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GREC · Foz-Calanda · Moriscos · Siglos XII–XVI

Foz-Calanda: fundación, sociedad morisca y conflictividad religiosa

Los orígenes de Foz-Calanda, la evolución de su comunidad mudéjar y morisca, y el enfrentamiento entre las autoridades cristianas y los actores locales en el siglo XVI.

Tema: microhistoria morisca Ámbito: Foz-Calanda Cronología: siglos IX–XVI Fuentes: Calatrava, Inquisición, protocolos, quinque libri

1. Introducción

Documento de apertura. “Eodem die et loco de Foz-Calanda, dicha señora Victoria de Pimentel, señora de dicha villa de Foz-Calanda, habiendo llegado a dicha villa y habiendo hallado muchos nuevos pobladores que habían llegado a pedir casas y hacienda para poblar dicha villa, estando dicha señora debajo de un olmo que hay saliendo del portal camino de Alcorisa, asentada en una silla, llegaron Jayme Nabarro, natural de Belmonte y habitador desde hace dos meses, y otros, en señal de vasallaje y homenaje, y le besaron la mano como vasallos de dicho don Martín, reconociéndole por señora de dicha villa [...].”

La cuestión de la conflictividad entre las comunidades cristianas y neoconversas ha sido analizada, por lo general, desde aproximaciones macrohistóricas, estructuralistas y funcionalistas, atentas al comportamiento de las masas y de los grupos étnico-culturales. Desde Joan Reglà hasta los estudios más recientes, numerosos historiadores han abordado con profundidad las particularidades culturales y los mecanismos de resistencia a la aculturación de los moriscos de la Corona de Aragón.

La propuesta de este artículo consiste en focalizar el estudio en la comunidad morisca de Foz-Calanda desde un prisma próximo a lo que Carlo Poni, Edoardo Grendi, Giovanni Levi y Carlo Ginzburg denominaron microstoria. A partir de la documentación cotejada en los archivos de la Orden de Calatrava, del tribunal de la Inquisición de Zaragoza, de los protocolos notariales y de los quinque libri del archivo parroquial de Calanda, se pretende estudiar los orígenes y la fundación de Foz-Calanda, analizar la estructura social de dicha comunidad durante el Siglo de Oro y descubrir quiénes fueron los principales actores en la lucha por la pervivencia de la cultura islámica.

2. La fundación

La fecha de la fundación de la actual Foz-Calanda sigue siendo una incógnita. La ausencia de sondeos arqueológicos en el núcleo urbano o en sus inmediaciones impide datar con cierta precisión el asentamiento poblacional en dicho lugar. Si nos remitimos al análisis de la toponimia de Foz-Calanda, resulta evidente un nexo de dependencia con la vecina Calanda, motivo por el cual nos permitimos avanzar la hipótesis de que Foz-Calanda fue levantada con posterioridad al castillo de Qalanna, posiblemente en el periodo comprendido entre los siglos IX y XI.

Las fuentes islámicas relativas al poblamiento musulmán de las áreas rurales de la Marca Superior son escasas y, hasta la fecha, las investigaciones académicas se han centrado principalmente en las áreas situadas en torno a las medinas de Huesca, Calatayud, Lleida y, evidentemente, Zaragoza. Según [...] la zona de influencia del distrito, o cora, de Zaragoza se extendía hasta las riberas del Wadi al-Lawh, el río Guadalope. La nahiya Wadi al-Lawh, comarca de regadío del Guadalope, defendida por los castillos de Caspe, Alcañiz y Guadalope, adentraba sus ramificaciones en dirección de Foz-Calanda y de Alkol (Alcorisa).

