PROTOHISTORIA (1) Tartessos

19/05/2021
28 min lectura

Autoría: Asunción Blesa Castán

La protohistoria es la denominación historiográfica del periodo entre la prehistoria y la historia antigua del que solo hay fuentes escritas indirectas. Estas fuentes son producidas por otra sociedad contemporánea, que ya ha llegado a la historia y por tanto domina la escritura. En la península ibérica, la protohistoria se ha datado, aproximadamente, en los últimos 1300 años antes de nuestra era, correspondiéndose con el Bronce final y la Edad del Hierro.

En esa época los denominados pueblos colonizadores del Mediterráneo, griegos o púnicos y fenicios o cartagineses según el momento, tuvieron una relación muy intensa con el extremo del Mediterráneo occidental. La costa mediterránea peninsular, las islas inmediatas a esta costa y el archipiélago Balear fueron los lugares propicios para la instalación de sus colonias. Se alcanzaron las zonas exteriores al estrecho de Gibraltar, costa atlántica de la península ibérica y rutas atlánticas hacia el sur, incluyendo las islas Canarias.

Son los escritos de griegos y romanos, a cerca de los habitantes de la península ibérica, las fuentes que nos han permitido conocer algunos detalles de aquellos pueblos que componían el gran entramado de hombres y mujeres. Estas crónicas que testimonian a estos pueblos peninsulares debemos leerlas y considerarlas con cautela. Los narradores de viajes y descubrimientos acostumbraban a ser individuos que escribían lo que otros les contaban.  No relataban sus propias experiencias, sino las que otras personas habían vivido y les podían haber contado o las que consiguieron a través de escritos y narraciones  de épocas anteriores.

LAS FUENTES LITERARIAS

Los autores antiguos que se ocuparon de la Península Ibérica es sus aspectos geográfico y etnográfico fueron: en lengua griega Estrabón, Apiano, Tolomeo y en lengua latina Plinio Mela y Avieno. Escribieron todos en época romana imperial, es decir, en fechas coetáneas o posteriores al relato de los hechos. Tres de ellos Estrabón, Apiano y Avieno utilizan como fuentes de información crónicas y autores anteriores a su tiempo. Crónicas basadas en los anales oficiales, calendarios, fastos funerarios, etc. de la ciudad de Roma y por tanto siempre muy parciales a favor de la urbe y de su gloriosa historia.

Posidonio, gran maestro de la filosofía estoica residió en la península y escribió sobre sus pueblos allá por el año 80 aC. Se le considero un gran científico que sentía cierta debilidad por los pueblos primitivos y por el hombre. Para él Viriato es un ejemplo de hombre no contaminado por la civilización y que alcanzo la virtud no por la educación, sino por vivir conforme a las leyes de la naturaleza.

El gramático Asclepíades de Mirlea, profesor de retórica en la Bética en las mismas fechas, trataba de demostrar en sus escritos que los griegos conocían y frecuentaban la península ya desde los tiempos de la caída de Troya 1184 aC.; como puede apreciarse a través de las Cartas de navegación y escritos geográficos griegos como los de Piteas de Marsella, cartagineses como el periplo de Himilcón. Aunque los datos se prestaban a veces a confusas interpretaciones. Avieno, en particular, emplea fuentes de este género.

Otros autores griegos como Polibio y Diodoro o latinos como César y Tito Livio, trataron extensamente, a veces con sumo detalle, cosas de Iberia y aportaron también noticias muy valiosas acerca de sus gentes.

El viaje de Himilcon

LOS PUEBLOS DE LA PENINSULA EN LA PROTOHISTORIA

Creían los geógrafos antiguos que en un principio el nombre de íberos correspondía únicamente a los pobladores de la actual provincia de Huelva, entre quienes corría el rio Hiberus. Este nombre se había extendido paulatinamente a todos los habitantes de las regiones meridionales y levantinas, hasta los Pirineos e incluso hasta la desembocadura del Ródano. Como estos pueblos fueron los más conocidos de los griegos, íberos acabaron por ser para ellos todos los habitantes e Iberia toda la península. 

