TRAS LAS PUERTAS SANITARIAS

09/02/2021
8 min lectura

LOS MÉDICOS

Tras esta puerta de la calle del Barranco hay un gran patio de altos techos, con una escalera al fondo que da acceso a los pisos superiores. Pero LA PUERTA que nos interesa  se sitúa unos cuantos escalones más arriba, 4 ó 5,  inmediatamente a la izquierda de la entrada. Es la puerta del consultorio de  Don Pablo Gasque Gracián. Me atrevo a decir que fue el médico más insigne de cuantos ha tenido Calanda. Cómo ejerció tantos años conocía las dolencias de sus pacientes antes de verlos. A muchos les vió nacer, ayudado por “la Tía Romualda” y, también, a muchos les acompañó en las últimas horas. Sepamos más de él:

No se si nació en Calanda (aunque se lo merecía) era de la familia del literato aragonés Baltasar Gracián. Desde su llegada como galeno  ejerció siendo compañero del Doctor  Vicente Portolés hasta que en 1936 falleció como consecuencia de la guerra.  Se casó en Calanda con ¿Teresa? Herrero, hermana de Pilar, esposa de D. Eloy Crespo, con la que tuvo siete hijos: Pilar, Pascual (Médico en Urrea de Gaen), María (vivió siempre en Puertollano), Mariano (murió con 13 años), Luis -médico en Torrevellilla, Berge y Calanda donde se retiró-, Teresa y María Victoria.

Cuentan que, en una ocasión, llegó apurada a su casa una mujer que asustada le dijo: “Ay Don Pablo, venga corriendo a casa que a mi marido le ha dado un paralis… “. Se apresuró  junto al enfermo y , al examinarlo y ver que no podía mover los dedos de las manos, dijo a la mujer : ”prepara un barreño con agua caliente y una pastilla de jabón de casa”. Cuando llegó el agua introdujo las manos del paciente en ella y, casi al momento,” empezó a mover las manos como si no pasara nada. La mujer le dijo: “Don Pablo que pito es usted” y le contestó :”y vosotros qué marranos, la próxima vez que coma patas de cordero, que se lave después las manos”.

Fue un estudioso incansable, con una vela cuando no había luz, con guantes en invierno,  muchos días le daban las cuatro de la mañana estudiando en su consulta, aprendiendo nuevas técnicas y nuevos medicamentos. Publicó en revistas científicas y se interesó por la historia de Calanda juntoa Mosén Vicente Allanegui – en esto a los dos les pudo más el amor a Calanda que el rigor histórico. Creo recordar que en un programa de Fiestas llegó a decir que en Calanda pudo tener 60.000 habitantes y hasta obispo. ¡Ojalá!  Pero nunca llegó a tanto.

Era una persona enjuta, con boina.  Recuerdo que era todo amabilidad para con todos,;cuando por las tardes se iba un rato de solaz a su huerto, “El Huerto de Don Pablo”, al pasar por la Plaza de los Mártires siempre daba a los críos  los “santicos”, estampas llenas de colores que eran la propaganda que le mandaban los laboratorios.

Pasaba visita en su casa, pero a los encamados  los veía por la mañana y por la tarde, y no le importaba cambiar el tratamiento si en esas pocas horas no veía clara la evolución de la enfermedad.  Al entrar en cada casa, un largo “Eeeeeeeee” avisaba a los pacientes que hacia llegado. Era una voz tranquilizadora porque sabíamos que el remedio estaba cerca. Sabía al entrar por el olor de la casa de la gravedad del paciente; y recuerdo que su remedio de  “a la desesperada” era la inyección de Aceite alcanforado. el último recurso ante la inminente muerte inevitable.

La escasez de médicos en aquel momento hizo que prolongara su ejercicio hasta los 80 años. Creo que es un caso único, no tuvo vacaciones hasta que en los últimos tiempos le sustituyó un par de veces su hijo Luis.  Calanda agradecida lo mantiene en la memoria con el nombre de una calle.

En Calanda ejercieron, además de Vicente Portoles, Don Manuel Eixarch, que tuvo rayos X en su casa y que, posiblemente, murió a causa de su uso y sin la protección debida.