¿Cuál fue el origen toponímico de Foz-Calanda? El geógrafo murciano al-ʿUdri, en su descripción de la Marca Superior de al-Ándalus, habla de la presencia en el distrito de Cutanda de un desfiladero en forma de hoz por el cual corre el río Hervás: Fayy Badra, el desfiladero del Badra. Partiendo de esa premisa, nos permitimos extrapolar que el primitivo nombre de Foz-Calanda fue Fayy Qalanna, la foz de Calanda, topónimo que se habría mantenido hasta finales del siglo XII, fecha en la cual, tras ser tomada por las huestes cristianas, pasaría a adoptar la toponimia romance con la que se le conoce en la actualidad.

Las referencias documentales acerca de Foz-Calanda durante el periodo altomedieval son escasas y ello, evidentemente, dificulta el estudio acerca de su fundación. Por suerte, han perdurado hasta la actualidad diversos documentos que atestiguan la presencia, en los contrafuertes de las Peñas Blancas, de un elemento arquitectónico relevante: el castillo de Foz. De aquella estructura apenas perviven los cimientos de tres líneas defensivas y, por la estrechez de la muela sobre la cual se elevaba y el carácter escarpado del terreno adyacente, creemos que en realidad el castillo fue torre, es decir, un torreón. Una torre que dominaba la val de Foz, controlaba la vía de comunicación con la qora de Turtusa y materializaba el poder del cadí de la nahiya Wadi al-Lawh.

Al amparo del baluarte, los primeros colonos levantaron ex nihilo Fayy Qalanna, un asentamiento que pudo ser en su inicio casa de labor o alquería. Con la instalación de una comunidad estable, se inició el aparcelamiento del espacio circundante y la roturación de las terrazas aluviales situadas río abajo.

A lo largo de los siglos IX y X, los asentamientos de Fayy Qalanna y de Qalanna vivieron importantes transformaciones en su fisonomía. La alquería de Fayy Qalanna se convirtió en aldea, mientras que los habitantes del asentamiento de Al-Balat abandonaron las riberas del Guadalope para establecerse en un cerro cercano al río de Calanda. El incremento vegetativo supuso la puesta en cultivo de nuevos espacios productivos y la construcción de la mayor obra hidráulica levantada sobre el curso del río de Qalanna desde época romana: la excavación de una acequia que encauzaba las aguas del río de Qalanna en dirección del Wadi al-Lawh. La creación de una nueva línea de regadío fue una obra de gran complejidad que requirió capacidad organizativa, recursos económicos y una fuerte cohesión entre los miembros de la comunidad, cohesión que Miquel Barceló asocia, en el caso del mundo andalusí, a los lazos de solidaridad existentes entre aquellos que reclamaban su pertenencia a un mismo clan. La creación de la red hidráulica que conectaba Fayy Qalanna con Qalanna fue obra de dos entidades singulares unidas por una misma fe y por los lazos de pertenencia a aquel clan que cruzó el estrecho para asentarse en la nahiya Wadi al-Lawh en torno al siglo VIII.

La reconquista del valle del Ebro y de las tierras comprendidas entre el río Martín y el Algars fue un proceso lento y complejo. Tras la toma de Zaragoza por el rey Alfonso I en 1118, el avance hacia el mar se vio entorpecido por la muerte del Batallador en Fraga, en 1134. El avance hacia las fuentes del Guadalope vendrá de la mano de Alfonso el Casto, quien, apoyado por los caballeros del Hospital y de Calatrava, remontará el Guadalope tomando Maella, Caspe y Alcañiz. Qalanna y Fayy Qalanna resistieron hasta 1170, fecha en la cual entregaron las plazas a don Martín Ruiz de Azagra, comendador de Alcañiz, e integraron los dominios de la Orden de Caballería de Calatrava. En 1204, Artall de Artusella, señor de Nonasp, recibía de Pedro II los lugares de Foz, Calanda y de Pitarra, en el término de Alcorisa, con la condición de hacer la paz y la guerra en nombre del rey y prestarle homenaje. El señorío de Foz-Calanda se transmitirá a través de la línea femenina de la familia Artusella a su hermana doña Elvira, a la hija de esta última doña Elvira de Cervelho y finalmente a don Pedro Ladrón de Cervelho.

