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Historia de Calanda · Edad Moderna

El camino del exilio

Los moriscos aragoneses atravesando Francia después de la expulsión de 1610
Aragón · Languedoc · 1610
En el verano de 1610 miles de hombres, mujeres y niños abandonaron definitivamente las localidades aragonesas en las que sus familias habían vivido durante generaciones. La expulsión de los moriscos no terminó, sin embargo, en las fronteras del reino. Para muchos comenzó entonces una segunda parte del destierro: atravesar los Pirineos, recorrer el sur de Francia y encontrar un barco que los condujera hacia el norte de África.

La expulsión de los moriscos aragoneses

La expulsión general de los moriscos de la Monarquía Hispánica se desarrolló entre 1609 y 1612. Los primeros en abandonar España fueron los valencianos. Después siguieron las comunidades de Andalucía, Murcia y Castilla.

Los moriscos del reino de Aragón quedaron para una fase posterior. El edicto que ordenaba su expulsión fue publicado el 29 de mayo de 1610. Louis Cardaillac calcula que alrededor de 60.000 moriscos aragoneses tuvieron que abandonar el reino.

Una parte de ellos fue conducida hacia los puertos mediterráneos españoles, mientras que otros grupos emprendieron el camino hacia los pasos pirenaicos con la intención de atravesar Francia y embarcar posteriormente hacia tierras musulmanas.

60.000 moriscos expulsados aproximadamente de Aragón
22.500 aragoneses atravesaron los Pirineos
12.500 cruzaron por el Somport

La travesía de los Pirineos

Durante el verano de 1610 las autoridades francesas comenzaron a recibir noticias de que decenas de miles de moriscos aragoneses pretendían cruzar la frontera. Según la documentación estudiada por Cardaillac, en un primer momento se hablaba de unos 30.000 refugiados dispuestos a atravesar los Pirineos antes de que terminara la buena estación.

Las autoridades francesas intentaron limitar su entrada. La regente María de Médicis ordenó el 7 de julio que no se permitiera pasar a ninguno. La medida resultó difícil de aplicar.

Los expulsados estaban decididos a continuar. El gobernador del Béarn, el duque de La Force, reconoció que resultaba prácticamente imposible detenerlos porque se internaban por las montañas evitando los controles.

«Se arrojan como personas desesperadas a través de las montañas». Correspondencia del duque de La Force, 6 de agosto de 1610, citada por Louis Cardaillac.

Ese mismo 6 de agosto, La Force informaba de que alrededor de 7.000 moriscos se encontraban ya en lo alto de las montañas, decididos a atravesarlas. Ante la imposibilidad de hacerlos regresar, consideró preferible permitirles el paso de manera organizada.

Cardaillac calcula que unos 10.000 aragoneses entraron en Francia durante agosto utilizando los pasos de Vera y Roncesvalles. Entre agosto y septiembre otros 12.500 atravesaron el Somport.

En conjunto, alrededor de 22.500 moriscos procedentes de Aragón habrían cruzado los Pirineos por estas rutas.

El camino hacia el Mediterráneo
Aragón Somport / Vera / Roncesvalles Sur de Francia Languedoc Agde Mediterráneo Norte de África

Una frontera que Francia intentó cerrar

La actitud francesa hacia los moriscos fue contradictoria. En febrero de 1610 Enrique IV había dispuesto que se actuara con humanidad hacia los expulsados.

Aquellos que quisieran permanecer en Francia debían profesar la religión católica y establecerse lejos de la frontera española. Los que no quisieran hacerlo podrían atravesar el sur del reino y dirigirse hacia los puertos mediterráneos, desde donde podrían embarcar hacia Berbería u otros territorios del Imperio otomano.

Los gastos del viaje debían ser sufragados por los propios moriscos, aunque las autoridades francesas debían garantizar teóricamente su seguridad durante el recorrido.

La llegada de miles de personas cambió rápidamente esta política. El 25 de abril de 1610, Enrique IV ordenó restringir la entrada. Las autoridades temían que las poblaciones del sur de Francia no pudieran proporcionar alimento y alojamiento a semejante número de desplazados.

Agde, puerto del exilio

Para muchos de los expulsados, el destino de la travesía francesa fue Agde, entonces uno de los principales puertos del Languedoc.

Su situación ofrecía varias ventajas. Se encontraba protegido por el fuerte de Brescou y disponía de una infraestructura portuaria capaz de concentrar embarcaciones procedentes de diversos puntos del Mediterráneo francés.

Durante 1610 el tranquilo puerto experimentó una actividad extraordinaria. En el momento de la llegada de los moriscos aragoneses, Cardaillac señala que más de cien barcos esperaban en el puerto. Procedían de Agde, Marsella, Martigues, Arlés y otros lugares del Languedoc y de Provenza.

Organizar un éxodo

La concentración de miles de personas obligó a establecer una auténtica organización administrativa para controlar el tránsito y los embarques.

El principal responsable fue el preboste general del Languedoc, d'Augier. A su lado actuaron diversos vecinos de Agde encargados de localizar barcos y gestionar el dinero aportado por los expulsados.

