La nevera de Crespo.

23/01/2021
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La glacière de Crespo

Certains auteurs affirment que la construction de la glacière fut commandité, durant le Haut-Moyen-âge, par le Seigneur de Calanda, l'ordre de chevalerie de Calatrava. Cependant tout semble indiquer  que la fabrique de la glacière fut une initiative née au sein du Conseil de la ville entre le XVIième et le XVIIième siècle. 

La première trace écrite concernant la glacière remonte à 1652 date à laquelle un habitant de Calanda est chargé de subvenir aux besoins en neige du village de Castelserás situé à quelques kilomètres. Un deuxième document daté de 1739, fait référence à la glacière, on y voit le lieu-dit de Castelserás commanditer l'achat de 200 arrobas de neige (220 kg) au prix stipulé dans la Ville de Calanda.

La troisième source écrite se situe en 1855. A cette date, le Ministre Madoz ordonne la confiscation des biens communaux. Cette décision politico-économique à pour conséquence que le 7 décembre 1860, le Bulletin officiel  de la province de Teruel met aux enchères la glacière au prix de 4.000 réaux. En 1861, Juan José Crespo gagne les enchères et en devient le propriétaire. La glacière est restée entre les mains de la famille Crespo  durant un siècle et demi raison pou laquelle la glacière est connu sous le nom de: Glacière de CRespo.

La structure originale occupait 320 mètre carrés, le puit une profondeur de plus de sept mètres, et la glacière un diamètre d'environ trois mètres. Depuis son acquisition par la famille Crespo, quatre passages intérieurs y ont été creusés et utilisés à des fins diverses: cave, champignonnière etc..

Eloy Crespo Gasque, l'un de ses derniers propriétaires, en s'opposant aux divers projets urbanistiques qui prévoyaient sa fermeture, su préserver sa conservation.

Depuis les années 2000, la glacière est devenu un bien municipal et a été transformé en espace muséistique.


Autoría : FRANCISCO APARICIO AGUERRI

Descripción

Según el diccionario de la RAE, un nevero/a (del latín nivarius “relativo a la nieve”, “lleno de nieve”), en su tercera acepción, es un sitio en el que se guarda o conserva nieve. También según la RAE, un pozo de nieve es una excavación seca vestida de piedra o ladrillo y provista de desaguaderos, donde antiguamente se guardaba la nieve para el verano.

Es decir, que las neveras, neveros o pozos de hielo o nieve son unas excavaciones en el suelo que mantenían una temperatura constante, fría, que ayudaba a que la nieve y el hielo que eran almacenados en invierno se mantuvieran durante los meses de calor.

Su planta suele ser de forma circular y están rematadas por una bóveda acampanada. Tanto las dimensiones de la base como de la altura varían sorprendentemente de una nevera a otra. En la parte inferior hay unos canales excavados con inclinación que servían para la eliminación del agua del deshielo de la propia nieve.

La necesidad de conservar el frío y el uso de la nieve ha estado presenta en la Historia de la Humanidad, conociéndose la actividad de neveros en el Lejano Oriente, Antiguo Egipto y Mesopotamia. La primera documentación escrita sobre las neveras se remonta al siglo XI a.C., en China. Hace más de cuatro mil años, en la ciudad de Ur (Mesopotamia) existía lo que llamaban casa fría o casa de hielo, donde se alaceaba y distribuía hielo de las montañas. Esta actividad continuó en Egipto y, posteriormente en Grecia, donde se cita el uso de la nieve en banquetes, y la existencia de su comercio en Atenas.

Posteriormente el uso de la nieve pasó a Roma, donde se usa como remedio terapéutico, en bebidas y refrescos, y para conservar los alimentos. Otra gran civilización que usó la nieve, aumentando su comercio, fue la islámica, usándose para fines terapéuticos, pero también para usos lúdicos (el placer de tomar bebidas frías). Fueron precisamente los musulmanes los que dieron a conocer y divulgaron su uso, para conservar carnes y pescados, refrescar bebidas, fabricar helados y usos medicinales.

