La detención del general Ortega en Calanda (abril de 1860)
Nota GREC
El 9 de abril de 1860, el periódico madrileño La Correspondencia de España publicó una carta enviada desde Calanda que relataba los incidentes ocurridos en la villa pocos días antes. La noticia fue recogida después por otros periódicos de tirada nacional, como La Época, La España e incluso el Diario del Gobierno de la República Mexicana, signo del eco alcanzado por la detención en Calanda del general Jaime Ortega, capitán general de Baleares.
En 1860, el reinado de Isabel II atravesaba uno de sus momentos más inestables. Moderados y progresistas se alternaban en el poder en un sistema sacudido por pronunciamientos y conspiraciones. Los carlistas, derrotados en 1840 pero nunca desaparecidos, aguardaban la ocasión de devolver el trono al pretendiente Carlos Luis de Borbón, conde de Montemolín.
A comienzos de abril de 1860, el general Ortega desembarcó en San Carlos de la Rápita con unos cinco mil hombres procedentes de Mahón. A muchos de ellos se les había hecho creer que iban a la Península para impedir un golpe de Estado. En realidad, la operación pretendía encabezar un pronunciamiento carlista. Sin embargo, cuando Ortega intentó poner en marcha la insurrección, parte de la tropa respondió con gritos de “¡Viva la reina!” y “¡No queremos traidores!”, frustrando la rebelión antes de consolidarse.
Fracasada la sublevación, Ortega huyó hacia el Maestrazgo con la esperanza de encontrar refugio entre sus apoyos aragoneses, en especial en el entorno del barón de la Linde, vecino de Alcorisa. Cabalgando casi sin descanso, llegó a Calanda en la madrugada del 5 de abril de 1860, acompañado por varios oficiales. El grupo intentó localizar primero la casa de uno de los principales hacendados del pueblo y, después, solicitó al alcalde guía y bagaje para continuar camino hacia Alcorisa.
La actitud prudente del alcalde y la intervención de la Guardia Civil permitieron efectuar el arresto sin violencia. En una villa donde el carlismo tenía un arraigo notable, la discreción del procedimiento evitó probablemente un enfrentamiento entre liberales y tradicionalistas. Tras ser conducido a Alcañiz y después a Tortosa, Ortega fue sometido a juicio militar sumarísimo. Rehusó delatar a sus cómplices, fue condenado por alta traición y finalmente fusilado el 18 de abril de 1860, pese a las peticiones de clemencia elevadas incluso por la emperatriz Eugenia de Montijo.
El episodio causó una viva polémica y dejó huella en la literatura histórica del siglo XIX. La rapidez del juicio y la dimensión novelesca de la fuga inspiraron a Benito Pérez Galdós, que evocó estos sucesos en sus Episodios nacionales. Para Calanda, la noticia constituye un testimonio excepcional de cómo la gran política española podía irrumpir de forma súbita en la vida cotidiana de una villa del Bajo Aragón.
Fuente: carta publicada en la prensa (abril de 1860)
Relato de la llegada de Ortega a Calanda
La Correspondencia de España, 9/04/1860 · reproducido en otros diarios
“En la madrugada del 5 de abril de 1860, se hallaba el alcalde de Calanda en la plaza rondando con otro vecino cuando se acercaron dos desconocidos a preguntar las señas de la casa del Sr. (...) uno de los más ricos hacendados del pueblo. Tras darles la información, los dos forasteros fueron a llamar a la citada casa, que está en la misma plaza; pero el dueño se hallaba en Zaragoza desde hacía dos meses.”
“Entre tanto se había despertado la curiosidad del alcalde por saber quiénes eran los forasteros que llegaban a tales horas y, siguiéndolos, vio que los esperaban otros tres, todos envueltos en gabanes o capotes, con excelentes caballos, muy cansados por cierto, y con aires de militares.”
“Después de algunos instantes de conferenciando, uno de los recién llegados volvió a acercarse al alcalde, no sabiendo que él lo era, y le preguntó por la casa del dicho alcalde. Tras darse a conocer, el forastero solicitó un guía y un bagaje hasta Alcorisa.”
“Dispuesto a facilitar ambas cosas, el alcalde les pidió el pasaporte; vista la falta de pasaporte, el alcalde les rogó que entrasen en una posada con objeto de dar parte. Uno de aquellos cinco hombres, apenas entrado en la posada, se encerró en un aposento, apartándose de los demás.”
“A todo ello seguían ignorándose los nombres de aquellas personas, hasta que un joven en uniforme de ayudante se acercó al alcalde, le llamó aparte, y diciéndole que era el hijo del conde de Sobradiel, rogó que avisasen a su cuñado, el barón de Linde, que residía en Alcorisa. El alcalde se enteró en aquel momento de la verdad y entró a ver a aquel oficial, que muy agitado paseaba por el aposento. Aquel militar era el general Ortega, capitán general de las Baleares.”
“El alcalde estaba con Ortega cuando un segundo piquete de la Guardia Civil acudió a la posada; ante su presencia el general se retiró, pero, a la insistencia de la benemérita, desveló su identidad y puso en conocimiento de las autoridades locales lo ocurrido en San Carlos de la Rápita. Los oficiales rebeldes, a pesar de ir pertrechados, no ofrecieron resistencia alguna, entregándose a la Guardia Civil sin oponer resistencia.”
La secuencia publicada por la prensa permitía enlazar la escala local de Calanda con la gran conspiración carlista frustrada en la costa catalana, ofreciendo a los lectores una narración casi novelesca de la fuga, el reconocimiento y la captura del general Ortega.
Lectura guiada (GREC)
- Dimensión local: el episodio transcurre en la plaza, en la posada y en torno a las principales casas de la villa.
- Redes políticas: la huida de Ortega confirma la existencia de apoyos carlistas en el Bajo Aragón y su conexión con Alcorisa.
- Prudencia del alcalde: la exigencia del pasaporte y el aviso a la autoridad permiten desactivar la situación sin violencia.
- Papel de la Guardia Civil: la benemérita aparece como garante inmediato del orden y ejecutora del arresto.
- Valor historiográfico: la noticia muestra cómo la prensa nacional convirtió un incidente local en episodio político de alcance estatal.