¡Hay que prevenir la epidemia! Leoncio Serred (1885).

27/03/2020
14 min lectura

Autoría : Lorenzo Gasca Castán

Introducción

Pandemia, Corona virus, contagio, fallecidos, confinamiento e higiene, son términos que estas semanas, desgraciadamente, forman parte del léxico de nuestro día a día. El artículo que hemos reproducido en el apéndice documental fue publicado en 1885 en el periódico EL ARAGONÉS de mano de Leoncio Serred, médico de Calanda. [1]

Junio de 1885 el cólera morbo lleva meses expandiéndose por la península segando miles de vidas. Leoncio Serred [2], con la contundencia que le caracteriza, eleva un durísimo alegado en el que denuncia el egoísmo de los caciques, la pasividad de las autoridades y la inconsciencia del pueblo llano, recuerda a las anteriores epidemias que asolaron el país y terminando su larguísima carta enunciando todas las medidas sanitarias indispensables para hacer frente a la epidemia que se aproxima.

Leoncio Serred Guarch

Las condiciones de vida descritas recuerdan las escenas más trágicas de Oliver Twist o de los Miserables, y preludian lo que ocurrirá en Calanda a partir de julio de 1885.

Apuntes históricos

El brote de cólera de 1885 tiene su origen europeo de Tolón asolando el sur de Francia a lo largo de 1884. La epidemia penetra España a través de la los Pirineos y desembarca en el puerto de Alicante; Alicante es confinada a inicios de 1885. A lo largo del mes de enero se multiplican los rumores acerca de la aparición de la enfermedad en Lérida y Cartagena, y se establece un cordón sanitario en Toledo. La solución a la enfermedad parece ser en un inicio la vacuna que ha confeccionado el doctor Ferrán. Ferrán es invitado a tierras valencianos, donde la epidemia hace estragos y ha causado ya 30.000 víctimas, ahí inyecta el bacilo a 50.000 personas, siendo acogido como un salvador en Alzira. [3]

Ferrán vacunando en Alzira

Desgraciadamente el tratamiento no hace la unanimidad entre la comunidad científica. La conferencia llevada a cabo por Ferrán en abril 1885 en Valencia tiene en un principio carácter local y mesurado, pero acaba convirtiéndose en un asunto internacional y exaltado; se critica cómo se estaba llevando a la práctica: aislamiento, secreto y falta de estadística[4]. Entre los opositores a Ferran se encuentra el prestigioso Santiago Ramón y Cajal que denuncia el estudio de Ferran por ser poco riguroso. El ministro de gobernación Romero Robledo ordena suspender la campaña de vacunación. [5]

El 29 de junio de 1885, dos días después de la publicación del artículo de Leoncio Serred, se detecta el primer caso en Zaragoza. La epidemia expande sus ramificaciones y penetra en Calanda el 16 de julio. Mosén Vicente recordará en sus apuntes la cruenta situación vivida por nuestra villa durante el contagio.[5]


Antes de tratar las consecuencias de lo ocurrido en Calanda es necesario, basándose en el artículo de Serred , tratar la temática de la cultura higiénica en los pueblos de Teruel para, evidentemente, extrapolarlo a Calanda.

A finales del siglo XIX Calanda se enfrenta a ciertas deficiencias estructurales siendo las principales el abastecimiento de aguas y la red viaria urbana .

Las Fuentes, acequias y lavaderos son lugares de paso obligatorio para, el ganado, las caballerías y evidentemente las personas en búsqueda de agua de boca. Como lugares de socialización son espacios donde la gente intercambia vivencias, debate ideas y transmite infecciones.

