LA TIERRA BAJA EN LLAMAS (1933)

14/12/2020
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Lorenzo Gasca Castán

En 2019, el historiador Fermín Escribano y el periodista Lluis Rajadell publicaron el libro “La Tierra Baja en llamas” (Editorial Comuniter). El libro, fruto de una intensa labor investigativa, sintetiza los trabajos de los autores acerca el movimiento insurreccional que afectó en diciembre de 1933 el Partido de Alcañiz y la ribera del Matarraña. El relato aborda en la primera parte los acontecimientos ocurridos en Alcorisa, Alcañiz, Mas de las Matas, Valderrobres y Calanda y cierra el estudio describiendo la naturaleza de la represión sufrida a posteriori por los sublevados.

Situado cronológicamente entre los sucesos de Casas viejas (1932) y la revolución asturiana de 1934, la revuelta de los jornaleros de la Tierra Baja, a pesar de su carácter políticamente transcendental, quedaba hasta la fecha relegada por la historiografía a un segundo plano. La publicación de “La Tierra Baja en llamas” devuelve a los hechos ocurridos la relevancia que le corresponde.

Calanda

El contexto calandino en 1933 es complejo. Desde 1931 los conflictos sociales son recurrentes, las huelgas se suceden paralizando la recolección de la oliva, la siega, y la construcción del ferrocarril Alcañiz-Teruel. El paro estacional es endémico, y desde la Casa de la villa se reclama con insistencia a los órganos del gobierno provincial la apertura de obras de envergadura donde emplear a los centenares de calandinos que sufren un paro crónico.

La joven república ha entregado a los españoles la anhelada libertad pero está fracasando en su intento de construcción de una sociedad igualitaria. La decepción creciente entre los jornaleros favorece al movimiento anarcosindicalista quien grita alto y fuerte “sin igualdad no hay libertad”, “la propiedad es el robo”. Entre 1931 y 1933 sindicato de Calanda pasa de ser embrionario a sumar seiscientos afiliados, convirtiéndose en la  principal fuerza opositora al caciquismo local.

El 8 de diciembre de 1933, los anarcosindicalistas del Bajo Aragón, siguiendo las órdenes del comité nacional, toman las armas. En Calanda la situación es inversa, la Guardia Civil informada de que los miembros de la CNT están reunidos en la casa del sindicato, decide rodear el edificio, con la intención de asaltarlo. La negativa de los sindicalistas al llamamiento de rendirse ordenado por la Guardia Civil detona un tiroteo que durará hasta el día 9.

Los refuerzos enviados de Torrevelilla y Alcañiz acaban con las veleidades de los insurrectos, las salidas de Calanda quedan bloqueadas, los líderes cenetistas arrestados. Los sucesos de Calanda se saldan con un sindicalista muerto y un Guardia Civil herido.

Sofocada la revuelta en el conjunto de la provincia de Teruel, los ayuntamientos de las localidades afectadas por el levantamiento reclaman al Estado la aplicación de una serie de medidas destinadas a imponer y garantizar la paz social. Los alcaldes exigen la disolución de los sindicatos, el cierre de sus locales de reunión, y un castigo ejemplar para los implicados. Para contrarrestar la influencia del sindicato entre los jornaleros, proponen atacar el mal desde su raíz:  acabar con el desempleo reinante a través de una intensificación de las obras públicas.

A partir del día 10 de diciembre se inicia la detención de toda persona sospechosa de participación, o de connivencia, en la revuelta. En Calanda el número de personas arrestadas es tan elevado – 155 -que satura la capacidad del calabozo municipal, y obliga a su traslado a otras dependencias penales.

El 14 de diciembre cuarenta individuos son destinados a la prisión de Teruel, veinte y dos al depósito de Albarracín; el 20 de diciembre Mora de Rubielos acoge a dieciocho calandinos, otros son puestos a disposición gubernativa.

De un total de ciento cincuenta y cinco calandinos, ochenta y siete son juzgados por las autoridades militares. El consejo de guerra celebrado en Guadalajara en 1934 dictamina, veintisiete penas de dieciocho meses de cárcel, cuatro de dos años, tres de tres años, y diez penas de muerte – los condenados a muerte serán finalmente amnistiados en febrero de 1936. Los procesados por la jurisdicción civil serán absueltos tras pasar varios meses en prisión.

Los acontecimientos decembrinos dejan patente la fuerza del sindicalismo en Calanda en 1933. Más allá de la controversia política entre defensores del orden establecido y revolucionarios, los hechos ocurridos plantean diversos interrogantes acerca de la aparición del movimiento anarcosindicalista en una localidad tradicionalmente conservadora como Calanda.

¿En qué años se crea el sindicato en Calanda? ¿Quiénes fueron sus líderes? ¿Cómo explicar que el anarcosindicalismo haya podido implantarse con tanta fuerza en Calanda y conseguir centenares de afiliados?


© 2019 Grupo de Estudios Calandinos.
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