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Los trabajadores del campo en el siglo XIII | CalandaGREC
Historia social · Plena Edad Media

Los trabajadores del campo en el siglo XIII

Campesinos, jornaleros, pastores, colonos y comunidades rurales en Castilla, Navarra, Aragón y Cataluña: trabajo, dependencia, producción y mercados.

GREC · Grupo de Estudios CalandinosActualización: julio de 2026Lectura aproximada: 24 minutos

El mundo rural, centro de la sociedad medieval

En el siglo XIII la mayor parte de la población de los reinos peninsulares vivía en aldeas, villas pequeñas, masías, alquerías y explotaciones dispersas. La agricultura, la ganadería y el aprovechamiento de montes y aguas sostenían la alimentación, las rentas señoriales y buena parte del comercio. Sin embargo, no todos los habitantes del campo eran iguales ni todos trabajaban tierras ajenas.

Existían propietarios libres, arrendatarios, enfiteutas, campesinos dependientes, yugueros, aparceros, jornaleros, pastores, molineros y trabajadores estacionales. Una misma familia podía cultivar sus propias parcelas, arrendar otras, utilizar bienes comunales y trabajar ocasionalmente a jornal. La expresión «campesino medieval» designa, por tanto, un conjunto social muy diverso.

La expansión política cristiana de los siglos XII y XIII incorporó territorios con sistemas agrarios andalusíes, amplias redes de regadío y poblaciones musulmanas que permanecieron como mudéjares. La colonización, los repartimientos y las cartas de población reorganizaron la propiedad, pero conservaron muchos paisajes, técnicas hidráulicas y conocimientos locales.

Diversidad

No era un grupo uniforme

Había campesinos acomodados con animales y criados, pequeños tenentes, jornaleros sin tierra y dependientes sometidos a cargas personales.

Unidad productiva

La casa campesina

La explotación familiar combinaba trabajo de hombres, mujeres, niños, parientes, criados y mano de obra contratada.

Recursos

Tierra, agua y comunales

El sustento dependía tanto de los campos como de pastos, bosques, ríos, acequias, molinos y derechos comunitarios.

Idea clave: la sociedad rural del siglo XIII fue jerárquica, pero no se dividía simplemente entre «señores» y «siervos». La condición jurídica, la riqueza y la capacidad de negociación variaban de un territorio a otro.

Propiedad, tenencia y dependencia

La tierra podía pertenecer al rey, a nobles, monasterios, cabildos, órdenes militares, concejos o particulares. Los campesinos accedían a ella mediante propiedad plena, heredades familiares, arrendamientos, censos, contratos enfitéuticos, aparcerías o concesiones sujetas a servicios y rentas.

Las cargas podían pagarse en dinero, cereal, vino, aceite, animales, jornadas de trabajo o una proporción de la cosecha. A ellas se añadían diezmos eclesiásticos, pechas, portazgos, derechos de horno y molino, servicios militares y prestaciones de transporte. Su composición dependía del fuero, el señorío y la costumbre local.

Los concejos rurales no eran democracias igualitarias, pero proporcionaban espacios de organización. Regulaban pastos, turnos de agua, caminos, montes, mercados y obligaciones colectivas. Las aldeas litigaban, pactaban y negociaban con señores y oficiales; la resistencia cotidiana fue tan importante como las rebeliones abiertas.

GrupoSituación habitualRecursosVulnerabilidad
Campesinado acomodadoPropietarios o grandes tenentesYuntas, ganado, excedentes y créditoFiscalidad, conflictos y malas cosechas
Pequeños campesinosExplotaciones familiares reducidasParcelas, huerto y comunalesEndeudamiento y falta de animales
DependientesLigados por rentas o cargas personalesTenencia estable, pero condicionadaAbusos señoriales y escasa movilidad
Jornaleros y criadosTrabajo asalariado o servicio domésticoSalario, manutención o alojamientoEstacionalidad y ausencia de tierra
PastoresPropios, asalariados o vinculados a propietariosGanados y acceso a pastosConflictos por rutas, agua y daños agrícolas

El trabajo a lo largo del año

La actividad agrícola seguía un calendario estacional. El otoño concentraba la siembra de cereales y numerosas labores de viña. En invierno se reparaban herramientas, muros, acequias y cercados. La primavera exigía escardas, poda, cuidado de huertos y desplazamiento de rebaños. El verano reunía siega, trilla y transporte del grano; al final del ciclo llegaban la vendimia y, en las zonas mediterráneas, la recogida de aceituna.

