África en los autores clásicos
Heródoto, Pomponio Mela y Plinio el Viejo: comercio, geografía y mito en la construcción de la imagen antigua del continente africano.
El conocimiento que los autores de la Antigüedad tuvieron del continente africano fue necesariamente desigual. El Mediterráneo, Egipto y las regiones septentrionales formaban parte de un espacio relativamente conocido, mientras que las tierras situadas más allá del Sahara permanecieron en buena medida fuera de la experiencia directa de los escritores grecorromanos.
Los tres testimonios reunidos en esta entrada permiten observar diferentes formas de aproximación al continente africano. Heródoto, en el siglo V a. C., transmite una noticia de notable interés sobre los intercambios comerciales de los cartagineses en las costas atlánticas de África. Siglos después, Pomponio Mela y Plinio el Viejo combinan informaciones geográficas y etnográficas con tradiciones legendarias acerca de los pueblos que supuestamente habitaban las regiones interiores del continente.
Estos textos poseen por ello un doble valor histórico. Por una parte, contienen informaciones sobre el conocimiento geográfico del mundo antiguo; por otra, permiten estudiar la manera en que los autores clásicos imaginaron aquellos territorios que escapaban a su conocimiento directo.
Heródoto — El comercio cartaginés en África
Historias, IV, 196 · siglo V a. C.
El pasaje transmitido por Heródoto constituye uno de los testimonios antiguos más sugerentes acerca de los contactos comerciales mantenidos por los navegantes cartagineses con poblaciones de la fachada atlántica africana.
El historiador describe un procedimiento de intercambio en el que compradores y vendedores no negocian directamente. Los cartagineses desembarcan sus mercancías en la playa, regresan a sus barcos y producen una señal de humo. Los habitantes del territorio depositan entonces una determinada cantidad de oro junto a las mercancías y se retiran.
Los comerciantes regresan a tierra y valoran la cantidad ofrecida. Si consideran que corresponde al precio de los productos, recogen el oro y parten; si la estiman insuficiente, vuelven a sus embarcaciones y esperan a que los habitantes aumenten la oferta.
La descripción resulta particularmente interesante porque Heródoto subraya la existencia de unas reglas de intercambio aceptadas por ambas partes y la ausencia de apropiación de las mercancías o del oro hasta que el acuerdo se considera concluido.
Los cartagineses cuentan que más allá de las Columnas de Hércules existe un país habitado al que acuden para comerciar. Cuando llegan, sacan las mercancías de los barcos y las colocan en fila sobre la playa; después regresan a sus naves, donde encienden hogueras para producir una gran humareda.
Los naturales del país ven el humo y se acercan a la orilla del mar; después de dejar oro a cambio de las mercancías, se retiran. Entonces los cartagineses salen de sus barcos, examinan la cantidad de oro que han depositado y, si consideran que corresponde al precio de las mercancías, lo recogen y se marchan.
Pero, si consideran que no es suficiente, regresan a sus barcos y esperan tranquilamente nuevas ofertas. Los otros vuelven entonces y añaden más oro, hasta que los cartagineses quedan satisfechos.
Ninguna de las dos partes perjudica a la otra. Los cartagineses no tocan el oro hasta que consideran que alcanza el valor de las mercancías, y los habitantes del país no se llevan las mercancías hasta que los cartagineses han recogido el oro.
Traducción castellana realizada a partir de la versión portuguesa reproducida en A Descoberta de África.
Pomponio Mela — Los pueblos más allá del desierto
De Chorographia, III, 9 · siglo I d. C.
Con Pomponio Mela cambia sensiblemente la naturaleza del testimonio. A medida que la descripción geográfica se aleja del Mediterráneo y penetra en territorios escasamente conocidos por los autores clásicos, las informaciones geográficas comienzan a mezclarse con relatos extraordinarios.
Mela sitúa más allá de los desiertos diversos pueblos a los que atribuye características físicas excepcionales. Algunos no podrían hablar; otros carecerían de lengua y otros tendrían la boca casi completamente cerrada.
El interés histórico del pasaje no consiste en aceptar estas descripciones como testimonios etnográficos literales, sino en comprender cómo determinados autores de la Antigüedad representaban los territorios situados fuera de su horizonte geográfico inmediato.
Más allá de los desiertos se encuentran pueblos mudos que solamente consiguen hacerse entender mediante signos: unos tienen lengua, pero no pueden hablar; otros carecen completamente de este órgano; hay también quienes tienen la boca cerrada de forma natural y únicamente presentan, debajo de las fosas nasales, un pequeño orificio por el que beben con ayuda de una caña y, cuando necesitan comer, aspiran uno a uno los granos que encuentran ocasionalmente en el suelo.
Traducción castellana realizada a partir de la versión portuguesa reproducida en A Descoberta de África.
Plinio el Viejo — África y sus pueblos
Historia Natural, libro V · siglo I d. C.
La Historia Natural de Plinio ofrece un ejemplo especialmente significativo de la acumulación de conocimientos, tradiciones geográficas y relatos maravillosos que caracterizó una parte de la literatura antigua sobre África.
El autor enumera numerosos pueblos situados en las regiones africanas que se extendían hacia el sur y el oeste del mundo conocido por Roma. Junto a nombres y referencias geográficas aparecen informaciones extraordinarias acerca de las características físicas, las costumbres o las formas de vida de sus habitantes.
La descripción culmina con algunos de los pueblos fabulosos más característicos de la tradición geográfica antigua: comunidades que habitarían en cavernas, grupos que carecerían de determinadas partes del cuerpo y seres a los que se atribuyen características manifiestamente extraordinarias.
El documento permite estudiar, por tanto, no solamente la geografía antigua, sino también la construcción cultural de la alteridad: conforme disminuía el conocimiento directo del territorio aumentaba la presencia de elementos maravillosos.
El río Nigris separa África de Etiopía. Hacia el sur, después de una región de desiertos, viven los nigritas, llamados así por el río del que hemos hablado; los gimnetas; los farusios, que se extienden hasta el océano; y los perorsos, en los confines de Mauritania.
Todos los territorios de estos pueblos están limitados por el este por vastas regiones desiertas, hasta llegar a la tierra de los garamantes, los augilos y los trogloditas. Cerca de estos se encuentran los atlantes, los egipanes, seres semianimales, los blemios, los gamfasantes, los sátiros y los himantópodos.
Los atlantes, si hemos de creer lo que se cuenta de ellos, han perdido las características propias de los seres humanos; no utilizan nombres que permitan distinguirlos unos de otros. Contemplan el Sol cuando nace y cuando se pone lanzando terribles imprecaciones, como si se tratara de un astro funesto para sus personas y para sus cultivos. Nunca tienen sueños, como les sucede a los demás hombres.
Los trogloditas excavan cavernas que les sirven de vivienda; se alimentan de carne de serpiente; emiten chillidos, carecen de voz y desconocen el uso de la palabra.
Los garamantes no practican el matrimonio y las mujeres son comunes. Los augilos solamente rinden culto a los dioses infernales. Los gamfasantes viven desnudos, desconocen la guerra y nunca se mezclan con extranjeros.
Se cuenta que los blemios no tienen cabeza y que poseen los ojos y la boca situados en el pecho. Los sátiros, con excepción del rostro, no tienen nada en común con los hombres.
Los himantópodos, en lugar de pies, presentan una especie de correas con las que avanzan serpenteando. Los farusios son antiguos persas que, según se dice, acompañaron a Hércules en su expedición a las Hespérides.
No he encontrado otras informaciones sobre África.
Traducción castellana realizada a partir de la versión portuguesa reproducida en A Descoberta de África.
Del conocimiento geográfico a la geografía de lo maravilloso
La comparación de los tres testimonios permite observar diferentes formas de representación del continente africano en la literatura clásica.
El fragmento transmitido por Heródoto se concentra fundamentalmente en una práctica económica. Su relato contiene barcos, mercancías, oro y un procedimiento concreto de intercambio. Aunque la información no procede necesariamente de la observación directa del historiador, la narración pretende explicar el funcionamiento de una actividad comercial.
En Pomponio Mela y, de manera todavía más evidente, en Plinio el Viejo, la descripción de las regiones africanas más alejadas del Mediterráneo adquiere características diferentes. La información geográfica y etnográfica se combina con tradiciones legendarias acerca de pueblos extraordinarios.
África aparece así como un territorio en el que la geografía conocida se transforma progresivamente en una geografía imaginada. La distancia y la ausencia de conocimiento directo facilitaron la incorporación de tradiciones, relatos de viajeros y elementos maravillosos.
La larga pervivencia de una África imaginada
Las imágenes creadas por la geografía clásica no desaparecieron con el final de la Antigüedad. Una parte considerable de estos relatos fue transmitida durante siglos mediante manuscritos, compilaciones geográficas, enciclopedias y representaciones cartográficas.
De este modo, algunos de los pueblos fabulosos descritos por los autores antiguos continuaron formando parte del imaginario europeo durante la Edad Media. Los territorios poco conocidos podían ser representados mediante seres extraordinarios que marcaban simbólicamente los límites del mundo familiar.
La expansión marítima europea de los siglos XV y XVI transformaría progresivamente este horizonte. Las navegaciones portuguesas por la costa atlántica africana proporcionaron nuevas observaciones sobre territorios, poblaciones, sistemas políticos y circuitos comerciales.
La comparación entre los autores clásicos aquí reproducidos y los posteriores relatos de viajeros como Alvise da Cadamosto permite seguir precisamente ese proceso: el tránsito desde una África conocida parcialmente a través de la tradición literaria hacia otra descrita cada vez más mediante la experiencia directa del viaje.
Fuente y referencias
Fuente utilizada para las traducciones: A Descoberta de África, organizada por Catherine Coquery-Vidrovitch, traducción portuguesa de Isabel Braga, Lisboa, Edições 70.
La edición portuguesa procede de: Catherine Coquery-Vidrovitch (dir.), La Découverte de l'Afrique, René Julliard, 1965.
Heródoto: Historias, IV, 196.
Pomponio Mela: De Chorographia, III, 9.
Plinio el Viejo: Historia Natural, libro V.
Las versiones castellanas ofrecidas en esta entrada han sido realizadas a partir de los textos portugueses reproducidos en el ejemplar consultado. No constituyen traducciones directas de los originales griegos y latinos.
GREC, «África en los autores clásicos: Heródoto, Pomponio Mela y Plinio el Viejo», CalandaGREC, 2026.
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