La Peste Negra de 1348
Origen, expansión y consecuencias de la mayor crisis epidémica de la Europa medieval. Una síntesis basada en el consenso de la historia, la arqueología, la epidemiología y la paleogenómica, con atención especial a la Corona de Aragón y al Bajo Aragón.
Una catástrofe histórica explicada por varias ciencias
Entre 1346 y 1353 una epidemia de peste recorrió extensas regiones de Eurasia, el norte de África y Europa. En el ámbito europeo, su fase más destructiva se concentró entre 1347 y 1352. La denominación «Peste Negra», hoy universal, se popularizó mucho después de los acontecimientos; los contemporáneos hablaron de mortandad, pestilencia, epidemia o «gran muerte».
El consenso científico actual identifica sin ambigüedad al agente causal: la bacteria Yersinia pestis. Esta conclusión, discutida durante parte del siglo XX, quedó reforzada desde 2010-2011 mediante la detección y reconstrucción de ADN antiguo procedente de personas enterradas en cementerios de la epidemia. La paleogenómica ha permitido reconstruir el parentesco entre cepas antiguas y modernas y situar el origen inmediato de la gran diversificación bacteriana asociada a la segunda pandemia en Asia central.
El agente causal
La Peste Negra fue causada por Yersinia pestis, demostrada mediante ADN antiguo y análisis proteómicos.
El foco inmediato
Una epidemia documentada en 1338-1339 cerca del lago Issyk-Kul está vinculada a la cepa ancestral de la gran expansión.
La transmisión concreta
La importancia relativa de ratas, pulgas de roedores, ectoparásitos humanos y transmisión respiratoria pudo variar según el lugar.
El origen: Asia central y la revolución paleogenómica
Durante décadas se propusieron orígenes muy diversos: China, la estepa euroasiática, el Cáucaso, la región del mar Caspio o Asia central. La investigación dio un salto decisivo cuando el análisis de restos humanos procedentes de los cementerios de Kara-Djigach y Burana, en el actual Kirguistán, identificó Y. pestis en individuos fallecidos durante una «pestilencia» de 1338-1339.
Los genomas recuperados se sitúan muy cerca del punto de partida de una gran diversificación del árbol evolutivo de la bacteria, a veces denominada Big Bang filogenético. Esto no significa que toda la historia anterior de la peste comenzara allí, ni que se haya reconstruido cada etapa de su viaje. Significa que la evidencia disponible vincula aquella región y aquella epidemia con la rama bacteriana que poco después se expandió por Eurasia occidental.
La enfermedad era una zoonosis: circulaba en comunidades de roedores y sus parásitos antes de alcanzar a las poblaciones humanas. Las transformaciones ecológicas, los movimientos de animales, las redes de intercambio y la movilidad política y militar del mundo mongol contribuyeron a conectar focos anteriormente separados. Las rutas de la seda no fueron simples líneas en un mapa, sino redes complejas de mercados, caravanas, puertos, graneros, ejércitos y migraciones.
¿Nació la peste en 1338?
No. Yersinia pestis tiene una historia evolutiva de milenios y causó pandemias anteriores, entre ellas la llamada peste de Justiniano, iniciada en el siglo VI. El hallazgo de Issyk-Kul identifica el foco conocido más próximo al nacimiento de la rama responsable de la segunda pandemia, no el origen remoto de la bacteria.
De la estepa al Mediterráneo
La expansión hacia el oeste estuvo relacionada con la intensa circulación de personas, mercancías y animales dentro del espacio euroasiático. Hacia 1346 la peste se encontraba en la región del mar Negro y afectó a los territorios próximos a Caffa —la actual Feodosia, en Crimea—, importante enclave comercial genovés. Desde allí alcanzó Constantinopla y los puertos del Mediterráneo durante 1347.
Las naves transportaban tripulantes, pasajeros, cereales, tejidos, animales y parásitos. Sin embargo, no debe imaginarse una única «ruta del barco infectado». La propagación combinó navegación, redes fluviales, caminos terrestres y circulación regional. Una vez introducida en un puerto, la enfermedad podía avanzar hacia el interior a través de mercados, transportistas y desplazamientos cotidianos.
