De Puertas a fuera

26/04/2021
8 min lectura

Antonio Royo Albesa

¿Os acordáis cuanto tiempo estábamos fuera de casa en nuestra niñez? No  nos hacían falta para nada toda la tecnología que ahora tienen, sólo para ser esclavos de un solo juguete llamado móvil. Algo tan siniestro que ha destrozado el idioma, la cultura y la cabeza de nuestros jóvenes, solo saben ser egoístas, tan centrados en esa pequeña pantalla no tienen tiempo para pensar en los demás y no se dan cuenta que los demás serán ellos dentro de poco.

CARPETAS, CARPETONES Y ESTRELLAS

 Las Cartas de las barajas españolas, que casi se pegaban de tanto jugar al Guiñote, Julepe o al Subastado, no acababan su vida en la basura, con ellas hacíamos las carpetas, que eran dos cartas dobladas y ensambladas, con cuatro cartas hacíamos los carpetones o las estrellas de ocho puntas.

Era un juego grupal pues es competitivo: en equipos o individualmente. Quien empezaba arrojaba su carpeta bien con la mano o golpeándola en una esquina (así es más difícil) y el resto tenían que acercarse lo más posible a la primera carpeta. quien más se acercaba ganaba el juego y la apuesta, que solía ser un cromo de los muchos que entonces había.

Para medir la cercanía se establecían tres medidas: el Palmo (debía tocarse las dos carpetas con los extremos de los dedos pulgar y meñique) Medio palmo (cualquier distancia menos que el palmo) y el Zupo (que era cuando una carta montaba sobre la otra).

Podía establecerse igualmente como medidas: el Pie, Medio pie y Zupo.  Este juego era utilizado casi siempre en los porches por la cantidad de esquinas que tienen sus columnas .

CARPETAS Y CARPETONES

LOS CROMOS

Una pieza fundamental en nuestros juegos, pues eran la moneda de cambio y la forma de pago en muchas de las competiciones que iremos viendo.

Los cromos eran una forma de “ver mundo” pues nos traian noticias de actualidad, unos de los más destacados eran los de fútbol y así conociamos las caras de nuestros ídolos. Porteros como Alonso, Ramallets, Padron, Carmelo o Eizaguirre eran perfectamente conocidos, como la media más famosa del Bilbao Maui y Mauregui, o los delanteros del momento como Campanal, Suarez, Zapata, Diestefano, Puscas, Kubala o gran Gento. Otros cromos hacían referencia a la guerra mundial aún caliente, y también había cromos que salían en las envueltas del chocolate, siendo los más buscados los de Tupinamba y Nestlé. si los completabas te regalaban un balón, siempre faltaba uno. en el de Nestlé era “la rendición de Moctezuma a H. Cortes”. Creo recordar que había uno que eran las maravillas del mundo, me impresionó el Coloso de Rodas.

Cromos de guerra autoadhesivos y troquelados.

LOS CARTONES

Desgraciadamente no tengo foto a pesar de ser uno de los juegos más utilizados por todos y más versátil podía jugarse en cualquier sitio donde hubiera una pared. Aunque para que os hagáis una idea si pongo unas fotos de cerillas antiguas y temáticas, cuyas carátulas serían los cartones, si en aquella época hubieran existido.

 Su técnica era sencilla, apoyando un carton con el pulgar en una pared y a unos 50 centímetros del suelo, se la dejaba caer, alternando uno y otro jugador. cuando al arrojar uno montaba sobre otro del “enemigo” todas las piezas que había en el suelo eran para el que  superponia, y se empezaba otra partida. En algunas ocasiones  en vez de cartones se jugaban cromos a los que se le daba el valos de varios cartones por un cromo.

CHAVOS Y PETACOS CON CARTUCHO.

