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Archivo · Siglo XVI · Justicia e Inquisición

Moriscos de Calanda y Gelsa ante la Inquisición (julio de 1586)

Edición divulgativa y contextualizada de un conjunto documental relativo a la denuncia contra Alejandro Garrido, Amador Moçot, Pedro Melero y Juan Izquierdo de Codo, en el marco de una investigación promovida a partir de las advertencias y testimonios presentados por el capitán Andrés de Rosales.

Síntesis histórica

El expediente recoge un episodio de fuerte tensión en tierras del valle medio del Ebro durante el verano de 1586. En él se denuncia la actividad de una cuadrilla formada por moriscos de Calanda y Gelsa, vinculados por la documentación a amenazas, homicidios y posibles asaltos. El capitán Rosales, alcalde de Calanda, aparece como figura central del proceso.

La causa se activa a partir de varios avisos cruzados y de la declaración del preso Juan de Llama, recluido en Zaragoza, quien afirma haber visto y escuchado en la cárcel la lectura de un billete en el que se anunciaba la intención de “lavarse las manos en la sangre” del propio Rosales.

Calanda Gelsa Codo Zaragoza Julio de 1586

Ficha del documento

Cronología principal 8, 13 y 24 de julio de 1586
Ámbito Calanda · Gelsa · Zaragoza
Naturaleza Aviso, billete y declaración
Institución actuante Santo Oficio
El texto muestra cómo la delación, la fama pública, los rumores carcelarios y las enemistades personales podían convertirse en elementos decisivos dentro de la práctica judicial de finales del siglo XVI.

Cronología del proceso

8 de julio de 1586

El capitán Rosales presenta aviso sobre una cuadrilla de moriscos de Calanda y Gelsa. Se advierte que la banda desasosiega la tierra y que algunos de sus miembros han amenazado de muerte al propio Rosales.

13 de julio de 1586

En Zaragoza, ante los inquisidores don Juan Martínez de Villaturiel, el licenciado Alonso Molina de Medrano y Juan de Llano y Valdés, el capitán Andrés de Rosales presenta el papel y amplía verbalmente la información.

24 de julio de 1586

En la cárcel de los manifestados se examina a Juan de Llama, morisco natural y vecino de Calanda, de 22 años, quien reconoce haber redactado el billete remitido a Rosales y describe el episodio de la lectura clandestina del mensaje dirigido a Juan Izquierdo.

Principales implicados

Nombre Condición / Identificación Procedencia Papel en el expediente
Alejandro Garrido Morisco Calanda Señalado como uno de los cabecillas de la cuadrilla y como remitente de uno de los billetes.
Amador Moçot Morisco Calanda Mencionado como preso y como persona que conocía noticias relativas a Garrido.
Pedro Melero Morisco Gelsa Asociado a Garrido y acusado de participar en hechos violentos.
Juan Izquierdo Natural de Codo, preso Codo Lee un billete en la cárcel y redacta otro que entrega a una mujer desconocida.
Juan de Llama Morisco, preso, 22 años Calanda Testigo principal; reconoce haber escrito el aviso enviado al alcalde de Calanda.
Andrés de Rosales Capitán y alcalde Calanda Autoridad receptora de los avisos y promotor de la denuncia.
Alberto de Cuevas Alcaide de la cárcel Zaragoza Intermediario al que Juan de Llama remite el billete para hacerlo llegar a Rosales.
Alexos Çaydoso Asociado de la cuadrilla No indicado Aparece entre los avisados para huir ante la posibilidad de ser prendidos.
Pedro López de Zulueta Secretario / notario Zaragoza Autoriza la diligencia del 13 de julio.
Mosén Juan Martínez de Astarbe Capellán mayor del Portillo Zaragoza Comisario encargado de examinar a Juan de Llama.

Fragmentos destacados

“Una cuadrilla de moriscos de Calanda y Gelsa desasosiega aquella tierra... han amenazado al capitán Rosales y procuran de matarle...”
“...dice que ha hecho juramento el Garrido y el Pedro Melero que han de lavarse las manos en la sangre de vuestra merced...”
“...no pararemos hasta labarnos las manos en su sangre...”

Estos pasajes concentran la carga dramática del expediente y revelan un lenguaje judicial en el que la violencia, la amenaza y la sospecha se convierten en el eje de la construcción procesal.

Transcripción presentada en lectura continua

Julio de 1586

Alejandro Garrido y Amador Moçot, moriscos de Calanda, Juan Izquierdo de Codo y Pedro Melero, morisco de Gelsa.

8 de julio de 1586. Lo presentó Rosales.