Polivio

Pero para los muy exigentes, como Polibio, Iberia seguía siendo solo la zona mediterránea, ni siquiera Gadir; lo demás era o tierra incógnita o algo peor, la barbarie sin nombre. Para él, más allá de las Columnas de Hércules los pueblos ni siquiera tenían una denominación que los englobara a todos.

Polibio escribió en el tercer cuarto del siglo II aC. que, por entonces, la Meseta y la zona atlántica hasta el Tajo aún no se habían integrado en el mundo civilizado. Para él, como para los griegos y romanos de entonces, lo que no era el Levante y el Mediodía, las partes sumisas de la península, eran el páramo glacial, las montañas desnudas y pavorosas, los pueblos salvajes.

Como diría mucho más tarde Estrabón, ni siquiera los nombres de sus pueblos se pueden pronunciar porque harían daño a oídos civilizados

La literatura griega siguió empleando el nombre de Iberia incluso en época romana, cuando ya el latín había impuesto el de Hispania a la península. Este no parece que provenga de ningún grupo étnico, ni se sabe con seguridad quién lo introdujo; tal vez se relacionó con el nombre de Híspalis la Sevilla antigua. Dentro del variado mundo de los íberos o hispanos, los antiguos distinguían una serie de divisiones étnicas de mayor o menor extensión territorial. Si tenemos que poner nombre a los grupos sociales que en esos momentos estaban asentados en nuestro territorio, según los restos arqueológicos, en el sur de la península se encontraban los tartesios; los Iberos localizados por el este peninsular y los celtas en el norte.

Es importante hacer referencia a estos pueblos primigenios de nuestra península y conocer todo aquello que nos muestren los restos arqueológicos y los relatos de sus contemporáneos. Así podremos hacernos una mejor idea de sus formas de vivir y de relacionarse, sus costumbres y sus creencias, sus hábitos alimentarios y que pueblos pudieron relacionarse con ellos y modificar su forma de vida. También sería muy interesante conocer que actividades pudieron llegar a desarrollar las mujeres en esta época en nuestra península. No solo la de reproductora del grupo, como esposa y madre, que es la que históricamente se le ha adjudicado, como la única posible que pudiera desarrollar.

¿Qué papel debió de asumir la mujer en estas culturas? No es muy frecuente, por no decir que es infrecuente del todo, que los relatos de griegos y romanos hagan referencia a la mujer de estas tierras. Como a ninguna mujer de las tierras conquistadas o colonizadas por ellos a no ser que las relacionen como expolio y botín de guerra. O como intercambio matrimonial para afianzar pactos y tratados de paz. Pero seguro que su capacidad de resistencia y de adaptación a las adversidades hizo no solo en ese último milenio antes de nuestra era, sino a través de toda la historia que fueran capaces de aprender y desarrollar cualquier tarea que se les encomendara o simplemente que se supieran capaces de realizar.

Intentaremos desarrollar en este capítulo y en los posteriores una presentación y comparativa entre los pueblos que poblaban la península y aquellos que fueron llegando a ella, a fin de comerciar, colonizar o expoliar a sus habitantes. La influencia y conocimiento que recibieron de ellos, así como sus costumbres y creencias seguro que fueron configurando la forma de ser de aquellos pueblos primigenios de la península. Trataremos de centrarnos en las tres culturas asentadas en la península sobre el último milenio antes de nuestra era: tartésica, ibérica y celta.  Y por supuesto de aquellos pueblos que fueron llegando a nuestras tierras en ese milenio, como fenicios, griegos, cartagineses y romanos.