La cruzada contra el infiel necesitaba ingentes recursos humanos y económicos, de ahí que la monarquía favoreciese, por una parte, el asentamiento de colonos cristianos en aquellas torres, alquerías o fortificaciones diseminadas por el territorio y, por otra, una política de tolerancia con sus vasallos sarracenos. La pervivencia de los sarracenos contribuiría, mediante el pago de la pecha, la gabela y la açofra, de forma sustancial al equilibrio de las arcas de la Corona. A lo largo del siglo XIII, la Orden de Calatrava, señora del alfoz de Alcañiz, entregaría carta de población a localidades como Belmonte (1232), Castelserás (1278) o Calaceite (1278), todas ellas pobladas íntegramente por cristianos. La permanencia de los mudéjares en la Marca Superior fue, sin embargo, un fenómeno dispar: si bien las élites y los grandes terratenientes optaron por emigrar hacia el reino de Valencia, la gran mayoría de los mudéjares prefirieron seguir aferrados a sus tierras. No puede negarse, no obstante, que en aquellos núcleos de la Encomienda Mayor de Alcañiz en que los mudéjares conocían un entorno hostil, se consideró como un mal menor abandonar el lugar de habitación e integrar las aljamas de Calanda y de Foz-Calanda.

Los nuevos pobladores cristianos prefirieron ocupar Alcorisa, Berge, Andorra y Camarón, hacerse con casas y tierras y levantar iglesias, antes que asentarse en Foz y convivir con el islam. Foz-Calanda no conoció un asentamiento de cristianos y, si lo hubo, no perduró en el tiempo ni tuvo necesidad de marginalizarse, como sucedió con sus vecinos de Urrea de Gaén en la morería, ni de llevar signos vestimentarios o convertirse al cristianismo, tal como lo aceptaron los mudéjares de Sástago, Embid y Paracuellos. La ausencia de un vicario o de un representante estable de las autoridades cristianas en el seno del lugar hizo que las disposiciones papales que restringían las manifestaciones públicas y religiosas propias del islam quedasen sin efecto: la aljama conservó sus señas de identidad, semejantes a las del resto del islam, y el muecín siguió llamando a la oración desde lo alto del alminar.

La política tolerante del siglo XIII fue endureciéndose a partir de 1276. La concordia pactada entre el obispo de Zaragoza, el cabildo y la Orden de Calatrava preveía la expulsión de la Encomienda Mayor de Alcañiz de todos los sarracenos de Calanda y Foz-Calanda, pero no fue finalmente refrendada por el rey y quedó sin efecto.

La ausencia de una carta de población que asegurase la tenencia de casas, tierras y las inversiones en el mantenimiento de los regadíos afectó gravemente a la economía, y el volumen de producción se redujo a niveles de subsistencia. Calanda recibiría su carta de población en 1360, y suponemos que Foz-Calanda la obtendría en fechas cercanas a la de la villa vecina.

Foz-Calanda se mantuvo bajo el dominio calatravo durante los siglos XIV y XV. Las dificultades para atender a las deudas contraídas llevaron a la concesión de censales, abonando un interés variable entre el seis y el ocho por ciento, lo cual significaba un empeño de por vida. En 1457, Jayme Sánchez de Calatayud compraba a mosén Berenguer de Bardaxí 2.000 sueldos de censo sobre los frutos y rentas de Calanda y Foz-Calanda correspondientes a 22.000 sueldos valencianos de propiedad; tres años más tarde Sánchez traspasaba el censo a Felipe de la Caballería. Felipe de la Caballería, prohombre de la ciudad de Zaragoza y bayle de Teruel, aprovecharía la difícil situación económica sufrida por la Orden de Calatrava y el rey Juan II para hacerse con la encomienda menor de Foz-Calanda. Bajo el dominio de los Caballería, Foz-Calanda no solamente perdió las preeminencias propias de los lugares pertenecientes a las órdenes militares, sino que sufrió el apremio de un señor ávido de cobrar rentas y censales.