Las mujeres intervenían en la siembra, escarda, vendimia, cuidado de animales, elaboración de alimentos, hilado, almacenamiento y comercialización. También administraban explotaciones durante ausencias o viudedad. La documentación fiscal y notarial tiende a ocultar parte de ese trabajo al identificar la unidad doméstica con un varón.

El instrumental era sencillo pero adaptado: arados de madera con reja metálica, hoces, azadas, legones, podaderas, yugos, carros y trillos. La productividad dependía menos de una «revolución técnica» uniforme que de la calidad de los suelos, la disponibilidad de animales, el agua, la organización del trabajo y el acceso a abonos.

Cultivos y técnicas

Los cereales —trigo, cebada, centeno, avena y mijo— ocupaban la mayor superficie. La vid tenía gran importancia comercial y el olivo se extendía por las áreas mediterráneas. Huertas y regadíos producían hortalizas, lino, cáñamo, frutales y plantas industriales. El barbecho y las rotaciones reducían el agotamiento, aunque los sistemas variaban según clima y disponibilidad de tierra.

El estiércol animal, los residuos domésticos y el redileo fertilizaban los campos. En vegas y huertas, acequias, azudes, norias, albercas y molinos hidráulicos exigían mantenimiento comunitario y normas precisas de reparto.

Castilla: concejos, cereales y frontera

Una ruralidad muy diversa

Corona de Castilla

En la Meseta y el valle del Duero predominaban los cereales de secano, complementados por viñedos, huertos y ganadería. Las comunidades de villa y tierra articulaban núcleos urbanos con amplios alfoces aldeanos. En las regiones incorporadas durante el siglo XIII, los repartimientos distribuyeron casas, tierras y derechos entre nobles, instituciones eclesiásticas, órdenes militares y colonos.

Las parias no eran tributos pagados por campesinos castellanos a sus señores, sino pagos efectuados principalmente por poderes musulmanes a reyes cristianos durante etapas anteriores. Los trabajadores rurales abonaban pechas, martiniegas, infurciones, diezmos, rentas y otros derechos variables.

Alfonso X promovió la unificación jurídica mediante el Fuero Real, el Espéculo y las Siete Partidas. Estas obras no constituyeron una política específica de protección campesina: reforzaron la justicia regia, ordenaron derechos de propiedad y obligaciones y convivieron con fueros locales y poderes señoriales.

ProducciónCereal, vid, ganadería y huertas fluviales.
OrganizaciónConcejos, aldeas, señoríos y órdenes militares.
ConflictosPastos, montes, límites, fiscalidad y jurisdicción.

Ganadería y Mesta

En 1273 Alfonso X otorgó privilegios al Honrado Concejo de la Mesta. La institución agrupó y protegió intereses de propietarios trashumantes, reguló cañadas y favoreció el desplazamiento de rebaños. No representó a todos los campesinos ni benefició siempre a los cultivadores: la coexistencia entre agricultura y ganadería produjo pleitos por daños, pasos y aprovechamientos.

Milicias concejiles

Los habitantes rurales podían ser convocados para la defensa local, vigilancia de fronteras, reparación de fortificaciones o campañas regias. La obligación militar dependía del fuero, la riqueza y la condición personal; caballeros villanos y peones desempeñaban funciones distintas.

Aragón: secano, regadío y comunidades rurales

Entre el Pirineo, el Ebro y la frontera valenciana

Reino de Aragón

El paisaje agrario aragonés combinaba cereales y ganadería extensiva con regadíos muy productivos en los valles del Ebro, Jalón, Jiloca, Cinca y otros cursos. Las técnicas hidráulicas de origen andalusí fueron conservadas y adaptadas por comunidades cristianas, judías y mudéjares.

