DE IBERIA A HISPANIA

06/12/2021
31 min lectura

Autoría: Asunción Blesa Castán

Los romanos llegaron a la península ibérica en el 218 aC. Ésta era étnica, lingüística y culturalmente indoeuropea, exceptuando la franja costera meridional que era de dominio fenicio. La mujer íbera y su cultura, tuvieron que adaptarse a la civilización romana que se asentó en la península.

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Mapa península ibérica siglo IV aC.

La llegada de las tropas romanas se produjo durante la segunda guerra púnica entre Roma y Cartago. Su objetivo era impedir el paso hacia Italia, enviando dos ejércitos a Emporiun en 218 aC.

Hacia el año 197 aC. lograron expulsar a los cartagineses y dominar el sur peninsular y la costa mediterránea. Durante los años del 197 aC. al 133 aC. en la Meseta Central de la península, los pueblos indígenas, destacando lusitanos y celtíberos opusieron una resistencia activa hacia Roma.  Pero finalmente entre el año 29 aC y el 19 aC. Tras el sometimiento de las tribus de cántabros y astures, se dio por finalizada la conquista romana.

En el siglo II aC. la llegada de soldados romanos hizo que el paisaje ibérico se modificara. Empezando por las zonas costeras a las que llegaron desde tierras italianas avanzando por todo el territorio hasta el siglo V de nuestra era.

Los soldados se asentaron y entraron en contacto con la población nativa, produciéndose un proceso de mestizaje, además de con las otras culturas que ya habitaban en la península, como griegos y fenicios. Se produjo una romanización irreversible.

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Mosaico de Ampurias
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Emporoim-Ampurias . Domus

En todo este tiempo las estructuras sociales, políticas, económicas, jurídicas y religiosas de la civilización romana fueron incorporadas a las zonas conquistadas.

Las uniones entre los romanos y las mujeres hispanas sirvieron como un medio efectivo de fusión entre la población existente y los recién llegados.

Estas mujeres asumieron las estructuras que llegaron del otro lado del Mediterráneo, pero mantuvieron elementos propios. Se puede apreciar en el ámbito religioso; las antiguas divinidades que ya eran el fruto del sincretismo con los dioses orientales, se adaptaron y aceptaron a las diosas romanas. Diana, llego desde Roma asimilada a la griega Artemisa, mientras que Isis la gran diosa madre mediterránea seguirá presente en la Península Ibérica.

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DIANA

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ARTEMISA
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ISIS

La mujer romana y la hispana continuaron con el rol establecido para ellas en la esfera privada. Encargadas del hogar, del buen funcionamiento de las domus y supervisando la producción familiar cuando eran propietarias de grandes extensiones de tierra.

Cuando la mujer se relaciona públicamente sigue realizando tareas domésticas como yendo a buscar agua a la fuente, comprando o vendiendo en el mercado. En el campo fueron parte activa de la producción agrícola y en las ciudades participaron en el trabajo artesanal.

Las mujeres romanas que vinieron a la península trajeron el modelo de matrona, establecido en el Imperio, así como las leyes de subordinación de las esposas, madres e hijas, bajo la tutela de un hombre, consolidando el modelo de sociedad patriarcal.

Algunas inscripciones que han sobrevivido al paso del tiempo, nos hablan de mujeres que recibieron cierta notoriedad pública en las ciudades hispanas patrocinando la construcción de infraestructuras civiles o religiosas, así como estatuas en memoria de sus maridos e hijos o incluso de sí mismas. Estas mujeres, la mayoría de las élites aristocráticas o senatoriales, tuvieron acceso a una educación más o menos amplia, aunque siempre reducida con respecto a los hombres, como se lamentaba Séneca al hablar de su madre, la sabia Helvia a la que su propio esposo negó el acceso al conocimiento.

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Helvia Albina, la matrona hispanorromana, madre de Séneca.

¿Qué se encontraron los romanos cuando llegaron a la Península Ibérica?

Desde inicios del siglo V aC., la península ibérica se dividía en dos zonas culturales. En las costas este y sur se situaban los pueblos ibéricos influidos por el contacto con las colonizaciones púnicas y griegas, y presentaban características comunes. El resto del territorio estaba habitado por los pueblos celtas, con rasgos culturales aportados por las migraciones indoeuropeas.