En 1495, Fernando de Aragón tuvo noticia de la intención de Carlos VIII de Francia de invadir el reino. El Católico y el Consejo Real decidieron reclamar a sus súbditos un tributo destinado a financiar la constitución de un ejército con capacidad para repeler a los franceses. El fogaje de 1495 fue una de las obras maestras de Fernando el Católico, al constituir una operación indispensable para el recuento y tasación de un impuesto extraordinario. El censo de la sobrecullida de Alcañiz fue llevado a cabo por el comisario Felipe d’Escaray, prior de Bolea, y el notario Johan Prat, quienes se personaron en Foz-Calanda el 2 de noviembre de 1495 y asentaron en el libro de cuenta el nombre de las veinticinco familias de la aljama de Foz-Calanda.

La aljama de Foz-Calanda estaba en aquel año administrada por cinco personas principales. Osmen Corral, el alamín, representante de Francisco de la Caballería, era la máxima autoridad judicial; Braem de Braymot, Braez de Cahet y Ali de Gazera conformaban el consejo, órgano encargado de atender a la buena administración del lugar, a la recaudación de impuestos, al pago de las deudas contraídas por la aljama y al mantenimiento de las acequias. Chaat, el alfaquí, atendía todo lo relativo a la comunidad mahometana, a la umma; era el encargado de la plegaria del viernes y de velar por la transmisión de los cinco pilares del islam.

Aquellas veinticinco familias ocupaban un entramado callejero que carecía de plan vertebrador. El pueblo no había crecido a lo largo de las calles, sino a través de la extensión radial de sus barrios.

3. La sociedad de Foz en el Siglo de Oro

En 1516, los lugares de Foz-Calanda y Calanda, deseosos de abandonar la durísima jurisdicción señorial impuesta por la familia Caballería, negociaron con la Orden de Calatrava la entrega de una importante suma de dinero a cambio de su reincorporación a la Encomienda Mayor de Alcañiz.

Muerto Fernando, la monarquía hispánica recayó en Carlos de Habsburgo (1516). El joven emperador, inmerso en un contexto político complejo, decretó unilateralmente la conversión forzosa de todos los mudéjares aragoneses al cristianismo, lo cual supuso un punto de inflexión en el modelo de convivencia existente en el reino de Aragón y el fin de aquella “mucha paz y concordia” descrita por el visitador fray Martín de Veciana.

Los vecinos se vieron ante la disyuntiva de acatar el mandato real o verse expulsados de la Península. Los habitantes de Foz-Calanda, al igual que sus demás congéneres aragoneses, no tuvieron más alternativa que someterse a la decisión del monarca. Solo unos pocos, entre los más acérrimos defensores del islam, tomaron las armas y marcharon rumbo al reino de Valencia, luchando junto a los mudéjares valencianos atrincherados en la Sierra de Espadán.

Tras el bautismo, los cristianos nuevos de Foz-Calanda no solamente tomaron nombres cristianos, sino que sufrieron el cierre de su mezquita, la quema de su sagrado Corán y el desmembramiento de todas las estructuras políticas y judiciales que habían regido durante siglos la vida municipal. La conversión no significó la renuncia a aquel sentimiento de pertenencia a la nación musulmana, ni a todo aquel legado cultural de sus antepasados; la conversión fue falaz. Los vecinos de Foz-Calanda trasladaron, al amparo de los muros de sus casas y al ámbito de lo privado, la celebración de los ritos propios del islam. Entre los Corral, los Braymot y otros Hilleli, élite cultural mudéjar en tiempos anteriores, nació una nueva generación de alfaquíes que tomó el relevo de aquel alfaquí Chaat y asumió la difícil carga de transmitir las ʿibādāt a los miembros de su comunidad y de enseñar a las nuevas generaciones los cinco pilares del islam.