Las primeras colonizaciones solo fueron pequeños asentamientos, ya que tanto fenicios como griegos, creyeron más importante comerciar con los indígenas y asegurarse el control de las riquezas mineras para sus metrópolis, que establecerse de forma permanente en la península. Posteriormente fueron cambiando las formas de relación, cartagineses y romanos ya fueron conquistadores e invasores. Todos estos pueblos que llegaron a la península influyeron en los hombres y mujeres que durante aquel milenio y siglos después habitaron las tierras peninsulares, creando la base de nuestra idiosincrasia peninsular.

Veremos en primer lugar y empezando por el sur de la península, la cultura tartésica y seguidamente haremos mención al pueblo fenicio, que tuvo una gran influencia y relación con los indígenas tartésicos. Más tarde serán los pueblos íberos, aquellos que se sitúan en la parte meridional del territorio peninsular y que se relacionaron con griegos, romanos y también con fenicios y cartagineses. Y no dejaremos de hacer referencia a los pueblos celtas y a las influencias que recibieron por tierra y por mar de los pueblos bárbaros del otro lado de los Pirineos.

TARTESSOS

Tartesios o Tartésides , es el nombre por el que los griegos conocían a la que creyeron primera civilización de occidente instalada en la península ibérica. Gobernada por una monarquía, en un país rico en productos agrícolas, ganaderos y en minerales como el oro, la plata, el estaño y el hierro.

Posible heredera del Bronce final atlántico, se desarrolló en el triángulo formado por las actuales provincias de Huelva, Sevilla y Cádiz, en la costa suroeste de la península ibérica, así como en la de Badajoz durante el Bronce tardío y la primera Edad del Hierro.

Fueron especialmente importantes dos áreas, las de los centros mineros de los ríos Tinto y Odiel y la llanura agropecuaria del Guadalquivir. Se presume que tuvo por eje el río Tartessos, que pudo ser el que los romanos llamaron luego Betis y los árabes Guadalquivir.

Mapa del área de civilización tartesa

Estas eran las zonas más intensamente pobladas y desde ellas la influencia tartesia se extendería durante el Bronce final y la Primera edad del hierro por buena parte del resto de lo que hoy conocemos por Andalucía y Extremadura, así como el Algarve y el Alentejo portugués.

Si se afirma que fueron las zonas más intensamente pobladas, debemos de entender que había numerosos hombres y mujeres que formaban ese entramado social que desarrolló la importante cultura tartésica. No olvidemos a esa mayoría “silenciada” que, por no mencionar, no deja de existir. Al contrario, esa mayoría es la que hace que siga funcionando cualquier grupo social, de hecho, es la generadora de que se cree, crezca se amplié y siga existiendo.

REFERENCIAS

Las fuentes clásicas y bizantinas indicaban que la capital estaría situada en el cauce del Tartessos o Guadalquivir, río que hasta bien entrada la época romana desembocaba en el lago Ligustino, colmatado actualmente y convertido en las marismas del bajo Guadalquivir. El Guadaíra, que hoy es un afluente del Guadalquivir, era un río independiente con cierta entidad y desembocaba justo en la confluencia de este con el Ligustino.

Extensión del Lacus Ligustinus, en torno al siglo I aC.


En la zona de la desembocadura había entonces varios brazos, alguno de los cuales formaba todavía dos lagunas sucesivas en la Sevilla del siglo XVI. Entre dichos brazos quedarían definidas varias islas, a las que se hace referencia en los escritos citados.

Sin embargo, hay autores que la sitúan en la confluencia de las bocas del Odiel con el Tinto ría de Huelva, puesto que bajo la propia ciudad onubense es sabido que se hallan sepultados importantes restos. También se ha situado el núcleo del país tartesio en torno al río Barbate.

Tartesios influyó sobre las tierras del interior y el Algarve portugués. Los tartesios desarrollaron presumiblemente una lengua y escritura distinta a la de los pueblos vecinos y, en su fase final, tuvieron influencias culturales de egipcios y fenicios.