Las cartas de población y fueros regularon la ocupación de tierras, el uso de montes, aguas y pastos y las relaciones con el señor. En las áreas de realengo, las comunidades de aldeas alcanzaron una capacidad considerable de gestión; en los señoríos nobiliarios, eclesiásticos y de órdenes militares, las cargas podían ser más intensas.

La población mudéjar tuvo un papel central en numerosas zonas del valle del Ebro y del Bajo Aragón. Cultivaba tierras de regadío y secano y satisfacía censos, diezmos, capitaciones, prestaciones de trabajo y monopolios señoriales según cada carta de población.

ProducciónCereal, vid, olivo, huerta y ganado ovino-caprino.
InstitucionesConcejos, comunidades de aldeas y señoríos.
TensionesAgua, pastos, términos, rentas y jurisdicciones.

La Casa de Ganaderos de Zaragoza

La tradición institucional sitúa en 1218 un privilegio de Jaime I relacionado con la cofradía de San Simón y San Judas, antecedente de la Casa de Ganaderos. No era una copia aragonesa de la Mesta, creada más de medio siglo después, sino una organización urbana y regional con trayectoria propia, vinculada a la defensa de ganaderos, pastores y rutas pecuarias.

El Bajo Aragón

En territorios como Alcañiz, Calanda y sus alrededores, la agricultura de secano convivía con huertas irrigadas, viñedos, olivares y ganadería. Las órdenes militares y los concejos regulaban hornos, molinos, acequias, dehesas y montes. La población rural no se limitaba a producir para su subsistencia: participaba en mercados locales y en circuitos de lana, cereal, aceite y vino.

Cataluña: masos, señoríos y servidumbre

Una pagesía diferenciada

Principado de Cataluña

La organización rural catalana se apoyaba en aldeas, parroquias y explotaciones dispersas o masos. Cereales, vid y olivo se combinaban con huertos, bosques, ganadería y actividades artesanales. La proximidad de Barcelona y de otros centros costeros favoreció la circulación de vino, grano, productos forestales y manufacturas.

No resulta adecuado atribuir a Cataluña un «sistema concejil» uniforme semejante al castellano. La gestión local se organizaba mediante universidades, parroquias, señoríos, veguerías y municipios con evoluciones diversas.

En la Cataluña Vieja, durante los siglos XII y XIII se consolidó la dependencia de numerosos campesinos vinculados al manso. La remença obligaba a pagar una redención para abandonar la explotación. A esta condición se asociaron los llamados malos usos, aunque su formulación y aplicación variaron. El proceso se endureció en los siglos posteriores y desembocó en los conflictos remensas del XV.

Unidad agrariaEl manso o mas, con tierras, casa y derechos de uso.
ProducciónCereales, viña, olivo, ganadería y bosque.
DependenciaCensos, servicios, remença y derechos señoriales.

La pagesía tampoco era homogénea. Algunos campesinos acumularon tierras, ganado y crédito; otros subsistían con pequeñas parcelas o dependían del jornal. Esta diferenciación interna explica que los intereses rurales no fueran siempre coincidentes.

Ganadería, pastores y recursos comunales

La ganadería proporcionaba carne, leche, lana, cuero, fuerza de tiro y estiércol. Ovejas y cabras dominaban en muchas regiones, pero bueyes, mulas, caballos, cerdos y aves eran igualmente esenciales. La propiedad del ganado estaba muy concentrada en algunos lugares, aunque muchas familias mantenían pequeños hatos.

Los pastores podían ser propietarios, asalariados o criados. Su trabajo incluía vigilancia, ordeño, esquileo, atención de partos, defensa ante depredadores y desplazamientos estacionales. La trashumancia recorría cañadas de larga distancia, mientras la trasterminancia conectaba montes y llanuras cercanas.

Los montes comunales proporcionaban leña, madera, carbón, caza, frutos, miel y pastos. El acceso a estos recursos era decisivo para los hogares modestos. Por ello, la privatización de dehesas, el cierre de términos o la apropiación señorial generaban conflictos persistentes.