Issyk-Kul
Pestilencia documentada y confirmada mediante ADN antiguo en Asia central.
Mar Negro
La peste afecta a la región de Crimea y a las redes comerciales vinculadas a Caffa.
Constantinopla y Mediterráneo
La epidemia alcanza puertos bizantinos, italianos y mediterráneos.
Corona de Aragón
La mortandad se extiende por Mallorca, Cataluña, Valencia y Aragón.
Europa septentrional y oriental
La pandemia alcanza las islas Británicas, Escandinavia y amplias zonas del continente.
Caffa y la supuesta guerra biológica
Una narración posterior atribuyó a los sitiadores mongoles el lanzamiento de cadáveres infectados sobre las murallas de Caffa. El episodio procede esencialmente del relato de Gabriele de Mussis, quien no fue testigo presencial. Aunque lanzar cadáveres era técnicamente posible, no existe base suficiente para considerar aquella acción la causa demostrada de la llegada de la peste al Mediterráneo. Los estudios recientes conceden mayor importancia a la reanudación del comercio y al transporte de grano, personas y vectores tras el conflicto.
¿Cómo se transmitía?
La peste es una enfermedad compleja que puede adoptar varias formas clínicas. La bubónica suele manifestarse mediante fiebre, debilidad y ganglios inflamados —los bubones—. La septicémica afecta directamente a la sangre y puede evolucionar con enorme rapidez. La neumónica compromete los pulmones y, en determinadas condiciones, puede transmitirse entre personas mediante gotas respiratorias.
| Forma | Vía principal | Manifestaciones | Observación histórica |
|---|---|---|---|
| Bubónica | Picadura de pulgas infectadas | Fiebre y bubones | Es la imagen clínica más característica descrita en numerosas epidemias. |
| Septicémica | Diseminación bacteriana en sangre | Hemorragias, choque y muerte rápida | Puede no producir bubones visibles y es difícil de identificar en las fuentes. |
| Neumónica | Inhalación de gotas respiratorias | Tos, fiebre y afectación pulmonar | Permite transmisión directa, especialmente en contactos estrechos. |
El modelo clásico concedió el protagonismo al ratón o rata negra (Rattus rattus) y a su pulga. Este mecanismo está bien documentado en la peste moderna, pero su aplicación idéntica a todos los escenarios medievales resulta demasiado rígida. La rapidez de algunos brotes, la estacionalidad y ciertos patrones domésticos han llevado a proponer también la intervención de pulgas humanas y piojos.
El consenso prudente no sustituye una explicación única por otra. Admite que diferentes combinaciones de reservorios, vectores y formas clínicas pudieron actuar simultáneamente. El peso de cada mecanismo dependió del clima, la densidad urbana, las viviendas, los animales presentes y las prácticas comerciales.
Una mortalidad extraordinaria, pero desigual
Las estimaciones generales sitúan la mortalidad europea aproximadamente entre el 30 y el 60 por ciento, aunque ninguna cifra única sirve para todas las regiones. Algunos lugares sufrieron pérdidas extremas; otros quedaron menos afectados o se recuperaron con mayor rapidez. Las ciudades portuarias y comerciales estuvieron particularmente expuestas, pero las zonas rurales tampoco quedaron al margen.
Calcular la mortalidad medieval exige combinar testamentos, registros fiscales, fogajes, listas de contribuyentes, beneficios eclesiásticos vacantes, series de precios, salarios y evidencias arqueológicas. Ninguna fuente refleja por sí sola toda la población. Los fogajes contabilizan unidades fiscales, no individuos; además, pueden excluir pobres, privilegiados, ausentes o comunidades sometidas a regímenes distintos.
Por ello, el descenso observado entre dos recuentos no debe atribuirse automáticamente a la peste. Guerra, hambre, emigración, cambios fiscales y deficiencias documentales pueden modificar las cifras.
La Peste Negra en la Corona de Aragón
La articulación mediterránea de la Corona de Aragón favoreció la llegada temprana de la epidemia. Mallorca, Barcelona, Valencia y otros centros portuarios estaban integrados en redes comerciales que conectaban el Mediterráneo occidental con Italia, el norte de África y el Levante. En 1348 la mortandad se encontraba extendida por los territorios de la Corona.
