De Calanda al exilio mediterráneo
La expulsión de los moriscos de Calanda, su marcha hacia los Alfaques y la diáspora de los aragoneses por el Mediterráneo y la Provenza francesa.
Introducción
En julio de 1610 desapareció de Calanda una comunidad que había constituido durante generaciones una parte fundamental de su población, de su economía y de su paisaje humano.
La expulsión de los moriscos decretada por la Monarquía de Felipe III no fue un acontecimiento exclusivamente local. Formó parte de una operación organizada a escala de toda la Monarquía Hispánica que, entre 1609 y 1614, provocó la salida forzosa de centenares de miles de personas.
Para Calanda conocemos relativamente bien los antecedentes, las tensiones del siglo XVI, la estructura económica de la comunidad morisca, la preparación de la expulsión y algunas de sus consecuencias.
Más difícil resulta seguir el destino de aquellas personas una vez que abandonaron Aragón.
Una población mayoritariamente mudéjar y morisca
A comienzos del siglo XVI la población musulmana constituía la mayoría de los habitantes de Calanda.
La documentación utilizada por Eliseo Serrano Martín indica que en 1514 existían en Calanda unos 240 hogares mudéjares frente a sólo 14 hogares cristianos.
La situación cambió jurídicamente en 1526, cuando la conversión obligatoria de los mudéjares aragoneses los transformó formalmente en cristianos nuevos o moriscos.
La conversión jurídica, sin embargo, no supuso la desaparición inmediata de las prácticas culturales, familiares y religiosas anteriores.
La investigación reciente evita identificar automáticamente la conservación de prácticas islámicas con una completa separación respecto de la sociedad cristiana. Integración social, relaciones económicas e identidad religiosa diferenciada podían coexistir.
Calanda, Inquisición y conflictividad
Durante la segunda mitad del siglo XVI Calanda aparece con frecuencia en documentación relacionada con conflictos locales, actuaciones inquisitoriales y tensiones con las autoridades.
El estudio clásico de Pilar Sánchez López y Eliseo Serrano Martín, Moriscos, Inquisición y conflictividad antiseñorial: Calanda, 1569-1610, convirtió el caso calandino en uno de los mejor documentados del Aragón morisco.
La historiografía actual introduce, sin embargo, importantes matices. El trabajo de Íñigo Bienzobas Gil publicado en 2025 sobre la denominada «conspiración morisca» de 1570 muestra cómo, después de la rebelión de las Alpujarras, se extendió en Aragón un clima de temor que llevó a interpretar determinadas conductas ordinarias como indicios de una posible rebelión.
Ello no significa negar la existencia de violencia o conflicto. Significa distinguir entre conflictividad local y la existencia de una supuesta conspiración general organizada contra la Monarquía.
Una comunidad económicamente compleja
La sociedad morisca calandina tampoco era económicamente homogénea.
La documentación recopilada en torno al momento de la expulsión muestra la existencia de importantes rebaños. Calanda y Foz-Calanda reunían aproximadamente 5.500 cabezas de ganado lanar y cabrío.
Algunas familias poseían, por tanto, patrimonios ganaderos considerables. La expulsión forzó la venta acelerada de animales, propiedades y derechos.
Gregorio Colás Latorre documenta que los ganaderos de Calanda y Foz todavía realizaban operaciones de venta mientras avanzaban hacia los Alfaques.
1610: la planificación de la expulsión
La expulsión de los moriscos aragoneses fue una operación administrativa de enorme complejidad.
El plan de tránsito redactado en Zaragoza el 30 de mayo de 1610 registra:
Calanda
381 casas moriscas utilizadas por la administración para calcular la población que debía desplazarse.
Foz-Calanda
88 casas incluidas dentro del mismo dispositivo de salida.
La administración aplicaba convencionalmente un coeficiente de cinco personas por casa, obteniendo una estimación teórica conjunta de 2.345 individuos.
Los 2.345 individuos no constituyen un recuento nominal de expulsados. Se trata de una estimación administrativa resultado de multiplicar el número de casas por cinco.
Calandinos y habitantes de Foz debían reunirse y avanzar desde el Bajo Aragón hacia los puntos establecidos por las autoridades.
¿Cuántos moriscos fueron expulsados de Calanda?
