Tecnología ibérica · Agricultura · Metalurgia del hierro
El hierro que transformó el campo ibérico
Azadas, hoces, rejas de arado, podaderas y herramientas artesanales revelan una economía compleja, especializada y profundamente ligada al territorio. Una revisión del estudio clásico de M.ª Encarnación Sanahuja Yll a la luz de investigaciones posteriores.
Las herramientas como documento histórico
La arqueología no reconstruye la vida antigua únicamente mediante murallas, cerámicas o armas. Los aperos agrícolas y las herramientas artesanales permiten aproximarnos a las tareas cotidianas, a la organización del trabajo y al grado de especialización alcanzado por las comunidades ibéricas.
En 1971, M.ª Encarnación Sanahuja Yll publicó un amplio inventario de instrumental agrícola e industrial de hierro procedente de poblados ibéricos y villas romanas de Cataluña. El estudio reunió herramientas dispersas por museos y colecciones, propuso identificaciones funcionales y destacó la continuidad de muchas formas desde la época ibérica hasta el mundo romano e incluso hasta la agricultura tradicional.
La autora advirtió, sin embargo, de las limitaciones del registro: numerosas piezas estaban oxidadas, descontextualizadas o procedían de hallazgos casuales. Por ello, la ausencia de un determinado tipo de herramienta en un yacimiento no significa necesariamente que sus habitantes desconocieran su uso.
La verdadera revolución del hierro
La importancia histórica del hierro no reside únicamente en la fabricación de armas. Su repercusión más profunda se produjo en el trabajo cotidiano. Las herramientas férreas eran más resistentes que muchos útiles anteriores y podían afilarse, repararse, reforjarse y adaptarse a tareas muy concretas.
El instrumental documentado refleja comunidades capaces de intensificar la agricultura, explotar el bosque, trabajar la madera, construir viviendas, mantener los cultivos arbóreos y transformar materias primas. Este proceso no fue una sustitución repentina de todas las tecnologías anteriores: herramientas de madera, piedra, hueso y metal siguieron coexistiendo.
Una herramienta para cada operación agrícola
El repertorio estudiado muestra una notable diversidad tipológica. Cada instrumento respondía a una operación concreta y, en muchos casos, a un tipo determinado de suelo o cultivo.
Rejas y arrejadas
Las rejas reforzaban el arado y abrían la tierra. Las arrejadas servían para limpiar la reja y ayudar a conducir a los animales de tiro.
Azadas, layas y legones
Permitían cavar, remover el suelo, abrir surcos, acondicionar huertas y trabajar en espacios donde no podía utilizarse el arado.
Hoz y cuchillas de siega
Relacionadas con la cosecha de cereales y otras plantas. Algunas hojas conservan indicios de filo dentado.
Podaderas y podones
Su presencia se vincula con el mantenimiento de la vid, el olivo, frutales, arbustos y recursos forestales.
Escardillos y rastrillos
Se empleaban para eliminar malas hierbas, airear superficialmente el terreno, recoger residuos vegetales y acondicionar las parcelas.
Plantadores y cucharas de sembrador
Útiles pequeños destinados a abrir hoyos, trasplantar o depositar semillas con mayor precisión.
El conjunto es coherente con una agricultura mediterránea basada principalmente en cereales de secano, complementada por leguminosas, vid, olivo y cultivos de huerta próximos a los cursos fluviales.
Más allá de la agricultura
Los poblados ibéricos no estaban habitados únicamente por campesinos. Hachas, azuelas, martillos, escoplos, barrenas, pinzas, tenazas, cuñas y cuchillas revelan actividades de carpintería, construcción, trabajo de pieles y metalurgia.
- Carpintería: hachas, azuelas, escoplos y barrenas para cortar, desbastar, perforar y ensamblar.
- Construcción: picos, cuñas, martillos y herramientas destinadas a preparar madera y piedra.
- Trabajo de pieles: cuchillas anchas para raspar y adelgazar cuero.
- Metalurgia: tenazas, pinzas y martillos asociados a la forja y reparación de objetos.
- Explotación forestal: podones, hachas y alcotanas para cortar ramas y obtener madera.
Esta diversidad no permite determinar por sí sola el estatuto social de cada artesano, pero sí demuestra que existía una división técnica del trabajo y un conocimiento especializado de los materiales.
Del mineral a la herramienta
La fabricación de un apero de hierro requería varias etapas y la participación de personas con conocimientos técnicos. El mineral debía localizarse, extraerse y reducirse en hornos antes de poder trabajarse mediante forja.