La primera fuente histórica que alude a Tartessos se halla en la obra de Hecateo, en el siglo VI aC. quien menciona varias ciudades tartesias, mientras que Heródoto la siguiente fuente relevante, habla del rey Argantonio, que podría significar hombre o señor de la plata, que dicen gobernó más de 100 años y de su incontable riqueza, sabiduría y generosidad.

Una datación más tardía sería del siglo IV , del escritor romano Rufo Festo Avieno, que escribió una obra titulada Ora marítima, poema en el que se describen las costas mediterráneas. De ella Avieno dijo que era un periplo, es decir, un viaje de navegación costera realizado por un marino griego o cartaginés, en el que partiendo de las costas de Britannia llegó hasta Massalia, actual Marsella. Como resultado de aquel viaje se narran los lugares visitados por el desconocido marino, que proporciona las noticias más antiguas sobre la península.

Ōra marītĭma (en latín, también conocida en castellano como Las costas marítimas) es un importante texto sobre geografía descriptiva de la  Hispania  prerromana. Fue escrita en verso, en el siglo IV dC. por el poeta latino Rufo Festo Avieno, y dedicada a su amigo Probo, basándose en textos más antiguos, probablemente del siglo VI aC.

Marco Aurelio Brovo

Emperador romano Marco Aurelio Probo, 276-282 Probo centró su reinado en exitosas guerras para restablecer la seguridad de las fronteras, siendo la más importante de estas operaciones la que llevó a cabo en Galia contra los invasores germanos. Probo sobrevivió a tres conspiraciones, protagonizadas por Saturnino, Próculo y Bonoso. Entre sus principios estaban el no permitir que sus soldados estuvieran ociosos, para evitar revueltas. Así, en tiempos de paz, empleaba el ejército en trabajos útiles a la comunidad, como plantar viñedos en Galia o Panonia, restableciendo las instalaciones públicas (acueductos, canales, puentes) dañadas tras las continuas guerras. Su muerte provocada por el ejercito, fue lamentada años después tanto por el Senado como por la plebe, e incluso por los soldados, arrepentidos. En muy pocas ocasiones un emperador dejó tan buen recuerdo

CRONOLOGIA

Se han datado los asentamientos estables entre finales del II milenio y el I milenio aC. donde aparece una incipiente jerarquización social. Los primeros poblados tartesios datan de esta etapa final del Bronce. Están formados por casas de planta ovalada o circular, construidos sin una organización espacial definida. Se situaban en lugares estratégicos donde dominaban los caminos terrestres y los recursos agrícolas y mineros de la región. Asentamientos de esta época son: Setefilla, Carmona, La Tablada, El Viso del Alcor, que se encuentran en la actual provincia de Sevilla; Montemolín en Badajoz; El Berrueco en Cádiz; Llanete de los Moros, Montoro y Colona de los Quemados en Córdoba; Onuba en Huelva.

En la etapa considerada proto-orientalizante ya en el I milenio aC. y todavía del Bronce final, aproximadamente del 900 al 700 aC., hay un incremento de las piezas metálicas y de orfebrería, así como de la demografía. Los poblados conocidos por la arqueología, como el Carambolo, son de pequeño tamaño, con cabañas circulares u ovales cuyas paredes fueron levantadas con ramas y barro. La sociedad se fue estratificando, concentrándose el poder en unas élites militares cuya evidencia arqueológica son las estelas de guerrero.

Estela de guerrero tartesio
Bronce Diosa Astarte
Yacimiento del Carambolo

Sobre el año 800 aC. se advierten los primeros influjos tartesios en la Bética oriental además de intensificarse la explotación de plata a gran escala en la zona de Río Tinto.  Cerro Salomón fue un poblado minero establecido en el siglo VII a. C. en la cabecera del Río Tinto. En él se han encontrado herramientas mineras, lámparas, fuelles, y crisoles. Sus habitantes extraían oro, plata y cobre, fundían el mineral y lo enviaban río abajo hasta Onuba (Huelva) en forma de lingotes o en bruto. ¿Quién puede afirmar que, en esta actividad, por ejemplo, donde el menor tamaño de los individuos puede facilitar la extracción de minerales, no hubiera mujeres además de niños y niñas, trabajando en su extracción?

