LUIS EDUARDO AUTE

14/04/2020
5 min lectura

Autoría : Paco Buj Vallés

LUIS  EDUARDO AUTE, naturalmente. Mentiría yo, poco tiempo después del entierro del prolífico y variado artista, si dijera que éramos amigos, o que, sin serlo, teníamos bastante confianza mutua. Pero faltaría a la verdad, paralelamente, si afirmase que “no lo conocía más que de verlo en la televisión”. No, eso tampoco. Concretaré más.

1.- Cuando, a primeros de los años 50, llega AUTE desde su Filipinas natal a nuestra España, recala unos pocos años en Granada, capital indudable de la Poesía. Al menos, desde Federico hasta Elena M. Vivaldi y Rafael Guillén.

En Granada nace, al final de los 60, la revista “POESÍA 70“. Inma, mi entonces reciente novia, me convence para que nos hiciéramos suscriptores de aquella joya literaria (que, como muchas publicaciones poéticas, tuvo una historia efímera: dos años y medio, como mucho). Pues bien, en algunos de los primerísimos ejemplares, colaboró Luis Eduardo, a quien pocos conocían. Colaboró por partida doble. con dibujos y con poemas vanguardistas.

Otras plumas insignes firmaban en “POESÍA  70“. Entre ellos, los hace pocos fallecidos Pepe Ladrón de Guevara (Albaicín y Almuñécar); Juan de Loxa (Director, en su día, de la Casa Museo Lorca, en Fuentevaqueros; allí se guardan varios tambores y bombos calandinos, donados como muestra de hermanamiento);o Julio-Alfredo Egea, alcalde que fue de Chirivel (Almería). Por cierto, a modo de anécdota: decía Egea que él, a diferencia del resto de poetas españoles, era “el único que vivía de la pluma… Y ¡es que tenía una granja de gallinas!”.

Pocos quedan de aquellos pioneros. El antes mencionado Rafael Guillén es un clarísimo ejemplo. (Por cierto, con sangre turolense. su abuelo era de Monteagudo del Castillo, cerca de CEDRILLAS, famosa en los noticiarios por no haber tenido ni un solo contagio en esta terrible pandemia.

2.- Calanda, ¿en 2014? contemplando el restaurado carruaje de los Buñuel cuando veo aparecer, con mucha mayor pelambrera que de joven, a Luis Eduardo. Me dirijo a él, que jovialmente saludó, y le pregunto a bocajarro:

-¿Verdad que usted colaboró, en Granada, en algunos números de la revista “POESÍA  70”?

-Sí, sí. Es cierto.

-Pues yo, que ahora vivo allí, conozco a Pepe Ladrón de Guevara, a Juan de Loxa y ¡hasta soy vecino de D. Rafael Guillén!

Y, sin tiempo para seguir dialogando, ahí que llega el director del CBC, Javier. Se saludan, lo guía un poco por el edificio y, creo recordar que en la sala de los asientos-water, me pide Javier que les haga un par de fotos. Yo, lástima, no llevaba encima ninguna cámara ni móvil multiusos.

Al día siguiente, en el salón de actos de la Casa dela Cultura, vemos a Luis Eduardo, guitarra en mano y con un libro de minipoemas, acompañado del cantautor Petisme. Los dos, de cuando en cuando, aprovechaban los aplausos del respetable para colar entre pecho y espalda unos tubos de cubalibre, o similares. (Mientras duró su estancia en Calanda, la planta baja del CBC acogía y mostraba una colección de fotogramas dibujados por Aute, creo que a carboncillo. ¡Bellos y muy trabajados!

3.- En otro de mis viajes a Calanda, me topé en plena calle Ramón y Cajal al Sr. alcalde y a la Corporación, arropando a Luis Eduardo. Se dirigían a inaugurar la calle que, desde ese día, iría dedicada a nuestro artista. Dibujante, pintor, fotógrafo, director de cine, cantautor… y tantas cosas más

Nos dijo un día -puede que fuera también en el Salón de Actos de Cultura- que en cierta ocasión, se pasaron él y su psiquiatra unas 60 horas, dialogando, bebiendo y fumando…, sin acordarse de comer ni de dormir. Solo los grandes genios hacen cosas así, creo honestamente.

Pero acaso lo más afectivo, para Calanda y el Bajo Aragón, sea el disco que para nosotros grabó. Álbum INTEMPERIE, tema ALLÍ. ¡Nunca el nombre y el significado de los PUTUNTUNES había tenido tanta y tan bella difusión!

Para acabar, quiero aportar el testimonio de un esbelto taxista, con el que he realizado algunos viajes. Resulta que Luis Eduardo, después de una Semana Santa en que no debió parar a descansar lo suficiente, llegó tarde a la cita con nuestro taxista… ¡y se les escapó en Zaragoza el tren para Madrid! 

-Bien, llévame a mi casa madrileña.

-¿Seguro, Luis?

-Segurísimo.

Y allí que se fueron los dos, tan ricamente. Quédate un día o dos a descansar, le dijo al chófer.

-¡Qué sencillos, qué accesibles son los grandes hombres! ¡Pasé veinticuatro horas con esa familia y hasta me ofrecieron alojamiento para mis futuros viajes a Madrid! -me decía entusiasmado el taxista.

Y, por lo visto, me contagió a mí su admiración. Y el reconocimiento a un “artista genial y plural”. En este caso, mezcla de talento renacentista y de artista innovador. Calanda recibió, felizmente, algunas de sus obras y visitas.

            Paco Buj Vallés, Abril de 2020

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