Una cuadrilla de moriscos de Calanda y Gelsa desasosiega aquella tierra, y he andado yo por prenderles y descubrir su vida; y andando en esto he sabido que han amenazado al capitán Rosales y procuran de matarle, de que me ha parecido dar a vuestras mercedes aviso y suplicarles procuren haber esta gente con este principio, que llegados ahí sobrarán cosas con que poderles castigar, y será redimir aquella tierra, y cuanto antes se haga será mejor. Podrán deponer en esto Agustín Alberto, alcalde de la cárcel nueva, y Juan de Llama, preso en ella; y pues contra esta ruin gente podría bastar la presunción y la fama de sus delitos, señaladamente de este, para poder prenderles, suplico a vuestras mercedes me den arbitrio posible para asegurarnos de esta gente.

Muy Ilustre Señor. De todo lo que yo hablé con vuestra merced anoche tarde, ya hablé con Moçot y me dijo que sí; y el bellaco dijo esto a un hombre de Codo, que es muy grande amigo de Pedro Melero, y avisaron a Garrido y a Calavera y a Alexos Çaydoso y a Pedro Melero, y se fueron anoche; y han enviado una carta a Juan Izquierdo de Codo, que está aquí preso, que dé cargo a algún hombre para que lleve espiado a vuestra merced y les avise cuando salga para ir a Calanda, para salir al camino a vuestra merced; porque dice que ha hecho juramento el Garrido y el Pedro Melero que han de lavarse las manos en la sangre de vuestra merced; y quien les avisó fue la madre de Çaydoso, que él se lo dijo a su madre, que era avisarse. Y aviso a vuestra merced porque le quiero bien y no quiero que los ladrones se rían de vuestra merced, y en esto rogando a Dios le dé salud y le guarde de trabajo, de sacarme de la cárcel de los manifestados domingo. Besa las manos a vuestra merced su menor criado, Juan de Llama, preso.

Aljafería, a 13 de julio de 1586 años. Ante los señores inquisidores don Juan Martínez de Villaturiel, electo obispo de Lérida, y el licenciado Alonso Molina de Medrano y Juan de Llano y Valdés, se hizo presente el capitán Andrés de Rosales y presentó este papel de suso, y juntamente informó de palabra cerca de lo que en él se cuenta; y luego los dichos señores inquisidores procedieron y mandaron que el secretario Bernabé de Sola, con la asistencia del capellán mayor del Portillo, examinase al dicho Juan de Llama, y le dieron para ello poder para cumplirlo. Ante mí, Pedro López de Zulueta.

En Zaragoza, a 24 de julio de 1586, en la cárcel de los manifestados... ante mosén Juan Martínez de Astarbe, capellán mayor del Portillo, comisario arriba nombrado, pareció y juró en forma de derecho y prometió decir verdad un hombre que dice llamarse Juan de Llama, morisco natural y vecino de la villa de Calanda, preso en la dicha cárcel, de edad de 22 años.

Y siendo preguntado si tiene que decir y manifestar alguna cosa que toque al Santo Oficio o a alguno de sus miembros, dijo que no sabe ni se acuerda. Y siéndole mostrado el billete de suso inserto, viéndolo dijo que el dicho billete es suyo y que lo escribió y envió al alcalde de Calanda, llamado el capitán Rosales.

Y dijo que lo que pasa en esto es que el sábado pasado hizo ocho días que a esta cárcel de los manifestados vino dicho capitán Rosales porque el declarante le había enviado dos peticiones al Mesón del Hospital donde estaba, y en ellas suplicaba le proveyese de algunos dineros. Y cuando el dicho alcalde llegó a la reja del común estaba con él de presente un solicitador del Santo Oficio, diciendo a este que lo que había de presentar por testigos contra Alexandre Garrido de Calanda y Pedro Melero de Gelsa; y como el dicho alcalde entendió las pláticas se llegó y dijo a este que, pues sabía lo que Garrido había dicho en Calanda, que dijese la verdad y descargase su conciencia.

Y al otro, que no lo conocía, este dijo entonces que con juramento diría la verdad de lo que supiese. Y pasado esto el dicho alcalde Rosales le preguntó a este cómo estaba y en qué andaba su negocio, y el declarante le respondió que estaba bueno y en su negocio se hacía poco, porque como era pobre no había quien se acordase de él. Y le pidió al dicho alcalde que le socorriese con algunos dineros, y el dicho Rosales respondió que no se los daría, sino que se los dejase o escribiese un hermano o cuñado que este tiene en Calanda. Y sin darle cosa alguna se despidió y se fue juntamente con el dicho solicitador, y aquel día no pasó más.

