«Las cosas no van bien»: una carta de León Portolés desde Calanda
Una advertencia dirigida a un «Serenísimo Señor» en noviembre de 1808, cuando la ofensiva napoleónica volvía a poner en peligro Aragón y el nuevo gobierno de la Junta Central afrontaba una grave crisis militar.
La fecha convierte el documento en un testimonio especialmente interesante: fue escrito en uno de los momentos más críticos de los primeros meses de la Guerra de la Independencia.
España, noviembre de 1808
La carta fue redactada apenas siete semanas después de la constitución de la Junta Central Suprema Gubernativa del Reino. Este organismo se había instalado oficialmente en Aranjuez el 25 de septiembre de 1808, asumiendo la autoridad soberana en nombre del ausente Fernando VII.
La situación militar, sin embargo, había cambiado radicalmente. El optimismo generado durante el verano por la victoria española de Bailén estaba desapareciendo ante la llegada a España de nuevas fuerzas francesas y la intervención personal de Napoleón.
Los días 10 y 11 de noviembre, inmediatamente antes de la redacción de esta carta, las fuerzas españolas habían sufrido una importante derrota en Espinosa de los Monteros.
Diez días después del escrito de Portolés, el 23 de noviembre, tendría lugar la batalla de Tudela, que abriría a las tropas francesas el camino hacia buena parte del valle del Ebro.
Una carta escrita desde Calanda
En este contexto aparece la voz de un vecino relacionado con Calanda: León Portolés.
El documento tiene un carácter marcadamente reservado. Portolés no pretende realizar una exposición detallada por escrito. Al contrario, insiste en que la cuestión es demasiado importante para confiarla íntegramente a una carta.
Esta frase constituye una de las claves del documento. El escrito parece concebido fundamentalmente para conseguir que el destinatario aceptase escuchar personalmente al remitente.
«Las cosas no van bien»
El tono de la carta es extraordinariamente crítico. Portolés comienza manifestando su incapacidad para permanecer indiferente ante lo que está ocurriendo.
Su diagnóstico aparece poco después de forma todavía más rotunda:
y concluye:
Estas expresiones deben situarse dentro de la crisis política y militar de noviembre de 1808. No son necesariamente una descalificación global del nuevo gobierno. Portolés parece, más bien, convencido de que existen errores concretos que podrían corregirse.
Los misteriosos «planes» de León Portolés
La parte más intrigante de la carta aparece cuando el autor asegura tener preparadas determinadas soluciones:
Portolés considera que esos puntos no están siendo tenidos en cuenta y llega a afirmar que, mientras no se apliquen, difícilmente podrá obtenerse un resultado favorable.
Pero la carta no explica en qué consistían esos proyectos. El silencio parece deliberado: el autor declara expresamente que la importancia del asunto impide confiar sus detalles al papel.
Por ello, no podemos determinar todavía si se trataba de planes militares, políticos, administrativos, logísticos o de otra naturaleza.
Una crítica a la Junta Central
Otro pasaje merece especial atención porque Portolés menciona expresamente a la Junta Central.
La redacción transmitida del documento es difícil en este punto, pero el sentido general parece indicar que el remitente considera que determinadas cuestiones exceden la capacidad o la información de la Junta.
La expresión resulta significativa porque la Junta Central era una institución muy reciente. Había sido constituida en Aranjuez el 25 de septiembre precisamente para coordinar políticamente las diferentes juntas territoriales surgidas durante el levantamiento contra los franceses.
La carta de Calanda constituye, por tanto, un pequeño testimonio de las dudas, críticas y propuestas que acompañaron la construcción del nuevo poder central en aquellos meses extraordinariamente convulsos.
Religión y guerra
El lenguaje utilizado por Portolés refleja también la cultura religiosa con la que una parte de la sociedad española interpretó la guerra.