Las consecuencias no fueron idénticas en Cataluña, Valencia, Mallorca y Aragón. Cada territorio tenía una estructura demográfica, fiscal y señorial propia. En muchos lugares, la crisis de 1348 se combinó con malas cosechas, endeudamiento, conflictos políticos y, pocos años después, con la guerra entre Aragón y Castilla.
Comunidades cristianas, judías y mudéjares
La epidemia afectó a poblaciones de todas las confesiones. Sin embargo, las minorías podían soportar consecuencias adicionales: violencia, acusaciones, desplazamientos y presión fiscal. En algunos territorios europeos se produjeron pogromos contra las comunidades judías. En la Corona de Aragón destaca la violencia de 1348 contra la aljama de Tàrrega, estudiada mediante documentación y arqueología.
Las comunidades mudéjares también sufrieron el descenso demográfico general, aunque su evolución debe estudiarse localidad por localidad. Los datos reunidos por María Teresa Ferrer i Mallol muestran fuertes pérdidas en varias aljamas durante el siglo XIV y recuperaciones muy desiguales durante el XV. En Zaragoza, la morería pasó de alrededor de 202 fuegos en el siglo XIV a 101 después de la Peste Negra y otras calamidades, sin recuperar después su antiguo peso.
Calanda y el Bajo Aragón: lo que podemos afirmar
La Peste Negra alcanzó el reino de Aragón en 1348 y afectó a sus ciudades, villas y aldeas. El Bajo Aragón estaba comunicado con Zaragoza, Tortosa, Valencia y el litoral mediterráneo por rutas comerciales, ganaderas y administrativas. Por ello es históricamente razonable considerar que la epidemia alcanzó también la comarca.
Sin embargo, para Calanda no disponemos por ahora de una relación local de defunciones de 1348 ni de una serie demográfica continua que permita calcular su mortalidad. Afirmar un porcentaje concreto de víctimas sería especulativo. La historia local debe partir de esta ausencia documental y no ocultarla.
El marco señorial de Calanda
En el siglo XIV Calanda formaba parte del espacio señorial de la Orden de Calatrava articulado desde Alcañiz. La población era mayoritariamente mudéjar. Las consecuencias de una mortandad podían reflejarse en la reducción de rentas, dificultades para cultivar tierras, casas vacías, renegociación de cargas y movilidad de familias. Pero estas posibilidades deben verificarse en documentos de la encomienda, monedajes, fogajes, protocolos y registros regios.
Una agenda de investigación local
| Fuente | Qué puede aportar | Limitación |
|---|---|---|
| Monedajes y fogajes | Evolución de contribuyentes y hogares. | No equivalen directamente a habitantes. |
| Rentas de la encomienda | Descensos de producción, impagos y tierras vacantes. | Las variaciones pueden tener otras causas. |
| Documentación notarial | Testamentos, herencias, ventas y movilidad familiar. | La conservación es irregular. |
| Registros eclesiásticos | Vacantes, capellanías y respuestas religiosas. | Las series parroquiales continuas son posteriores. |
| Arqueología | Abandonos, reocupaciones y cambios en el hábitat. | La datación precisa puede ser difícil. |
El caso de las encomiendas hospitalarias de Ascó, Miravet y su entorno demuestra las posibilidades y dificultades del análisis. Los recuentos de 1329, 1349, 1350, 1358-1359 y 1380 evidencian una pérdida importante de población, pero también muestran inconsistencias entre listas y sistemas fiscales. Este modelo comparativo resulta útil para orientar futuras investigaciones sobre Calanda.
Consecuencias demográficas, económicas y sociales
La Peste Negra no produjo un resultado idéntico en toda Europa. La reducción de población alteró la relación entre tierra, trabajo y capital. En determinadas regiones aumentaron los salarios reales y mejoró la capacidad negociadora de campesinos y trabajadores; en otras, señores y autoridades trataron de contener salarios, fijar precios o reforzar obligaciones.