La estructura urbanística de la villa apenas ha evolucionado desde el medievo, los ensanches a lo largo de las actual calle Ramón y Cajal y Humilladero apenas inician su su andadura. El conjunto callejero lo conforman vías angostas que recogen a grito de “agua va“, las aguas residuales que encharcan y transforman en barro el piso de calle. La fábrica de las casa de jornaleros y pequeños labradores, es decir más de la mitad de los vecinos, se limita a una cuadra, un comedor con alcoba en el primer piso, un granero bajo la techumbre y en anexo un corral, que en muchos casos es utilizado a modo de retrete. El estancamiento económico que vive la España interior tras la IIIª guerra carlista ha impedido modernización de la villa y la apertura del entramado urbano. Por muy sorprendente que parezca dicha situación perdurará en Calanda hasta los años 60 del siglo XX (véase las actas municipales de 1932 y las quejas acerca del estado de calles) cuando por fin todas las casas se veb dotadas de agua corriente.

La carencias existentes derivan en parte de la falta de una cultura higienista entre la población. En Calanda el contraste cultural entre los vecinos es importante. Existe un abismo educativo quienes tienen los recursos económicos para enviar a sus hijos e hijas a los mejores institutos y universidades del país [6], y las clases más desfavorecidas que a duras penas saben de letras. La educación, la modernidad, la limpieza, y una dieta equilibrada forman parte del universo de los primeros; los segundos aferrados al tradicionalismo y al castigo divino se conforman con llenar a diario el plato de sus hijos con un cazo de “farinetas“, y con rezar al buen Dios que le salve de la miseria. Tras el telón educativo existe un trasfondo político, el enfrentamiento entre dos modelos de sociedad: el liberal con las miras en el siglo XX ( los Serred, los Crespo etc..) , y el tradicionalismo de índole carlista aferrado en el pasado.[7]

A lo largo del artículo Serred hace constante llamamientos a la autoridades civiles, gobernador Civil y alcaldes, instándoles que actúen con energía, y dureza, con tal de prevenir y afrontar el posible contagio. La falta de previsión, de iniciativa, de un sistema caciquil, lleva España al desastre, 120.000 personas fallecen por consecuencia del cólera. La vacuna del doctor Ferrán despreciada por el ministro Romero Robledo salvará a 99,9 % de los pacientes a quienes fue inoculada (55 fallecidos entre 50.000 vacunados).

Calanda, que hace caso omiso a las recomendaciones de su médico, sufre más bajas en el verano de 1885 que en el conjunto de los conflictos bélicos que asolaron el siglo XIX.


A pesar de los avances de la medicina a lo largo de los 150 años que nos separan de los hechos relatados, la historia vuelve a repetirse. Leoncio Serred es el arquetipo de los científicos que actualmente se elevan contra las la inoperancia de las instituciones, las presiones de los poderes económicos y la irresponsabilidad de la gente de a pie.


[1] El aragonés : periódico bisemanal de noticias e intereses morales y materiales de la provincia de Teruel: Año II Número 56 – 1885 junio 27

[2] Leoncio Serred Guarch (Ginebrosa 1848 – Calanda ?), médico de Calanda, participa activamente en la vida política y cultural de la provincia de Teruel, siendo un destacado dirigente del partido Republicano y presidente y fundador del comité reoublicano de Calanda.

[3] Revista Sapiens (2019)

[4] Instituto Médico valenciano

[5] Allanegui. V. Apuntes históricos sobre la historia de Calanda (1998)

[6] En el Archivo Instituto de segunda enseñanza de Teruel aparecen citados : Juan Alcober, Eloy Crespo, Luis Gasca, Cipriano Pérez, Antonio Sauras, Manuel Zárate…etc.


Apéndice

El aragonés. 14 de Junio de 1885

La higiene, áncora de salvación de la sociedad antigua y moderna, inculcada desde tiempos remotos por las tablas colocadas en las puertas de los templos, evocada por Moisés al trazar la historia del mundo coma encumbrada por los emblemas de Egipto que ilustraron legislador del pueblo hebreo contestes con los datos del génesis coma se encuentra desgraciadamente bastante olvidada y poco conocida en la Generalidad de los pueblos de nuestra desventurada provincia, debido indudablemente a la indiferencia no perdonable de sus gobernantes y a las egoístas miras caciquiles que todo lo invaden en obsequio a mezquinos intereses.