Entre los pueblos ibéricos se encontraban los bastetanos, los edetanos, los layetanos y los turdetanos entre otros. Todos ellos presentaban una economía agrícola basada en los cereales, el esparto, el lino, el olivo y la vid. El pueblo ibérico que habitaba el sur explotaba las minas y desarrolló una importante metalurgia en la que destacaba la fabricación de armas, como la falcata ibérica, y la orfebrería. Elaboraba cerámica y tejidos, y comenzaron a acuñar una moneda propia gracias al comercio. Algunos desarrollaron la escritura. Los íberos habitaban en poblados amurallados situados en zonas de fácil defensa y su organización social se basaba en tribus. En relación al poder económico y militar, existía una jerarquización social, con la presencia de la aristocracia guerrera. El máximo exponente de los pueblos ibéricos fue la Dama de Baza, que muestran influencias griegas y púnicas.

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Falcata ibérica
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Orfebrería ibérica, pendiente
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Denario ibérico turiasico

Los iberos se extendían por toda el área levantina, desde los Pirineos hasta Gades (Cádiz), con una zona de influencia que abarcaba una importante franja interior, desde el valle del Ebro hasta el valle del Guadalquivir. Fueron un grupo cultural relativamente homogéneo, con influencias de los griegos y cartagineses. Sus rasgos básicos, sin embargo, son la consecuencia de una evolución autóctona de los pueblos de la Edad del Bronce: poblados fortificados de tamaño variable, desde ciudades a aldeas, situados a menudo en colinas y elevaciones del terreno, que tenían una economía principalmente agrícola y ganadera, aunque se ha de destacar también el intercambio de productos artesanales y minerales con los comerciantes extranjeros.

Entre los siglos V y III a. C. los distintos grupos iberos adquirieron grados de desarrollo social y político diverso. La mayor parte estaban dirigidos por una aristocracia que controlaba la producción agraria e imponía su dominio mediante la fuerza militar, los ajuares funerarios cargados de armas y de imágenes que enardecían los valores guerreros, así parecen demostrarlo. En ciertos pueblos hubo líderes que podían estar cercanos a la figura de un rey. La conquista de cartagineses y romanos impidió el desarrollo autóctono y los sometió a todos al dominio externo.

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Dama del cerro Los Santos

Tenían una lengua propia, aún sin descifrar, ritos religiosos y funerarios característicos y en determinadas ciudades, un cierto desarrollo de la planificación urbana. De las muestras artísticas que se conservan destacan una serie de esculturas funerarias, entre las que estarían la Dama de Elche, la de Baza, la del cerro de los Santos o la llamada Bicha de Balazote. También se ha de mencionar la célebre falcata ibérica, alabada por los cronistas romanos.

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Bicha de Bazalote (Albacete)

Entre los pueblos celtas se encontraban los carpetanos, los celtíberos, los lusitanos y los vacceos entre otros. Los pueblos celtas habitaban en la Meseta Central y en la costa atlántica. Tenían una economía rudimentaria y autosuficiente, con un comercio escaso. Los pobladores de la Meseta Central eran ganaderos y los pobladores de la costa atlántica desarrollaron una agricultura basada en el cultivo de los cereales. Elaboraban cerámica y tejidos, y eran expertos en la metalurgia del hierro y del bronce. Se asentaban en poblados, denominados castros, situados en zonas elevadas. Los poblados estaban compuestos de casas circulares distribuidas desordenadamente. La organización social era tribal, hablaban indoeuropeo y desconocían la escritura.

El centro, norte y oeste de la península estuvo poblado por varios pueblos indoeuropeos y pre-indoeuropeos, como atestigua la toponimia de la región. Los celtas de la península eran, en realidad, un conjunto de varias etnias o pueblos que formaban unidades geopolíticas independientes en el centro y noroeste peninsular y que podían llegar a luchar entre sí. La evidencia lingüística sugiere un posible origen en el centro de Europa. Sus restos arqueológicos son dispares y de difícil interpretación. Eran pueblos con una economía agraria, que se agrupaban en confederaciones de tipo tribal dominadas por grupos aristocráticos. Se establecían en poblados pequeños pero muy bien fortificados, poseían una metalurgia del hierro avanzada y una artesanía textil muy apreciada por los romanos

Los celtíberos formaban un conjunto heterogéneo de grupos celtas con un mayor contacto cultural con los iberos del Levante. Habitaban en la parte oriental de ambas mesetas cuando se produjo la conquista romana.

