Las villae romanas en Aragón: paisaje, producción y patrimonio
Una lectura del estado de la cuestión sobre las villas romanas aragonesas: qué eran, cómo se organizaban, dónde se localizaban y por qué la investigación de su pars rustica y fructuaria resulta esencial para comprender el territorio rural romano.
¿Qué era realmente una villa romana? La respuesta es más compleja de lo que sugiere la imagen tradicional de una gran residencia campestre. El estudio de Celia Corbatón Martínez insiste en el carácter polisémico del término y en la necesidad de interpretar las villas como parte de un paisaje rural en el que residencia, producción agraria, transformación de materias primas y redes de comunicación formaban un mismo sistema.
La autora combina las fuentes agronómicas clásicas, la evidencia arqueológica y la historia de la investigación en Aragón para analizar las diferentes formas que adoptaron estos establecimientos, su distribución en el Valle Medio del Ebro y los problemas actuales de investigación, conservación y difusión.
¿Qué es una villa romana?
El artículo parte de una dificultad fundamental: el término villa engloba realidades muy diversas. No todas eran residencias aisladas de recreo, ni todo edificio rural de cierta entidad arquitectónica puede considerarse automáticamente una villa.
Las fuentes clásicas ofrecen diferentes aproximaciones. Catón insiste en que el objetivo principal del fundus es la explotación de los recursos agrarios y ganaderos. Varrón distingue entre explotaciones rurales sencillas y residencias dotadas de mayor lujo. Vitruvio presta especial atención a la orientación de los edificios y a su adaptación climática. Columela desarrolla una división tripartita especialmente útil para la arqueología.
El artículo subraya que las investigaciones arqueológicas han confirmado esta dualidad —o, en términos funcionales, tripartición—, pero también muestran que el paisaje rural romano incluía otros tipos de asentamientos: vici, pagi, mansiones, cauponae, stabula, tabernae o castella.
Villa, territorio y paisaje
En el Valle Medio del Ebro, las villas se relacionan de manera estrecha con los terrenos fértiles y los cursos de agua. El estudio recoge como patrón dominante su emplazamiento entre aproximadamente 200 y 500 metros de altitud, en posiciones favorables respecto al entorno y próximas a vías de comunicación.
Esta proximidad a las rutas permitía comercializar la producción y obtener los bienes que la explotación no producía por sí misma. Al mismo tiempo, la residencia debía conservar cierta separación respecto al tránsito principal. Los autores antiguos expresaban esta preocupación mediante la búsqueda de loci saluberrimi: lugares con buena tierra, agua y condiciones ambientales favorables.
Cómo fueron descubiertas las villas aragonesas
El estudio reconstruye la historia de los hallazgos y muestra que la imagen arqueológica que poseemos no depende únicamente de la realidad antigua: también está condicionada por la mecanización agrícola, los regadíos, las carreteras, las roturaciones y la intensidad de la investigación moderna.
Entre 1978 y 2000 se concentra, por tanto, el mayor número de hallazgos recogidos por la autora: treinta villas, trece en Huesca, catorce en Zaragoza y tres en Teruel.
Teruel: menos hallazgos no significa menor romanización rural
Uno de los argumentos más sugerentes del trabajo afecta directamente a la provincia de Teruel. La menor cantidad de villas conocidas no tiene por qué significar que existiera una ocupación rural romana menos intensa.
La autora señala que Huesca y Zaragoza han conocido una mayor intensidad de transformaciones agrícolas, regadíos, carreteras y trabajos arqueológicos, factores que favorecieron los descubrimientos fortuitos. En Teruel, en cambio, la menor intensidad de estas intervenciones y el menor interés investigador por el medio rural romano pueden haber producido un importante sesgo en el registro conocido.
La ausencia de hallazgos no equivale necesariamente a ausencia de ocupación.
El ejemplo fundamental es La Loma del Regadío, en Urrea de Gaén, que demuestra la capacidad económica y la complejidad de las grandes explotaciones rurales romanas del territorio turolense.
La Loma del Regadío: producir vino y aceite
La Loma del Regadío ocupa un lugar central en el estudio. Está situada junto al río Martín, a unos 2,1 km de Urrea de Gaén. El yacimiento presenta una primera ocupación en torno al siglo I d. C. y una profunda remodelación entre finales del siglo III e inicios del IV, cuando se convirtió en un importante complejo productivo oleícola y vitivinícola. Su ocupación alcanzó los inicios del siglo V.
Las excavaciones modernas permitieron documentar un amplio peristilo y, especialmente, un torcularium o complejo de prensado. Este último constituye uno de los mejores argumentos para superar una lectura de las villas centrada únicamente en mosaicos y espacios residenciales.
Tres referentes para comprender las villae aragonesas
Investigar, conservar y explicar
El artículo dedica una parte importante a la musealización. Según el estado de la cuestión que recoge, Villa Fortunatus, La Loma del Regadío y La Malena constituyen los principales casos aragoneses de puesta en valor o proyectos orientados a ella.
La autora insiste en que la conservación no puede separarse de la difusión. Las reconstrucciones virtuales, paneles interactivos, aplicaciones móviles y recursos de realidad aumentada pueden facilitar que el visitante comprenda espacios arqueológicos cuyo funcionamiento original resulta difícil de visualizar a partir de los restos conservados.
Pero la tecnología no sustituye a la conservación material. La falta de financiación y la necesidad de implicar a la población local aparecen como problemas centrales en la protección del patrimonio.
Un cambio de mirada sobre el mundo rural romano
El balance final del artículo es claro: quedan numerosos problemas por resolver en el Valle Medio del Ebro y faltan excavaciones sistemáticas que permitan distinguir verdaderas villas de otros asentamientos rurales.
También existe un desequilibrio historiográfico. Durante mucho tiempo se privilegiaron las zonas residenciales, los mosaicos y los elementos más espectaculares de la pars urbana, mientras la pars rustica y la pars fructuaria recibían menor atención.
Sin embargo, es precisamente en los espacios productivos donde podemos reconstruir de manera más completa el funcionamiento económico de la villa: qué se cultivaba, cómo se transformaban los productos, qué capacidad de almacenamiento existía y cómo se articulaba la explotación con las vías, los mercados y el territorio.
Fuente del estudio
Esta entrada sintetiza el trabajo de Celia Corbatón Martínez, «Las villae en Aragón: un estado de la cuestión», incluido en Dýnamis hermeneutiké. Visiones interdisciplinares del pasado, coordinado por Gabriel Sanz Casasnovas, Eduardo A. Gallego Cebollada, Francisco Ballesta Alcega y Rubén Escorihuela Martínez.
Bibliografía seleccionada
Corbatón Martínez, Celia. «Las villae en Aragón: un estado de la cuestión».
Azuara Galve, S.; Villalgordo Ros, C.; Pérez Arantegui, J. «El complejo de prensado de la villa romana de La Loma del Regadío (Urrea de Gaén, Teruel)».
Fernández Castro, M. C. Villas romanas en España.
Gorges, J. G. Les villas hispano-romaines. Inventaire et problématique archéologique.
Royo Guillén, J. I. Estudios sobre La Malena (Azuara).
Cómo citar
GREC – Grupo de Estudios Calandinos, «Las villae romanas en Aragón: paisaje, producción y patrimonio», CalandaGREC, 2026.