Las tierras marginales podían abandonarse, mientras supervivientes y herederos concentraban propiedades. El descenso de consumidores modificó mercados y rentas. Algunas familias mejoraron su posición; otras quedaron destruidas por la pérdida de miembros, deudas y ausencia de mano de obra. No existió, por tanto, un «beneficio de la peste» general y automático.
En Cataluña, investigaciones recientes sobre inventarios rurales de Vic sugieren que durante la segunda mitad del siglo XIV una parte del campesinado pudo acceder a más tierra y soportar rentas menores. Este tipo de resultado regional no debe trasladarse sin pruebas al Aragón interior.
Una crisis prolongada
La epidemia de 1348 fue el inicio de una larga sucesión de rebrotes. La peste regresó repetidamente durante los siglos siguientes. Las nuevas generaciones volvían a ser susceptibles, y las ciudades desarrollaron gradualmente mecanismos de vigilancia, aislamiento, control de viajeros y cuarentenas. La salud pública europea no nació de una sola decisión, sino de la acumulación de experiencias locales.
Cómo entendieron la enfermedad los contemporáneos
Los médicos universitarios del Mediterráneo latino no conocían las bacterias, pero intentaron explicar racionalmente la epidemia con los recursos de la medicina de su tiempo. Jon Arrizabalaga ha mostrado que autores como Jacme d'Agramont, Gentile da Foligno, Giovanni della Penna, Alfonso de Córdoba, el práctico de Montpellier y los maestros de París construyeron interpretaciones complejas sobre causas, signos, predisposición individual y contagio.
La teoría predominante relacionaba la pestilencia con una corrupción sustancial del aire, originada por causas celestes y terrestres. Esta explicación podía convivir con la idea de castigo divino, pero los tratados médicos no se reducían a ella. Algunos autores reconocieron que el contacto con enfermos, objetos o ambientes contaminados podía transmitir la enfermedad y recomendaron separación, ventilación, limpieza, dieta y huida temprana.
Jacme d'Agramont redactó en Lérida, en 1348, un Regiment de preservació de pestilència dirigido a las autoridades urbanas. Su obra muestra que la sociedad medieval no permaneció pasiva: observó, discutió y elaboró medidas preventivas, aunque partiera de una fisiología distinta de la actual.
Debates todavía abiertos
Una corriente propone que la peste permaneció durante largos periodos en reservorios animales europeos. Otra sostiene que muchos brotes fueron consecuencia de reintroducciones desde focos exteriores. La genética, la ecología histórica y las series documentales todavía no ofrecen una solución única para todos los siglos y regiones.
Las ratas y sus pulgas son vectores demostrados de la peste, pero su papel exacto en cada brote medieval no puede darse por idéntico. Modelos alternativos conceden mayor importancia a pulgas y piojos humanos. La respuesta pudo variar de una región a otra.
No se ha identificado una mutación única que explique por sí sola la mortalidad extraordinaria. Debieron intervenir la susceptibilidad de poblaciones sin exposición reciente, las condiciones ambientales, la intensidad de las redes comerciales, las formas clínicas y factores sociales.
Fue una de las mayores pandemias documentadas y probablemente la mayor crisis demográfica de la Europa medieval. No obstante, las comparaciones mundiales exigen prudencia: el colapso demográfico de las poblaciones americanas tras la conquista europea alcanzó en algunas regiones proporciones aún mayores.
Conclusión
La Peste Negra fue simultáneamente un fenómeno biológico y un acontecimiento histórico. La bacteria explica la enfermedad, pero no basta para comprender la pandemia. Su expansión dependió de los sistemas de transporte, de los mercados, de los paisajes y de las estructuras políticas. Sus consecuencias estuvieron condicionadas por la propiedad, la fiscalidad, la guerra, la desigualdad y las respuestas culturales de cada sociedad.
Para Calanda y el Bajo Aragón, el reto consiste en integrar este marco general con una investigación documental específica. Sabemos que la epidemia alcanzó Aragón y que transformó profundamente la Corona. Todavía debemos determinar cómo se manifestó en cada villa, aljama y encomienda. Reconocer ese límite no empobrece la historia local: define con precisión el camino de futuras investigaciones.
Bibliografía esencial
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