Y al día siguiente, domingo de mañana, vino a esta cárcel un notario y le tomó a este su dicho, en que dijo lo que sabía de ciertas muertes en que estaban culpados los dichos Alexandre Garrido y Pedro Melero. Y el mismo día, entre once y doce del mediodía, vio el deposante que en la sala del común de la dicha cárcel estaban dos presos, que el uno se llama Juan Izquierdo de Codo y el otro se dice Amador Moçot de Calanda, juntamente, por ser moriscos.

Y el dicho Izquierdo tenía en las manos un billete y lo estaba leyendo al otro con disimulación, y este con disimulación se llegó a ellos y oyó que el dicho Izquierdo leía diciendo: “Señor Izquierdo, ya habíamos visto la merced que vuestra merced no se hizo en avisador de cómo nos quieren echar las manos y cómo el alcalde de Calanda ha hablado hoy con Juan de Llama. Nosotros se lo agradecemos; merced nos hará que envíe tras el alcalde de Calanda a un hombre de quien vuestra merced se confíe para cuando se vaya y nos avise, que nosotros le daremos el pago conforme él merece, que no pararemos hasta lavarnos las manos en su sangre”.

Dijo que no oyó este otra cosa. Y de allí a un poco vio que el dicho Izquierdo se puso a escribir y escribió otro billete y lo dio a una mujer que estaba en la reja de la dicha cárcel con un manto, que no la conoció ni sabe quién era, la cual tomó el billete y se fue con él. Y como este vio lo que tiene dicho, luego escribió el billete que ahora le ha sido mostrado y lo envió al Alberto de Cuevas, alcaide de esta cárcel, para que él lo enviase al dicho alcalde de Calanda; y no sabe otra cosa.

Preguntado si sabe o entendió cuya era la carta que leyó el dicho Izquierdo, dijo que Alexandre Garrido se la envió. Preguntado cómo lo sabe, dijo que porque venía su nombre al pie de ella y así lo leyó el dicho Izquierdo. Preguntado qué se hizo el dicho billete, dijo que el dicho Izquierdo se quedó con él. Preguntado si supo o entendió qué contenía y para quién era el billete que el dicho Izquierdo escribió y envió con la dicha mujer, dijo que no.

Preguntado si estaba alguno presente a lo que el dicho Izquierdo leyó del dicho billete, dijo que no más del dicho Amador Moçot, porque aunque había otros presos en la dicha sala del común, estaban apartados, y no entiende que oyesen lo que el dicho Izquierdo leía, sino el declarante, que, como tiene dicho, con disimulación se llegó a oírlo.

Y siéndole mostrado y leído el billete de suso contenido, dijo que es el suyo y de su mano escrito, y el que envió al dicho alcalde de Calanda. Y lo que dice al principio, que este habló con Moçot y que le dijo que sí, es que, al tiempo que el solicitador estuvo hablando a este para que depusiese contra Garrido, le preguntó si el dicho Moçot sabía algo; y este le dijo que no sabía si sabía. Y el dicho alcalde le dijo a este que le hablase, y así fue si sabía alguna cosa; y este le habló al dicho Moçot y le respondió que sabía por oídas que el dicho Garrido había muerto un hombre en Calanda. Y por esto dijo las dichas palabras en el dicho su billete.

Y lo que en él escribió del aviso que dieron a Garrido y a Calavera y a Alexandre Çaydoso y a Pedro Melero, fue porque su mujer de este le dijo que la madre del dicho Moçot preso había avisado a los sobredichos que se fuesen, que los querían tomar presos, y que no pasó otra cosa. Y esto que ha dicho es la verdad, y por el juramento que no lo dice por odio.

Encargósele el secreto so cargo de su juramento y pena de doscientos azotes y seis años de galeras y otros arbitrios de los señores inquisidores. Dijo que lo guardaría, y perseveró y firmó.

Lectura histórica

El interés del documento no reside únicamente en las acusaciones concretas, sino en la forma en que se construye la verdad judicial: mediante billetes interceptados, rumores transmitidos por familiares, conversaciones oídas en la cárcel y declaraciones emitidas desde una situación de prisión y dependencia.

La figura del morisco aparece aquí atravesada por la sospecha, mientras que la cárcel se presenta como un espacio de circulación de noticias, mensajes y alianzas. El expediente deja ver, además, la interacción entre la justicia local y la maquinaria inquisitorial en el Aragón de fines del siglo XVI.

Nota editorial. Esta transcripción y presentación digital han sido preparadas con fines de investigación, divulgación y docencia. En caso de reutilización parcial o total del contenido, debe citarse expresamente al Grupo de Estudios Calandinos (GREC) como fuente de esta edición.

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