Durante los siglos XVI y XIX se produce una generalización del consumo de nieve, retomando los antiguos tratados de medicina del mundo clásico. Aprovechando la “pequeña edad de hielo”, prolifera la construcción de pozos de nieve, hasta que a finales del siglo XIX, con la invención de modernos apartaos productores de hielo industrial, las neveras fueron cayendo en desuso.

El ciclo de la nieve en las neveras comenzaba con el acopio de la nieve o el hielo (en Calanda, por sus características climáticas, sería más usual el uso de hielo, recogido por ejemplo, en las balsas tras una noche de helada). Una vez dentro, la nieve o el hielo era apelmazada para evitar su fusión y colocada en capas separadas entre sí por un aislante vegetal (generalmente paja). Posteriormente, con la llegada del buen tiempo, la nieve era comercializada. La nieve se cortaba en bloques o “panes” y se metía en cajas de madera recubiertas con ramas y telas, para trasladarla a su destino final. Su traslado se efectuaba por la noche, para evitar el calor y, para traslados largos con varias etapas, se empleaban neveras intermedias entre el origen y el destino, para poder conservar la nieve. A pesar de todo, en su transporte se perdía un porcentaje bastante amplio del hielo.

El uso de la nieve era diverso, desde un uso terapéutico, para tratar fiebres, contener hemorragias y ayudar a la recuperación de ciertas heridas o como anestésico.  Como es lógico también era importante para la conservación de alimentos, sobre todo para aquellos que había que trasladar hasta sus lugares de consumo. Por último, otro uso era el consumo directo, por placer, para enfriar bebidas o alimentos y, a partir del siglo XIX para la fabricación de aguas compuestas, granizados, horchatas o sorbetes.

Normalmente las neveras en el Bajo Aragón eran comunales (propiedad del pueblo), aunque también había privadas y pertenecientes a órdenes religiosas. Normalmente los propietarios designaban personas para la explotación de la nevera, que eran los arrendatarios. La primera obligación del arrendatario era que no faltase la nieve hasta la llegada de los siguientes fríos, llegando a ser sancionado si eso sucedía. Los destinatarios de la nieve solían ser los propios vecinos, con preferencia para los enfermos.

LA NEVERA DE CALANDA:

La nevera de Calanda se encuentra ubicada en la calle Zaragoza de la localidad, dentro del actual casco urbano, en una ampliación fruto del crecimiento del pueblo. Zona que en origen estaría dominada por eras y corrales. Se encuentra a 460 metros sobre el nivel del mar y orientada al norte de la localidad.

El acceso a la nevera se realiza a través de un túnel de acceso a nivel de calle, con bóveda de cañón rebajada y con unas dimensiones de 1,5 metros de ancho, 1,8 de alto y una longitud de 11 metros. Ese pasadizo da acceso a la bóveda de la nevera, de la que salen otros tres túneles que, junto al de entrada, forman una especie de cruz. El túnel de la izquierda tiene una longitud de 12,1 metros por 3,1 de ancho. El túnel de la derecha mide 9,3 metros y tiene una anchura de 3,1. Y el frontal tiene una profundidad de 5,1 metros y una anchura de 3,5 metros. Los tres tienen una altura aproximada de 2,7 metros. Todos tienen las paredes recubiertas de piedra, con arcos escarzados de sostén. Hay que destacar que estos pasadizos no forman parte de la fábrica original de la nevera. Su construcción, seguramente, tiene su origen en la adaptación de este espacio como bodega, una vez dejó de prestar servicio como nevera.

La bóveda central, de bella factura y buen estado de conservación se asemeja a la cúpula central de una iglesia. El espacio es de planta circular, con paredes realizadas en mampostería con mortero de cal. Cerca del arranque de la bóveda existen cuatro vanos ciegos que, probablemente, servían para sujetar los maderos usados de andamios para la construcción y para el funcionamiento de la nevera.

La cubierta es una falsa cúpula de piedra realizada por aproximación de hiladas. En el centro se sitúa la abertura superior, con un diámetro de 1,1 metro. Las dimensiones de este espacio central son de 5,3 metros de diámetro en la base y 7,3 metros de altura máxima. Es decir, que tendría una capacidad media-alta dentro de las neveras de la comarca. No se tiene en cuenta la capacidad de las naves laterales, ya que son elementos ajenos al periodo de funcionamiento de este espacio como nevera.

