El verano de 1838: Cabrera, Morella y la guerra a las puertas del Bajo Aragón
El Diario de operaciones del Ejército Real de Aragón, Valencia y Murcia permite seguir la ofensiva liberal contra Morella entre julio y agosto de 1838 y documenta el papel estratégico de Alcañiz como base logística de la campaña.
Identificación
| Documento | Diario de operaciones del Ejército Real de Aragón, Valencia y Murcia, sobre la plaza de Morella |
|---|---|
| Cronología | 23 de julio – 31 de agosto de 1838 |
| Autoría | Ramón Cabrera, conde de Morella |
| Tipología | Diario de operaciones militares |
| Ámbito | Maestrazgo, Bajo Aragón y norte valenciano |
| Edición | Oñate, Imprenta Real, 1838 |
| Fecha final | Mora de Ebro, 13 de septiembre de 1838 |
| Transcripción | Luisa López Arias |
Resumen
El diario permite reconstruir casi jornada por jornada la campaña: la concentración de los ejércitos, los combates alrededor de Morella, la llegada de la artillería de sitio, la apertura de una brecha en las murallas, los grandes asaltos de mediados de agosto y, finalmente, la retirada del ejército gubernamental.
Para la historia de Calanda y del Bajo Aragón el documento posee un interés especial. Cabrera afirma expresamente que los principales depósitos de víveres, municiones y artillería del ejército gubernamental se habían establecido en Alcañiz.
Alcañiz, base de la ofensiva contra Morella
El relato comienza cuando Cabrera tiene conocimiento de los preparativos para atacar Morella y Cantavieja. Ante la amenaza, revista sus divisiones, refuerza las plazas y distribuye sus fuerzas para vigilar los movimientos gubernamentales.
El dispositivo liberal se apoyaba en varios centros. Las divisiones de Oráa y Pardiñas se habían reunido en Teruel, mientras las de San Miguel y Mir permanecían en Alcañiz. El propio Cabrera señala que allí se habían establecido los principales depósitos de abastecimiento y material de guerra.
La importancia de esta comunicación explica una de las primeras medidas adoptadas por Cabrera: ordenar la destrucción de la carretera que comunicaba Morella con Alcañiz, intentando dificultar el traslado de la artillería, los convoyes y los suministros necesarios para el sitio.
El documento confirma así la importancia estratégica adquirida por el Bajo Aragón. La retaguardia de la campaña no comenzaba en el Maestrazgo, sino en las poblaciones situadas alrededor de Alcañiz y en las rutas que permitían transportar hombres, animales, municiones, alimentos y artillería hacia Morella.
Cronología de las operaciones
14–17 de agosto: el momento decisivo
La apertura de la brecha
El 14 de agosto la artillería gubernamental concentró su fuego sobre la parte superior de la muralla situada entre la puerta de San Miguel y la Torre Redonda. Los defensores reaccionaron levantando detrás del punto amenazado una segunda línea de defensa.
Se construyeron espaldones con sacos de tierra, fosos, parapetos y obstáculos. La intención era convertir la entrada por la brecha en una trampa: incluso si los asaltantes atravesaban la muralla exterior quedarían encerrados en un espacio reducido sometido a fuego cruzado.
15 de agosto: la brecha practicable
Al amanecer del día 15 comenzó un intenso bombardeo. Cabrera describe un fuego prácticamente continuo de piezas de artillería, morteros y obuses contra el castillo y la población.
A medianoche la brecha era ya practicable. La guarnición reforzó el sector con granaderos, cazadores y tropas armadas incluso con picas y lanzas.
17 de agosto: el asalto general
A las cuatro de la mañana comenzó el ataque decisivo. Según el diario carlista, trece batallones habían sido destinados a atacar simultáneamente la brecha y diferentes puntos del recinto.
Una descarga general de la guarnición frenó el primer avance. Los atacantes volvieron a intentarlo, pero fueron nuevamente contenidos por el fuego procedente de la plaza, del castillo y de las torres.
Los defensores pasaron entonces al contraataque. Varias compañías salieron de la plaza y ocuparon posiciones próximas a las murallas. El diario afirma que se recogieron más de trescientos fusiles, bayonetas, cananas, escalas, herramientas y municiones abandonadas por los atacantes.
El fracaso del asalto determinó la suerte inmediata del sitio. En la madrugada del día 18 Cabrera comprobó que las posiciones de circunvalación estaban siendo abandonadas y que la artillería gubernamental había comenzado a retirarse.