Los lusitanos ocupaban el centro del actual Portugal, llegando hasta Extremadura, mientras que los vascones Navarra y el País Vasco. A pesar de la apariencia defensiva que presentaban muchos asentamientos de galaicos, astures o cántabros, que personifican la influencia del mundo atlántico del Hierro en la Península, no hay ninguna prueba concluyente que apoye la idea de que hayan sido pueblos organizadamente beligerantes. Las inscripciones lusitanas representan un pequeño enigma lingüístico ya que testimonian una lengua indoeuropea similar a la celta, pero no derivada directamente del proto-celta, por lo que el origen de su presencia en la península es difícil de dilucidar.

¿Qué supuso la conquista de Roma para los pueblos de la península ibérica?

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Mapa después de la conquista de Augusto.Tres zonas Baetica, Lusitania, Tarraconensis.

La conquista romana supuso la explotación de las tierras, la implantación de organizaciones sociales romanas y la difusión de su religión, cultura y costumbres. Tras finalizar la conquista, Augusto la dividió en la provincia Baetica, con capital en Córdoba, en la provincia Tarraconensis, con capital en Tarraco, y la provincia Lusitania, con capital en Augusta Emerita. Un gobernador se hallaba al frente de cada provincia, del que dependían funcionarios encargados de cuestiones administrativas, fiscales, jurídicas y militares. Más adelante se crearon las provincias Balearica, Carthaginensis y Gallaecia.

Roma impuso sus estructuras económicas, como son la formación de latifundios, la propiedad privada de la tierra, la utilización de mano de obra esclava, la ciudad como centro de producción e intercambio de mercancías y el uso de la moneda. Se asentó una estructura social basada en la formación de clases según la riqueza: aristocracia reducida, senadores y caballeros que poseían cargos, fortunas y tierras; una burguesía acomodada de negociantes y propietarios de villas agrícolas; y un grupo de trabajadores libres, los campesinos y los artesanos.

La actividad agrícola y ganadera continuó en la misma base económica, aunque se introdujeron las técnicas del barbecho, el regadío y la utilización de animales de tiro. Los cultivos fueron de secano, es decir, cereales, vid y olivo; y de regadío, los frutales y las hortalizas. Respecto a la ganadería, los rebaños de ovejas continuaron dominando. La artesanía y el comercio se desarrollaron intensamente en las ciudades. Allí se generalizó el sistema monetario romano. Gran parte de la producción artesanal se enviaba a Roma, la calidad de las armas destacaba en Calatayud y Toledo, en Játiva destacaron los paños finos, y en la provincia Bética destacaron las salazones.

Las ciudades aumentaron y pasaron a ser el centro administrativo, económico, jurídico y político. Se organizaron bajo las reglas del urbanismo romano y se llenaron de acueductos, anfiteatros, templos, etc., que constituyen uno de los legados más importantes. Las ciudades estaban gobernadas por una curia, elegido entre la oligarquía local de los ciudadanos.

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Factoría de salazones romanas en Cádiz

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Via Augusta, en Montoro
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Via de la Plata

Las calzadas facilitaron la comunicación entre las poblaciones y a estas con el resto del imperio destacando la Vía Augusta, que recorría el levante peninsular, y la Vía Plata, que unía Augusta Emérita con Asturica Augusta.

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Bajorrelieve de representación teatral romana

Se introdujo el derecho romano, el latín, la religión romana y la cristiana gracias a los intelectuales Séneca, Marcial y Quintiliano, y a los emperadores Adriano, Teodosio y Trajano.

Los recursos de las regiones costeras de Hispania eran variables, pobres en algunas y fértiles en otras con abundancia de cereales, aceite, caballos, metales y vino. Hispania superaba a la Galia por el esparto que se producía en sus zonas desérticas y gracias al espíritu trabajador de los esclavos.

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Esparto, secado y transformación
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Desde la Turdetania se exportaba principalmente trigo y aceite, pero también cera, miel, pescado, etc. Los barcos se fabricaban con madera procedente de poblaciones indígenas. Se producían telas como la lana para los vestidos.