HISTORIA DE LA NEVERA DE CALANDA:

Aunque según algunos autores, como el arquitecto Fernando Chueca Goitia, afirman que esta nevera perteneció a la Orden de Caballería de Calatrava, señores feudales de la Villa de Calanda durante siglos, no existe constancia documental de ello. Es probable que, al igual que en otros lugares bajoaragoneses, el promotor de la obra de la nevera, construida seguramente entre los siglo XVI y XVIII, fuera el concejo local. Concejo en el que los calatravos, como señores feudales de Calanda, tendrían una gran influencia. Pero todo indica a la explotación comunal de la nevera, seguramente a través del arrendamiento a particulares.

Como se ha dicho, esta nevera es contemporánea al resto de neveras bajoaragonesas. Es decir, que se construyó durante el apogeo de este tipo de obras, entre los siglo XVI y XVIII, cuando se produce el descenso de las temperaturas (“la pequeña edad de hielo”), que facilita la generalización del consumo de hielo por parte de la población.

La primera noticia que se tiene de esta nevera es del año 1739, cuando el Ayuntamiento de Castelserás compra 200 arrobas de nieve almacenadas en Ejulve y La Zoma para el aprovisionamiento de su nevera, al mismo precio que el estipulado para la Villa de Calanda, lo que da a entender la existencia de la Nevera de Calanda. Esta noticia también nos muestra que Calanda, debido a su clima, menos frío y con menos precipitaciones que en las serranías, tenía dificultad para llenar su depósito, debido a la escasez de las nevadas, por lo que tenía que recurrir a los pueblos situados más altos. Otra alternativa sería el uso de hielo, como se ha comentado antes.

Sin embargo existe otra noticia anterior con respecto al uso de nieve en Calanda, ya que en el año 1658 un vecino de Calanda era el encargado de abastecer de nieve a la nevera del pueblo vecino de Castelserás.

La siguiente noticia que tenemos de la Nevera de Calanda se sitúa dentro de la Desamortización de Madoz, promulgada en 1855. Así como la de Mendizábal (1836) se centró en la desamortización de bienes eclesiásticos, la de Madoz lo hizo sobre los bienes comunales, privando a los vecinos de los municipios de unos bienes e ingresos imprescindibles para su supervivencia. La Nevera de Calanda fue uno de esos bienes comunales subastados.

El Boletín Oficial de Ventas de la Provincia de Teruel del 7 de diciembre de 1860 hace referencia a la subasta de una nevera sita en las eras de Calanda, a cuyos propios pertenece, y que consta de caseta y pozo en buen estado, cuya extensión superficial es de 380 metros, el diámetro del pozo de 3,3 metros y su profundidad de 7,20 metros. En aquella época, confrontaba al norte con camino, al sur con propiedad de Pablo Marco y al este con camino de herederos. Se capitalizó en 1.440 reales sobre 80 que le graduaron los peritos en valor de renta y fue tasada en 4.000 reales al salir a subasta.

En 1861, en dicho boletín, se adjudicó la nevera, por el precio de salida, a Juan José Crespo, perteneciendo a partir de entonces a esta familia (debido a ello a esta nevera también se le conoce como Nevera de Crespo). Posteriormente se modificó su estructura original añadiéndose los cuatro pasadizos inferiores y destinándose a diversos usos, ya que se ha usado como peña, como la bodega particular de la familia Crespo e, incluso, como criadero de champiñones.

Eloy Crespo Gasque, uno de sus últimos propietarios, demostró un gran interés en la conservación de la Nevera, evitando su desaparición durante las sucesivas reformas de la población. Siguiendo sus deseos, su familia, en los últimos años del siglo XX, cedió la Nevera al Ayuntamiento, siendo restaurada por el consistorio.

Dentro de su revalorización como parte del Patrimonio Cultural de la localidad y de la comarca, se incluyo a la Nevera calandina dentro del proyecto de la Ruta de las Bóvedas del Frío. Este proyecto es una iniciativa del Grupo de Acción Local Bajo Aragón-Matarraña (OMEZYMA) y consiste en una ruta temática basada en la rehabilitación de una seria de neveras construidas en el Bajo Aragón Histórico durante los siglos XVI y XVII. Esta recuperación ha permitido conocer cada uno de estos espacios, con su particular construcción original, tal como lo hicieron nuestros antepasados, siendo una interesantísima propuesta de turismo cultural. La ruta se basa en la visita autoguiada a distintas neveras, y en cada una de ellas se podrá disfrutar de una propuesta didáctica diferente.