Calanda y la retaguardia del frente
El diario no documenta un combate desarrollado en Calanda durante estas operaciones. Por ello no sería correcto convertir la villa en escenario directo del sitio de Morella únicamente a partir de esta fuente.
Su interés para la historia de Calanda es, sin embargo, considerable. El establecimiento en Alcañiz de los principales depósitos gubernamentales situaba a la comarca en la retaguardia inmediata de la campaña del Maestrazgo.
Desde Alcañiz debían desplazarse hacia el frente convoyes, artillería, municiones, alimentos, caballerías y tropas. La decisión de Cabrera de destruir la carretera entre Morella y Alcañiz demuestra hasta qué punto aquella línea de comunicación era considerada estratégica.
La documentación resulta especialmente útil para comprender la evolución posterior de la guerra. El Bajo Aragón no constituía un territorio periférico respecto al conflicto del Maestrazgo: era uno de los espacios desde los que el ejército gubernamental podía abastecer y organizar sus operaciones contra Cabrera.
Análisis histórico de la fuente
El Diario de operaciones posee un extraordinario valor para reconstruir los movimientos militares, la disposición de las unidades, las comunicaciones, los convoyes y numerosos detalles del sitio de Morella.
Pero su naturaleza obliga a realizar una lectura crítica. No estamos ante un diario neutral ni ante una reconstrucción histórica posterior, sino ante un relato oficial carlista de la campaña, remitido por Cabrera a la Secretaría de Estado y del Despacho de la Guerra.
El vocabulario empleado revela claramente la posición política del documento. El ejército gubernamental es presentado como «enemigo», «revolución», «usurpación revolucionaria» o «ejército de la impiedad», mientras las fuerzas carlistas son descritas como defensoras de la Religión, las Leyes, la legitimidad y los derechos de Carlos V.
Las afirmaciones sobre bajas enemigas, deserciones y resultados militares deben, por ello, contrastarse con documentación gubernamental, partes militares y prensa contemporánea.
El balance de Cabrera
Al concluir el diario, Cabrera reconoce para sus propias fuerzas 230 muertos, 696 heridos, 62 contusos y 8 prisioneros.
Para el ejército gubernamental presenta cifras mucho mayores: afirma que dejó más de 2.000 muertos sobre el terreno y calcula una disminución total de 8.000 hombres sumando muertos, heridos, enfermos, desertores, prisioneros y quienes se habían pasado al campo carlista.
| Muertos carlistas | 230 |
|---|---|
| Heridos | 696 |
| Contusos | 62 |
| Prisioneros | 8 |
| Muertos liberales según Cabrera | Más de 2.000 |
| Baja liberal total atribuida | 8.000 hombres |
Estas últimas cifras forman parte del balance ofrecido por el propio vencedor y no deben confundirse automáticamente con una cuantificación historiográfica de las pérdidas reales.
El significado de Morella
El fracaso de la operación permitió a los carlistas conservar Morella. El episodio tuvo además una enorme importancia propagandística, perceptible en las últimas páginas del propio diario, donde Cabrera convierte la defensa de la plaza en una demostración de la fortaleza de su causa y de la supuesta debilidad de sus adversarios.
Precisamente esta combinación entre información militar y discurso político convierte el documento en una fuente de especial interés: permite estudiar tanto las operaciones de 1838 como la forma en que el carlismo quiso representar y difundir su victoria.
Texto original
A continuación se reproduce la transcripción del documento. Se mantiene separada del comentario histórico para distinguir la voz de la fuente de nuestra reconstrucción de los acontecimientos. El texto puede consultarse desplazándose dentro de la ventana.
Segundo asalto dado a la Plaza de Morella el día 17 de agosto de 1838 por el Ejército de la revolución al mando de Oráa, siendo Gobernador de la Plaza el Coronel D. Ramón O-Callaghan
DIARIO DE OPERACIONES DEL EJÉRCITO REAL DE ARAGÓN, VALENCIA Y MURCIA, SOBRE LA PLAZA DE MORELLA
Desde el 23 de julio hasta el 31 de agosto de este año
Remitido a la Secretaría de Estado y del Despacho de la Guerra por el Excmo. Sr. Conde de Morella, Teniente General de los Reales Ejércitos, Comandante General de los Reinos de Aragón, Valencia y Murcia
OÑATE, IMPRENTA REAL, 1838
Desde el momento que llegó a mi noticia el proyecto, y medidas que tomaba el enemigo para la conquista de las Plazas de Morella y Cantavieja, dediqué toda mi atención a poner uno y otro fuerte en estado de frustrar sus esperanzas, sin perder de vista la combinación de las fuerzas de este Ejército para protegerlos. Al efecto pasé a revistar todas las divisiones, providenciando lo conveniente para ponerlas en disposición de poder obrar al primer aviso.
