Cantarería, alfarería. La venta y difusión.

20/06/2020
2 min lectura

Autoría : Daniel Aguilar Sanz

7. Venta y difusión

La venta se hacía principalmente en el taller de forma directa, aunque hubo otros medios de difusión, que hicieron que podamos encontrar una pieza calandina en cualquier punto de Aragón.

Fig. 16

En época más antigua, eran los propios alfareros los que se desplazaban durante algún tiempo a un punto lejano, y producían allí su obra, dando después origen a otros centros alfareros como es el caso de Sarsamarcuello[1].

A finales del siglo XIX, con la llegada del ferrocarril, cesaron estos desplazamientos y se sirvieron los alfareros del nuevo medio de transporte para difundir su producción. Una vez acumulada una cantidad prudencial de piezas terminadas, las desplazaban hasta Alcañiz desde donde en un vagón de mercancías eran llevadas hasta Jaca.

Fig. 17

De manera paralela, el alfarero, con su carro cargado de piezas, subía hasta Jaca vendiendo la carga [Figs. 16 y17]. Viajaban por el este, es decir por Caspe. Una vez llegaban a Jaca, vendían la producción que les había dejado el ferrocarril y, lo que no se vendía, lo cargaban en su carro ya vacío, y emprendían la ruta de regreso por el oeste. De este modo terminaban de vender sus piezas[2].

Por el sur, se desplazaban hasta Teruel, y por el oeste hasta Sestrica. En Zaragoza, abarcaban el entorno de Villamayor, Perdiguera u Ontiñena[3].

El pago era numerosas veces en especie, que dejaban en muchas ocasiones en el mismo lugar donde lo habían recibido, y recogían a su vuelta para no cargar peso innecesariamente. En otras ocasiones, intercambiaban una pieza por alojamiento o comida como pago en las fondas y posadas[4].

A pesar de los cobros en especie, este comercio otorgó a los alfareros calandinos una aceptable situación económica. Como relata Vallespí[5], cuando a principios del siglo XX, el Ayuntamiento de Calanda compró unos cabezudos, el barrio de las Cantarerías, rivalizó comprando unos gigantes, muestra de su superior economía.


[1] Ibídem, pp. 13-24.

[2] Ibídem, pp. 13-24.

[3] Ibídem, pp. 13-24.

[4] Del testimonio de Dña. María Dolores Carbó, de Calanda.

[5] gonzalvo vallespí, a., “La fiesta…”, op. cit., pp. 39-41.


Impactos: 67

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *