Dentro de una casa morisca
Habitaciones pequeñas, alacenas abiertas en los muros, colchones y almohadas sobre el suelo, alfombras, tarimas y pocos muebles. Las fuentes documentales permiten aproximarnos a una forma de habitar distinta de la cristiana y ofrecen nuevas claves para investigar los hogares moriscos de Calanda.
La vida cotidiana detrás de las paredes
La documentación sobre los moriscos suele hablarnos de conversiones, procesos inquisitoriales, conflictos y expulsiones. Mucho menos sabemos de un aspecto aparentemente más sencillo: cómo era vivir cada día dentro de una casa morisca.
El estudio de Luis Ramón-Laca Menéndez de Luarca, El hogar morisco, aborda precisamente esta cuestión mediante el análisis conjunto de viviendas conservadas, representaciones históricas, testimonios literarios e inventarios de bienes. Su documentación procede fundamentalmente del ámbito granadino, pero permite identificar determinadas formas de organizar el espacio y de utilizar el mobiliario que diferenciaban los hábitos domésticos musulmanes y cristianos.
No debemos imaginar, por tanto, la casa morisca como una vivienda cristiana de los siglos XVI y XVII simplemente ocupada por una familia de origen musulmán. La forma de sentarse, dormir, comer, guardar los objetos y utilizar las habitaciones podía responder a tradiciones culturales diferentes.
Una casa pequeña, pero intensamente utilizada
Las casas nazaríes y moriscas conservadas en Granada presentan con frecuencia habitaciones alargadas, cuya longitud podía alcanzar aproximadamente tres veces su anchura. La puerta solía situarse en el centro de uno de los lados mayores y, en los extremos, podían existir pequeños espacios o cubículos.
Las viviendas descritas por viajeros del siglo XVI llamaban la atención precisamente por su reducido tamaño. Jerónimo Münzer y Andrea Navagero destacaron la estrechez de muchas casas musulmanas granadinas. Sin embargo, esa aparente falta de espacio debe relacionarse también con una manera diferente de utilizar las habitaciones.
Un elemento significativo eran las tacas o pequeñas alacenas situadas en el espesor del muro. La propia arquitectura contribuía así a reducir la necesidad de muebles independientes.
Sentarse y dormir cerca del suelo
Una de las diferencias más visibles entre los hábitos domésticos moriscos y cristianos se encontraba en la posición del cuerpo dentro de la casa. Diversas fuentes cristianas criticaban expresamente a los moriscos por sentarse en el suelo o en cuclillas y por no utilizar mesas y sillas de la manera considerada habitual entre los cristianos.
Las habitaciones podían cubrirse con esteras, alfombras y textiles sobre los que se disponían almohadas. Para dormir se extendían colchones o almadraques, que podían retirarse o reorganizarse durante el día. La ausencia de una cama fija hacía posible que una misma estancia cambiase de función.
Estas costumbres no permanecieron aisladas. Algunos elementos del modo de habitar musulmán fueron adoptados por las élites cristianas. Alfombras, almohadas y estrados continuaron utilizándose durante los siglos XVI y XVII, incluso en ambientes cortesanos.
El ajuar: muchos textiles, pocos muebles
Los inventarios de bienes proporcionan una de las imágenes más reveladoras del interior doméstico. Ramón-Laca compara, entre otros documentos, la dote de la morisca Isabel Albololí, fechada en 1568, con la de Inés de León, de 1588.
| Hogar morisco: Isabel Albololí, 1568 | Inventario de Inés de León, 1588 |
|---|---|
| Cortinas y numerosos paños | Dos bancos de cama y cinco tablas |
| Almalafas y colchas moriscas | Mesa torneada con banco |
| Dos alfombras | Velador torneado |
| Cinco colchones | Silla de cuero |
| Dos matrahes | Arca de madera |
| Numerosas almohadas, incluidas almohadas de suelo | Brasero de cobre y candil |
El contraste es notable. La dote morisca contiene una extraordinaria cantidad de ropa doméstica: telas, colchas, colchones, alfombras y decenas de almohadas. En cambio, prácticamente no aparecen los muebles que reconocemos como característicos de un interior cristiano.
Esto no debe interpretarse automáticamente como pobreza. En el ejemplo estudiado se trata precisamente del ajuar de una mujer morisca acomodada. La diferencia refleja, sobre todo, otra manera de organizar el espacio doméstico y otra cultura material.