La sociedad local presentaba una estructura en forma de pirámide progresiva de amplia base, cuya cúspide ocupaban unos pocos mercaderes y terratenientes, y que descansaba sobre una base amplia, lo que Pierre-Louis Dufourny llamaría el cuarto orden: jornaleros, pastores, pobres e indigentes. A diferencia de lo que ocurría en Calanda, no existió una proto-burguesía mercantil de reconocida valía, ni un artesanado con capacidad para competir en los mercados de intercambio de la Tierra Baja.

4. El enfrentamiento y sus actores

En 1516, Foz-Calanda volvía a la Orden de Calatrava.

A primero de marzo de 1582 fue entregado en el palacio de la Aljafería, sede del tribunal de la Santa Inquisición de Zaragoza, un pliego proveniente de Foz-Calanda, lugar de la Encomienda Mayor de Alcañiz, perteneciente a la Orden y caballería de Calatrava. El documento, remitido por mosén Bartolomé Aguilar, vicario del dicho lugar de Foz-Calanda, fue examinado durante la audiencia de la mañana por los inquisidores Francisco Gasca Salazar y Juan Martínez de Villatoriel. En la carta, mosén Bartolomé, en respuesta a un requerimiento de los señores inquisidores, informaba del paso por Foz-Calanda de un nuevo convertido venido de Bechin, en el reino de Valencia, así como de ciertos sucesos ocurridos en su curato. El vicario de aquel lugar de moriscos, desamparado y aterrorizado, concluía la misiva apelando al amparo de la Santa Inquisición.

Extracto documental. “Vuestra Señoría se sirvan en abrazarme y hacer asegurar mi persona, que estoy entre enemigos y que claramente dicen que me han de matar. Yo, morir por la honra de mi Dios y defensa de la Iglesia, por bien empleado lo tiene; y si Vuestras Señorías no me aseguran, determino de irme con mi madre donde su divina majestad me encamine, donde tenga algún poco de descanso (...) Ofrézcolo todo a mi Dios, que ponga sus manos en mí, y Vuestras Señorías el remedio, pues el poder tienen en el averiguar y aclarar cosas malas. Todo lo demás que por acá hubiere de nuevo y alguno y llegare extranjero, particular cuenta y daré aviso a Vuestras Señorías. Y no siendo para más. Foz, a los XXVII de febrero de 1582. De Vuestras Señorías obediente, que sus manos besa, su capellán Bartolomé Aguilar.”

Los conflictos entre las comunidades moriscas y unos vicarios deseosos de disciplinar a sus feligreses constituyeron una problemática recurrente en el reino de Aragón durante el reinado de Felipe II. Lo ocurrido en Foz-Calanda en 1582 no fue sino una instantánea del panorama político-religioso de aquella segunda mitad del siglo XVI.

Notas

  1. En 1576, varios testigos cristianos viejos [...].
  2. Según el fogaje de 1495, Braez Alfadari ocupaba el cargo de alfaquí, Mahoma de No el de justicia, Juce Moçot, Braez Arabux y Ali Samperuelo los de consejeros. A. Serrano Montaldo, La población de Aragón según el fogaje de 1495, p. 173.
  3. APC, D 1590, f. 233.
  4. “A Juan de Lanuza, que habiéndose convertido a nuestra Santa Fe los vecinos de Calanda y Foz-Calanda, provea disponer iglesias y ornamentos y ministros para el culto y administración de sacramentos a aquellos vecinos de dichas villas, notificándoles estas disposiciones; al Arzobispo de Aragón sobre provisión del beneficio de Calanda y Foz-Calanda”. Cédulas de Carlos V (1526).
  5. AHN, Inq., L. 988, fols. 127v-128r.

Nota editorial

Criterio de corrección. El texto ha sido normalizado ortográficamente y revisado en puntuación, acentuación, mayúsculas, concordancias y latinismos, manteniendo intacta la estructura argumental y la división en apartados del original.
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