El autor considera que sobre España se cierne:
y termina su escrito:
La guerra aparece así interpretada simultáneamente como una crisis militar y política y como una prueba providencial. El lenguaje religioso no es un simple adorno retórico: forma parte de la manera en que el remitente explica el momento histórico que está viviendo.
Discreción, temor y «envidia»
La carta contiene finalmente indicios de que Portolés temía que su iniciativa despertara oposición.
Solicita que, si es posible, nadie tenga conocimiento del asunto y hace una significativa referencia a la:
Todo ello refuerza la impresión de encontrarnos ante una comunicación reservada destinada a obtener una entrevista o un canal directo con una personalidad de elevada posición.
El tratamiento «Serenísimo Señor» y el empleo de «Vuestra Alteza» indican la elevada dignidad del destinatario, pero el texto aportado no permite identificarlo por sí solo con seguridad.
El documento
Se reproduce a continuación el texto facilitado, conservando su contenido. Se ha introducido únicamente una puntuación mínima para facilitar la lectura. Para establecer una transcripción paleográfica definitiva sería necesario cotejarla con el documento original.
Serenísimo Señor:
No puedo sufrir con paciencia lo que oigo, lo que consigo todo lo contrario de la religión y del orden regular. Sin embargo, está el azote de la Divina Justicia amenazando.
Todo es desorden y, a vista de lo referido, sigo con toda mi alma y mi corazón que las cosas no van bien ni esperanzas que vayan si no se tocan ciertos puntos precisos que tengo en mis planes formados, y parece ninguno se tenga en cuenta, y que esto no se pongan en uso no saldrá nada bien.
Y, por el contrario, con el ayuda de Dios todo se convertirá en gloria y alegría y acierto.
Por no ser molesto no me alargo más, porque es negocio de mucha importancia y no se puede fiar a la pluma.
Y soy se parezca quien recibo de esta puede Vuestra Alteza partir sin reparo al tenerme a su custodia, en caso que la envidia y emulación no tenga que ver con mí.
Y si puede ser que nadie tenga noticia de este asunto, Vuestra Alteza verá muchas cosas grandes y precisas que la Junta Central no puede concebirlas, como sigue arriba, que es donde escriba todas las dificultades.
No pienso agraviar a nadie ni menos escribí, si sólo han buen deseo y que seamos todos felices en lo que hay lugar.
Y entre tanto me quedo rogando a Dios nos mire con piedad y misericordia.
León Portolés
Calanda, 13 de noviembre de 1808
Una ventana a la Calanda de 1808
El valor de esta carta reside precisamente en su carácter personal. No es una disposición oficial ni un relato escrito años después. Es la voz de un individuo que, desde Calanda y en noviembre de 1808, observaba con preocupación la evolución de la guerra y consideraba insuficientes las medidas adoptadas.
El documento demuestra además que los acontecimientos nacionales eran percibidos y discutidos desde localidades del Bajo Aragón. Portolés conocía la existencia y la actuación de la Junta Central, reflexionaba sobre el desarrollo de la crisis y pretendía hacer llegar sus propias propuestas hasta una personalidad a la que daba tratamiento de Alteza.
Su insistencia en el secreto, la alusión a unos planes que no quiere confiar al papel y su convencimiento de que podían conducir al «acierto» convierten el escrito en una fuente particularmente sugerente.
Cronología inmediata
Contexto y fuentes
Documento principal:
Carta de León Portolés, Calanda, 13 de noviembre de 1808.
Transcripción provisional facilitada a CalandaGREC.
Contexto institucional:
Archivo Histórico Nacional, fondo de la Junta Central Suprema
Gubernativa del Reino.
La Junta Central se constituyó en Aranjuez el 25 de septiembre de 1808 como órgano de gobierno y depositaria de la autoridad soberana de Fernando VII.
GREC, «“Las cosas no van bien”: carta de León Portolés desde Calanda, 13 de noviembre de 1808», CalandaGREC.
Licencia CC BY-NC-SA 4.0.