A partir del siglo III el fin de las conquistas y la concesión del derecho de ciudadanía produjeron una disminución de los ingresos fiscales y un encarecimiento progresivo de la mano de obra esclava, que era cada vez menos rentable. El sistema económico empezó a entrar en crisis. Las fronteras se vieron presionadas por pueblos bárbaros. Para poder hacer frente a estas situaciones, los emperadores gobernaron de forma dictatorial, y los complots para poder acceder al poder se sucedieron. Las autoridades locales acabaron por asumir el poder y controlar el ejército mercenario bajo sus mandos.

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Muralla romana de Lugo
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La construcción de la muralla romana de Lugo se inició en la segunda mitad del siglo III, para protegerse de las amenazas de los pueblos bárbaros. Tiene una longitud de 2117 metros y una anchura de 4,2 metros, aunque en algunos tramos alcanza los 7 metros.

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Los esclavos empezaron a ser sustituidos por colonos, muchos de los cuales, para hacer frente a la crisis, tuvieron que entregar las tierras de su propiedad a un propietario más poderoso para trabajarlas a cambio de una parte de la cosecha. Así se dio el primer paso hacia la servitud, el pilar fundamental del feudalismo medieval. La artesanía frenó, las ciudades se despoblaron y el Imperio se ruralizó. Las guerras con los germánicos, los persas, los sármatas, entre otros provocaron un colapso en el comercio.

A partir de 260 el aislamiento se acentuó por la invasión de la península por francos y alamanes. Los saqueos y las revueltas hundieron la economía y la vida urbana. A partir de entonces Hispania no se recuperó, y las provincias volvieron a un régimen autosuficiente, a la práctica del trueque y a la desaparición de la economía.

El imperio de occidente agonizante finalmente sucumbe, y el último emperador Rómulo Augústulo fue depuesto por los pueblos bárbaros al ocupar la ciudad de Roma. Hundiéndose definitivamente la estructura y el control del imperio romano en el siglo V.

La huella del mundo romano en Calanda

Tal como conocemos el mundo romano, podemos afirmar que se desarrolló en nuestro núcleo geográfico. Las formas de asentamiento en villas romanas y medianos latifundios se mantuvieron en nuestra zona. Los hallazgos y las recuperaciones arqueológicas nos lo muestran y dan a conocer asentamiento de finales del siglo IV.

Casualmente, en 1964, realizando tareas de acondicionamiento de un bancal en la huerta de Albalate donde siempre habían tenido dificultades para que los árboles asentaran debidamente, un agricultor calandino halló la razón a tal anomalía. Un maravilloso mosaico, entre otros enseres, aparecieron como un regalo de los dioses.

Fecharían y situarían en época tardía del Imperio Romano dicho hallazgo, tratándose de uno de los más significativos de la provincia de Teruel y constituyendo el principal exponente de la cultura romana en nuestra provincia turolense. Históricamente se podría considerar que el yacimiento del Camino de Albalate es la muestra más importante de la Calanda romana de Tito Didio, tras la caída o invasión de la Calanda celtíbera (Kolenda).

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Mosaico hallado de la huerta de Calanda, expuesto en el Museo Provincial de Teruel
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Detalle con representación geométrica

Se hizo cargo de la gestión arqueológica el Museo Provincial de Teruel. Las excavaciones que se realizaron constataron que se trataba de pavimentos policromados de “opus tesselatum” y con temática variada de tres estancias de una villa romana. En agosto del mismo año se levantaron los mosaicos que fueron expuestos en Calanda en octubre de 1965 para mostrar el singular hallazgo a los vecinos y visitantes que pudieron acceder a su contemplación. Seguidamente estas piezas se trasladaron a la ciudad de Teruel donde hoy en día podemos admirarlas en la cuarta planta del Museo Provincial de Teruel.

Además del mosaico, la lujosa villa romana ofrecía otros elementos de interés, propios del avanzado grado de complejidad que había alcanzado la vida de las clases altas lejos de los grandes núcleos urbanos. Así, bajo los cimientos del mosaico (de un sillar perfectamente acabado), apareció el sistema de calefacción de la villa, de una gran sofisticación para la época. Junto al monumental mosaico, fueron apareciendo otros objetos de la época, siglos III-IV, de muy diverso signo, algunos de los cuales pueden verse hoy en las vitrinas del museo turolense. Entre los objetos más notables, algunos de ellos conservados fragmentariamente, figuran:

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Vasija de cerámica vidriada con escamas de barbotina
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Una pequeña escultura de mármol tallado -de 22,5 cm de altura- destinada a uso ornamental

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Dos clavijas de sujeción -realizadas en cerámica- de las dobles paredes laterales por las que circulaba el aire caliente procedente del hipocausto.
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Elementos localizados en el yacimiento de la Vega de Albalate:Un Soporte de bronce destinado al equipamiento doméstico -sujeción para asa.
Un alfiler de hueso tallado, milimétricamente trabajado dadas sus diminutas dimensiones (0,5 cm de ancho x 4,2 cm de largo).
Ladrillos de cerámica utilizados para la pavimentación de la villa.
Entre otros.