Este puerto tartesio funcionaba como el centro de una red de asentamientos y en él también se realizaban actividades metalúrgicas. Otros asentamientos dedicados a la metalurgia y localizados en la cercanía de las minas serían San Bartolomé de Almonte y Peñalosa.

Entre el 700 y el 650 aC. que se considera ya la Edad del Hierro, coincide con el apogeo socio-cultural y construcción de murallas en algunos poblados como Tejada la Vieja, está situada en el municipio onubense de Escacena del Campo y estuvo habitada entre los siglos VIII y IV a. C. Controlaba la ruta que se utilizaba para llevar los minerales obtenidos en las minas de Aznalcóllar al puerto de Gadir. ​ Se conserva bien el perímetro amurallado y las estructuras de las viviendas.

Yacimiento de Tejada la Vieja en Escacena del Campo Huelva.



Del 650 al 500 a C. Caracterizada por el reinado del único monarca histórico: Argantonio. Sobre el año 600 a C. los griegos focenses establecen colonias en Andalucía como evidencia la numerosa presencia de objetos griegos en la cultura tartesia. Pero en el 535 aC. pierden los tartesios a este importante aliado comercial, ya que, en la batalla de Alalia en Córcega, los griegos fueron derrotados por una coalición formada por cartagineses y etruscos.

A finales del siglo VII aC. y coincidiendo con la llegada de las primeras cerámicas griegas, en la región de Onuba se redujo la producción de plata y se abandonaron los centros metalúrgicos. En la segunda mitad del siguiente siglo esta región, hoy provincia de Huelva, entró en decadencia mientras las murallas de Tejada fueron reforzadas. El comercio y las importaciones fenicias se redujeron drásticamente, desapareciendo las tumbas principescas del vale del Guadalquivir.

Alfarero girando
Talller de Alfarero
Haciendo cerámica

Tengamos en cuenta que la fundación de los enclaves comerciales fenicios provocó un proceso de aculturación y adopción de técnicas como el torno de alfarero, las técnicas de filigrana y granulado de orfebrería, así como el gusto por los modelos suntuarios orientales.

No podemos dejar de hacer hincapié en la capacidad por parte de la mujer, de poder desarrollar cualquier actividad, en este caso, relacionada con la adopción de técnicas alfareras o de orfebrería. Y podemos asegurar que su aprendizaje, a través de su padre o de su esposo, ayudaba y facilitaba la producción familiar, sin dejar de ocuparse de esas tareas, denominadas “del hogar” que han sido impuestas por el solo hecho de haber nacido mujer.

Técnica de filigrana

También en el mundo funerario se impuso la incineración sobre la inhumación. Los cambios de las costumbres van relacionados muchas veces por esa necesidad de diferenciación social. Las normas y costumbres que aportan los extranjeros hace que las elites de la península, las adapten marcando una diferencia entre ellos y el resto del pueblo. La incineración, por ejemplo, requiere de un mayor número de elementos para llevarla a cabo además de un coste mucho más significativo.

Durante el Periodo Orientalizante se fundaron numerosos asentamientos para controlar la red de comunicaciones terrestres surgida, paralela a la ruta marítima que alcanzaba desde Gadir hasta los estuarios del Sado y el Tajo por Onuba, en la actual provincia de Huelva; Ossonoba (Faro), Ipses (Vila Velha, Alvor) y Lacobriga (Lagos).

El yacimiento de Cancho Roano, situado en Zalamea de la Serena, provincia de Badajoz. Sigue constituyendo una incógnita: es posible que fuera un palacio o un lugar de culto, o que cumpliera ambas funciones, además de mercado y santuario funerario. Solo sus primeros estadios se asociarían con el mundo tartésico.