En seguida me trasladé a las Plazas con igual objeto para su defensa, repitiendo estas diligencias hasta que me aseguré de haber conseguido mi intento.
Por manera, que cuando el enemigo después de haber hecho sus principales depósitos de víveres, municiones y artillería en Alcañiz; reunido las divisiones de Oráa y Pardiñas en Teruel; dejado la de San Miguel y Mir en Alcañiz, y la de Borso con Aspiroz y Ayerve en la parte de Castellón de la Plana, tenía yo colocadas mis tropas en observación de todos estos puntos para cualquier movimiento que aquel hiciese.
Con orden a los Gobernadores de las citadas Plazas, para que de ningún modo admitiesen parlamento, ni por instantes, mandando construir al efecto una bandera negra para enarbolarla así que se avistase el enemigo, y que se procediese desde luego a la destrucción de la carretera, desde Morella hasta Alcañiz.
Día 5
El día 5 por la mañana entró en la Plaza el Jefe de E. M. de Aragón D. Domingo Franco con los batallones que se hallaban en Ortells, en virtud de la orden que la noche anterior le comuniqué al efecto.
Desde luego dispuse que el tercer batallón de Valencia, que guarnecía la Plaza de Morella, pasase con igual objeto a la de Cantavieja, en relevo del 5º de Aragón que debía incorporarse a su respectiva división, y el de Guías quedase en lugar del 3º de Valencia.
Al que, y compañías del 2º de Tortosa, en el acto de revista, invité me manifestasen francamente, tanto los oficiales como la tropa, si se hallaban con suficiente decisión para sufrir la suerte de un sitio, y morir antes en las ruinas de la Plaza, que permitir que el enemigo la ocupase; a lo que contestaron con entusiasmo, estar prontos a sacrificar sus vidas, primero que rendirse, justificando esta resolución con las aclamaciones de viva la Religión y viva el Rey.
Día 6
El día 6, conforme a la orden que por mi ayudante de campo D. Joaquín Andrés Rufo mandé al brigadier Forcadell, desde sus posiciones expidió antes de amanecer a los coroneles graduados D. José Boix y D. Lucas Domenech, con las compañías de preferencia de sus respectivos batallones 1º y 2º de Valencia, para que tomasen la altura inmediata a la ermita de San Pedro Mártir, llamada la Moleta de la Pedrera.
Lo que ejecutaron; pero habiendo el enemigo atacado este punto con cuatro batallones, después de habérseles hecho algunas descargas, fue preciso retirarse a su campamento.
Día 7
El día 7 me ocupé en distribuir las fuerzas para hostilizar las de Oráa y San Miguel, que reunidas se hallaban en la Pobleta con su artillería y convoy, cuando pasasen para su campamento ante Morella, según era su objeto, destinando varias partidas para molestar los trabajos que estaban haciendo en la recomposición del camino.
El resto de la división de Valencia permaneció en el punto del día anterior, verificándolo asimismo la segunda brigada de Valencia en el Cap de Viñet y Cruz de Beneito.
Día 8
El día 8, antes de amanecer, salió Borso con su división desde el campamento frente Morella camino de la Pobleta, y al hacerse de día llegó a Torre de Miró.
En seguida extendió parte de su fuerza hacia el estrecho de Puertas, a la que hicieron fuego los batallones 6º de Aragón y 2º de Mora, que se hallaban en el bosque inmediato a la carretera.
Al propio tiempo, habiendo emprendido la marcha Oráa y San Miguel desde la Pobleta con la artillería que llevaba para el sitio, al llegar su vanguardia al estrecho de Puertas, el tercer batallón de Tortosa rompió el fuego.
A medida que el enemigo iba llegando a este punto se generalizaba la acción. Grandes masas gubernamentales intentaron vencer el paso mientras las tropas carlistas atacaban el convoy y hostilizaban su marcha hacia Morella.
Día 12
El día 12, con el objeto de atraer otra vez los enemigos al combate, dispuse atacar a los del mesón de Beltrán.