El conjunto arqueológico que se recuperó muestra una pequeña parte de lo que pudo ser una gran villa romana. El mosaico cubría parte del suelo de esta villa que pertenecería a alguna familia de la aristocracia latifundista de la época. La suntuosa residencia estaría rodeada de una extensa explotación agraria. Solo se excavaron tres estancias de la casa y no sería extraño que en la zona hubieran existido restos de otros mosaicos.

Se intentó averiguar si la tierra de Calanda podría esconder nuevas superficies de teselas, pero en aquel momento, se consideró que el allanamiento constante a que se habían sometido esos terrenos de cultivo resultaría infructuoso.

El lujoso estilo de vida de los grandes hacendados de este periodo se detecta en multitud de aspectos, tanto los relacionados con las viviendas como con la indumentaria y el cuidado del cuerpo del que participaba este reducido grupo social. Los mosaicos de Calanda y Urrea de Gaén revelan la rica decoración de las villas, residencias rurales que albergaban suntuosos objetos de ajuar doméstico. Los hallazgos de ánforas de aceite del norte de África o de vino llegado de Oriente próximo, además de otras piezas de uso más común como platos y copas de vidrio o fuentes y vasos de tierra sigillata de la región tunecina, reflejan la inserción de este territorio en las redes comerciales de todo el Mediterráneo.

Hallazgo y descripciones

Lo más destacado de dicho yacimiento fue el pavimento de la gran villa romana allí asentada y del que se pudieron rescatar tres estancias. La primera estancia, constituye la habitación de acceso, la más discreta del conjunto. Su espacio de forma rectangular, con decoración musivaria (pintura bidimensional con una perspectiva invertida, los pies los dibujan en ángulo, entre otras salvedades el nombre se le dio por considerar ser inspiración de las musas) incide básicamente en dos temas: banda de motivos vegetales con volutas y banda de trenzado de dos cabos. Accediéndose por una puerta a la siguiente dependencia.

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Acceso a la segunda estancia de la villa
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Tercera estancia de la villa romana

La segunda estancia, parece ser la habitación principal de la villa, artísticamente resulta más notable; además de los motivos geométricos, líneas de rombos con círculos en sus vértices y animales pequeños como delfines, la decoración incluye encuadrados en seis espacios la magnífica representación de seis animales. Un caballo, un jabalí, una pantera, un león un asno y un leopardo. Situados en una orla dividida en dos paneles rectangulares yuxtapuestos, realzados por un fondo paisajístico. Una escalera de dos peldaños, igualmente recubiertos de mosaico, conduce a la última estancia.

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Visita parcial del mosaico, representación musivaria de seis animales.

La tercera estancia de forma semicircular, la peor conservada materialmente, carece en su pavimento de varios fragmentos musivarios; considerada destinada a la función de comedor “triclinium” presenta una decoración formada por tres bandas geométricas que encierran en su interior diversas formas, como círculos, rectángulos, cuadrados y octógonos entre otras.

Este mosaico datado entre los siglos III y IV es una de las piezas claves de la cultura romana en la provincia de Teruel. Consta de más 1.500.000 teselas de un centímetro de lado; el historiador Manuel García Miralles lo describía así:

Conserva en perfecto estado su estructura y colorido. Está asentado en una base de canto rodado, sobre la que hay unas amplias baldosas de ladrillo cocido sin dibujo, de unos 40 cm², y encima de ese basamento el mosaico de piedras multicolores formando dibujos de extraordinaria belleza, tales como copas, flores y diversas figuras geométricas. Se considera el hallazgo más importante de los habidos en la provincia de Teruel, ya que el de Urrea de Gaén -que figura también en el Museo Arqueológico Provincial, de 100 m²- ni tiene la belleza de este ni es tan grande.

