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Historia del arte romano · Siglos II-III d. C. · Antoninos y Severos

El arte romano durante los Antoninos y los Severos: clasicismo, propaganda imperial y transformación formal

Del equilibrio clasicista de Trajano y Adriano al dramatismo expresivo de Marco Aurelio, los Severos y la transición hacia el Bajo Imperio.

Periodo: siglos II y comienzos del III d. C.
Dinastías: Antoninos y Severos
Ámbitos artísticos: arquitectura, relieve histórico, retrato, sarcófagos y arte provincial
Idea central: evolución desde el clasicismo grecorromano hacia formas más narrativas, expresivas y simbólicas

1. Introducción

El arte romano de los siglos II y III d. C. constituye una etapa decisiva en la evolución de la cultura visual del Imperio. Bajo los Antoninos, Roma alcanzó una de sus fases de mayor estabilidad política, prosperidad económica y expansión territorial. Bajo los Severos, en cambio, el Imperio entró en una etapa de creciente militarización, tensión política y transformación estética.

Desde el reinado de Trajano hasta el de Severo Alejandro, el arte romano experimentó una profunda evolución. La tradición clásica siguió presente, especialmente en arquitectura y escultura oficial, pero fue incorporando progresivamente nuevos elementos: mayor complejidad narrativa, interés por el movimiento, expresividad psicológica, uso político de la imagen imperial y presencia creciente de modelos provinciales y orientales.

El paso de los Antoninos a los Severos marca la transición entre el arte clásico imperial y las formas más esquemáticas, simbólicas y jerárquicas que caracterizarán el Bajo Imperio.

2. Cronología histórica

Fecha Emperador Rasgos artísticos principales
98-117 Trajano Arte oficial triunfal, grandes obras públicas, Foro de Trajano y Columna Trajana.
117-138 Adriano Clasicismo griego, arquitectura monumental, Villa Adriana y renovación del Panteón.
138-161 Antonino Pío Continuidad clasicista, estabilidad y arte oficial sobrio.
161-180 Marco Aurelio Mayor dramatismo, profundidad emocional y relieve histórico más expresivo.
180-192 Cómodo Imagen imperial divinizada y teatralización del poder.
193-211 Septimio Severo Propaganda dinástica, militarización de la imagen imperial y Arco de Septimio Severo.
211-217 Caracalla Retrato intenso, duro y expresivo; grandes termas imperiales.
222-235 Severo Alejandro Última fase severiana antes de la crisis del siglo III.

3. Trajano y Adriano: clasicismo y arquitectura imperial

Trajano: arquitectura, poder y relato histórico

Con Trajano, el arte romano alcanza una de sus formas más completas de propaganda imperial. La arquitectura se convierte en un instrumento de prestigio político y de ordenación urbana. El conjunto del Foro de Trajano, proyectado por Apolodoro de Damasco, constituye uno de los mayores programas monumentales de Roma.

El foro integraba plaza porticada, basílica, bibliotecas, templo y la célebre Columna Trajana. Esta columna fue a la vez monumento funerario, documento histórico y manifiesto político. Su relieve helicoidal narraba las campañas dácicas mediante una sucesión continua de escenas militares, desplazamientos, construcciones, sacrificios y discursos imperiales.

Frente al relieve clásico de composición equilibrada, la Columna Trajana introdujo un sistema narrativo continuo, casi cinematográfico, en el que el emperador aparece repetidamente como jefe militar, juez, sacerdote y garante del orden romano.

Adriano: helenismo, viaje y cultura griega

Adriano representa una etapa distinta. Su arte está profundamente marcado por el amor a la cultura griega. El emperador favoreció modelos clasicistas, refinados y cultos. La imagen de Antínoo, joven favorito del emperador, sintetiza esta sensibilidad helenizante mediante retratos idealizados, melancólicos y de gran belleza formal.