Las fuerzas que le guarnecían se hallaban parapetadas en su recinto, y aun con gruesas guerrillas se habían adelantado hacia la Plaza, protegidos por otra casa aspillerada que tenían a su izquierda en aquella dirección.
Con este motivo dispuse introducir en la Plaza una brigada de víveres y municiones, dirigida por mi Ayudante D. Domingo Gombao; lo que se realizó sin contradicción.
Día 14
El día 14 al amanecer rompió el enemigo el fuego de artillería contra la Plaza, principiando a abrir brecha por la parte superior de la muralla, que corre desde la puerta de San Miguel a la Torre Redonda.
Inmediatamente que se advirtió el punto a donde se dirigían sus fuegos para abrir la brecha, se empezó a construir a sus espaldas un grueso espaldón con sacos de tierra, para salvar el segundo recinto de enfrente de ella.
Desde la Torre Redonda hasta la brecha se abrió un foso, y se levantó un parapeto de sacos, defendido por una hilera de caballos de frisa.
Al otro lado se construyó una pared sencilla, a la espalda de la cual se hallaba un parapeto aspillerado de mampostería con un foso; de modo que aun cuando el enemigo hubiese llegado a penetrar por la brecha se hubiera encontrado reducido a un espacio sumamente limitado.
Día 15
El día 15 al amanecer, el enemigo rompió el fuego tan vivo y continuado, que en cada descarga arrojaba cinco o más tiros a la vez, desde dos baterías de este número de piezas en cada una, siendo horroroso el de mortero y obús, pues no cesó en todo el día de haber una o dos bombas y granadas en el aire contra el castillo y su Plaza.
Uno y otro se prolongó hasta media noche, con lo que se hizo completamente practicable la brecha cabiendo más de una mitad de frente.
Al anochecer, habiendo cesado de hacer fuego el castillo, se colocó en él la artillería, de modo que pudiera proteger con su fuego a metralla el rechazo del asalto si se intentaba.
Al propio tiempo se amontonaron en la brecha gran cantidad de combustible, y se reforzó la guarnición de aquel distrito con la compañía de granaderos del 2º de Tortosa y la de cazadores de Guías de Aragón.
Igualmente lo fue el primer distrito con la de Cazadores del 5º de Valencia; el tercer distrito fue reforzado con parte del 7º batallón de Aragón, cuyos individuos fueron armados con picas o lanzas, y parte de los Voluntarios Realistas de Morella; y el cuarto distrito con dos compañías del 5º de Aragón.
Día 16
Sería cerca de la una del 16, que no escarmentado aún el enemigo con el primer rechazo, volvió una y otra vez con furor a la carga; mas fue igualmente repelido.
Durante la jornada continuaron los enfrentamientos en las posiciones exteriores y el fuego de artillería contra el castillo y la Plaza.
Día 17
A las cuatro de la mañana del día 17, el enemigo emprendió con ímpetu y simultáneamente su ataque, tanto en la brecha como en todo el recinto de la Plaza, pues tenía trece batallones destinados para ello; pero una descarga casi general de la guarnición le contuvo, causando horribles claros en sus filas.
Rehecho y vuelto en sí de su primer estupor, trató de renovar con nuevo furor el asalto; pero el mortífero fuego de la Plaza, y el ver los rebeldes caer sus mejores soldados, los hizo enfriar su primer ardor, retrocediendo hasta detrás de los escarpados que forma el terreno inmediato a la muralla, de donde hacía un vivísimo, aunque infructuoso fuego contra la Plaza.
Largo intervalo permaneció así sin adelantar un solo palmo de terreno, pues cuantos osaban avanzar eran víctimas de su temeridad, causándoles bastante daño con la metralla y proyectiles huecos que se les arrojaban del castillo y torre de la Plaza.
Sin embargo, estimulados algunos de estos miserables, engañados de las promesas que se les habían hecho, se atrevieron a hacer un esfuerzo, que hubiera sido terrible a ser más duradero, pues por varias partes, especialmente por la brecha, acometieron con indecible audacia.
Desde este instante se notó gran desorden entre sus filas, y que muchos principiaban a huir.
Los que defendían la brecha pidieron con respeto se apagase la hoguera que ardía en ella, dejando aproximar al enemigo para poder medir sus armas con él, cuyo ardor fue halagado con la promesa de que luego se haría una salida.
La salida se verificó con varias compañías. Los defensores ocuparon las alturas próximas a la Plaza y avanzaron hacia los arcos de Santa Lucía.
