El apresamiento del general Ortega (1860)

19/01/2019
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El 9 de abril de 1860, el periódico madrileño “LA CORRESPONDENCIA DE ESPAÑA“ publicó una carta enviada desde Calanda, que relataba  los incidentes ocurridos en días anteriores en la villa. La carta fue publicada posteriormente en periódicos de tirada nacional como La Epoca, La España, y en el Diario del gobierno de la República Mexicana.

En la madrugada del 5 de abril de 1860, se hallaba el alcalde Calanda en la plaza rondando con otro vecino cuando se acercaron dos desconocidos a preguntar las señas de la casa del Sr. (…) uno de los mas ricos hacendados del pueblo. Tras darles la información los dos forasteros fueron a llamar a la citada casa que está en la misma plaza; pero el dueño se hallaba en Zaragoza desde hace dos meses.

Entre tanto se había despertado la curiosidad del alcalde por saber quienes eran los forasteros que llegaban a tales horas y siguiéndolos vio que los esperaban otros tres, todos envueltos en gabanes o capotes, con excelentes caballos muy cansados por cierto y con aires de militares.

Después de algunos instantes de conferenciando uno de los recién llegados volvió a acercarse al alcalde, no sabiendo que él lo era, y le preguntó por la casa del dicho alcalde. Tras darse a conocer del forastero este ultimo, el forastero solicitó un guía y un bagaje hasta Alcorisa.

Dispuesto a facilitar ambas cosas, el alcalde les pidió el pasaporte (autorización para desplazarse por el territorio nacional), vista de la falta de pasaporte el alcalde les rogó a que entraran en una posada (se supone la posada de la plaza) con objeto de dar parte. Uno de aquellos cinco hombres apenas entrado en la posada se encerró en un aposento apartándose de los demás.

A todo ello seguían ignorándose los nombres de aquellas personas, hasta que un joven en uniforme de ayudante se acercó al alcalde, le llamó parte, y diciéndole que era el hijo del conde de Sobradiel, rogando que avisaran a su cuñado el barón de Linde que residía en Alcorisa. El alcalde se enteró en aquel momento de la verdad y entró a ver aquel oficial que muy agitado paseaba por el aposento. Aquel militar era el General Ortega, Capitán General de las Baleares”. 

En 1860, el convulso reinado de Isabel II cumplía diez y ocho años; diez y ocho años durante los cuales la alternancia entre gobiernos moderados y liberales quedaba marcado por el compás de los pronunciamientos. Los carlistas, tras su derrota en 1840 esperaban en la clandestinidad la ocasión de retomar las armas, deponer a la reina y entregar al pretendiente carlista el Conde de Montemolín,  el trono de España.

El 1 de marzo abril de 1860 desembarcaron en San Carlos de la Rápita, bajo el mando del general Ortega, 5000 hombres provenientes de Mahón quienes según la información que se les había proporcionado acudían a la península para evitar un golpe de estado.  Tras llegar a tierra, Ortega se dirigió hacia una tartana donde le esperaban personajes misteriosos: Don Carlos Luis de Borbón, pretendiente carlista al trono de España, su hermano Don Fernando y el general Elio.

La misión de Ortega no era salvar a la corona sino marchar sobre Madrid con su ejército y derrocar a la reina Isabel.

Una vez formados los batallones, Ortega recorrió sus filas y recordó a sus hombres su deber a con su general. Pero, antes de que pudiese tener la ocasión de lanzar el grito de rebelión “Viva Carlos VI”, una voz salida del rango gritó “Viva la reina”, otra “no queremos a traidores”, disparándose varios tiros y desordenándose la tropa.

Ante el fracaso de la insurrección Ortega y el pretendiente carlista huyeron, la tartana tomo camino de Ulldecona, mientras que Ortega se adentró en el Maestrazgo esperando refugiarse en  Aragón donde contaba con la amistad de ciertos aristócratas y en particular el barón de la  Linde vecino de Alcorisa.

Baron de la Linde (1832-1892)

Cabalgando sin descansar llegó a la Tierra baja y entró en Calanda convencidos de encontrar cobijo en casa del líder carlista local.

Retomemos ahora el hilo de lo ocurrido en Calanda.

El alcalde estaba con Ortega cuando un segundo piquete de la Guardia Civil acudió a la posada, ante su presencia el General se retiró pero ante la insistencia de la benemérita desveló su identidad y puso al conocimiento de las autoridades locales lo ocurrido en San Carlos de la Rápita. Los oficiales rebeldes a pesar de ir pertrechados no ofrecieron resistencia alguna, entregándose a la Guardia civil sin oponer resistencia.”

Teniendo en cuenta el arraigo del carlismo en Calanda, la discreción con la cual fue llevó a cabo el arresto de Ortega evitó males mayores, y seguramente un enfrentamiento violento entre tradicionalistas y liberales.

Ortega fue traslado de Alcañiz a Tortosa y entregado a la justicia militar. El general rehusó durante todo el proceso dar información alguna acerca de sus cómplices y fue condenado a muerte por alta traición.

A pesar de la intervención de altos dignatarios y de la mismísima Emperatriz Eugenia de Montijo, esposa del emperador Napoleón III, Isabel II negó el indulto. El general, Ortega fue fusilado  el 18 de abril de 1860.  

La polémica acerca del juicio sumarísimo al cual fue sometido Ortega inspiró a Benito Pérez Galdós quien, en los Episodios nacionales contó, con aquel realismo galdosiano tan característico de su obra lo ocurrido en Calanda el 5 de abril de 1860.

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