En arquitectura, su reinado destaca por dos obras fundamentales: el Panteón de Roma y la Villa Adriana en Tívoli. El Panteón combina planta circular, pórtico clásico y una cúpula monumental que simboliza la perfección del cosmos. La Villa Adriana, por su parte, reúne espacios palaciegos, termales, jardines, ninfeos y evocaciones de paisajes griegos y orientales.

4. El relieve histórico: de la narración continua al dramatismo

El relieve histórico fue uno de los géneros más característicos del arte romano. Durante el periodo antonino y severiano se observa una evolución desde la narración ordenada y descriptiva hacia fórmulas cada vez más densas, expresivas y simbólicas.

La Columna Trajana

La Columna Trajana representa el modelo más acabado de relieve narrativo continuo. Las escenas se suceden sin separación rígida, con abundancia de detalles topográficos, militares y logísticos. El objetivo no era solo decorar, sino construir un relato visual de la victoria romana.

La Columna de Marco Aurelio

La Columna de Marco Aurelio retoma el modelo de Trajano, pero introduce un lenguaje más dramático. Las figuras son más profundas, los contrastes de luces y sombras más intensos y la violencia de la guerra aparece de forma más explícita. El relieve pierde parte del equilibrio clásico y gana expresividad.

El Arco de Septimio Severo

En época severiana, el relieve histórico se vuelve más rígido y simbólico. En el Arco de Septimio Severo, los episodios militares se organizan en registros superpuestos. La claridad narrativa clásica cede ante una representación más jerárquica del poder imperial.

5. El retrato imperial y privado

El retrato romano tuvo siempre una doble función: representar la individualidad del personaje y transmitir valores políticos, morales o familiares. En época antonina y severiana, el retrato experimentó una evolución decisiva.

Retrato antonino

El retrato antonino se caracteriza por el gusto por la barba, el cabello trabajado con claroscuros y el empleo del trépano para crear profundidad. Los rostros de Adriano, Antonino Pío y Marco Aurelio muestran una imagen culta, filosófica y serena del emperador.

Marco Aurelio aparece como emperador filósofo: barba abundante, mirada introspectiva y expresión contenida. La imagen imperial ya no se limita a la juventud idealizada, sino que incorpora gravedad moral y profundidad psicológica.

Retrato severiano

Con los Severos, el retrato se vuelve más expresivo y autoritario. Septimio Severo combina referencias antoninas con una imagen dinástica propia. Caracalla, en cambio, ofrece un modelo radicalmente distinto: rostro tenso, ceño fruncido, giro brusco de la cabeza y expresión severa. Su retrato anuncia una sensibilidad nueva, marcada por la energía militar y la dureza del poder.

Idea clave: el retrato pasa de la serenidad filosófica antonina a la intensidad psicológica y militar del siglo III.

6. Marco Aurelio, Cómodo y los últimos Antoninos

Durante los reinados de Marco Aurelio y Cómodo, el arte oficial mantiene la tradición clásica, pero introduce signos de cambio. Las guerras en las fronteras, la presión militar y la inestabilidad sucesoria alteran la imagen del poder imperial.

El monumento ecuestre de Marco Aurelio expresa autoridad serena. El emperador aparece como gobernante pacificador, con un gesto de dominio contenido. Frente a la violencia explícita de los relieves militares, la estatua ecuestre presenta una imagen de poder racional y universal.

Con Cómodo, la representación imperial adquiere un tono más teatral y divinizado. El emperador se identifica con Hércules, reforzando la idea de un poder excepcional, heroico y casi sobrehumano.

7. Los Severos: crisis, propaganda y nuevo lenguaje visual

La dinastía severiana se desarrolla en un contexto muy diferente al de los Antoninos. El ejército adquiere un papel fundamental en la política imperial y la imagen del emperador se hace más autoritaria. El arte oficial responde a esta situación mediante una propaganda más directa, dinástica y militar.