Según el relato, los hombres que salieron sobre el campamento abandonado se apoderaron de más de trescientos fusiles, bayonetas, cananas, cornetas, cajas de guerra, escalas, sacos de tierra, garfios, picos, hachas y municiones.
Al anochecer hice introducir por el ayudante D. Domingo Gombao, con algunas compañías al mando del coronel D. Martín Gracia, un convoy de víveres de todas clases en la Plaza.
Día 18
En la madrugada del día 18 me hallé con la novedad de haber sido desamparados los puntos con que el enemigo tenía circunvalada la Plaza, y con la noticia de que había retirado su artillería de las baterías.
Con este motivo me trasladé inmediatamente a la Plaza, en la cual municioné en seguida al ejército, y tanto por este como por algunas fuerzas de la guarnición, se adelantó hacia los puntos avanzados que había abandonado el enemigo.
Los contrarios fueron desalojados de varias posiciones y perseguidos hasta las alturas de San Marcos. En los lugares abandonados se encontraron varios carruajes, tablones de batería y otros efectos.
Días 20–22
El día 20 las fuerzas de Cabrera iniciaron nuevos movimientos hacia Benassal. El día 21 continuaron hacia l'Alcora y el 22 se desarrollaron operaciones en dirección a la huerta de Castellón.
Día 29
El día 29 emprendí la marcha con todas las fuerzas en dirección a Alcublas.
En las proximidades de Liria se produjo un nuevo enfrentamiento con las fuerzas de Valdés, continuando posteriormente la marcha hasta Alcublas, donde se pernoctó.
Día 30
El día 30 continuando mi marcha llegué a Jérica al mediodía, donde me detuve hasta haber pasado toda la brigada y fuerzas hacia Caudiel.
Pasé a pernoctar a Matet, habiendo quedado el 6º batallón de Valencia observando a Oráa, que campó aquella noche a las inmediaciones de Vivel; la restante división de Valencia en Caudiel, y la segunda brigada de Tortosa en Gaibiel.
Día 31
El día 31 emprendí mi marcha para Onda, a donde llegué entre diez y once de la mañana, en cuyo punto reuní todas las fuerzas; y habiéndose concluido la expedición que me había propuesto, di las órdenes convenientes a los jefes de las divisiones para las operaciones ulteriores.
Aquí me ha parecido fijar la conclusión de este Diario de la frustrada empresa de la revolución para la toma de la Plaza de Morella, pues tanto el enemigo como este Ejército, han vuelto al terreno que antes de aquella ocupaban.
Grandes han sido los sacrificios, medios y esfuerzos que la usurpación revolucionaria ha empleado para una conquista que formaba el último resto de sus esperanzas en España y en el extranjero; pero los resultados no han podido ser más decisivos.
El único fruto que en estos días de continuos choques ha podido recoger el enemigo es el haber inutilizado por el pronto algunos edificios de la población, incendiando las casas Masías que les dieron abrigo, aniquilar una parte de la cosecha del labrador pacífico, la destrucción de un pedazo de lienzo de la muralla y de algunas obras exteriores del castillo, causarnos 230 muertos, 696 heridos, 62 contusos y 8 prisioneros.
Pero todo esto a costa de haber dejado en el campo más de 2000 muertos; de tener entre heridos, pasados, desertores, enfermos y prisioneros una baja de 8000 plazas.
Así lo he esperado siempre al considerar la infamia y corrupción del enemigo, que se apoya en la impiedad y el crimen, al contar para combatirles con españoles dignos de este glorioso nombre, con los voluntarios de la lealtad, fieles a la Religión y a las Leyes, que han hecho la felicidad de sus mayores, y decididos a sacrificar su existencia por sostener los derechos de nuestro amado Soberano el Señor DON CARLOS V.
Cuartel general de Mora de Ebro
13 de Setiembre de 1838
Ramón Cabrera
Transcripción realizada por Luisa López Arias.
Fuente documental
Remitido a la Secretaría de Estado y del Despacho de la Guerra por el Excmo. Sr. Conde de Morella, Teniente General de los Reales Ejércitos y Comandante General de los Reinos de Aragón, Valencia y Murcia.
Oñate, Imprenta Real, 1838.
El relato concluye en el Cuartel General de Mora de Ebro, 13 de septiembre de 1838, con la firma de Ramón Cabrera.
Transcripción del ejemplar consultado: Luisa López Arias.