Una descripción y valoración más detallada es la que hizo José Mª Blázquez Martínez en su estudio monográfico del mosaico:

De izquierda a derecha y de arriba a abajo se representan: caballo al galope dirigiéndose a la izquierda, el paisaje montañoso está representado muy esquemáticamente al fondo y debajo del bruto, así como unos arbustos raquíticos en los lados interior y derecho; jabalí corriendo, rodeado en tres lados por arbustos sin hojas con montículo al fondo, con tres arbustos crecidos sobre él; y leona rugiendo, caminando a la izquierda, rodeada de arbolitos. En la fila inferior se encuentran: león parado rugiendo entre dos árboles (las garras están sombreadas, al igual que una pata trasera del caballo, las cuatro pezuñas del jabalí y una garra de la leona); mulo galopando a la derecha entre dos filas de tres arbustos cada una, con la cabeza vuelta hacia atrás; y leopardo caminando a su derecha con la cabeza baja y tres arbustos colocados en la parte superior que tienen grandes hojas acorazonadas. El suelo está sombreado en las cuatro garras. El cuerpo de los animales es voluminoso. Están bien proporcionados y son bien expresivos en los gestos del morro. Se fecha este mosaico en la segunda mitad del siglo IV.

Restauraciones

En septiembre de 2017, y tres décadas después de una anterior intervención, el Museo de Teruel inició la restauración in situ del mosaico de Calanda, la obra más emblemática de la institución, tras varios meses de duración y con el propósito de frenar el “envejecimiento” de la obra y mejorar su conservación del público, la restauración fue concluida en enero de 2018. Relacionado con el tema se podía leer en El Heraldo de Aragón, el 31 de enero de 2018:

Una de las obras más importantes de cuantas se exponen en el Museo Provincial de Teruel, el Mosaico Romano de Calanda, ha recuperado su colorido tras dos meses y medio de trabajos de restauración en los que se han limpiado, una a una, los casi dos millones de teselas que componen esta obra de más de cuatro metros de ancho por 15 de largo.

La intervención, “imprescindible”, según ha destacado este martes el director del museo, Jaime Vicente, ha sido posible gracias a una partida de 35.000 euros del Fondo de Inversiones de Teruel, el Fite, correspondiente a 2016. El paso del tiempo y la aplicación en su día de una capa de barniz ahora oxidada habían amarilleado la superficie. Además, fue necesario sanear las juntas de unión entre los diferentes fragmentos en los que se dividió el mosaico para su arranque del campo de labor en el que fue hallado en la década de los 60 del siglo XX.

Por último, ha sido posible incorporar algunos trozos del mosaico que permanecían almacenados, de manera que ahora se expone, prácticamente, la totalidad de la obra. “Estamos muy satisfechos con el resultado de la restauración”, ha subrayado Jaime Vicente, quien da las gracias a la empresa restauradora, Artyco, “por su gran profesionalidad”.

La restauradora del Museo Provincial, Pilar Punter, explica que el objetivo de este centro cultural respecto al Mosaico Romano de Calanda ha sido siempre “poner de manifiesto toda su luminosidad y cromatismo”, ocultos y empañados por haber permanecido la obra enterrada durante siglos. Esta última intervención ha servido también para eliminar todo aquello fruto de la “invención” de anteriores procesos rehabilitadores.

Una de las peculiaridades del Mosaico de Calanda es su topografía. Las teselas se extienden también por los dos peldaños que separaban dos de las habitaciones, algo poco habitual en obras de este tipo. Esta adaptación responde, según Jaime Vicente, a la existencia de un sistema de calefacción, que funcionaría con aire caliente, que fue encontrado bajo el pavimento. A juicio del director del Museo, esta forma de dar confortabilidad a la casa contribuyó, a la postre, a la degradación del mosaico.

Otra de las particularidades es que una de las estancias, la que haría las veces de comedor o “stibadium” tiene forma semicircular. Si en ella el mosaico presenta una decoración geométrica y floral con múltiples cenefas, en la habitación contigua, la de mayores dimensiones, aparecen seis recuadros con representaciones de animales, algunos de ellos, como la pantera, el león y el leopardo, propios del norte de África. Hay también un caballo, un jabalí y una mula. Todos ellos hablarían, en opinión de Punter, “del carácter cazador del propietario de la villa”. Aún hay una tercera estancia, más pequeña y de forma rectangular, en la que las teselas dibujan trenzados y roleos afrontados.

