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Historia de la cantarería de Calanda.

27/11/2019
8 min lectura

Calanda fue uno de los más importantes núcleos alfareros de Aragón, tanto por su producción como por la difusión de la misma. No supuso un escollo para ella su rudimentaria técnica, determinada por la calidad de sus barros.

Cantaro (Siglo XX)

Los primeros testimonios de la cerámica producida por urdido en el término municipal de Calanda se remontan a la Edad de Bronce (1700-800 a.C.) y la Edad de Hierro (800-400 a.C.), aunque poco puede decirse sobre ellos.

La producción que nos ocupa sin duda hunde sus raíces en estos precedentes, pero no hay forma alguna de documentarlo con los medios a nuestro alcance. La denominación de este territorio aparece como Kolenda en los textos del historiador romano Estrabón cuando relata la conquista del Levante, aunque no ofrece ningún dato sobre esta población. En el siglo VII, aparece ya denominado el territorio como Calanda, en el que es el más antiguo documento, del cartulario pequeño de la Seo de Zaragoza[1]. Vemos pues que desde época visigoda tenemos ya un territorio con una denominación concreta que es la que ha permanecido hasta nuestros días.

El núcleo actual de Calanda se afianza en torno al siglo X, durante la dominación islámica; reuniendo poblamientos más pequeños localizados en las partidas denominadas como “Torre Castiel” y “Huerta de Albalate”[2]. En esta zona es donde los estudiosos localizan el primitivo núcleo de población, apoyándose en diversos hallazgos arqueológicos.

La localización del siglo X es ya la definitiva, surge en torno a una colina a unos dos kilómetros del poblamiento anterior, en la que se construirá un castillo y en torno a este las casas. En 1360 se otorga la Carta Puebla[3].

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Según las investigaciones del historiador Lorenzo Gasca, el asentamiento de los primeros artesanos de la cerámica en Calanda surge hacía el siglo XII; en torno a una colina distante a unos cientos de metros de la del castillo. Por tanto, Calanda contaba con un barrio alfarero separado de su núcleo poblacional que perduró hasta finales del siglo XIX, cuando el crecimiento de su población fundió ambos núcleos en uno solo [Fig. 1].

No es de extrañar que Álvaro Zamora[4] apunte a los orígenes múdejares, cuya influencia se verá en la producción de los siglos XVI y XVII.

La mención documental más antigua relacionada explícitamente con el tema que nos ocupa es 1610, cuando se expulsa a los moriscos de Calanda. Aparecen entre los expulsados los maestros alfareros Ayu, Mocaxteri y  De No[5]. Tras su expulsión, fueron los cristianos viejos y los nuevos pobladores los que toman el relevo en el alfar calandino.

Las piezas conservadas más antiguas son del siglo XVII, presentando las características principales que definirán la producción. Un signo de fortaleza y asentamiento del sector es la fundación en 1675 de la cofradía de San Blas por los alfareros y fabricantes de pólvora. Los fabricantes de pólvora tenían sus molinos en el camino a Foz-Calanda, estribación del núcleo de producción alfarera, bordeando el rio Guadalopillo. Esta cofradía gremial no hace sino fortalecer a los artesanos. Tomó las reglas canónicas de la Cofradía del Santísimo Sacramento, San Miguel Arcángel y Nuestra Señora de la Esperanza, fundada en 1574, la más antigua de la población. De 1675 es también la ermita que tenía como sede la cofradía, sufragada por sus cofrades.

Actualmente sigue en activo dicha cofradía, aunque ya no tiene carácter gremial; la relación de la hermandad con su pasado alfarero sigue siendo muy estrecha.

Sin embargo viajeros antiguos como Ponz[6] (1773) o Pedro Pruneda[7](1866), no mencionan la producción cerámica calandina, frente a la existencia de otras producciones como el jabón o la lana, lo que plantea que en algún momento por cuestiones desconocidas disminuyera o cesara su producción o simplemente que no fuera valorada por estos.

En 1849, Pascual Madoz[8] sí hace mención de la producción calandina diciendo: en las fábricas de alfarería se construyen vasijas grandes y pequeñas de muy buena calidad y duración, porque el barro de que se forman no comunica ningún sabor a los licores, que los encomiendan, lo que hace que sean estimadas en todas partes. Esta es una de las características principales del éxito y difusión de la producción calandina, tal como ya expresábamos al principio.

Es precisamente durante el siglo XIX, cuando se hacen más frecuentes las menciones a esta producción. Jesús Burbano[9] recoge la referencia a la “partida del cantarero” al documentar a los grupos guerrilleros de la zona durante las Guerras Carlistas. Sin duda se refiere a que un profesional de este sector, encabezaba un grupo de hombres activo en esta contienda.

En 1879, aparecen registrados cinco alfareros en Calanda: Melchor Bondía, Martín Cebollada, Calixto Martín, Joaquín Prades y Pedro Peralta[10]. En Foz-Calanda aparecen en esta misma fecha otros dos: Manuel Blasco y Joaquín Nuez.