Maqueta de Cancho Roano, en Zalamea de la Serena, provincia Badajóz
Recreación de Cancho Roano
Yacimiento de Cancho Roano

Su estructura evidencia la influencia oriental sobre Tartessos: patio delantero con torres en las alas de tipo migdal, escalera lateral, sala transversal, habitaciones con cámara y antecámara, espacio central, almacenes, segunda planta destinada a almacén y vivienda, trazado geométrico, uso de adobe, pseudo ortostatos y, muy probablemente, cubierta aterrazada.

Estas fórmulas arquitectónicas apuntan a la zona norsiria y, quizás, de Fenicia septentrional más que a Mesopotamia, Siria meridional o Canaán, pues parecen derivar de los palacios norsirios de inicios del I milenio, cuyo elemento más característico es el bît-hilani o pórtico de columnas abierto a un salón del trono con su eje longitudinal paralelo a la fachada, pudiendo considerarse origen de la apadana persa y del iwan de la arquitectura sasánida e islámica.

La llegada de los fenicios y su establecimiento en Gadir actual Cádiz, tal vez estimuló su proyección sobre las tierras y ciudades del entorno, la intensificación de la explotación de las minas de cobre y plata. Tartessos se convirtió en el principal proveedor de bronce y plata del Mediterráneo, así como la navegación hasta las islas Casitérides las Islas Británicas, de donde importaban parte del estaño necesario para la producción, de bronce que también obtenían por el lavado de arenas estanníferas.

ECONOMIA

La base fundamental de la riqueza de Tartessos fue la metalurgia y la exportación de los minerales de oro, plata, cobre, estaño, hierro y plomo. El oro abundaba en los ríos del sur y oeste peninsular. La plata en la actual provincia de Huelva y el curso alto del Guadalquivir. El cobre y el estaño lo obtenían del occidente peninsular y británico. La metalurgia del hierro debió ser introducida por los fenicios, que la conocían gracias a sus relaciones con los hititas. Los centros metalúrgicos no solo estaban cerca de las áreas mineras, sino que aparecen repartidos por todo el territorio. Las herramientas se volvían a fundir una vez que se deterioraban. Los procesos utilizados para obtener la plata consistían en la fundición y copelación de las rocas de gossan, rocas férricas, lo que indica unos buenos conocimientos metalúrgicos.

Las rutas comerciales fueron un factor clave para la economía tartesia. Sus barcos navegaban por el Atlántico hasta las actuales islas británicas y remontaban una buena parte del curso de los ríos Tartessos, Guadalquivir y Anas, Guadiana. Utilizaban asimismo rutas terrestres que llegaban al Tajo y al centro de la meseta. Por todas ellas circulaban los lingotes metálicos, de forma rectangular, que después se exportaban a Oriente Próximo a través de los mercaderes fenicios y griegos. Los principales beneficiarios de este comercio fueron estos mismos mercaderes, pero también las élites locales, que fomentaron el proceso de aculturación y el aumento de la jerarquización social, bien representados ambos en las tumbas principescas de la necrópolis de La Joya.

Necrópolis del Cabezo de la Joya, provincia de Huelva
Ajuares de la necrópolis del cabezo de la Joya

Está claro que fue una cultura o grupo cultural, que desarrollo una sociedad aparentemente rica, o por lo menos que sus dirigentes supieron conseguir una forma de vida confortable y suntuosa. Por lo tanto, seguro que las mujeres que formaban parte de esa clase jerarquizarte también disfrutaron de esos privilegios de poder.

A cambio de los metales, recibieron joyas, ungüentos, aceite y vino, así como telas y otros productos manufacturados. Este trueque fue muy importante, ya que facilitó el intercambio de aspectos culturales y religiosos. La agricultura, la ganadería y la pesca eran también elementos muy importantes en su economía. Se especializaron sobre todo en el cultivo de cereales, usando las técnicas importadas de los fenicios, sin olvidar las huertas y los frutales.