El diputado delegado del Museo de Teruel en la Diputación Provincial (DPT), Juan Carlos Gracia Suso, expresó su “orgullo” por el resultado final de la restauración, que ha devuelto al mosaico, un vestigio de indudable valor histórico y cultural, su cromatismo. “Tuvimos suerte al encontrar este pavimento de teselas; a veces, no se detectan y se pierden huellas del pasado muy importantes”, dijo.

El Diario de Teruel el día 10 de marzo del 2019, publicó un artículo que hacía referencia a la visita del director del Museo Provincial de Teruel, Jaime Vicente, a nuestra villa de Calanda, donde impartió una conferencia sobre los mosaicos de la villa romana de Albalate, después que fuera inaugurado un panel informativo en el lugar de dicho hallazgo. El Ayuntamiento, junto con nuestro Grupo de Estudios Calandinos, fue el precursor de dicha instalación donde se relata las características de la villa, la historia de su descubrimiento y lo que representaron las villas romanas de la provincia de Teruel.

Según podía leerse en el Diario de Teruel, el 10 de marzo 2019.

Centrarse en potenciar las particularidades que te han hecho mundialmente conocido puede hacer que te dejes en el olvido aquello que también te pertenece y que conforma parte de tu patrimonio histórico. Y precisamente de recuperar parte de ese pasado perdido ha empezado a preocuparse Calanda, un pueblo conocido en medio mundo por sus tambores, por su Semana Santa y por la figura universal de Luis Buñuel, pero del que pocos conocen que ha aportado al patrimonio común de todos uno de los mosaicos romanos más completos e interesantes de la provincia, que se guarda y enseña como paño en oro en el Museo Provincial de la capital.

Un mosaico monumental formado por casi dos millones de teselas distribuidas en tres estancias -entre ellas un triclinio- y que en el momento de su descubrimiento (1964) fue un hito para la arqueología española, según puso de manifiesto ayer en Calanda el director del Museo Provincial de Teruel, Jaime Vicente. El director del centro impartió una conferencia sobre los mosaicos de la villa romana de Calanda por la mañana, después de que fuera inaugurado un panel informativo en el lugar del descubrimiento.

Según Vicente, el mosaico calandino es “una de las piezas más espectaculares del Museo “. Sus más de 100 metros cuadrados lo convierten en “una pieza excepcional”, apuntó, puesto que las escenas que refleja “nos acercan a unas formas de vida de un periodo que todavía necesita de investigaciones más amplias”.

El Museo de Teruel, a través de su director, ha presentado una propuesta para intentar hacer en Calanda lo mismo que ya llevó a cabo en 1997 en Urrea de Gaén con la villa romana de la Loma del Regadío, que constituye un importante ejemplo de producción intensiva de aceite de oliva en la época romana en Aragón. Conservada, protegida y después puesta en valor a partir de un proceso de investigación y excavación que se prolongó durante 14 años, el yacimiento de Urrea de Gaén podría ser “similar” al que está escondido bajo tierra en los regadíos de Calanda del Camino de la Vega de Albalate.

Queremos proponer que se prospecte en los alrededores del lugar donde fue encontrado el mosaico”, apuntó Vicente. De las excavaciones realizadas en 1964 se extrajeron tres estancias completas, pero los arqueólogos y el propio ayuntamiento de Calanda cree que podría haber muchísimo más. “Nos gustaría proponer el inicio de un estudio que contemplara primero una prospección geofísica, que continuara con unas catas para comprobar qué es lo que se ha conservado y lo que no, y además en qué grado, en donde se encuentra, etc”, detalló. 

En este sentido, “en función de los resultados obtenidos, se podría decidir si se amplía la zona de investigación o no, pero lo que está claro es que al cabo de unos años Calanda podría tener descubierta una antigua villa romana muy interesante”.
No en vano, las villas romanas asociadas a zonas de regadío -tanto la de Urrea de Gaén como la de Calanda tienen cerca  cauces de agua- se conocen por los mosaicos descubiertos en la parte de vivienda de la casa, si bien suelen ser instalaciones en las que está asociada algún tipo de actividad económica. Ocurre en el caso de la villa de la Loma del regadío, cuya parte residencial estaba lujosamente decorada con mosaicos y pinturas murales al gusto de los grupos sociales más importantes de su época, pero que tiene una parte agrícola con una especialización en la producción agraria de aceite y vino. 
En Urrea, se inició un proyecto de investigación en 1997 que permitió descubrir toda la parte residencial de la villa. Sin embargo, dentro del mismo proyecto también se encontraron las estancias agrícolas, con la localización de cinco grandes pesas de viga “con depósitos para el almacenamiento”
que indicarían una actividad de comercio a mercados próximos.

