LA CONSTRUCCIÓN DEL CONVENTO

25/03/2021
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Francisco Navarro Serred

El  paraje de la Torre de Ginés, que luego pasó a denominarse Torre del Carmen, contaba con todos los requisitos que buscaban los monjes de la Orden, sitio recoleto, lugar alejado de poblaciones,  agua de los manantiales, tanto de la fuente de San Elías como la de Santa Quiteria,  canteras próximas para levantar los muros del monasterio y madera que obtendrían de los frondosos pinares. La Comunidad dio el visto bueno y con los informes de los frailes visitadores, empezaron las conversaciones con la propiedad del lugar.

La adquisición de las  parcelas necesarias  por la Orden Carmelitana fueron fruto de unas negociaciones muy dificultosas, teniendo que intervenir el rey Carlos II que autorizó a la Orden de Calatrava, en 1680,  las licencias pertinentes de donación a la Comunidad de los terrenos solicitados, teniendo que pagar a perpetuidad, todos los años,  el 22 de septiembre, 1033 reales de plata en moneda aragonesa, más 26 libras, 6 sueldos y 8 dineros, aparte de los diezmos y primicias a la Encomienda Calatrava. Todas estas gestiones las llevó a cabo el  carmelita descalzo, hermano fray Antonio de Jesús.

Las  obras, concertadas en fases, duraron muchos años, la guerra de Sucesión y posteriormente a la guerra de la Independencia, asolaron  las construcciones realizadas que tuvieron otra vez que partir de cero. La primera piedra se colocó el 22 de septiembre de 1682, eligiendo por titular de la obra a San Elías. Fueron necesarios abrir nuevos caminos, construyendo diversos accesos desde Calanda, La Ginebrosa y Torrevelilla, trabajando en las obras maestros canteros, albañiles, carpinteros  y  peones de toda la contornada.

En el paraje de la Torre de Ginés ya existían humildes apriscos  donde habitaban pastores que apacentaban sus ganados por toda la val, estas singulares edificaciones se convirtieron en improvisadas viviendas para los muchos lugareños de la zona que acudieron a trabajar en la construcción del monasterio. Hubo que habilitar hornos para fabricar la cal, utilizada para los morteros de argamasa y todos los terrenos contiguos a la obra quedaron convertidos en un  trasiego de trabajadores especializados.

En el libro “Documentos singulares de la Historia de Calanda”, de  Teresa Thomson,  encargada del Archivo Histórico de Protocolos de Alcañiz, hace referencia de una escritura, llamada Cancelación Notarial, de fecha 20 de abril de 1697 en la que se firma la contratacción entre el Convento de religiosos carmelitas Descalzo de la Torre de Ginés, representado por el prior fray José de Santa Teresa y Pedro Cabarán, oficial concertante de la obra, en la que por capítulos,  se describen los pactos y condiciones para el trazado  de las obras que faltan por terminar, sus trazados, el grosor de las paredes con  mampostería de cal y piedra, sus esquinas fabricadas de cantería, el cañón de la chimenea, la madera que tenía que ser de los montes aledaños, los rafes del tejado, la calidad de las tejas y otros curiosos aspectos a realizar en la fábrica.

Muy minucioso y detallado es  el documento en el que se expresa la forma de conducción del agua, a través de canalillos,  del manantial de San Elías hasta la cisterna del convento, y su aliviadero, que debe ser  de ocho pies de profundidad.


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