En la Nevera de Calanda encontramos distintos paneles en los que se nos explica la forma de acumulación y conservación de nieve y hielo dentro de las neveras. Pero seguramente lo más interesante, aparte de la propia construcción, es la recreación, en el túnel frente a la entrada, de cómo se alternaban las capas de hielo y paja, además de poder observar la reproducción de varias herramientas usadas en el trabajo con la nieve, como pueden ser las mazas de madera o los capazos. También encontramos una pequeña colección de cerámica tradicional calandina. Igualmente, en alguna ocasicón se ha usado la Nevera para realizar diversas exposiciones y actividades culturales.

Un aspecto importante es que la Nevera de Crespo no es la única existente en el término municipal de Calanda, ya que junto al Convento de Carmelitas del Desierto existe una nevera para abastecer a la comunidad de religiosos y que, a diferencia del edificio conventual, se encuentra en muy buen estado de conservación.

Por último, cabe destacar que el pasado 23 de junio de 2020, la Dirección General de Patrimonio del Gobierno de Aragón inició el proceso para la declaración de Bien de Interés Cultural (máximo grado de protección existente en la Ley de Patrimonio de Aragón), en la categoría de Monumentos, de los neveros y pozos de hielo ubicados en distintas localidades aragonesas, entre las que se encuentra Calanda, junto a las de Albalate del Arzobispo, Belmonte de San José, Camarillas, Cantavieja, La Ginebrosa, La Mata de los Olmos, Cañada de Verich, Valdealgorfa, Culroya de Fuendetodos, San Lorenzo de Uncastillo, Las Pedrosas, Barbacana de Barbastro, Benabarre, Legonyer de Fraga, Salillas, Vicién, Campoluengo 1, Las Camas VIII y Conjunto de Gentsemaní de Peralta de la Sal.

Esta declaración de BIC tiene como fin poner en relieve la relevancia arquitectónica e inmaterial de esta arquitectura del hielo, resaltando sus ejemplares más relevantes, seleccionados por diversos factores: factura arquitectónica, características inmateriales, por representar un importante eslabón en la red de comercio, por la documentación archivística asociada o por su interacción en el paisaje.

Hay que indicar, que a fecha de hoy (finales de noviembre de 2020) no ha concluido el proceso administrativo para dicha declaración como BIC, después de que varios ayuntamientos alegaran para incluir su nevera en la lista de elementos a proteger, por lo que estas neveras aún no han sido declaradas Bien de Interés Cultural, aunque la incoación del expediente conlleva la aplicación inmediata y provisional de los elementos inmuebles y a su entorno de protección, del régimen de protección establecido para los bienes de interés cultural en la Ley de Patrimonio Cultural Aragonés.


Bibliografía y fuentes documentales:

  • Ceamanos Llorens, Roberto y Mateos Royo, José Antonio; Calanda en la Edad Moderna y Contemporánea; Instituto de Estudios Turolenses, Zaragoza, 2005.
  • Boletín Oficial de Aragón número 127 de 29 de junio de 2020.
  • Varios, Las Bóvedas del Frío, la Ruta de las Neveras; OMEZYMA, Zaragoza, 2009.
  • “Las Bóvedas del Frío” en Visit Bajo Aragón. https://visitbajoaragon.com/bovedasdelfrio/proyecto.htm
  • “Ficha Nevera de Calanda” en Visit Bajo Aragón. https://visitbajoaragon.com/bovedasdelfrio/pdf/fcalanda.pdf
  • Bayod Camarero, Alberto y Benavente Serrano, José Antonio; Al-Qannis 8. Neveras y pozos de nieve o hielo en el Bajo Aragón: el uso y comercio de la nieve durante la Edad Moderna, Taller de Arqueología de Alcañiz, 1999.

© 2019 Grupo de estudios Calandinos.
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