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La familia de Macho bajo el yugo de la inquisición (1605).

20/08/2019
5 min lectura

En 1605 Juan de Macho, vecino de Calanda, tras pasar dos años encarcelado en la prisión de la Alfajería, es procesado por el tribunal de la santa inquisición del distrito de Zaragoza. Juan es uno de siete hijos de Miguel, tres de los cuales han sido anteriormente condenados por el Santo oficio.

El caso de la familia de Macho es en sí un caso paradigmático que pone de relieve por una parte la actuación de la Santa Inquisición y por la otra la pervivencia entre las familias moriscas calandinas de las prácticas religiosas propias del Islam.

La familia de Macho la conforman Miguel de Macho (1530-1592) e Isabel Lagata (1530-1594) cónyuges y sus siete hijos Miguel, Esperanza, Pedro, Alexandre, Clara, Lope y Joan. Los de Macho se dedican al transporte de mercancías; son arrieros, trajineros que a lomo de carro recorren el reino.

En 1602, el asesinato de Gaspar Méndez, Justicia de Calanda provoca una oleada de detenciones entre la población morisca de Calanda. Cualquier motivo por fútil que sea, cualquiera sospecha, provocan la intervención de los agentes del Santo Oficio. Miguel de Macho es denunciado por dos cristianos viejos de Calanda que le acusan de celebrar el Ramadán. Torturado en los calabozos de la alfajería Miguel niega la acusación. Los inquisidores haciendo caso omiso de la defensa lo condenan a la pena capital. Miguel es relaxado (entregado) al brazo secular y sus bienes confiscados.

El mismo año es arrestado su hermano Pedro. Unos vecinos cristianos viejos declaran haberle visto ayunar por espacio de más de 15 días durante la Pascua del Ramadán. Preso, Pedro es sometido dos veces al tormento, cede y confiesa. Por ello será condenado a cárcel perpetua y a servir los primeros cinco años en galeras al remo sin sueldos, pagando además diez ducados de oro.

Lope y Juan de Macho, tras el encarcelamiento de sus hermanos, se personan en Zaragoza en casa del verdugo. Le preguntan acerca de Pedro y le ruegan que “[—] quando diese tormento a Miguel de Macho no le apretase mucho porque era hombre aogado de pecho y de poca fuerza pequeño y que entendían que confesaria y que si dixiese algo contra algunas personas [—]”, no lo comente con los inquisidores; a cambio le ofrecen cinquenta reales y “[…] un pedaço de lienzo y un collar para su muger[—]”.

Por aquel motivo Lope es a su vez transferido a la Alfajería y condenado a que “[—] en avito publico de la fe se leyese su sentenzia q se le diessen cien azotes y desterrado de Calanda por dos años uno preciso y otro voluntario y en treinta escudos para los gastos de este Santo oficio.”.

Finalmente es Juan quien cae en manos de la inquisición. El verdugo denuncia que un dia del mes de octubre de 1602 Juan fue a su casa ofreniéndole “[—] cinquenta reales y un calçado para su muger y otras cosas“. Tres xpianos viejos calandinos se personan ante los inquisidores y declaran que en abril de 1596 cuando unos guardas le preguntaron acerca de cierto delito, Juan de Macho alzó el dedo hacia el cielo y respondió “Por Alda y por su nombre que de tal daño no he hecho”; que en julio de 1600 le habían visto degollar ovejas “[…] cortandoles el pezcuezo hasta la mitad y dejando la nuez a parte de la cabeça y q ententiendo era deguello de moros, y un dia mato una oveja degollandola de aquella de quella suerte y con el rostro hacia el sol […]. Juan es condenado a pagar 25 escudos para los gastos de Santo Oficio y es desterrado por dos años de Calanda a una legua a la redonda.

Las esposas y familiares de los presos se enfrentan a la ardua tarea de reunir los fondos necesarios para costear de la manutención de los presos durante su cárcel en Zaragoza. Privados de cualquier tipo de ingreso las familias recurren a la venta de bienes, a la solidaridad de la comunidad morisca y al empréstito. El pago de las exorbitantes penas pecuniarias impuestas por el tribunal significa en la mayoría de los casos el embargo de todos los bienes y por consecuente condena a esposas e hijos a la más estricta miseria.

La acusaciones presentadas contra los de Macho sacan a la luz que a pesar de las campañas de evangelización, pasados más de ochenta años desde que Carlos I ordenó la conversión al catolocismo de los mudéjares aragoneses (1525), perviven en el seno de las unidad familiares las costumbres y los ritos heredados de sus antepasados; ritos y costumbres que los moriscos calandinos asocian a un signo de identidad que les diferencia de los cristianos viejos.

Los hermanos de Macho sufrirán suertes diversas, Miguel será quemado en la plaza de mercado de Zaragoza en 1605, Pedro sucumbirá en galeras, Juan fallecerá en Fuentes de Ebro (1607) de camino a Calanda tras cumplir su destierro. Lope será el único en superar a las penurias y lograr volver a su pueblo natal.

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