CULTURA MATERIAL

En Tartessos se fabricaron abundantes objetos de metal que, por un lado, tenían influencia oriental, pero también una gran originalidad. En bronce destacan las jarras picudas, similares a las griegas, pero con forma piriforme en vez de ovoide. También se crearon asadores de más de un metro de longitud, fíbulas del tipo de codo o placas de cinturón con garfios; mención aparte merece el Bronce Carriazo, que representa a la diosa Astarté. De bronce o plata se elaboraban aguamaniles de forma circular con dos asas, elemento totalmente autóctono.

Jarra picuda de Valdegamas Badajoz
Bronce carriazo, representación de ladiosa Astarte

La orfebrería en plata era muy abundante y en época turdetana se hacía con ella objetos vulgares como barreños o toneles. De origen autóctono es la técnica de embutido de metales que se realizaba con oro, plata o cobre. Los fenicios introducirían las técnicas del granulado y la soldadura. Los mejores ejemplos del nivel alcanzado por la joyería tartesica son las piezas correspondientes a tesoros de: Aliseda del Carambolo y del cortijo de Ébora: pectorales, cinturones, diademas, brazaletes o pendientes, todo ello elaborado con oro macizo.

Colgante Tesoro de Aliseda Cáceres. Tarteso siglo VII aC.
Original Tesoro del Carabolo.
Tesoro de Aliseda, Cáceres
Figurilla tartésica de una cabra , usada como exvoto. Tesoro de la Aliseda.

También se encontraron unos candelabros de oro en Lebrija, que han sido interpretados como elementos rituales pertenecientes a algún templo, que quizás imitaran a los incensarios orientales. ​ En cuanto a iconografía, son típicas dos palomas que flanquean una piel de toro, como las que han sido halladas en el yacimiento de El Turuñuelo, cerca de Guareña (Badajoz).

En marfil y hueso se fabricaron cajitas o arquetas de lujo para guardar perfumes o ungüentos. Con las conchas de la almeja del Guadalquivir se hicieron objetos de tocador labrados. La cerámica incluye piezas lisas, espatuladas, bruñidas o decoradas, pero siempre fabricadas a mano. Esta cerámica local coexistió con las importaciones orientales fabricadas con torno rápido, de pequeño tamaño y alta calidad, que también serían imitadas por los alfareros tartesios.

También importaron de los talleres orientales o gaditanos artículos de prestigio manufacturados con marfil, oro y plata, vidrio tallado, jarros de bronce, estatuillas de este metal dedicadas a Astarte, y alabastrones, conteniendo esencias y cosméticos, tejidos, collares, cuentas de vidrio y baratijas.

RELIGION

Existen muy pocas referencias de la religión de este pueblo, pero debemos suponer que, igual que el resto de los pueblos mediterráneos, sería una religión politeísta. Parece ser que pudieron adorar a una diosa, llamada Astrarté o Potnia, que quizá fuera producto de la aculturación de los fenicios, igual que con la divinidad masculina, de la que se tiene referencia Baal o Melkart.

Medusa, reina mítica de Tartessos
Melkart, divinidad masculina
Astarte, divinidad femenina

Se han localizado santuarios de estilo fenicio en el yacimiento de Cástulo en Linares. Se han hallado exvotos en diversos puntos de la actual Andalucía y en otros puntos más alejados como en la actual provincia de Salamanca, que se desconoce de donde provienen. Se puede considerar que, en el aspecto religioso, la aculturación fenicia fue marcadamente diferenciada no influyendo en todos los lugares por igual.