Comer juntos alrededor de un plato
Las diferencias alcanzaban también a la alimentación y a la forma de compartir la comida. Algunos testimonios inquisitoriales y polémicos describen a grupos moriscos sentados alrededor de una batea o recipiente común, tomando el alimento con la mano.
Una fuente menciona concretamente a una familia y otras personas moriscas que se sentaron en cuclillas alrededor de una batea de alcuzcuz y comieron directamente de ella. Las autoridades podían interpretar estas prácticas cotidianas como signos de conservación de la antigua religión.
Conviene, sin embargo, leer estas descripciones con cautela. Muchas proceden de autores hostiles a los moriscos y utilizan un lenguaje deliberadamente despectivo. El propio estudio advierte del carácter propagandístico de parte de esta literatura.
La casa como espacio de identidad
Tras la conversión, la identidad morisca no se manifestó únicamente en grandes ceremonias religiosas. También podía mantenerse en pequeños comportamientos cotidianos: la comida, la indumentaria, el uso del árabe, la manera de sentarse o la disposición del hogar.
La casa se convertía de este modo en un espacio especialmente importante. Dentro de ella podían sobrevivir hábitos difíciles de controlar desde el exterior. Precisamente por ello los testimonios cristianos prestaron tanta atención a determinados comportamientos domésticos.
El hogar permite así observar la historia morisca desde otra perspectiva: no solamente la de las instituciones que perseguían sus prácticas, sino la de las familias que continuaban viviendo, comiendo, durmiendo y relacionándose dentro de sus propias casas.
¿Y las casas moriscas de Calanda?
La comparación es, sin embargo, extraordinariamente útil. Calanda mantuvo hasta 1610 una importante comunidad morisca y conserva documentación notarial que permite aproximarse a su estructura familiar, propiedades, actividades económicas y patrimonio.
El estudio del hogar abre una nueva línea de investigación: buscar sistemáticamente en los protocolos calandinos los objetos que componían las viviendas. Inventarios post mortem, cartas matrimoniales, ventas, obligaciones, particiones de bienes y documentos relacionados con la expulsión pueden conservar vocabulario que hasta ahora haya pasado inadvertido.
Qué deberíamos buscar en los documentos de Calanda
Una propuesta de investigación para CalandaGREC
Los protocolos notariales de Calanda y Foz-Calanda pueden analizarse no solo como fuentes de nombres, propiedades y operaciones económicas, sino también como una auténtica arqueología documental de la vida cotidiana.
Sería especialmente útil crear una base de datos de objetos domésticos mencionados entre finales del siglo XVI y 1610. Cada registro podría incorporar fecha, propietario, condición morisca o cristiana cuando sea documentalmente conocida, tipo de documento, estancia de la vivienda, objeto, material, cantidad y valoración.
La comparación entre hogares moriscos y cristianos de la propia Calanda permitiría comprobar si las diferencias descritas para Granada también pueden observarse en el Bajo Aragón. Solo entonces sería posible hablar con fundamento de una cultura doméstica específicamente morisca en Calanda.
Una casa que podía cambiar a lo largo del día
La principal aportación del estudio es obligarnos a abandonar nuestra idea contemporánea de habitación especializada. Una estancia con pocos muebles fijos podía transformarse con rapidez. Las alfombras y almohadas creaban un lugar de reunión; los textiles podían acondicionarlo para comer; los colchones extendidos sobre el suelo lo convertían después en dormitorio.
La aparente sencillez material era, por tanto, compatible con una considerable riqueza textil y con una utilización flexible del espacio. Esa lógica doméstica ayuda a comprender por qué algunas viviendas moriscas podían ser pequeñas y, al mismo tiempo, albergar grupos familiares numerosos.
Fuente y criterio de utilización
RAMÓN-LACA MENÉNDEZ DE LUARCA, Luis, «El hogar morisco», Oppidum, n.º 1, Universidad SEK, Segovia, 2005, pp. 121–142.
El artículo estudia los hábitos domésticos de musulmanes y cristianos mediante viviendas conservadas, fuentes históricas e inventarios de bienes, con especial atención a los moriscos del reino de Granada.
Criterio CalandaGREC: los ejemplos de arquitectura, mobiliario y ajuar expuestos en esta entrada proceden del ámbito documental analizado por Ramón-Laca y se utilizan para Calanda como marco comparativo y guía de investigación. No se atribuyen a las viviendas moriscas calandinas características que todavía no estén demostradas por documentación local.