Después de Don Pablo, además de los ya citados han pasado por Calanda muchos doctores que ,como farmacéutico, me dejaron más o menos huella. Destacan Eugenio Mora Asensio, podría escribir un libro solo con lo que me enseñ. También eran notorios sus chascarrillos, basta como muestra la de un paciente ya algo mayor que se presentó en el Bar Hoya y le dijo: “D. Eugenio vengo a despedirme porque en Alcañiz me han detectado un cancer de  (testiculos) y parece que queda poco”, y él contestó: “Qué va ¿ vente mañana a la consulta y te capare yo mismo”. El paciente vivió  19 años y no murió de cáncer. Pasé muchas noches de “guardia” junto a la cama de algún enfermo, él vigilaba la evolución y yo según sus órdenes administraba oxígeno, o lo que hiciera falta.

Otro galeno del que aprendí mucho fue Mario Chicon, casado con una francesa y habitual comensal de mi casa. Pablo Rubio Villa, fallecido muy temprano, una eminencia frustrada por esa muerte tan madrugadora.  Lucia Mendaña, Luis Gasque, Paco Otal, Jesus Mallen, Alfredo Sanz, Mariano Guallar y Julio García-Araez. . Doy desde aquí gracias a todos y a los no citados por su dedicación a la salud de los calandinos-

 

LOS BOTICARIOS

Corría el año 1898 cuando procedente la Fresneda recaló en Calanda Manuel Albesa recién licenciado en Farmacia. Llamado por su prima hermana María Portolés, hija del dueño de la Fonda de la Plaza y futura madre de Luis Buñuel, se estableció en un cuarto bajo de la misma Fonda, hoy casa Buñuel, donde permaneció hasta que la casa fue derribada en 1900 al construirse la que sería casa familiar de los Buñuel.

Es decir de la familia que, marchó a Barcelona a estudiar con un duro y volvió de Barcelona habiendo dado carrera a cuatro de sus ocho hermanos, y con el duro. Había trabajado con mucha fortuna en los Laboratorios del Doctor Andreu mientras hacía la carrera. Desalojado de la Plaza se establece en un pequeño cuarto de la casa número 5 de la calle San Miguel donde, tras varias ampliaciones, estará la Farmacia hasta 1994, año en que se traslada a su emplazamiento actual

De Manuel abundan las anécdotas, referiremos a varias. Se dice que sulfataba los alberjes de su finca en el Tiro del Bolo con algo algún que otro producto prohibido, para que no se los quitaran. Parece que un Guardia Civil entró a comerse un alberje sin permiso y se le “hincharon los morros”, fue a quejarse a la farmacia y, como respuesta, solo obtuvo: “si no hubieras ido a quitar no se te habrían hinchado“. La realidad es que si los sulfataba con “Blanco España” para disuadir a los posibles rateros.

Se dice también que nunca permitió que pasaran por sus fincas, pero que él no pisaba los caminos. Un día apareció con dos melones y su escopeta (siempre la llevaba) en el “hospitalico” donde habían acampado unos “hungaros” . Les dijo: “les he visto desde mi huerto y me he dicho: esta gente tendrá hambre y aqui les traigo un par de melones”; cortó tajadas y las repartió. Cuando terminaron de comer, se sacó una corteza de otro melos en la que se notaban en los mordiscos que le faltaban dientes, las comparó una a una y cuando dió con el que coincidía, apresto la escopetas y le dijo: “Venga para el Cuartel que tu me has robado los melones.

Como farmacéutico, fué inventor de varias fórmulas magistrales entre las que destacan, por su éxito, un líquido contra los sabañones, y una fórmula para las caballerías que se denominaba “los cinco espíritus”.

Muy aficionado a la agricultura trajo el primer tratamiento contra la mosca mediterránea que asolaba los presqueros. Eran dos botellas con un agujero en el fondo que tenía dos componentes distintos en cada una y se colgaban en las ramas. Todo el coste fue por su cuenta. También impulsó el embolsado que se trajo de Valencia. Murió el año 1955 el 1 de enero.

Desde 1940, compartía la farmacia con su hija Mª del Rosario, una mujer siempre dispuesta a ayudar. En aquella farmacia no había horario ni días festivos, estaba siempre abierta ,y aunque no era muy madrugadora, podía haber noches de cerrar a las 12 de la noche, mientras se tomaba “la fresca” con los vecinos. Se Jubiló en 1984 después de 44 años de ejercicio y murió a los 101. Desde 1975 a 1984 compartió con su hijo Antonio, al cual trasladó la farmacia a su actual ubicación en 1994 y dado que soy yo, no voy a decir más no sea cosa que me pase..