De la subsistencia al mercado

La economía campesina no fue exclusivamente autosuficiente. Los hogares vendían cereal, vino, lana, animales, madera, frutas y productos artesanales para pagar rentas, impuestos, herramientas y bienes que no producían. Compraban sal, hierro, tejidos, cerámica y, en años de escasez, alimentos.

Los mercados semanales y las ferias periódicas concentraban intercambios, crédito e información. Las autoridades regulaban pesos, medidas, calidad, portazgos y seguridad. Caminos, puentes, rutas fluviales y vías pecuarias conectaban aldeas con villas, ciudades y puertos.

Los excedentes no eran constantes. Una familia podía vender grano después de la cosecha y necesitar comprarlo meses más tarde a un precio mayor. Esta dependencia del mercado y del crédito incrementaba la vulnerabilidad ante malas cosechas, guerras o deudas.

Comercialización no significa prosperidad general: la presencia de mercados podía ofrecer oportunidades a campesinos acomodados y, al mismo tiempo, agravar la dependencia de hogares endeudados.

Resistencia, negociación y conflictividad

El siglo XIII conoció pleitos y resistencias por rentas, aprovechamientos, delimitación de términos, peajes, monopolios señoriales y obligaciones de trabajo. No puede hablarse de una oleada uniforme de «levantamientos campesinos» en Toledo, el Duero, Navarra o Aragón sin identificar episodios y fuentes concretas.

La acción colectiva adoptó formas graduales: retraso en pagos, ocultación de cosechas, incumplimiento de servicios, uso no autorizado de montes, litigios, apelación al rey, pactos escritos y, en ocasiones, violencia. Las comunidades defendían lo que consideraban costumbres legítimas y denunciaban innovaciones como abusos.

También existían conflictos internos: campesinos ricos frente a pobres, agricultores frente a ganaderos, aldeas vecinas por agua y pastos o cristianos y mudéjares sometidos a regímenes fiscales diferentes. El campo no era una comunidad socialmente unida.

Fechas e instituciones fundamentales

1213-1276

Reinado de Jaime I

Expansión de la Corona de Aragón e impulso de cartas de población, repartimientos y reorganización territorial.

1218

Casa de Ganaderos de Zaragoza

Fecha tradicional del privilegio vinculado al antecedente de esta institución ganadera aragonesa.

1236-48

Conquistas de Córdoba, Valencia y Sevilla

Grandes repartimientos y transformación de la propiedad y del trabajo rural en territorios andalusíes.

1252-1284

Reinado de Alfonso X

Producción legislativa, fiscalidad regia, organización concejil y regulación de intereses ganaderos.

1273

Privilegio de la Mesta

Alfonso X reconoce el Honrado Concejo de la Mesta y protege la trashumancia castellana.

1284-1295

Reinado de Sancho IV

Continuidad y revisión de políticas regias en un periodo de conflictos nobiliarios y fiscales.

1290

Fuero de Sahagún

Concesión de Sancho IV, no de Alfonso X; forma parte de una larga historia de tensiones entre la villa y el monasterio.

Conclusión

Los trabajadores del campo del siglo XIII sostuvieron la expansión económica y territorial de los reinos peninsulares. Cultivaron cereales, viñas, olivares y huertas; criaron ganado; mantuvieron acequias, caminos y terrazas; abastecieron mercados y proporcionaron rentas a señores, Iglesia y monarquía.

Su posición no fue únicamente pasiva. Las comunidades organizaron recursos, defendieron costumbres, negociaron cargas y acudieron a fueros y tribunales. Al mismo tiempo, las desigualdades internas separaban a propietarios acomodados, pequeños tenentes, dependientes y jornaleros.

Comprender esta diversidad permite superar la imagen simplificada de una masa campesina inmóvil y sometida. El mundo rural fue un espacio de trabajo intensivo, innovación adaptativa, intercambio, cooperación y conflicto.

Bibliografía orientativa

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  12. Vicens Vives, Jaume, Historia de los remensas en el siglo XV, Barcelona, CSIC, 1945.

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