SU FORMA DE GOBIERNO

La tradición literaria clásica dice que su forma de gobierno era la monarquía y que poseían leyes escritas en verso en tablas de bronce desde tiempo inmemorial; Estrabón habla de 6000 años antes de su época, una fecha que podría referirse en realidad a años o meses lunares (unos 500 años). Es posible que los fenicios propiciaran la concentración del poder en un rey, ya que de esa manera les resultaba más fácil establecer intercambios comerciales.

Según la doctora y catedrática Mª Eugenia Aubet, experta en Arqueología fenicio-púnica el periodo “orientalizante tartésico” se ha de interpretar en el contexto de una élite indígena situada en la cúspide de una sociedad jerarquizada que dominaba sus propios recursos económicos.  Que se enfrentó a los exóticos estímulos socio-culturales que los pueblos fenicios les ofrecieron procedentes del lejano levante y que los Tartesios fueron adoptando a su ideología e integrándose en sus circuitos comerciales, que abarcaban todo el Mediterráneo.

¿POR QUÉ DESAPARECIO TARTESSOS?

Según los estudiosos del tema, Tartessos desapareció de la historia a partir de la batalladle Alalia en el 535 aC. en la que Etruscos y cartagineses se aliaron contra los griegos, quince años después de la muerte de Argantonio. No existen más referencias escritas al respecto.

Una de las posibilidades que se tiene en cuenta es que fuera barrida por Cartago tras su victoria sobre los griegos para hacerle pagar así su alianza con estos. Otra pudo ser Gadir, metrópolis fenicia que podía ambicionar el control del comercio de los metales. ¿O quizás fueran los pueblos de la meseta? Lo que si queda claro es que Cartago se convirtió en dueña indiscutible del Mediterráneo Occidental. Cortada la ruta hacia Iberia, los focenses cesan el comercio con Tartessos, que queda lentamente relegada al olvido.

La derrota griega dejo a los tartesios sin sus aliados y expuestos al ataque púnico. Todo el imperio Tartesso debió de hundirse tras la caída de su capital y la misma suerte debió de tener Mainake ( Málaga), ciudad griega fundada bajo la protección de los tartesios. Así Cartago se adueña del Mediterráneo Occidental y la mayor parte de la costa mediterránea ibérica queda bajo su influencia.

Este dominio púnico se mantendría en estas tierras hasta que Cartago se enfrentó a Roma por la hegemonía en el Mediterráneo occidental, en las guerras púnicas, siendo derrotado totalmente en el 146 aC. Esto marcaría la llegada de los romanos a la península ibérica, a una región, la Turdetana, en que vivían los descendientes de los tartesios. A esta región la llamarían la Bética, y al río Tartessos que la cruzaba lo llamarían río Betis.

Pero también se han dado explicaciones de carácter económico: al conseguir Massalia acceder por tierra a las fuentes de estaño británicas y el mismo Gadir llegar a ellas por mar, el monopolio tartésico se derrumbaría, lo que habría provocado una caída en picado de los ingresos y toda una serie de consecuencias internas que llevarían a la decadencia interna del reino y a su disolución. ​ Asimismo se ha considerado la posibilidad del agotamiento de las vetas de minerales, fuente principal de su riqueza comercial.

Pueblos surgidos de la desaparición de Tartessos

De cualquier manera, los centros de poder político-económico se desplazaron hacia la periferia del área tartésica, concentrándose en zonas como Carmona o Cástulo, que darían lugar a los pueblos: turdetanos, túrdulos, oppidanos y conios.

Todos estos pueblos y otros contemporáneos, los iremos viendo más adelante, y sobre todo intentaremos hacer hincapié en el papel, fundamental, aunque no reconocido, que ha tenido la mujer a través de la historia.

BIBLIOGRAFIA

HISTORIA DE LAS MUJERES La antigüedad.

TARTESIOS IBEROS Y CELTAS

TARTESOS

TARTESSOS

Georges Duby, Michelle Perrot

Manuel Bengala Galán

Juan Maluquer de Montes

Jorge Bonsor, Jorge Maier Allende

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