Antón Tristán y la Inquisición: Calanda, 1582–1583
Nota GREC
El 17 de junio de 1583 se celebra en Zaragoza, con gran pompa, un auto de fe en el que comparecen noventa y cuatro presos para ser reconciliados en la fe de Cristo. Entre ellos figura un vecino de Calanda: Antón Tristán.
Antón Tristán, morisco valenciano natural de Elche, se instala en Calanda hacia 1560, donde trabaja como jabonero. Se le conocen tres esposas, todas ellas moriscas y calandinas —María Moçot, Blanca Asensio y María Garrido— y cuatro hijos: María, Alexandre, Juan y Alonso. Su trayectoria refleja el arraigo en la villa de familias procedentes del ámbito valenciano y vinculadas a oficios urbanos.
El día de San Miguel de 1582, mientras el vicario de Calanda, mosén Colau Loçano, lleva el Santísimo a un enfermo bajo palio por la plaza, Tristán arroja un trapo mojado en aceite que alcanza al clérigo en el hombro y la espalda. La escena, presenciada por numerosos vecinos, provoca escándalo y conduce a su denuncia, arresto y traslado a las cárceles de la Aljafería.
Durante el proceso inquisitorial, varios testigos declaran en su contra. Antón Tristán niega inicialmente los hechos, pero sometido a tormento termina por confesar. La sentencia es excepcionalmente dura: galeras al remo y sin sueldo por todos los días de su vida, además de trescientos azotes en Zaragoza y otros trescientos en Calanda. Enviado a las atarazanas de Barcelona, queda aferrado al remo hasta su muerte.
La represión inquisitorial no se detiene en su persona. Sus tres hijos varones serán también procesados por el Santo Oficio: Alonso y Juan sufrirán penas de galeras, mientras que Alexandre, denunciado por prácticas de moro, logrará la suspensión del juicio por falta de pruebas. El caso muestra la persistencia de redes familiares moriscas en Calanda y el alcance intergeneracional del castigo inquisitorial.
Fuente: relación de causas y extractos del proceso
Relación de causas despachadas entre el 5 de abril de 1582 y el 17 de junio de 1583
Carta desde la Aljafería, 28/06/1583 · fol. 36, p. 54v · fol. 60v, p. 82
Ayer se celebró auto público de fe en este Santo Oficio con mucha solemnidad, determinándose en él noventa y cuatro causas, y en ellas setenta y dos reconciliados por herejes; y de todos van treinta y nueve condenados a servir a V. Magestad en las galeras al remo sin sueldos, y nueve relaxados a la justicia seglar. Los siete moriscos de los principales deste reyno, con cuyo castigo y de los demás parece que todos están con mucho temor y, a lo que muestran, con más sosiego que nunca. Va con ésta la relación, y siempre se tendrá el cuidado que conviene para la seguridad, castigo y reducción desta gente.
Los ministros deste Santo Oficio han trabajado y trabajan mucho más de lo ordinario, y lo harán de aquí en adelante con esperanza que tienen que V. Magestad guarde y prospere, como los capellanes y criados de V. Magestad deseamos, y la cristiandad ha menester. Palacio real de la Aljafería de V. Magestad, a 28 de junio de 1583.
Ldº Francisco Gasca Salazar · Ldº Juan Martínez de Villatorge
Folio 36, página 54v. “Anton Tristan morisco xabonero vezino de Calanda diocesis de Çaragoça por haver confessado tarde y haber tirado un trapazo mojado en azeyte al Santissimo sacramento que llevaba el vicario de Calanda a un enfermo debaxo del palio y con mucha luminaria y gente descaperuzada.”
Folio 60v, página 82. “Anton Tristan, morisco xabonero, natural de la villa de Elche, Reyno de Valencia, vezino de Calanda, diocesis de Çaragoça, de edad de 47 años; llevando el vicario de Calanda el Santissimo sacramento a un enfermo, pasando por la plaza de un soportal, le arrojaron un trapazo mojado y le dieron en el hombro y en la espalda; y de esto hay siete testigos varones mayores de veynte y cinco años, y algunos dizen que creen se tiró al Santissimo sacramento y que no le acertaron porque le dio el clérigo un paso adelante; un testigo dize que vio que el reo tiró el trapazo, y otros que oyeron dezir que él lo avía tirado.”
“Preso estubo negativo; en tormento confessó que avía sido moro de treinta años a esta parte hasta el punto que estava, y que tomó de su casa, de una caldera de azeite, un trapaço, y llevándolo debaxo de la capa, acompañando el Santissimo sacramento que llevavan a un enfermo, llegando a la plaça junto a las casas de la villa arrojó el dicho trapazo suzio al Santissimo sacramento y le dio al clérigo que lo llevava; y él se quedó disimulado, aunque creyó que lo avía visto un cristiano viejo que nombra y es el testigo de vista que depuso contra él; y que esto hizo por menosprecio, y que fue día de Sant Miguel del año pasado de ochenta y dos, no se acuerda si saliendo de missa o a la tarde. Cárcel y galeras al remo y sin sueldo por todos los días de su vida, y se le den por Çaragoça trezientos açotes y otros trezientos por Calanda.”
Estos extractos documentan tanto la dimensión ejemplarizante del auto de fe como la severidad de la pena impuesta a Antón Tristán, convertida en castigo público dentro y fuera de Calanda.
Lectura guiada (GREC)
- Oficio y arraigo: Antón Tristán aparece como jabonero, señal de integración económica en la villa.
- Escándalo público: el ataque al paso del Santísimo se presenta como sacrilegio cometido ante toda la comunidad.
- Prueba y tormento: el proceso combina testimonios vecinales, rumor público y confesión obtenida bajo tormento.
- Castigo ejemplar: galeras perpetuas y seiscientos azotes muestran una voluntad de escarmiento extraordinaria.
- Persecución familiar: el caso revela la continuidad represiva sobre hijos y redes domésticas de origen morisco.