Las viejas monedas de 5 y 10 céntimos anteriores a la guerra civil y ya carentes de valor monetario eran empleadas en varios juegos de habilidad y puntería. Para ello y desde una distancia prefijada había que acertar a la vaina de un cartucho de caza y derribarlo. el premio se convenía de antemano, podía ser dinero (las menos veces), cromos, cartones, carpetas, pecas, cualquier cosa que pudiera interesar en el momento. Como dato curioso, si se derribaba el cartucho pero por la inercia del golpe, volvía a quedar de pie, se consideraba como no derribado y no se ganaba nada

A las monedas de 10 céntimos por ser de mayor tamaño eran las más requeridas y a las que se les denominaban petacos o chavos.

Una variante era emplear las medias suelas de las alpargatas que se rompían  o los tacones de los zapatos, con ellos también había que buscar acercarse a la pieza del contrincante los máximo posible, siendo mejor premio cuanto más cerca se quedaba uno del otro, las distancias se medían en “pie”, “Medio pie” y “Zupo”  

Se buscaba dificultar la puntería del oponente intentando mandar tu pieza a lugares que entrañaran obstáculos o parapetos que impidiesen llegar hasta donde estaba tu suela.

LOS SAUCOS

Los Saucos eran armas atronadoras, más que armas, pues no eran ofensivas ni defensivas, eran elementos que hacían ruido parecido a disparos y además lanzaban una especie de balas inofensivas de cáñamo masticado.

Un trozo de unos 10 centímetros de caña de saúco, al que se le eliminaba la médula con un hierro rusiente, era el cañón del aparato. Con una rama de latonero se hacía el émbolo .para ello se tomaban unos 15 centímetros t se rebajaba a lo largo en una longitud de 8 tal como indica la figura, de manera que entrara en el alma de la caña de sauco. Solo quedaba masticar unas porciones de cuerda de cáñamo como de 3 o 4 centímetros hasta hacer una pasta que se introducía dentro del sauco, empujándola hasta el extremo final del tubo, otra “bala” se metía un poco y luego apoyando todo en el vientre se empujaba el émbolo violentamente con lo que la presión ejercida entre dos dos trozos de cañamo hacía que el primero saliera con gran velocidad y ruido.

NARANJAS SANGUÍNEAS

Llegado el invierno, era normal ver a muchos críos “jugar” con unas pelotas de color naranja rojizo. En realidad no eran pelotas, eran naranjas denominadas aquí sanguinas por su zumo rojizo. “Jugaban” tirandolas contra la pared o haciéndolas rodar en el suelo presionando con las suelas de los zapatos. ¿ en qué consistía el Juego?, en que no era un juego, era una forma de ablandar la fruta para que en su interior se almacenára la mayor cantidad de zumo, por eso cada rato se comprobaba lo blandicas que se iban quedando y tras esa operación un agujero en lo alto de la naranja y a chupar, total en aquella época de no pandemias y bastante hambre, que se hubieran estrellado contra la pared y pisoteado en el suelo no ofrecía ningún peligro de los de ahora.

LOS AVIONES DE PAPEL

Motivo de enconadas competiciones, los aviones de papel podían ser de “motor” o flechas una especie de reactores muy rápidos  el lugar por excelencia de la competiciones era la “Replaceta del Pilar” que ya tenía una buena altura hasta la calle de abajo. Corrió la voz que un avión del Antonio el Ababol había llegado hasta las campanas, pero yo no lo vi.

No todo eran dulces competiciones de  ver quién llegaba más alto o más lejos con los aviones, también y como consecuencia de la reciente guerra pasada había verdaderas batallas campales con algún herido que otro cuando las piedras y ripios volaban de una trinchera a otra.

Teníamos cuarteles generales situados estratégicamente. los monagos, con el Ruso, el Ibáñez y el Ojea tenía su campamento en la Era de la Orden (hoy centro de salud).  Si te cogían prisiomnero eras castigado a alguna que otra vejación, especialmente se “las cantaban las Viejas” a los prisioneros. La cuadrilla del Sauras tenía su aposento en una covacha en el lateral del Pilar y quedaba para los Basilios el montículo de San Blas.

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