¿ De qué sirven los sapientísimos y unitarios trabajos higiénicos que nos llegaron Abu Veda, Hipócrates, Celso, Plutarco, Levy, Monlau, Giné y otros 1000 ilustrados campeones que tanto trabajaron por el bienestar de la humanidad ? Nada absolutamente: de nada, mientras los gobiernos sean tan apáticos y no procuren con verdadero interés por el bien de sus administrados, que sufren y pagan con más calma que Job toma sin merecer la tutela y protección que necesitan.

Dejemos estas digresiones que nos llevarían más lejos de nuestro principal objetivo y analizando los puntos más coma haremos a vuelta pluma su bosquejo con la sencilla idea de llamar la atención de las personas más interesadas y que más deben poner remedio en asunto de tanta trascendencia.

Higiene debe intervenir en todos los actos de nuestra vida si no queremos el desequilibrio de nuestro organismo, la bancarrota, el desprendimiento y desbarajuste de las fuerzas vitales, lo cual constituye el estado morboso.. Equilibrio de todas las fuerzas orgánico vitales constituye el estado de salud. Pues bien: ya que la ingenie regula los actos de la vida, es necesario observar sus reglas estrictamente, dar publicidad a sus sencillos preceptos y hacer los cumplir hasta con despotismo, por ser axioma admitido por todos los sabios que no puede ser feliz un pueblo si las leyes que le rigen no están en consonancia con los preceptos de la higiene.

La civilización de un pueblo, su progreso bienestar, se cifran perfectamente en pocas palabras como lo demuestra oportunamente mi sabio y querido catedrático don Juan Giné: “fomentar la robustez delcuerpo.com aumentar el bien material e intelectual de los ciudadanos, alargar la vida coma facilitando los medios de perca ver las enfermedades y los peligros de muerte coma pues la pujanza material y psicológica de los pueblos ha estado siempre en razón compuesta de su higienización”.

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Joan Giné y Paragás

Verdades son tales que ni Plinio ni Estalo, irreconciliables enemigos de los médicos, serían capaces de refutar y sin embargo de estar demostradas con claridad en nuestras leyes sanitarias, jamás se cumplen por cuya razón llamó la atención del nuevo señor gobernador para con todos los medios que su autoridad le concede, haga cumplir a los pueblos de sumando las leyes higiénicas, que la Gaceta reprodujo hace un año, y que constituyen un verdadero monumento de gloria para sus autores ; máximo ahora que estamos en la ocasión más oportuna, ahora que el microbio exótico está dispuesto a cebarse en nosotros, ahora pues es preciso poner los medios para evitar la saña voraz de su desarrollo.

Los pueblos, señor gobernador, reciben cuanto se refiere a las leyes sanitarias con la mayor indiferencia; se burlan de los bandos de sus alcaldes, de los consejos de sus médicos, la higienización sólo puede llevarse a cabo con un gobernador que los trate sin contemplaciones y castigue severamente sus maliciosas infracciones, sin omitir medio para hacer las cumplir.

Los pueblos están acostumbrados a encerrar ganados de varias clases dentro de sus mismas viviendas; a sacar los estiércoles de las cuadras y corrales sin tener en cuenta las horas más oportunas, y después los trasladan a los caminos más frecuentados, para que sus miasmas deletéreos sean aspirados por los transeúntes; remueven estos depósitos mefíticos sin guardar letras cuando mejor se les antoja. Los animales muertos los dejan al descubierto y en cualquier punto sin pararse en pelillos. Las aguas pantanosas son abundantísimas, pues la Generalidad de los labradores hacen pozos en sus corrales para que se acumulen las aguas pluviales con el lucrativo objeto de hacer estiércol con paja y desperdicios; siendo estos focos de corrupción el aroma de sus vetustas viviendas.