Los recuentos personales permiten superar las estimaciones basadas únicamente en hogares.
| Grupo | Personas |
|---|---|
| Hombres | 379 |
| Mujeres | 446 |
| Muchachos | 316 |
| Muchachas | 191 |
| Niños «de teta» | 149 |
| Total | 1.481 |
De acuerdo con el desglose publicado por Roberto Ceamanos Llorens y José Antonio Mateos Royo, el total asciende, por tanto, a 1.481 personas.
El camino hacia los Alfaques
La documentación permite conectar directamente a los expulsados de Calanda y Foz con la ruta hacia el puerto de los Alfaques, en la desembocadura del Ebro.
Los Alfaques se convirtieron durante el verano de 1610 en uno de los grandes puntos de concentración y embarque de los moriscos aragoneses y catalanes.
Una relación procedente del Archivo General de Simancas utilizada por Joan Reglà contabilizó 41.952 moriscos embarcados en los Alfaques.
La cifra permite comprender la escala de la operación: miles de personas llegaban desde localidades muy diferentes, acompañadas de niños, animales, equipajes y los bienes que habían podido conservar.
Los aragoneses aparecen en Provenza
Aquí comienza una de las partes menos conocidas de la historia.
Pierre Santoni estudió exhaustivamente la documentación de la Admirauté de Marseille, los protocolos notariales y diferentes archivos de Provenza para reconstruir el movimiento de los moriscos expulsados.
Entre junio y septiembre de 1610, decenas de miles de aragoneses y catalanes fueron expulsados. Santoni documenta sucesivas llegadas de estos grupos a La Ciotat, Marsella y Cassis. A comienzos de septiembre, la antigua enfermería de Marsella albergaba numerosos aragoneses.
Los Alfaques
Una parte muy importante de los expulsados aragoneses fue conducida hacia el puerto situado en la desembocadura del Ebro.
Los Pirineos
Otros grupos atravesaron por tierra la frontera francesa y fueron encaminados hacia Agde para embarcar posteriormente.
Santoni documenta además que más de veinte mil aragoneses atravesaron los Pirineos durante agosto y septiembre y fueron dirigidos hacia Agde.
Desde allí, patrones provenzales transportaron nuevos contingentes hacia Cassis y otros puertos antes de continuar hacia el Mediterráneo meridional.
Francia: de la acogida a la expulsión
La actitud de la monarquía francesa cambió rápidamente durante 1610.
Entrada autorizada
El Consejo real francés permitió oficialmente la entrada de moriscos e incluso contempló que algunos pudieran establecerse si profesaban la fe católica.
Cambio de política
Ante el aumento de las llegadas, la Corona restringió la entrada y ordenó conducir a muchos moriscos hacia los puertos para facilitar su salida hacia el norte de África.
Miles de aragoneses
Los puertos provenzales reciben sucesivos grupos procedentes de España y del tránsito por Languedoc.
Una diáspora prolongada
Los movimientos no terminan en 1610. Persisten desplazamientos, negociaciones, retornos clandestinos y nuevas salidas.
Los expulsados no fueron actores pasivos
La documentación francesa muestra algo que resulta menos visible en las órdenes administrativas españolas: los moriscos continuaron tomando decisiones durante el exilio.
Negociaban el precio del transporte, denunciaban abusos, contrataban barcos, cambiaban de destino, vendían mercancías, otorgaban poderes notariales e intentaban conseguir autorización para permanecer en determinados lugares.
En septiembre de 1610 varios responsables de los aragoneses alojados en Marsella protestaron porque se pretendía obligarlos a contratar determinados navíos a precios excesivos.
La Admirauté reconoció entonces que tenían derecho a negociar libremente las condiciones de su transporte.
¿Pasaron moriscos de Calanda por Provenza?
Una hipótesis plausible, pero todavía no demostrada
La documentación disponible permite conectar Calanda con los Alfaques y documenta poco después la presencia de numerosos aragoneses en Provenza.
Sin embargo, no se ha localizado todavía un documento francés que identifique inequívocamente a una persona como natural o vecina de Calanda.
Podemos establecer con seguridad cuatro hechos:
1. Los moriscos de Calanda fueron incluidos en el dispositivo de expulsión aragonés.
2. Los ganaderos de Calanda y Foz aparecen documentados liquidando animales durante su desplazamiento hacia los Alfaques.