Septimio Severo

Septimio Severo impulsó una imagen de continuidad con los Antoninos, pero también de renovación dinástica. Su arco en el Foro Romano conmemoraba las victorias orientales y presentaba al emperador como vencedor, fundador de una nueva dinastía y garante de la estabilidad imperial.

Caracalla

Caracalla representa la intensificación del poder militar. Sus retratos rompen con la serenidad anterior: la cabeza gira con fuerza, la mirada es dura y el rostro transmite tensión. Esta imagen responde a una nueva concepción del emperador como jefe militar absoluto.

Arquitectura severiana

La arquitectura severiana mantiene la grandiosidad romana, pero con tendencia a la monumentalidad masiva. Las Termas de Caracalla son el mejor ejemplo: un complejo gigantesco que unía baño, deporte, ocio, bibliotecas, jardines y espacios de representación colectiva.

Estas termas muestran la capacidad técnica romana, el dominio de la bóveda y la importancia del edificio público como instrumento de propaganda imperial.

8. Arte provincial y periferias del Imperio

El arte romano de los siglos II y III no se limita a Roma. En las provincias se desarrollaron formas artísticas propias, resultado de la combinación entre modelos oficiales, tradiciones locales y necesidades sociales.

En algunos territorios, especialmente en Oriente y el norte de África, se observa una tendencia hacia formas más frontales, esquemáticas y simbólicas. Este arte provincial no debe entenderse como una simple decadencia, sino como una transformación del lenguaje visual romano.

Los mosaicos, sarcófagos, relieves funerarios y esculturas provinciales muestran una gran diversidad de estilos. En ellos conviven la tradición clásica, los gustos locales y una progresiva pérdida del naturalismo estricto.

Sarcófagos y temas funerarios

Los sarcófagos adquieren un gran desarrollo durante los siglos II y III. Sus relieves representan mitos, escenas de batalla, cacerías, filósofos, musas o motivos dionisíacos. El sarcófago Ludovisi, por ejemplo, muestra una composición muy densa, con figuras superpuestas y fuerte dramatismo.

La escultura funeraria se convierte así en un espacio privilegiado para expresar prestigio social, identidad cultural y esperanza de salvación.

9. Hacia el Bajo Imperio

A finales del siglo III y comienzos del IV, las transformaciones iniciadas durante los Severos desembocan en el lenguaje artístico del Bajo Imperio. La figura humana pierde progresivamente naturalismo y gana valor simbólico. La frontalidad, la rigidez, la jerarquía de tamaños y la repetición de figuras se hacen cada vez más frecuentes.

En época de la Tetrarquía y de Constantino, el arte oficial se orienta hacia una representación más abstracta del poder. El emperador ya no aparece tanto como individuo realista, sino como encarnación de la autoridad imperial.

Monumentos como el Arco de Constantino reutilizan relieves de épocas anteriores y combinan estilos distintos. Esta mezcla revela tanto la continuidad con el pasado clásico como la aparición de una nueva sensibilidad estética.

10. Conclusión

El arte romano durante los Antoninos y los Severos refleja la evolución política, social y cultural del Imperio. Bajo Trajano y Adriano domina todavía la confianza en el orden clásico, la expansión territorial y la monumentalidad urbana. Con Marco Aurelio y los últimos Antoninos aparecen el dramatismo, la introspección y una mayor intensidad emocional.

Con los Severos, el arte se adapta a un mundo más inestable y militarizado. La propaganda imperial se vuelve más directa, el retrato más duro y el relieve más esquemático. Lejos de ser una simple decadencia, esta evolución anuncia las formas visuales del Bajo Imperio y prepara el camino hacia el arte tardoantiguo.

Síntesis final: entre los Antoninos y los Severos, el arte romano pasa del clasicismo imperial al lenguaje simbólico de la Antigüedad tardía.

11. Cómo citar esta publicación

Grupo GREC, “El arte romano durante los Antoninos y los Severos: clasicismo, propaganda imperial y transformación formal”, CalandaGREC, consulta en línea.

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