Los hornos, escorias y residuos metalúrgicos documentados en distintos poblados indican que parte de la producción y reparación pudo realizarse localmente. No obstante, las investigaciones posteriores han mostrado que el aprovisionamiento de mineral, la circulación de lingotes, el reciclaje y el intercambio de objetos terminados debieron formar sistemas regionales más complejos de lo que se suponía en 1971.
Qué ha cambiado desde el estudio de 1971
El trabajo de Sanahuja fue pionero por otorgar valor histórico a unas piezas que a menudo habían sido relegadas a los almacenes de los museos. La investigación actual mantiene esa valoración, pero ha ampliado considerablemente las preguntas y los métodos.
El instrumental de hierro y la arqueología de Calanda
Aunque el catálogo original se centró en Cataluña, sus tipologías resultan útiles para interpretar piezas de todo el nordeste peninsular. El Bajo Aragón compartió tradiciones agrícolas, artesanales y metalúrgicas con otros territorios ibéricos mediterráneos.
Yacimientos como Mas de Moreno, Cabezo de la Cruz, El Cabo de Andorra, La Guardia de Alcorisa o los asentamientos del entorno de Foz-Calanda permiten reconstruir un paisaje compuesto por poblados, campos, talleres, vías naturales y espacios de almacenamiento.
En el entorno calandino, la disponibilidad de tierras cerealistas, huertas junto al Guadalopillo, áreas de viñedo y olivar, recursos forestales y afloramientos minerales ofrecía un marco favorable para el empleo de herramientas especializadas.
La tecnología al servicio de una economía compleja
El instrumental de hierro muestra que las comunidades ibéricas habían alcanzado un alto grado de conocimiento técnico. La variedad de aperos refleja una agricultura diversificada y una atención precisa a las distintas fases del trabajo: preparar la tierra, sembrar, escardar, podar, segar y procesar los recursos vegetales.
Al mismo tiempo, las herramientas de carpintería, construcción y metalurgia revelan la existencia de múltiples oficios. El hierro fue, por tanto, mucho más que un metal para fabricar armas: constituyó una infraestructura tecnológica esencial para sostener la vida cotidiana, la producción y la transformación del paisaje.
Referencias para ampliar el estudio
Sanahuja Yll, M.ª E. (1971). «Instrumental de hierro agrícola e industrial de la época ibero-romana en Cataluña». Pyrenae, 7, 61–110.
Estudio de partida y catálogo tipológico fundamental.Vicente, M. B. (2000). «Útiles agroforestales ibéricos de Castilsabás, Huesca».
Referencia especialmente útil para comparar el repertorio catalán con materiales del ámbito aragonés.Bonet Rosado, H.; Mata Parreño, C.; Moreno Martín, A. (2008). «Iron Age Landscape and Rural Habitat in the Edetan Territory, Iberia (4th–3rd centuries BC)». Journal of Mediterranean Archaeology, 21.2, 165–189.
Integra economía, poblamiento rural, territorio y jerarquía de asentamientos.Buxó, R. (2008). «The agricultural consequences of colonial contacts on the Iberian Peninsula in the first millennium B.C.»
Aporta el marco arqueobotánico para comprender los cambios agrícolas, la vid, el olivo y las redes mediterráneas.Díaz, A. R. (2017). «Utensilios y estructuras relacionados con el cultivo y la transformación de la vid y el olivo en la mitad meridional de la península ibérica».
Actualiza el estudio de los instrumentos vinculándolos a instalaciones y procesos productivos.Rodríguez González, E. (2020). «¿Y los campesinos dónde están? Una propuesta de lectura de los espacios rurales de la Edad del Hierro».
Sitúa a los productores y a los asentamientos rurales en el centro de la interpretación histórica.González-Vázquez, M. (2020). «Food Storage among the Iberians of the Late Iron Age Northwest Mediterranean (ca. 225–50 BC)».
Relaciona almacenamiento, excedentes agrícolas y complejidad social.Bolado del Castillo, R. et al. (2022). «El depósito ritual de la Edad del Hierro de la cueva del Aspio (Ruesga, Cantabria)». Complutum, 33(2), 481–505.
Demuestra que determinadas herramientas podían adquirir también significados rituales.Creative Commons BY-NC-SA 4.0
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Cómo citar esta publicación
GREC – Grupo de Estudios Calandinos, «El hierro que transformó el campo
ibérico», CalandaGREC, 2026. Síntesis y actualización del estudio de
M.ª Encarnación Sanahuja Yll, publicado en Pyrenae 7 (1971).