La ermita del Humilladero

07/07/2020
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En la Baja Edad Media se difunde por toda Europa el culto a Jesús Crucificado y se representa su Pasión. En aquellos tiempos se inicia la costumbre de levantar cruces a la salida de las poblaciones. La cruz permite al caminante. orientarse, pero, en el contexto de inseguridad reinante a lo largo de los caminos, también se convierte en altar donde encomendarse o agradecer a la protección divina. Del acto de arrodillarse o humillarse ante la cruz deriva el vocablo humilladero. La erección de la cruz es un acto de devoción asumido por, el Consejo en nombre del pueblo, por particulares, o por cofradías.

La ermita del humilladero se construye entre finales del siglo XV o inicio del XVI, época en que Calanda pertenece a los dominios del rico e influyente don Felipe de la Caballería. Según datos aportados por la fundación Quílez-Llisteri, el edificio se levantó junto a una gran cruz situada a las afueras del Portal de Valencia, en la bifurcación de los caminos en dirección a Castelserás y Torrevelillla. Se desconoce las características del primitivo edificio, posiblemente fuese de reducidas dimensiones, con una estructura abierta propia al estilo aragonés.

En las numerosas visitas de Calanda realizadas por la orden de Calatrava y los agentes del Arzobispo de Zaragoza entre 1526 y 1600, no hallamos referencia alguna a la ermita del humilladero. Posiblemente, durante el siglo de Oro, el Humilladero no pasa de ser una simple construcción, un templo que queda al margen de la ruta votiva de los cristianos calandinos.

La salida de los moriscos en 1610 significa el empoderamiento de Calanda por los cristianos, quienes reparan el edificio y le devuelven el carácter religioso que le corresponde. El ritual de arrodillarse o santiguarse ante el templete dedicado a la Virgen del Pilar se convierte en una rutina diaria para los trabajadores de campo que toman el camino de Pico Verde, Albalate y la Huerta baja. Mosén Vicente Allanegui en su Apuntes históricos hará gran énfasis en la visita al oratorio realizada el día del Milagro, por Miguel Pellicer acompañado por todo el pueblo. En los años posteriores al Milagro la imponente cruz situada a las puertas de Calanda es trasladada junto a la casa de la familia Pellicer, ahí donde se construirá el templo mariano.

Dibujo de Miguel Pérez Timoneda

En 1786, los devotos cristianos de Calanda financian la construcción de una nueva ermita, con el diseño que conocemos en la actualidad. El maestro albañil a cargo de la obra utiliza, no utiliza el ladrillo, ni la tradicional mampostería, sinó piedra de sillar, material noble reservado en Calanda a las recias mansiones de las familias más importantes, asegurando de tal maner su carácter intemporal. El mobiliario interior, escueto y funcional, lo conforman dos confesionarios, un sagrario, y un cuadro de la Virgen ofrecido por un devoto natural de la Cañada.

Con el paso de los años la expansión del casco urbano de Calanda a los largo de la calle mayor durante el siglo XIX alcanza la ermita construyéndose diversas viviendas a su alrededor. Retomando las notas de mosén Vicente “[…] la campana estaba situada sobre el tejado de la casa de Pablillo Marco […]” llegamos a la conclusión que la espadaña que se eleva sobre el portal en arco de medio punto es seguramente un añadido posterior, forzado por la reestructuración del entorno al quedar la ermita atrapada entre las nuevas construcciones.


© 2019 Grupo de Estudios Calandinos.
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