), acumulado en gran cantidad y dando a la bolsa la hipertensión predicha.

[Página 231]
La matriz seguía contrayéndose con energía, tratando de expulsar rápidamente la cabeza fetal, pero los esfuerzos uterinos eran vanos y por completo infructuosos.
La madre comprendía que en aquel parto había dificultad, algo que impedía el progreso de la cabeza por el canal óseo pelviano. Canal óseo que, por fortuna, era ancho, normal, con dimensiones más que suficientes para dar salida a un feto bien desarrollado. En una palabra: pelvis de lugareña excelentemente constituída, modelo de pelvis.
¿Qué ocurría? Intenté hacer la maniobra de Mauriceau para desprender el polo cefálico, y ¡todo en vano! ¡Tantas veces que me había sido tan útil dicha maniobra! Reconocí la región hipogástrica y fosas ilíacas y, a la palpación, me encontré una cabeza grande, de proporciones colosales, tanto, que hacía pensar aquel tumor en la existencia de otro feto, idea que pronto deseché, pero quedando en la firme creencia de que la cosa no era tan fácil como en un principio supuse.
No obstante, sin perder la calma ni la serenidad, y pensando que muy bien pudiera tratarse de un hidrocéfalo, teniendo a la vista la espina bífida hipertensa y creyendo el feto muerto, imaginé valerme de ella como procedimiento de Van Huevel simplificado, antes de intentar alguna otra operación sobre el cráneo, mucho más difícil en un medio rural. Requerí tijeras y dí un corte en la bolsa lumbar, dejando escapar por su abertura abundante líquido; pero la cabeza seguía quieta. Ya empezaba a notar en mi alma cierto malestar y desasosiego, aunque aparentando la mayor tranquilidad para no influir desastrosamente en la moral de la enferma y en la de los circunstantes, de ordinario algo desfallecida, cuando se me ocurrió hacer presiones convergentes con ambas manos hacia el centro hipogástrico, empezando por ambas fosas ilíacas, haciendo por abarcar la cabeza fetal. ¡Feliz idea! A cada presión, nuevo líquido fluía por la bolsa abierta de la espina bífida y al cabo de presiones repetidas, observé, con alegría, que la cabeza iba disminuyendo de volumen, tomando proporciones normales, y ¡ahora sí que el Mauriceau fué eficaz! El polo cefálico fué suavemente saliendo, dando gozo aquel salir tan suave, plegadas las escamas óseas dentro de la piel arrugada, como se arruga un globo que deja salir el aire. Y la distocia que momentos antes se ofrecía difícil en mis manos inexpertas en el caso de haber tenido que realizar alguna mayor intervención, se resolvía ahora merced a una sencilla maniobra que sobre el caso en marcha se me ocurrió. No hay que decir que el feto nació muerto.
A la vista del feto, fácilmente pudo hacerse el diagnóstico seguro:

[Página 232; continuación]
«Hidrocéfalo voluminoso (no era fácil la medición) interno (como se vió después), con espina bífida», en este caso muy útil.
Abierta la cavidad cranial y dando un corte en la masa encefálica, se derramó aun abundante líquido, claro, transparente, amarillo.
El encéfalo no era tal; sino una bolsa delgada de tejido nervioso, con las paredes internas lisas y blandujas hasta el extremo de que entre los dedos se deshacía como la mas tenue papilla.
Se me olvidaba decir que no había en la mujer, ni en la familia de ella, ni en la de su marido, antecedentes, ostensibles por lo menos, que pudieran explicar la hidrocefalia congénita.
Como me ha parecido este caso interesante y poco frecuente, según he podido ver en las obras a mi alcance, lo presento a la autorizada consideración de los lectores, y quiera Dios que en medio del quehacer incesante de una epidemia, no lo venga a complicar ningún otro parto dificultoso.

Notas

  1. La firma, el título y el cargo se leen en la p. 230. La fecha, tomo y número proceden de la primera página del número, también aportada. El sumario anuncia el comienzo del artículo en la p. 230.
  2. La mención del «pasado mes de Mayo» y de la epidemia aparece en la p. 230. Mayo de 1918 es la datación inferida de la fecha de publicación, no una fecha completa escrita por el autor.
  3. La sospecha de hidrocefalia, la creencia sobre la muerte fetal y la intervención se narran en la p. 231; el examen posterior y el diagnóstico del autor continúan en la p. 232. Se distingue la sospecha previa del resultado referido.
  4. Las reflexiones sobre serenidad, ánimo de la paciente y limitaciones personales están en la p. 231. El recurso a un epigrama de Villergas aparece en la p. 230; se conserva como parte de la escritura del médico, sin establecer una referencia literaria no comprobada.
  5. Los términos y procedimientos del original se reproducen para su estudio histórico. No se actualiza su significado mediante equivalencias diagnósticas no demostradas ni se presentan como pautas asistenciales actuales.

Fuentes y bibliografía

Fuente primaria utilizada: Gasque Gracián, Pablo (1918): «Una distocia poco frecuente», Revista de Medicina y Cirugía Prácticas, año XLII, tomo CXX, n.º 1.520, 28 de agosto, pp. 230–232. Ejemplar digitalizado por la Biblioteca Nacional de España; reproducciones aportadas para esta edición.

Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España — enlace al portal; no se dispone de un enlace permanente verificado al ejemplar.

Consulta del corpus GREC: se ha revisado el índice GREC BIBLIOGRAFIA. No se han localizado registros directamente pertinentes por autor o por términos sanitarios, epidémicos y médicos. No se incorporan obras no leídas como bibliografía de apoyo.

Dossier de investigación y comprobaciones pendientes

Evidencia conservada: sumario del número fechado el 28 de agosto de 1918 y páginas 230–232. Autor, cargo, edad de la paciente, antecedentes obstétricos, epidemia y desenlace proceden de esas páginas.

Interpretaciones editoriales: datación del episodio en mayo de 1918; lectura del texto como testimonio de trabajo rural, comunicación profesional y representación de la responsabilidad médica. Estas interpretaciones se apoyan en el relato y no equivalen a nuevos datos de archivo.

Próximas comprobaciones: localizar el enlace permanente de la BNE; consultar actas y expedientes municipales para precisar el periodo de ejercicio de Gasque Gracián; buscar registros sanitarios del brote de sarampión; cotejar otras publicaciones del autor. Ninguna de estas búsquedas pendientes se presenta como realizada.

Cómo citar

Grupo de Estudios Calandinos (GREC) (2026): «Pablo Gasque Gracián: un parto difícil en Calanda en 1918», CalandaGREC, edición de 5 de octubre de 2026. Añadir la URL definitiva y la fecha de consulta al publicar.

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