A partir del siglo XX la información es todavía más abundante. Entre 1901 y 1910 conocemos la existencia en Calanda de: Gregorio y Manuel Berge, Carlos Giner, Joaquín Grao, Joaquín Mas y Francisco Peralta[11] y, en Foz, de  Mariano Andrés. En 1931, están documentados en Calanda: Carlos Bondía y Pedro Peralta, mientras que en Foz aparece Joaquín Blasco. En 1942, aumenta hasta nueve el número de cantareros conocidos: Carlos Giner, Joaquín Grao, José y Pascual Lavarías, Valero y Francisco Manero, Pedro Peralta, José Prades y Manuel Virgos[12]. En 1956, aparecen registrados, Carlos Ginés, Emilio Manero, Francisco Manero y José Prades[13], en tanto que Álvaro Zamora[14] recoge el testimonio de Pascual Lavarias que recordaba la existencia de hasta 18 alfareros hasta la Guerra Civil.

El número de estos como es lógico descendió a partir de estas fechas, y lo continuó haciendo necesariamente hasta su completa desaparición en los años 80. Este testimonio contrasta con los datos recogidos por Romero y Cavasa, pudiendo deberse a que no todos los profesionales estaban registrados.

La desaparición definitiva de la cantarería de Calanda se debió sin duda a la aparición del plástico en los mercados y la industrialización del país. Con este proceso desapareció la demanda de las piezas cerámicas producidas en barro y con ello, llegó la extinción de sus obradores.

Actualmente solo unas pocas personas en la localidad tienen algunos conocimientos sobre la técnica, aprendida a duras penas de sus antepasados. Su producción a nivel anecdótico no tiene la calidad y características originales, pues las personas que las fabrican no se dedican a ello de manera profesional y no han tenido todo el aprendizaje que sería necesario para recuperar de forma adecuada la técnica tradicional.

Dada la proximidad de las localidades de Foz-Calanda, se obró en ambos desde antiguo idéntica producción de piezas cerámicas. En Foz, la producción siempre fue más reducida y algo más tosca. Antes de la Guerra Civil, Foz contaba con cinco obradores, de los cuales al igual que en Calanda solo estaban registrados algunos. La contienda supuso el fin de la producción en esta pequeña localidad.  

El último alfarero en activo en Calanda fue Pascual Lavarías, el cual cesó su actividad definitivamente en 1997[15] y falleció en 2005, a los 84 años. Con él se perdió para siempre el testimonio y técnica precisa de la producción calandina.

Álvaro Zamora[16] recoge una copla en la que se cita la producción calandina en relación con otras localidades próximas:

En Calanda venden cocios,

en Alcorisa pucheros,

en Alcañiz buenas mozas,

y en Caspe buenos saleros.

Actualmente sigue oyéndose otra copla conocida del folclore aragonés con la siguiente letra:

Lo llaman los Cantareros,

hay un barrio de Calanda,

donde se hacen las tinajas,

cántaros y pucheros.


[1] canellas lópez, á, Monumenta Diplomatica Aragonesa, Los cartularios de San Salvador de Zaragoza, Tomo 1, Zaragoza, Ibercaja, 1989, p. 1, doc 1.

[2] vidiella jassá, s., “Calanda…”, op. cit.,  pp. 21-251.

[3] allanegui lusarreta, v., Apuntes históricos sobre la Historia de Calanda, Zaragoza, Instituto Estudios Turolenses, Ayuntamiento de Calanda y Parroquia de la Esperanza de Calanda, 1998, pp. 52-62.

[4] álvaro zamora, m.i., Alfarería popular…, op. cit., pp. 13-24.

[5] http://calanda1610.blogspot.com/2013/04/la-alfareria-bajo-los-austrias-ii.html?view=classic (Fecha de consulta: 18-IV-2018).

[6] Ponz Piquer, a., Viaje por España, Tomo XV, Madrid, Ibarra, 1774, pp. 212-216.

[7]pruneda martín, p., Crónica de la Provincia de Teruel, Madrid, Ronchi y Compañía, 1866, pp. 39-40.

[8] madoz ibañez, p., Diccionario…, op. cit., pp. 250-251.

[9] burbano lópez, j., “Los cantareros…”, op. cit., p. 136.

[10] romero vidal, a. y cavasa calpe, s., Tinajería…, op. cit., pp. 330-343.

[11] Ibídem, pp. 330-343.

[12] Ibídem, pp. 330-343.

[13] Ibídem, pp. 330-343.

[14] álvaro zamora, m.i., Alfarería popular…, op. cit., pp. 13-24.

[15] romero vidal, a. y cavasa calpe, s., Tinajería…, op, cit., pp. 330-343.

[16] álvaro zamora, m.i., Alfarería popular…, op. cit., pp. 13-24.

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