3. Miles de aragoneses embarcaron en los Alfaques durante esos mismos meses.
4. La documentación provenzal registra poco después numerosos moriscos identificados simplemente como «aragoneses».
No debería escribirse todavía que «los moriscos de Calanda pasaron por Provenza». La formulación rigurosa es que la documentación provenzal demuestra el paso de numerosos moriscos aragoneses y abre la posibilidad de investigar si entre ellos hubo familias procedentes de Calanda.
Una investigación pendiente: seguir los nombres
Calanda dispone de una ventaja excepcional para intentar resolver esta cuestión: conocemos un número creciente de nombres y apellidos de familias moriscas documentadas antes de 1610.
Por otra parte, Santoni reunió más de un centenar de documentos notariales relacionados con los moriscos presentes en Provenza.
Un análisis prosopográfico podría confrontar:
Corpus de Calanda
Protocolos notariales, documentación inquisitorial, inventarios, poderes, ventas, censos y otros documentos anteriores y contemporáneos a la expulsión.
Corpus provenzal
Protocolos de Marsella, Cassis, La Ciotat, Martigues, Toulon y documentación de la Admirauté.
La comparación debería contemplar además variantes gráficas, afrancesamientos y deformaciones de apellidos producidas por los escribanos franceses.
Las consecuencias para Calanda
La expulsión modificó profundamente la estructura de la villa.
Frente a los 1.481 moriscos expulsados, la nueva carta de población de 1628 reunió únicamente 119 nuevos vecinos.
La desaparición de una parte tan importante de la población afectó a las tierras cultivadas, los sistemas de riego, la ganadería, los ingresos municipales y el equilibrio general de la economía local.
La repoblación fue lenta. La carta de población de 1628 debe entenderse como un intento de reconstruir una comunidad nueva sobre el vacío demográfico y económico producido por la expulsión.
Una interpretación histórica más compleja
La historiografía reciente ha modificado profundamente nuestra forma de interpretar a las comunidades moriscas aragonesas.
La explicación tradicional tendía a establecer una secuencia demasiado sencilla:
Hoy sabemos que la realidad fue mucho más compleja.
La conservación de determinadas prácticas islámicas podía coexistir con una importante integración económica y social. Los conflictos podían derivar de problemas de jurisdicción, pastos, acequias, señorío, fiscalidad o política municipal, sin formar necesariamente parte de una conspiración general.
Al mismo tiempo, tampoco debe negarse la persistencia de formas de religiosidad islámica y de una identidad específica.
Calanda dentro de una historia mediterránea
La expulsión transformó un acontecimiento de la historia local en una historia europea y mediterránea.
Los vecinos expulsados de Calanda pertenecían a familias que habían vivido durante generaciones en el mismo territorio. Poseían casas, tierras, ganados, herramientas, créditos, relaciones comerciales y redes familiares.
En pocas semanas debieron abandonar ese mundo y entrar en un sistema de desplazamientos que conectaba:
Marsella, Cassis, La Ciotat, Toulon y Agde funcionaron durante aquellos meses como espacios de tránsito, negociación, refugio temporal y nuevo embarque.
La historia de los moriscos de Calanda no termina, por tanto, cuando abandonan la villa.
Precisamente allí comienza una de las líneas de investigación más interesantes que todavía quedan abiertas.
Conclusión
La documentación permite reconstruir con bastante precisión el comienzo del destierro de los moriscos de Calanda.
La administración calculó inicialmente la población a partir de 381 casas; los recuentos personales permiten situar en 1.481 el número de expulsados de Calanda. Sabemos también que los grupos calandinos entraron en el dispositivo que conducía hacia los Alfaques y que algunos de sus principales ganaderos todavía estaban liquidando sus rebaños durante el trayecto.
Más allá de los Alfaques, la reconstrucción es todavía incompleta. Pierre Santoni ha demostrado que numerosos moriscos aragoneses aparecieron poco después en los puertos de Provenza, donde negociaron nuevos pasajes, intentaron quedarse o continuaron hacia el norte de África.
Todavía falta localizar el documento que permita poner nombre calandino a alguno de aquellos aragoneses.
Los archivos de Marsella, Cassis, La Ciotat, Martigues y Toulon podrían conservar una parte todavía desconocida de la historia de Calanda.