La Corona francesa envió también al consejero de Estado d'Aymar para supervisar las operaciones y acelerar la salida de los moriscos que se acumulaban en Agde y Marsella.

El precio del transporte marítimo llegó a regularse. Inicialmente se fijó en catorce libras por pasaje, estableciéndose condiciones especiales para mujeres y niños. Las ropas y otros bienes personales debían transportarse sin coste adicional.

Más de 50.000 personas atravesaron Francia

Cardaillac revisó las cifras exageradas transmitidas por algunas crónicas antiguas. Frente a estimaciones que llegaron a hablar de más de 150.000 personas, su reconstrucción documental sitúa en algo más de 50.000 los moriscos que atravesaron los Pirineos durante el proceso de expulsión.

De ellos aproximadamente 22.500 eran aragoneses, 17.000 procedían de las comunidades granadinas dispersadas por Castilla y cerca de 11.500 eran castellanos.

No todos llegaron a Agde. Algunos embarcaron en los puertos atlánticos hacia Marruecos y otros consiguieron permanecer en Francia. Cardaillac considera que el número de personas que pudieron dirigirse finalmente hacia Agde no superaría aproximadamente las 40.000-45.000.

Calanda · 1610

¿Y los moriscos de Calanda?

La documentación estudiada por Cardaillac no permite identificar individualmente a los moriscos procedentes de Calanda ni establecer qué ruta concreta siguieron después de abandonar la localidad. Por ello no puede afirmarse que los expulsados calandinos atravesaran Francia o embarcaran en Agde.

El estudio permite, sin embargo, reconstruir el contexto general en el que se produjo el éxodo de las comunidades moriscas aragonesas. Los habitantes moriscos de Calanda formaron parte de aquel movimiento general de población provocado por el decreto de 1610, pero su itinerario posterior debe establecerse mediante la documentación específica conservada sobre la localidad.

Los protocolos notariales calandinos de julio de 1610 conservan precisamente las huellas de aquellos últimos días: poderes, inventarios, transmisión de bienes y actuaciones relacionadas con la inminente desaparición de una comunidad que hasta entonces había constituido una parte fundamental de la población de Calanda.

El trabajo de Cardaillac permite contemplar lo ocurrido desde otra perspectiva. La expulsión no fue únicamente el momento en que los moriscos abandonaron sus casas. Fue el comienzo de un desplazamiento de cientos de kilómetros cuyo destino final, para muchos de ellos, se encontraba al otro lado del Mediterráneo.

De vecinos a exiliados

Durante generaciones los moriscos habían formado parte de las sociedades rurales y urbanas de Aragón. En apenas unos meses de 1610 dejaron de ser vecinos de sus localidades para convertirse en una población desplazada que recorría caminos, puertos y fronteras.

Las cifras reconstruidas por Louis Cardaillac permiten percibir la magnitud material del acontecimiento: miles de personas atravesando simultáneamente los pasos pirenaicos, largas caravanas recorriendo el sur de Francia y decenas de barcos concentrados en Agde para transportarlas hacia el Mediterráneo.

Detrás de esas cifras existieron familias concretas. También las que durante generaciones habían vivido en lugares como Calanda y Foz-Calanda. La documentación local permite observar el comienzo del drama; la documentación francesa estudiada por Cardaillac muestra una de las posibles continuaciones de aquel camino.

El testimonio de las fuentes francesas

La documentación reunida por Louis Cardaillac muestra que durante el verano de 1610 las autoridades francesas siguieron con preocupación la llegada de los moriscos aragoneses.

El 6 de agosto, el duque de La Force comunicaba que unos 7.000 moriscos se encontraban en las montañas decididos a atravesar la frontera. Reconocía que resultaba extremadamente difícil impedirlo porque se internaban por los pasos montañosos como personas desesperadas.

Durante agosto unos 10.000 aragoneses entraron en Francia por Vera y Roncesvalles. Entre agosto y septiembre otros 12.500 lo hicieron por el Somport.

El tránsito continuó después hacia el Languedoc. En Agde se organizó el embarque mediante una compleja operación en la que intervinieron funcionarios reales, autoridades municipales, comerciantes y patrones de embarcaciones.

Cuando llegaron los contingentes aragoneses, más de un centenar de barcos podían encontrarse reunidos en el puerto esperando pasajeros.

Fuente:
CARDAILLAC, Louis, «Le passage des Morisques en Languedoc», Annales du Midi : revue archéologique, historique et philologique de la France méridionale, t. 83, nº 103, 1971, pp. 259-298.

El estudio se basa, entre otras fuentes, en documentación procedente de los archivos municipales de Narbona, Agde, Montpellier y Lunel; archivos departamentales de Haute-Garonne y Hérault; Archives Nationales de Francia y documentación del Ministerio francés de Asuntos Exteriores.

Nota histórica: Las cifras utilizadas corresponden a la reconstrucción realizada por Louis Cardaillac. El artículo no identifica específicamente el itinerario seguido por los moriscos expulsados de Calanda.

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