“En Urrea de Gaén se localizó toda la zona industrial, pero de la villa romana de Calanda solamente se conoce la parte residencia y no toda, y sería muy interesante ver esa otra parte de actividad productiva que faltaría por descubrir”, comentó Vicente. No en vano, los arqueólogos saben que “está ahí el sistema de calefacción de la villa, formado por una instalación de aire caliente que estamos seguros de que se conserva”, manifestó Vicente. Además, recordó que la parte residencial de esta casa romana aristocrática de Calanda no sólo estaría conformada por las tres estancias localizadas, sino que “el resto está allí y sólo conocemos las tres habitaciones encontradas en 1964: una de ellas un triclinio con una pared semicircular y dos habitaciones más.

El proyecto “no tiene por qué ejecutarse a corto plazo, sino que ha de llevarse a cabo una intervención a medio y largo plazo”. En el caso de Urrea, las actuaciones que llevaron a recuperar los restos de la villa romana de la Loma del Regadío y a hacerla visitable duraron 14 años y sirvieron para demostrar que la colaboración entre administraciones da resultados. “La dirección de las excavaciones la llevaron arqueólogos del Museo, y hubo aportaciones de la Diputación de Teruel, del Inaem, del Gobierno de Aragón”, enumeró Jaime Vicente. “El punto clave es determinar si se conserva el resto de la villa o no, pero para ello hay que sumar esfuerzos, plantear las cosas a medio y largo plazo y ver, poco a poco, si la intervención merece la pena”.

Tanto la villa romana de Calanda como la de Urrea demuestran que la época tardía romana “está muy bien representada en todo nuestro territorio”, apostilló Vicente.
Interés en recuperar parte de esa historia antigua también lo tiene el Ayuntamiento. El alcalde calandino, José Ramón Ibáñez, reconoció que “algunos miembros de la Corporación ya han planteado la posibilidad de realizar una réplica del mosaico que se encuentra en el Museo de Teruel”. El regidor consideró que los casi dos millones de teselas de las tres estancias de la villa “son piezas de un enorme valor desde el punto de vista histórico que necesitan un mantenimiento y su exposición en el lugar apropiado donde se puedan conservar, pero está claro que a Calanda le gustaría tener algo relacionado con esta villa para que la gente de Calanda lo pudiera ver, tocar y sentir como propio”.

Para poner en valor ese patrimonio propio, ayer por la mañana, antes de la conferencia impartida por Jaime Vicente, el Ayuntamiento de  Calanda homenajeó a los antiguos moradores de aquella villa antigua del siglo III-IV. En el lugar donde se localizó el monumental mosaico, el Ayuntamiento inauguró un panel informativo en el que se relatan las características de la villa, la historia de su descubrimiento, así como lo que representan las villas romanas de la provincia de Teruel.

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Conclusiones

Calanda dispone de un recurso histórico, que no se ha puesto en valor. No ha habido voluntad para apostar por su estudio y recuperación. Partiendo de la consideración e importancia del mosaico, máximo exponente de la época romana en nuestra provincia, era obligado explorar la zona del hallazgo. Perdiendo la oportunidad de ser reconocida como la principal muestra de los latifundios y villas romanas entre los siglos III-IV.

Las propuestas del Director del Museo Provincial de Teruel, en el 2019 no llegaron a prosperar, desconozco la situación de la iniciativa, si el impedimento de su realización es debido a medidas políticas, financieras o sociales. La realidad es que su estudio y recuperación está todavía pendiente de llevarse a cabo.

Podría entenderse que la recuperación histórica, en general, no es un tema que despierte muchas simpatías e interés en los dirigentes sociales. La valoración que realizan sobre la importancia y los medios a utilizar en la perseverancia de la historia y la cultural, depende de sus intereses políticos. Encontrando, casi siempre, vanas justificaciones para no invertir en cultura y conocimiento.

 

 

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Grupo de Estudios Calandinos