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Comentarios

EDO

Bonjour,
Je ne suis pas très doué pour écrire en espagnol, excusez-moi.
A la Fresneda, il y a une maison nommée la casa de la encomienda qui était une boutique de pharmacien.
On y voit, au dessus de la porte, une trappe qui permettait à l’apothicaire de descendre les préparations pharmaceutiques.
Cette maison était, pour mon grand père, la maison de la “tia Julia”.
Julia ALBESA PORTOLES était une cousine germaine (“prima hermana”) de mon arrière grand mère Sinforosa BELTROL PORTOLES.
Je suppose, sans certitude, que cette maison était aussi celle de Manuel ALBESA PORTOLES.

La mère de Sinforosa BELTROL PORTOLES, Nicolasa PORTOLES FERRERO, est morte tuée par la foudre, alors qu’elle portait à manger aux ouvriers dans les champs.
Sa tombe fut creusée à l’endroit même où elle fût tuée, sur un chemin, près de la fontaine « la fontanella ».
On peut encore y lire, ” Rogad a dios por el alma de Nicolasa PORTOLES fallecio aqui en el dia 19 de septiembre 1908″.
Nicolasa était née à Rafales de Mariano PORTOLES de Calanda et Francisca FERRERO de Rafales.

merci pour cet article qui m’éclaire sur mes racines.
Cordialement,

Calanda Grec

Bonjour M. Edo
Je viens de traduire votre texte. Merci de votre apportation. Je suppose qu’Antonio Royo Albesa appréciera.

Antonio Royo Albesa

Manuel Albesa era hijo de Agustín Albesa Antolín, primer farmacéutico de la Fresneda y abuelo mío, tienes mi correo para hablar de la familia, yo llegue a vivir temporadas en el Palacio de la Encomienda.
Un abrazo fuerte
antonioroyoalbesa@gmail.com

EDO

Muchas gracias, está muy bien.

Pili

Que bonitas historias de la gente de nuestro pueblo, gracias por contarla para que no se pierdan en el olvido y mantener vivo el recuerdo de esta gente que tanto hizo por las personas de este nuestro pueblo.

Calanda Grec

TRADUCCIÓN DE LA CARTA del Señor EDO.
Buenos días,

En la Fresneda, hay una casa llamada la Casa de la Encomienda que era la Botica del farmaceutico. Encima de la puerta hay una apertura que permitía al apoticario bajar las preparaciones farmacéuticas. esa casa era para mi abuela la casa de la Tía Julia. Julia Albesa Portolés era prima hermana de mi bisabuela Sinforosa BELTROL PORTOLÉS. Supongo que era la casa de Manuel ALBESA PORTOLES.

La madre de Sinforosa BELTROL PORTOLES, Nicolasa PORTOLES FERRERO, murió fulminada por un relámpago cuando iba a llevar la comida a los jornaleros en el campo. Su tumba fue abierta en el lugar mismo en que murió, en la camino, cerca de la fuente « la fontanella ». Se puede leer, ” Rogad a dios por el alma de Nicolasa PORTOLES fallecio aqui en el dia 19 de septiembre 1908″. Nicolasa nació en Rafales hija de de Mariano PORTOLES de Calanda et Francisca FERRERO de Rafales.

Muchas. Gracias

Francisco Buj Vallés

La madre de mi abuelo, Antonio Vallés (“el blanquiador”, “el manco”) era Francisca MOLINER, fallecida en 1931. Pues bien, los abuelos maternos de mi abuelo, es decir, los padres de Fca. MOLINER fueron Eusebio MOLINER y Antonia ALBESA. Ella procedía de RÁFALES. A decir de mi querida madre, Luisa VALLÉS CELMA, vino Antonia por primera vez a Calanda con motivo de la Feria de San Miguel. Por cierto, quedó un poco aturdida por el ambiente tan “de hombres y de caballerías” con que “se topetó”. Su fecha de nacimiento debió de ocurrir entre 1820 y 1830.
Por los datos que, generosa y sabiamente nos aporta Antonio Royo Albesa, es más que probable que esta mujer perteneciera a la misma rama de los ALBESA del Matarranya / Matarraña. Además, creo -siendo yo preadolescente- haber oído a mi abuelo datos sueltos acerca de esa posibilidad. Más aún: clara probabilidad.
En conclusión: las familias son ríos que se mezclan, que siempre buscan valles, otros ríos y el mar. Que, hasta biológicamente, es mucho más lo que nos une a los seres humanos que lo que pudiera separarnos.
(Tengo que localizar una página que escribió mi madre sobre este tema: los ALBESA del árbol Vallés-Celma).

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