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La farmacia de Manuel Albesa
Memoria, patrimonio e historia local

La farmacia de Manuel Albesa

Crónica familiar y memoria calandina

Corría el año 1898 cuando, procedente de La Fresneda, recaló en Calanda Manuel Albesa, recién licenciado en Farmacia. Llamado por su prima hermana María Portolés, hija del dueño de la Fonda de la Plaza y futura madre de Luis Buñuel, se estableció en un cuarto bajo de la misma fonda, hoy Casa Buñuel, donde permaneció hasta que la casa fue derribada en 1900, al construirse la que sería casa familiar de los Buñuel.

De aquella familia que marchó a Barcelona a estudiar con un duro y volvió habiendo dado carrera a cuatro de sus ocho hermanos —y con el duro— quedó siempre el recuerdo del esfuerzo y la fortuna bien ganada. Manuel había trabajado con éxito en los Laboratorios del doctor Andreu mientras cursaba la carrera. Desalojado de la Plaza, se estableció en un pequeño cuarto de la casa número 5 de la calle San Miguel, donde, tras varias ampliaciones, permanecería la farmacia hasta 1994, año en que se trasladó a su emplazamiento actual.

Un personaje de anécdota y carácter

De Manuel abundan las anécdotas, y varias han pasado a formar parte de la memoria oral de Calanda. Se decía que sulfataba los alberjes de su finca en el Tiro del Bolo con algún que otro producto prohibido, para evitar que se los quitaran. Según el relato, un guardia civil entró a comerse un alberje sin permiso y se le “hincharon los morros”. Fue a quejarse a la farmacia y, como respuesta, solo obtuvo:

«Si no hubieras ido a quitar, no se te habrían hinchado».

La realidad es que sí los sulfataba con blanco de España, sencillamente para disuadir a los posibles rateros.

Se decía también que nunca permitía que pasaran por sus fincas, aunque él no pisaba los caminos. Un día apareció con dos melones y su escopeta —que llevaba siempre consigo— en el hospitalico, donde habían acampado unos “húngaros”. Les dijo:

«Les he visto desde mi huerto y me he dicho: esta gente tendrá hambre, y aquí les traigo un par de melones».

Cortó tajadas y las repartió. Cuando terminaron de comer, sacó una corteza de otro melón en la que se notaba, por los mordiscos, que a alguien le faltaban dientes. Fue comparándola una a una y, cuando encontró al que coincidía, aprestó la escopeta y le dijo:

«Venga para el cuartel, que tú me has robado los melones».

El farmacéutico y el innovador

Como farmacéutico fue inventor de varias fórmulas magistrales, entre las que destacaron, por su éxito, un líquido contra los sabañones y una preparación para las caballerías conocida como “los cinco espíritus”.

Muy aficionado a la agricultura, introdujo también en Calanda el primer tratamiento contra la mosca mediterránea, que asolaba los presqueros. El sistema consistía en dos botellas con un agujero en el fondo, cada una con un componente distinto, que se colgaban de las ramas. Todo el coste corrió por su cuenta. Asimismo impulsó el embolsado de la fruta, técnica que trajo de Valencia.

1898 Llegada de Manuel Albesa a Calanda e instalación inicial en la Fonda de la Plaza.
1900 Traslado a la calle San Miguel tras el derribo de la fonda.
1955 Fallecimiento de Manuel Albesa el 1 de enero.

La continuidad de la farmacia

Manuel Albesa murió el 1 de enero de 1955. Desde 1940 compartía la farmacia con su hija María del Rosario, una mujer siempre dispuesta a ayudar. En aquella farmacia no había horario ni días festivos: estaba siempre abierta. Aunque no era muy madrugadora, podía haber noches de cerrar a las doce, mientras tomaba “la fresca” con los vecinos.

María del Rosario se jubiló en 1984, después de 44 años de ejercicio, y murió a los 101 años. Desde 1975 hasta 1984 compartió la farmacia con su hijo Antonio, quien trasladó el establecimiento a su ubicación actual en 1994. Y, como la memoria familiar a veces se cuenta mejor con una sonrisa, cabe cerrar con la frase del propio narrador: «Y, dado que soy yo, no voy a decir más, no sea cosa que me pase».

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