Les importa un bledo que sus casas no estén soleadas, bien ventiladas y con pocas novedades. No quieren perder el tiempo dando salida a las aguas estancadas hasta sus mismas habitaciones punto el aseo de las calles y plazas les preocupa poco, siendo frecuente que si vamos distraídos seamos favorecidos con un bautismo de líquidos hediondos y gracias si solo son líquidos, pues muchas veces son sólidos pútridos que salen con furia por las ventanas aromatizando el ambiente para garantía de la salud pública. Los condimentos, sólidos y líquidos alimenticios que se venden en las tiendas para consumo de la clase proletaria, son culo de sofisticaciones. Los cementerios, lavaderos, escuelas etc en pésimas condiciones tú saludíferas y no quiero entenderme más sobre otros puntos de menor importancia, pues consideró que con él lo dicho basta para que el señor gobernador ponga su parte cuando le sea posible afín de remediar tantos abusos y organizar la cuestión higiénica cual se debe en circunstancias tan perentorias.

Pasemos una ligera ojeada retrospectiva a las 3 épocas memorables en el siglo actual coma sobre la evolución del microbio colérico y claramente veremos qué debemos ponernos en Guardia para crezca ver lo posible sus funestas consecuencias. El año 33 a 36, el 53 al 56, el 65-67, son periodos que jamás debemos olvidar; y las 3 épocas se desarrolló la epidemia en la misma forma; En invierno estacionado en los puntos más cálidos coma sin producir estragos alarmantes, pero después en las estaciones calurosas, extendiendo su reducidos límites a toda la península, llevando luto y la desolación a todos sus ámbitos. Ojalá no suceda en este 4º periodo evolutivo lo mismo que en los anteriores. Lo tenemos la mayoría de los médicos por muchas razones poderosas coma que no expongo en honor a los reducidos límites que debe tener un artículo periodístico.

Es horroroso señor gobernador el contemplar un pueblo epidemia do como los ricos o bien acomodados huyen a otros países dejando en la orfandad a sus prohijados. Las sustancias escasean, principalmente cuando más falta la hacen, a los pobres afligidos y abandonados y la maldita epidemia cebándose en ellos despiadadamente.

No sucede esto en los pueblos previsores: estos a llegan recursos, se auxilian mutuamente, forman sociedades de defensa, tanto para los auxilios facultativos como para aprestar medios en de todo género al que necesita haciendo frente con éxito al enemigo común.

No basta que el señor gobernador con mano vigorosa haga cumplir cuanto en las leyes sanitarias se haya consignado; es preciso también que los pueblos secunden con voluntad decidida sus mandatos y que tengan presente los consejos que a continuación expongo, repetidos muchas veces por el sabio práctico don Juan Cuesta.

los ayuntamientos asociados a las juntas de sanidad o beneficencia, deberán formar una agrupación protectora con todas las personas más idóneas para hacer frente al microbio extranjero coma y con el objeto de reunir recursos ya metálicos, ropa etc.

se deberán celebrar las misas y oficios divinos en el campo al aire libre y evitar la aglomeración de muchos individuos en una misma habitación coma por ejemplo: escuelas, comités, juntas etc divídanse las juntas de sanidad en comisiones de asistencia facultativa, domiciliaria coma de cementerios, depósito de ropas coma de camilleros enfermos etc

destinarán se uno o varios edificios que estén fuera de la población para hospitales epidémicos o estufas de fumigación coma si fuera posible punto.

Y termino señor director admitiendo que la falta en la corrección de estilo no importan nada cuanto la verdad sintetiza en ideas altamente nobles y humanitarias, se desprende de los atavíos oratorios y las galas retóricas, para que con lógica severa coma pero clara se haga comprender con facilidad de todos; pero sentiré que mi voz se pierda en el desierto y que los destinados a conjurar el peligro se declaren en ominosa huelga.

Sí con este pequeño trabajo prestó un átomo de bien a la humanidad, me consideré satisfecho.

Leoncio Serred. calanda junio de 1885

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